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miércoles, 24 de mayo de 2023

Descubrió cómo competir exitosamente con Occidente

El algodón y el textil fueron la clave de la “edad dorada” de Estados Unidos. Todavía en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial el algodón en rama del Sur representaba el 25 por ciento de las exportaciones estadounidenses. Sin embargo, la mayor parte de la producción textil norteamericana era para el consumo interno. En 1910, Gran Bretaña tuvo unas exportaciones netas de productos de algodón por valor de 453 millones de dólares, mientras que el valor de las de Estados Unidos fue solo de 8,5 millones de dólares. Pero quizá el dato más sorprendente de todos sea que el segundo gran exportador mundial de productos de algodón en aquella época era un país no occidental, el primer miembro del “resto del mundo” que descubrió cómo competir exitosamente con Occidente. Ese país era Japón.

miércoles, 22 de abril de 2020

Las multinacionales deciden invertir en base a la estabilidad política y económica, los costos laborales y los costos de transporte



Para Robert Maciejko, jefe de la oficina del Boston Consulting Group en Varsovia, que hizo un amplio estudio sobre la competitividad de los países de Europa Central, “Europa Central será la China de Europa. Las compañías europeas que quieran ser competitivas en esta región del mundo tendrán que considerar mudar sus operaciones a Europa Central”. Según Maciejko, las empresas multinacionales deciden invertir en un país sobre la base de tres factores principales: la estabilidad política y económica, los costos laborales y los costos de transporte. A igual estabilidad, las empresas europeas que fabriquen productos baratos de transportar, como textiles o chips de computadoras, probablemente seguirán invirtiendo en China. Pero las empresas europeas que produzcan automóviles, acero, muebles, neumáticos o maquinarias pesadas, cuyo transporte es mucho más caro, optarán progresivamente por invertir en Europa Central.

lunes, 16 de octubre de 2017

La experiencia laboral de Amancio Ortega fue decisiva a la hora de desarrollar Zara.

Según Gustavo Mata Fernández-Balbuena, ingeniero industrial superior por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid y consultor de Estrategia y Análisis de Organizaciones, que ha estudiado el desarrollo textil de Zara en Galicia y en el resto del mundo, la primera experiencia de Amancio fue decisiva: En mi opinión, una de las cosas que debería agradecerle es haber tenido la oportunidad de
empezar su vida laboral en una elegante camisería a medida de A Coruña: la camisería Gala. Ahí está una de las claves, tal vez la más importante de todas, de su éxito. ¿Cómo funciona una camisería a medida?: el camisero tiene almacenadas y exhibidas un variado surtido de telas para confeccionar las camisas; cuando el cliente llega, escoge la tela y determina los detalles: cómo quiere puños y cuello, y si quiere o no bolsillo o sus iniciales bordadas en el pecho; entonces, el camisero toma las medidas y le pregunta al cliente: “¿Cuándo quiere el señor recoger la camisa? ¿Tal vez prefiera el señor que se la enviemos a casa, a partir de mañana?”; cuando el cliente se va, se corta la tela de la camisa y se manda a una camisera subcontratada para que la confeccione; al día siguiente, la camisa terminada está en la camisería; entonces se revisa, se empaqueta y se entrega al cliente. Amancio Ortega observó cómo se confeccionaban y vendían las prendas, y empezó a asimilar las futuras bases del negocio de Zara, confeccionar camisas
para clientes sin generar stock y atender a las peticiones directas de la demanda. Cuando fundó Zara tenía muy claro lo sencillo que sería salir del dilema en el que estaba atrapado el comercio de la moda, bastaba hacer lo que se hacía en cualquier camisería a medida, pero a gran escala; así de simple.
tejidos para camisas
Según explica el profesor Gustavo Mata Fernández-Balbuena, Amancio Ortega fue capaz de ver lo que nadie había visto hasta entonces, teniendo integrado en el negocio comercial el diseño y el corte de las prendas, como en la camisería, y teniendo almacenados los tejidos, también como en la camisería, se podía subcontratar la confección a talleres de respuesta muy rápida y flexible, porque a su vez subcontrataban con autónomos una parte importante del trabajo, y solo hacía falta supervisar muy bien la calidad de lo confeccionado; otra vez, como en la camisería. Así, ya no era necesario decidir todo el surtido al principio de la temporada; se podían tomar las decisiones sobre el surtido cada semana; no una vez en la temporada, sino muchas más; además, ya no se trataba de escoger entre lo que presentaban los confeccionistas, sino de decidir por sí mismos qué se iba a ofrecer en la tienda, decidir absolutamente todo sobre el surtido y su adaptación permanente a los gustos de la clientela.