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jueves, 19 de junio de 2025

Los felices veinte

Desde 1920 hasta 1929 Estados Unidos disfrutó de un período de expansión continuado. La economía creció a un ritmo espectacular gracias a una profunda transformación técnica. Son los años del taylorismo, del fordismo, de las líneas de montaje en cadena que redujeron extraordinariamente los costes de fabricación de todo tipo de productos modernos. Se popularizaron los primeros electrodomésticos (aspiradoras, secadores de cabello, neveras). El teléfono y el automóvil irrumpen en la vida cotidiana. Los productos eléctricos y, por supuesto, los coches eran demasiado caros para la mayoría de la gente, para que las clases medias pudieran adquirirlos, nacieron las primeras ventas a plazo. Los consumidores se endeudaron para consumir sin descanso. Fue también la época de la radiodifusión, de la construcción de los imponentes rascacielos de Nueva York, de la siderurgia, del cristal… El paro descendió a tasas bajísimas. Había bienestar y optimismo, y el jazz alegraba las salas de baile y conciertos. Son los felices veinte. En 1927, la Reserva Federal inició una política monetaria fuertemente expansiva, liberando una cantidad descomunal de fondos que fue a parar a bancos y particulares. Esa masa de dinero es la que en último lugar se utilizaría para financiar la compra de acciones ordinarias en Wall Street. Puede argumentarse que hasta 1928 las acciones de las empresas norteamericanas aumentaban de acuerdo con sus beneficios operativos. Los negocios iban bien y eso se reflejaba en las cotizaciones. Pero a partir de 1928 la bolsa empezó a subir a base de bruscos tirones hasta alcanzar niveles que ya nada tenían que ver con la rentabilidad de las empresas. Es cierto que a veces se producían correcciones en sentido contrario, pero duraban poco y la tendencia se invertía con cierta rapidez para superar ampliamente los niveles anteriores. Poco a poco, las subidas iban justificándose sólo por una expectativa de subida posterior, escribe el economista Fernando Trías de Bes.

jueves, 22 de octubre de 2020

El sector del automóvil está a punto de experimentar la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial

El sector alemán del automóvil da empleo directo a más de dos millones de alemanes, y representa el 5% del PIB del país. La industria del automóvil alemana vive con dificultad el cambio de paradigma del motor de explosión a los nuevos sistemas de propulsión eléctricos o basados en el hidrógeno. La crisis sanitaria mundial ha supuesto un choque para la demanda de vehículos en todo el mundo. Según la agencia de calificación Moody’s, el mercado del automóvil se reducirá un 20% en el espacio de un año.

El director general de Continental, Elmar Degenhart, dice que “después de una década de crecimiento rápido y provechoso, y de expansión de la mano de obra”, el sector está a punto de experimentar la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

El sector del automóvil ha visto cómo, mientras la demanda se hundía en Europa, el choque era mucho más contenido en Asia. En agosto las ventas de coches en la Unión Europea fueron un 18% inferiores a las del mismo mes de 2019, mientras que en China crecieron un 9%. Un problema adicional causado por estas disparidades regionales es que los fabricantes tenderán a invertir más y crear puestos de trabajo allí donde la demanda sea más fuerte, o al menos estable. Como afirma Klaus Rosenfeld, director general de Schaeffler, por primera vez se están considerando recortes de anchura el europeo, que era tradicionalmente el más estable.


Nuremberg 

El gran miedo de Alemania es que las inversiones de los grandes grupos, incluso de los alemanes, se desvíen hacia los países asiáticos. Para evitar esto, los alemanes están invirtiendo fuertemente en centros de investigación y programas de investigación para vehículos eléctricos y de hidrógeno. En Nuremberg se ha fundado una nueva universidad técnica que se espera que acoja a 6.500 estudiantes de ingeniería cada año. También se ha lanzado un centro público de investigación sobre el hidrógeno.


miércoles, 22 de abril de 2020

Las multinacionales deciden invertir en base a la estabilidad política y económica, los costos laborales y los costos de transporte



Para Robert Maciejko, jefe de la oficina del Boston Consulting Group en Varsovia, que hizo un amplio estudio sobre la competitividad de los países de Europa Central, “Europa Central será la China de Europa. Las compañías europeas que quieran ser competitivas en esta región del mundo tendrán que considerar mudar sus operaciones a Europa Central”. Según Maciejko, las empresas multinacionales deciden invertir en un país sobre la base de tres factores principales: la estabilidad política y económica, los costos laborales y los costos de transporte. A igual estabilidad, las empresas europeas que fabriquen productos baratos de transportar, como textiles o chips de computadoras, probablemente seguirán invirtiendo en China. Pero las empresas europeas que produzcan automóviles, acero, muebles, neumáticos o maquinarias pesadas, cuyo transporte es mucho más caro, optarán progresivamente por invertir en Europa Central.

sábado, 24 de noviembre de 2018

La marca de automóviles británica Jaguar.

La marca de automóviles británica Jaguar no siempre se llamó así. Hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, la empresa tenía el nombre de SS Cars. Jaguar nació en 1922, cuando dos aficionados al motociclismo, Williams Lyons y William Walmsley, fundaron la empresa Swallow Sidecar Company (SSC) para fabricar sidecars para motocicletas. Pero la joven compañía centró su atención en los automóviles, creando carrocerías de aire deportivo para coches de serie como el Austin Seven o el Morris Cowley. En julio de 1931, la firma se dedicó a divulgar información de lo que sería su próximo modelo. Un aviso publicitario de la época decía “Atención, ya viene el SS”; las siglas SS se referían al nombre de la compañía Swallow Sidecar.


En 1935, William Walmsley dejó la compañía y William Lyon decidió refundar la empresa con el nombre de SS Cars Ltd., centrada ya únicamente en la fabricación de vehículos. En ese año, la marca SS se anotó su primer gran éxito al presentar el SS 90, un deportivo biplaza que inmediatamente se convirtió en el coche a batir en pruebas de carretera y que sería bautizado como “Jaguar” por su gran agilidad y velocidad. En 1937 debutó el emblema Jaguar, que se extendería a todos los modelos SS.


Durante la Segunda Guerra Mundial, el esfuerzo bélico de la compañía se concentró en la fabricación de piezas para aviones, sidecars y remolques ligeros, quedando paralizada la producción de vehículos. En 1948 se reanudó la actividad, pero los propietarios de la empresa se encontraron con el problema de que el nombre de SS Cars tenía unas evidentes connotaciones nazis que perjudicaban su imagen. Así que el nombre de la marca sería finalmente sustituido por el de “Jaguar”.