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viernes, 27 de marzo de 2026

La Primera Guerra Mundial fue uno de los grandes cataclismos de Europa que separó una época de otra

Art Nouveau
La Primera Guerra Mundial fue uno de los grandes cataclismos de Europa que separó una época de otra. Las certezas estaban esfumándose por todas partes, y en ese aspecto los cambios en la ciencia iban de la mano con los producidos por la propia guerra. El resultado fue una búsqueda creciente de raíces, de autoridades y de alguna esperanza más allá de la realidad de los hechos. El liberalismo y la era burguesa estaban resquebrajados hasta los cimientos, pero se trataba de un proceso que ya se había iniciado antes de que estallase la guerra.Hoy parece casi irreal la vida de antes de la guerra. Desde el punto de vista de la alta burguesía fue sin lugar a dudas una época de bienestar.
Las casas de los ricos y los edificios públicos imitaban, en toda Europa, los estilos griego y romano. En Berlín, edificios como el Museo Nacional intentaban recrear el estilo de los templos griegos, y en Inglaterra, donde aún era fuerte el impulso gótico, las estaciones de ferrocarril parecían o templos griegos o catedrales góticas. El gusto burgués ansiaba una identificación con el pasado, lo mismo que las ciudades en crecimiento se identificaban con las tradiciones de un pasado municipal más glorioso. El estilo popular de pintura también evidenciaba este anhelo de continuidad histórica. Los temas míticos e históricos eran parte de esa cultura patricia que los nouveaux deseaban reclamar como propia.En Alemania se puso de moda hacia final de siglo pintar a prósperos hombres de negocios con atuendo renacentista. El estilo de cada edificio debía estar determinado por su asociación histórica. Un cuartel debía construirse como una fortaleza medieval, el ayuntamiento como el palacio del dux de Venecia, y cada casa debía tener una “habitación renacimiento” y también una “habitación gótica”. Nada había en estas alusiones clásicas e históricas del arte monumental que recordase al propietario que vivía en un mundo en rápida industrialización. 
Contra esos gustos contra los que se rebeló el Art Nouveau.El “arte nuevo” se hizo a su vez fantástico además de escapista, y quizá eso explique la considerable aceptación de que gozó entre la burguesía. Al idealizar su existencia, estas clases estaban apartándose de los problemas del presente.
Francia continuó siendo una importante excepción en esto. Allí nunca dejó de atraer el realismo, tan importante en novelistas como Émile Zola y en pintores como Honoré Daumier. Charles Morazé ejemplificó claramente la fuerza de esta tradición cuando contrastó las águilas imperiales del Primer Imperio y del Segundo. El águila de Napoleón I procedía de la tradición heráldica, la de Napoleón III, de un ejemplar contemporáneo de los jardines botánicos.Después de la primera guerra mundial, cuando en otras partes de Europa se pensaba que se estaba afrontando ya el "fin de la realidad", aún seguía viva en Francia la tradición racionalista.

Referencia: La cultura europea del siglo XX (George L. Mosse)

miércoles, 23 de octubre de 2024

Diferentes aspectos de la historia tienen cronologías diferentes

Solemos hablar del siglo XIX o del siglo XX, pero el historiador sabe que el periodo que va de 1801 a 1900 o de 1901 a 2000 no tiene un significado real más allá de lo puramente cronológico. La historia está llena de cabos sueltos, e incluso el estallido y la conclusión de las grandes guerras que con tanta frecuencia constituyen las fechas terminales de las historias que se ocupan de segmentos concretos del pasado europeo, incluida esta, dejan muchas cuestiones sin resolver. Diferentes aspectos de la historia tienen cronologías también diferentes, y una fecha que tiene un significado en la historia política, o en la militar, o en la diplomática, puede significar muy poco en la historia social, o en la económica o en la cultural. Los historiadores franceses de la escuela de los Annales se han acostumbrado a hablar de una historia inmóvil que pervivió hasta épocas recientes en muchos lugares de Europa, de modo que, pese a la caída del Antiguo Régimen en los sistemas políticos europeos a finales del siglo XVIII, el Ancien Régime économique et social siguió vivo hasta la segunda mitad del siglo XIX. Hubo que esperar hasta esa fecha, por ejemplo, para que la servidumbre desapareciera de escena en la mayor parte de Europa, mientras que el patrón demográfico establecido desde tiempo inmemorial de altos niveles de natalidad y altos niveles de mortandad no empezó a cambiar, excepto en Francia, hasta la transición demográfica de las décadas posteriores a 1850. Por otro lado, la industrialización fue un proceso marginal confinado a pequeñas bolsas de la economía europea hasta ese mismo período. De hecho, algunos historiadores (notablemente Arno Mayer en su libro La persistencia del Antiguo Régimen (1981)) han sostenido que el dominio de las élites aristocráticas tradicionales continuó hasta el estallido de la primera guerra mundial, de modo que tampoco cambió nada de manera significativa en la esfera política, pese a todos los trastornos superficiales de la época, escribe el historiador Richard J. Evans.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Tampoco fue fácil el siglo XX

Terminó la contienda Primera Guerra Mundial, que muchos habían esperado corta y había durado más de cuatro años. Se calcula que perecieron 8 millones de soldados, cifra nunca vista……Entre 1915 y 1917 se produjo el genocidio armenio, por la política turca de aniquilar a los cristianos dentro de su imperio: los cálculos varían entre medio y un millón y medio de víctimas…..Una pandemia de gripe en 1918-19, originada en Usa y llamada inadecuadamente gripe española, mató a entre 50 y 100 millones de personas, sobre todo en China e India. En  Estados Unidos murieron unas 600.000, en Europa Central y Oriental unos dos millones, de 200.000 a 300.000 en España, y pudo tener efectos en la posterior epidemia de encefalitis letárgica que causó millones de nuevas víctimas…….La guerra de Vietnam terminó en 1975, desastrosamente para Estados Unidos, donde provocó graves discordias sociales y una larga y pesada crisis moral. No solo fue Vietnam, también cayeron en poder comunista Laos y Camboya, donde el nuevo poder perpetró uno de los genocidios más horripilantes del siglo.

martes, 3 de octubre de 2023

Cuando se invitó al presidente de México a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos

En enero de 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en un trágico punto muerto. Los ingleses sabían que Europa sólo se salvaría si los Estados Unidos intervenían. Pero el presidente Wilson se aferraba a su neutralidad y a sus esfuerzos por mediar en la negociación de la paz. Y entonces, de pronto, el instrumento para empujar a los norteamericanos a entrar en la guerra llegó a una tranquila oficina inglesa. Uno de los miles de mensajes interceptados por el equipo de descodificadores británico era un telegrama en clave de Arthur Zimmermann, secretario de Asuntos Exteriores alemán. Un documento de alto secreto en el que se invitaba al presidente de México a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos. La recompensa para México era recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona. El plan estratégico del mando alemán era mantener a Estados Unidos ocupados en una guerra en su propia casa, al otro lado del Atlántico, lejos del escenario europeo, escribe la historiadora Barbara Tuchman.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Descubrió cómo competir exitosamente con Occidente

El algodón y el textil fueron la clave de la “edad dorada” de Estados Unidos. Todavía en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial el algodón en rama del Sur representaba el 25 por ciento de las exportaciones estadounidenses. Sin embargo, la mayor parte de la producción textil norteamericana era para el consumo interno. En 1910, Gran Bretaña tuvo unas exportaciones netas de productos de algodón por valor de 453 millones de dólares, mientras que el valor de las de Estados Unidos fue solo de 8,5 millones de dólares. Pero quizá el dato más sorprendente de todos sea que el segundo gran exportador mundial de productos de algodón en aquella época era un país no occidental, el primer miembro del “resto del mundo” que descubrió cómo competir exitosamente con Occidente. Ese país era Japón.

sábado, 15 de abril de 2023

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total y el aniquilamiento del adversario se entendía como destrucción física de combatientes y no combatientes. Así, el uso masivo de gases, de artillería, de bombardeos aéreos y torpedeo de barcos de pasajeros eran indicadores de una nueva época. Sin embargo, en esta ocasión fueron los límites tecnológicos los que acotaron la barbarie. La primera Guerra Mundial se estancó en las trincheras y la población civil cercana a los frentes fue la que más duramente sufrió la guerra. Pero en la retaguardia no se vivieron, en general, las acciones de guerra.La Segunda Guerra Mundial comenzó y terminó con un carácter de guerra total. En esta ocasión, el desarrollo tecnocientífico no frenó la extensión del conflicto en el ámbito civil, sino que lo potenció.  En cuanto a las matanzas militares sobre civiles, todos los contendientes las practicaron a conciencia. Los alemanes realizaron bombardeos masivos contra Rotterdam, Londres, Coventry, Belgrado, etc. A su vez, la fuerza aérea estadounidense atacó los territorios controlados por los alemanes con bombardeos masivos diurnos de precisión que tenían como objetivo destruir las fábricas y el potencial económico y productivo alemán, pese a que en la práctica afectaban a ciudades enteras. Los británicos se especializaron en ataques nocturnos masivos e indiscriminados contra las ciudades alemanas, que tenían como objetivo provocar el pánico y causar la desmoralización de la población civil. Ciudades como Hamburgo y Berlín sufrieron bombardeos terribles que provocaron miles de víctimas civiles. Especialmente emblemático fue el ataque a Dresde, en el curso del cual la ciudad fue borrada del mapa y con ella sus habitantes. El bombardeo más terrorífico de toda la historia de la humanidad fue el que sufrió Tokio, la capital de Japón, la noche del 9 al 10 de marzo. Unos 279 bombarderos norteamericanos lanzaron toneladas de bombas incendiarias sobre la ciudad, sabiendo que sus edificios estaban mayoritariamente hechos de madera. Una tormenta de fuego aniquiló a más de 100.000 personas, un número de bajas superior al que provocaron los ataques atómicos. Finalmente, el colofón de la guerra total fue el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Gordin, 2009). Al precio de miles de víctimas japonesas civiles, los estadounidenses se ahorraron una sangrienta campaña de conquista en las islas japonesas que ya había tenido sus precedentes en Okinawa.

Guerras, soldados y máquinas (F. Xavier Hernàndez Cardona y Xavier Rubio Campillo)


viernes, 20 de enero de 2023

Es difícil destacar a un comandante como imbécil durante la Primera Guerra Mundial, los hubo a docenas

“Para un entendido en el tema de los generales malos, es difícil, al contemplar los grises yermos de la primera guerra mundial, destacar a un comandante como particularmente imbécil, pues los hubo a docenas en ambos bandos”. Una predisposición a aceptar enormes pérdidas humanas. En lo que se refiere a vidas perdidas en relación con el territorio conquistado, escribe el historiador Norman Dixon, las acciones de la primera guerra mundial son tétricas. En las dos primeras horas de la batalla de Loos se perdieron más hombres que los que perdieron juntos todos los ejércitos en todo el Día D de 1944. Durante el primer día de la ofensiva del Somme el ejército británico sufrió 57.000 bajas, la mayor cifra que haya padecido jamás un ejército en sólo 24 horas. 

miércoles, 23 de febrero de 2022

Para Keynes el Tratado de Versalles preparaba el terreno para una segunda guerra mundial

John Keynes

Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, pidieron John Keynes para que les asesorara sobre la mejor forma de conseguir las máximas indemnizaciones de los derrotados alemanes. Lo que Keynes descubrió en las conversaciones de paz de París le sorprendió. Mientras que los victoriosos líderes aliados soñaban con la miseria que esperaban provocar en el país alemán mediante penas financieras severas, Keynes veía las cosas de una forma ligeramente diferente. Creía que para provocar deliberadamente la miseria de un país como Alemania, había que imponer la pobreza total a sus ciudadanos, lo cual crearía las condiciones perfectas para el extremismo político, la insurrección e incluso la revolución. Keynes creía que el Tratado de Versalles, en lugar de propiciar un final justo para la primera guerra mundial, había preparado el terreno para la segunda guerra mundial. De vuelta a casa, escribió Las consecuencias económicas de la paz, una crítica devastadora a la locura de los líderes aliados. Keynes, creyendo que las indemnizaciones podían ser desastrosas para la posibilidad de conseguir la paz permanente en Europa, se sentía cada vez más miserable. “Estoy totalmente agotado, en parte por el trabajo y en parte por la depresión que me produce ver el mal que hay a mi alrededor, escribió a su madre, la paz es aberrante e imposible y no puede traer nada más que desgracia… supongo que he sido cómplice de toda esta maldad y locura, pero el fin está muy próximo”.



“Los que firmen este Tratado firmarán la sentencia de muerte de muchos millones de hombres, mujeres y niños alemanes, escribió,la condena afecta tanto a los austríacos, como a los alemanes”. Keynes citó un editorial publicado en Arbeiter Zeitung, el periódico vienés. “Todas las cláusulas (del Tratado de Saint-Germain) están impregnadas de crueldad y de implacabilidad, y no se puede detectar en ellas ni un ápice de humanidad, lo cual va en contra de lo que une a los hombres y es un crimen contra la propia humanidad, contra unas personas que sufren y son torturadas”. Keynes comentó: “Conozco con detalle el Tratado Austríaco y estuve presente durante la redacción de algunas de sus condiciones, pero no me resulta fácil rebatir la justicia de este ataque”.

miércoles, 10 de junio de 2020

En la Gran Guerra se fomentó la subversión y la revolución en el interior de los países enemigos



Stanley Payne escribe que “el gran catalizador de los conflictos internos en Europa fue el cúmulo de consecuencias derivadas de la Primera Guerra Mundial. Durante la guerra, el Gobierno alemán desarrolló una estrategia atrevida y original para fomentar la subversión y la revolución en el interior de los países enemigos con el objetivo de derrocar el orden establecido en Rusia y socavar los imperios del Reino Unido y Francia. Así se consiguió excitar la llama de la yihad contra el tirano imperialista en los territorios musulmanes del Reino Unido, Francia y Rusia, con sabotajes internos en la industria armamentística, junto a un intento fallido de guerra biológica en el interior de Estados Unidos, o incitando a la rebelión y enviando armas a Irlanda, financiando secretamente a pacifistas y socialistas para subvertir al Ejército en Francia, fomentando la guerra de clases y el terrorismo en Barcelona para socavar la producción bélica española, que trabajaba para la Entente, y animando la violenta revolución en Rusia. Solo en este último país la política subversiva tuvo resultados efectivos. La Primera Guerra Mundial se diferenció de las guerras normales en que los dos bandos la entendieron como una guerra de ideales, y también por la insistencia en ambos lados en una victoria absoluta y total, un empeño bastante diferente al que había marcado los conflictos hasta aquel momento. La guerra duró tanto y fue tan destructiva,en sus efectos inmediatos y en sus consecuencias, que en buena parte de la Europa central y oriental se percibió como una especie de revolución. Puso fin a cuatro imperios en esas regiones, desató una revolución generalizada y una guerra civil en las tierras del imperio zarista….. Los daños colaterales fueron enormes, especialmente en el Imperio otomano, donde las limpiezas étnicas masivas de armenios se resolvieron aproximadamente con un millón de muertos. La “Gran Guerra” no acabó de resolver los problemas que la habían originado. Solo tuvo el efecto de permitir una tregua de veinte años, hasta que se desató una guerra aún más destructiva que aquella”.

domingo, 3 de mayo de 2020

La autoridad humana pierde consistencia si se descuida la religión

Benedicto XV


En su primera encíclica, Ad Beatissimi Apostolorum (1 de noviembre de 1914), dirigida a todos los seres humanos porque el papa es padre de todos, Benedicto XV señaló cuatro causas del desorden existente en la sociedad y que estaban en el origen de la  Primera Guerra Mundial: “Ausencia de buena voluntad mutua en las relaciones humanas, desprecio de la autoridad, luchas injustas entre las diversas clases de ciudadanos y apetitos desordenados de los bienes perecederos”. Insistió en su tesis de que la autoridad humana pierde consistencia si se descuida la religión. Benedicto XV describía a la Iglesia como madre y guía que acompaña al hombre a lo largo de su vida tanto individual como colectiva, vida en la que la disciplina y el convencimiento religioso se convierten en la única garantía de un mundo moral y fraterno, fraternidad entorpecida y desviada por el nacionalismo exacerbado y por el racismo, que son netamente condenados. A lo largo de la guerra se apreció con claridad que las pretensiones de universalidad, superación de las contingencias nacionales y defensa de un ideal de fraternidad y armonía, propias de la Iglesia Católica, podían convertirse en pura ficción. Era la única sociedad verdaderamente universal, implantada sólidamente en casi todos los países en guerra, dirigida por hombres que, aparentemente, estaban por encima de las partes. La Iglesia se gobernaba desde una sede independiente y neutral. 



No cabe duda de que una guerra de la amplitud y crueldad de  la Primera Guerra Mundial constituyó un reto sin precedentes para los principios y las prácticas de la Santa Sede. Benedicto XV intentó por todos los medios poner su autoridad moral al servicio del restablecimiento de una paz justa, pero no sólo no se le escuchó, sino que se le malinterpretó y se le atacaba desde cada frente por no condenar las atrocidades de los otros y, también, porque sus palabras en favor de la paz enfriaban el ardor bélico de los pueblos.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Las elecciones que uno toma no son abiertas, son las que la historia le pone delante


Había viejos políticos republicanos franceses a quienes la idea, no solo de una victoria alemana, sino del levantamiento comunista que pensaban que resultaría de ello, les producía pavor. Por tanto, corrieron a echarse en brazos de los alemanes, o de Pétain, o de quienquiera que pudiera salvarles de aquello. Había combatientes, Pétain, Weygand y el resto de participantes en la Primera Guerra Mundial que eran iconos en la Francia de entreguerras, que hacían cola para darles a los alemanes todo lo que pidieran.

Uno se hace a través de las elecciones que toma, pero las elecciones que uno toma no son abiertas, son las que la historia le pone delante, dice el escritor e intelectual Tony Judt.

martes, 29 de octubre de 2019

La Primera Guerra Mundial cambió el panorama internacional



Pese a que siempre se ha equiparado a la Primera Guerra Mundial con un conflicto inútil, lo cierto es que cambió el panorama internacional de manera radical. “La guerra, dice el profesor Hernández Cardona, comportó la destrucción de cuatro imperios: el alemán, el austríaco, el ruso y el turco, y en toda Europa florecieron nuevas naciones y los movimientos obreros cobraron fuerza, en tanto que en Rusia la revolución proletaria puso sobre el tablero de juego variables insospechadas. La revolución social era posible y probable aunque hubiera fracasado en Alemania". El pánico al nuevo orden proletario y el resentimiento por este primer conflicto provocó la ascensión del fascismo.

miércoles, 16 de enero de 2019

El síndrome de “nuestros muchachos no murieron en vano”.


En 1915, Italia entró en la Primera Guerra Mundial. El objetivo declarado de Italia era liberar Trento y Trieste, dos territorios italianos que el Imperio austrohúngaro conservaba como propios injustamente. Los políticos italianos pronunciaron discursos incendiarios en el Parlamento en los que juraban reparaciones históricas y prometían un retorno a las glorias de la antigua Roma. Creían que sería un paseo. Pero en absoluto lo fue. El ejército austrohúngaro tenía una fuerte línea defensiva a lo largo del río Isonzo. Los italianos
Frente italiano.
se lanzaron contra ella en 11 sangrientas batallas que les reportaron a lo sumo algunos kilómetros. En la primera batalla perdieron a 15.000 hombres. En la segunda, a 40. 000. En la tercera, a 60.000. Así continuó la cosa durante más de dos años hasta el undécimo combate, cuando los austríacos contraatacaron. En la batalla de Caporreto derrotaron completamente a los italianos y los hicieron retroceder casi hasta las puertas de Venecia. Al final de la guerra, casi 700.000 soldados italianos habían muerto y más de un millón habían resultado heridos.



Después de perder la primera batalla de Isonzo, los políticos italianos podían admitir su error y firmar un tratado de paz. Austria-Hungría no tenía reclamaciones contra Italia, y habría firmado de buen grado un tratado de paz porque estaba atareada luchando por su supervivencia contra los rusos, mucho más fuertes. Pero ¿cómo podían los políticos dirigirse a los padres, viudas e hijos de los soldados italianos muertos y decirles: “Lo sentimos, ha habido un error. Esperamos que no se lo tomen a mal, pero su Giovanni murió en vano, al igual que su Marco”? Alternativamente, podían decir: “¡Giovanni y Marco fueron
héroes! Murieron por que Trieste fuera italiana y nos aseguraremos de que no hayan muerto en vano. ¡Seguiremos luchando hasta que la victoria sea nuestra!”. No es de sorprender que los políticos prefirieran la segunda opción. Así, se empeñaron en una segunda batalla y perdieron a otros 40.000 hombres. Los políticos decidieron de nuevo que sería mejor seguir luchando, porque “nuestros muchachos no murieron en vano”.

viernes, 4 de enero de 2019

El tratado de Versalles condenó a Alemania al hambre y la miseria, era una bomba de relojería.

Copia inglesa del Tratado de Versalles 
Cuenta el escritor soviético Víctor Suvórov que el Tratado de Versalles no solo era clamorosamente injusto, asolador y humillante para Alemania, sino que también resultaba estúpido. Era un pacto que no suponía la reconciliación. Lenin fue el primero en darse cuenta de que la Primera Guerra Mundial iba a dejar en pos de sí una herencia explosiva. Los países triunfantes, sobre todo Francia, habían sobrepasado todos los límites e impusieron a Alemania unas indemnizaciones bestiales. El desembolso de esas sumas ingentes provocó en el país una aguda crisis económica y condenó al pueblo alemán al hambre y la miseria, lo situó al borde de un abismo. Lenin fue el primero en entender que, para Europa, el Tratado de Versalles era una bomba de relojería, que Alemania nunca iba a consentir tamaña injusticia, que iba a encontrar fuerzas para vengarse del Tratado de Versalles, para conseguir la revisión de los resultados de la Primera Guerra Mundial, para tomar la revancha y reparar agravios. El 15 de octubre de 1920, Lenin declaró que “la estabilidad, proveniente del Tratado de Versalles, pende de un hilo, puesto que las siete décimas partes de la población mundial, que vive en esclavitud, lo único que esperan es que llegue alguien y los conduzca a la lucha y que empiecen a tambalearse todos esos estados”.

martes, 9 de octubre de 2018

Nacimiento del científico.

Según cuenta  H. Pulte, en el siglo XIX el “científico” (palabra que en inglés se acuñó en 1834) se convirtió en un tipo social independiente, que, pese a solaparse en más de un punto con los “eruditos” o los “intelectuales” (palabra de nuevo cuño en el siglo XIX), no se confundía con ellos. La ciencia en su conjunto se diferenció con más claridad que nunca de la filosofía, la teología y otras ramas del saber tradicional. Hacia mediados del siglo XIX, los científicos compartían un concepto de ciencia que renunciaba a la vieja “aspiración a la estricta generalidad, necesidad incondicional y verdad absoluta” y pasaba a hacer hincapié en el carácter reflexivo del saber, su validez condicional, intersubjetividad y autonomía en el seno de un sistema social específico de las ciencias.


 Louis Pasteur, uno de los grandes científicos del siglo XIX.
En vísperas de la primera guerra mundial, en muchos países ya había madurado institucionalmente el sistema moderno de las ciencias, en lo esencial según se lo conoce aún hoy, dice el historiador Jürgen Osterhammel. La ciencia también se convirtió en la profesión de un número inaudito de personas. Hacia 1910 se vivía de la ciencia. El aficionado había cedido el terreno, en múltiples campos, al especialista. Ya nadie podía obtener reconocimiento como científico diletante, como el Goethe que también estudió morfología, anatomía y los colores.


miércoles, 21 de febrero de 2018

La muerte del archiduque austriaco Francisco Fernando.

Asesinato del archiduque Francisco Fernando.



Francisco Fernando de Habsburgo
Francisco Fernando, el archiduque austriaco asesinado en Sarajevo, se había opuesto durante mucho tiempo a quienes querían resolver los problemas del Imperio austrohúngaro mediante la guerra. Con su muerte (28 de Junio de 1914) desaparecía, irónicamente, el único hombre que hubiera podido evitar que su país le declarase la guerra a Serbia, deteniendo con ello la subsiguiente reacción en cadena. Este acontecimiento es uno de los desencadenantes de la Primera Guerra Mundial.

Francisco Fernando se mostró partidario de la reforma del Estado para convertirlo en una especie de sistema federal. Consideraba que el Imperio estaba en peligro si se embarcaba en cualquier conflicto bélico. De ahí que apostó por la neutralidad del Imperio Austro-Húngaro en las guerras de los Balcanes de 1912-1913.

Una de las costumbres sociales de la época era llevar la vestimenta de gala cosida para que no se moviese con el viento. Esto impidió socorrer al archiduque a tiempo, tapándole la herida de bala o deteniendo el flujo de sangre con un simple pañuelo, lo que llevó a su muerte, según cuenta la historia.

jueves, 15 de febrero de 2018

La Santa Sede consideró que los tratados de Versalles y Saint-Germain se inspiraron en sentimientos de venganza.

Château de Saint-Germain-en-Laye. lugar de firma del tratado.
El Tratado de Saint-Germain-en-Laye fue firmado el 10 de Septiembre de 1919 entre las potencias aliadas vencedoras de la Primera Guerra Mundial  y Austria. En este tratado se establecía de modo definitivo el desmembramiento de la antigua monarquía de los Habsburgo, el Imperio Austrohúngaro, y en su lugar quedó reconocida la República de Austria como "estado sucesor", la cual quedó limitada a algunas zonas en las que se hablaba solamente el alemán.

Firma del Tratado de Versalles.
El Tratado de Versalles (1919) fue un tratado de paz firmado por las potencias europeas que puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial, después de seis meses de negociación, en la ciudad de Paris. El Tratado de Versalles fue firmado como continuación al armisticio de noviembre de 1918, en Compiègne, que había puesto fin a los enfrentamientos. El principal punto del Tratado de Versalles determinaba que Alemania aceptaría todas las responsabilidades por causar la Gran Guerra y fijaba indemnización de guerra para las potencias vencedoras.

La Santa Sede consideró que los tratados de Versalles y Saint-Germain se inspiraban en sentimientos de venganza y compensación más que de justicia, consideración manifestada en varias ocasiones durante los dos años siguientes, sobre todo en la encíclica Pacem Dei munus, del 23 de mayo de 1920. Resultó muy eficaz la ayuda de los organismos vaticanos en favor de los prisioneros y de sus familiares a través de una sorprendente organización internacional que agrupaba a obispos, al servicio diplomático vaticano y a numerosas organizaciones de laicos. Se encargaron de recoger noticias y de ofrecer informaciones sobre prisioneros, combatientes
Benedicto XV.
desaparecidos y dispersos, y sobre los muertos y los heridos, lo que facilitó el intercambio de prisioneros inválidos y la recuperación en Suiza de los enfermos. Se distribuyeron medicinas y alimentos en las regiones más necesitadas, sin tener en cuenta la identidad religiosa o étnica. Aunque los resultados prácticos fueron escasos, Benedicto XV intercedió ante el sultán turco en favor del pueblo armenio, que estaba siendo sistemáticamente aniquilado en uno de los genocidios más escandalosos de la historia.

martes, 26 de diciembre de 2017

Suiza fue el país de Europa al que más transformó la llegada del ferrocarril.


Suiza fue el país de Europa al que más transformó la llegada del ferrocarril, pero paradójicamente, en ningún sitio resultó menos rentable. Los inversores suizos al parecer previeron al menos tal posibilidad porque prefirieron invertir en las líneas férreas estadounidenses, dejando las suyas, en su mayor parte, en manos de capitalistas extranjeros (sobre todo franceses). Las construcciones se iniciaron seriamente en la década de 1850 y en 1882 se completaba el primer túnel alpino, el de San Gotardo. Hacia 1890, y debido a que el alto coste de construcción no se veía compensado con los beneficios de un tráfico escaso, casi todas las líneas de ferrocarril estaban al borde de la bancarrota. En 1898, el gobierno suizo compró a sus propietarios (principalmente
extranjeros) la red de ferrocarriles a un precio muy inferior a su valor real, y poco después procedió a electrificar las líneas. Las tendencias que se establecieron en la segunda mitad del siglo XIX prevalecieron en el XX, la disminución de la importancia relativa de la agricultura, el aumento de la industria y, más aún, de los servicios, y la continua dependencia de la demanda extranjera, de forma especial la turística (desde 1870) y la de servicios financieros (desde la Primera Guerra Mundial). 

jueves, 18 de mayo de 2017

Incompetencia militar.

Contestando a un programa de televisión diré con Dixon que sólo los más ciegos podrían negar que la primera guerra mundial constituye una serie de ejemplos de todos los aspectos posibles de la incompetencia de los niveles militares más altos. Seguramente no hay nada que pueda compararse a esta guerra en cuanto a pura ausencia de imaginación, ineptitud de las decisiones, ignorancia del espionaje militar, subestimación del enemigo, optimismo ilusorio y monumentalidad del despilfarro de recursos humanos. En una época en la que se ha puesto de moda criticar y poner en duda el principio de autoridad, puede parecer extraño que hace apenas sesenta años millones de seres humanos que vivían en condiciones indescriptibles pudieran, con un valor, fortaleza y ánimos que exceden los límites de la comprensión humana, obedecer dócilmente decisiones mortales de generales bien alimentados y confortablemente alojados a muchos kilómetros de los lugares en los que sus decisiones se transformaban en diversas formas de muerte inútil.