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sábado, 23 de mayo de 2026

La guerra no es más que corrupción de los espíritus y de las costumbres


La guerra de 1914 fue la primera guerra democrática de la historia. El adjetivo no nos remite a sus intereses ni a las pasiones que despertó, puesto que al menos desde la época de la Revolución francesa los sentimientos nacionales de los pueblos y la idea de la patria han sido inseparables de todos los conflictos armados. Lo que distingue al de 1914 de los anteriores reside en otra causa, que toca la universalidad de los ciudadanos, en cada uno de los países en cuestión, es decir, en toda Europa. En efecto, la primera Guerra Mundial no enfrenta a más países que las guerras napoleónicas; ni esgrime conflictos de ideas más agudos que el interminable enfrentamiento de la Revolución francesa con las monarquías Europeas; pero involucra en una desgracia inaudita a millones de hombres durante más de cuatro años, sin ninguna de esas intermitencias estacionales que presentaban las campañas militares de la época clásica, comparado con Ludendorff o con Foch, Napoleón todavía hizo la guerra como Julio César. La de 1914 es industrial y democrática. Ha afectado a todo el mundo, hasta el punto de que casi no hay familia en Alemania o en Francia que no haya perdido a un padre o a un hijo. Y a los que han sobrevivido les ha dejado recuerdos inolvidables, destinados a influir sobre su actividad de ciudadanos en los años que van a seguir.No hay mejor testigo de esa situación que Alain, filósofo francés, en las cartas que escribe desde el frente a su amigo Élie Halévy entre agosto de 1914 y el comienzo de 1917.Filósofo y moralista del humanismo democrático, Alain no ama la guerra ni su cortejo de valores aristocráticos.
La guerra no es más que corrupción de los espíritus y de las costumbres, su verdad puede decirse invirtiendo las virtudes democráticas. Se encuentra en la esclavitud de los hombres puestos bajo el poder absoluto de sus jefes; en el miedo universal, que da a la acción militar un carácter mecánico, en la muerte de los mejores, como por una selección a la inversa. El ejército en guerra constituye un orden social en que el individuo ya no existe, y cuya inhumanidad misma explica su inercia casi imposible de quebrantar. Fuera de las trincheras, la situación no es más brillante. La guerra, en la que combaten estoicamente civiles en uniforme, se reduce a un espectáculo dirigido por los “patriotas de oficio”, que vociferan lejos del frente. Alain detesta el conformismo organizado de la opinión, el chauvinismo, la censura. No encuentra palabras bastante severas para fustigar la competencia belicista de los intelectuales, de los periodistas y de los políticos. No cree en la guerra del Derecho.

sábado, 15 de abril de 2023

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total y el aniquilamiento del adversario se entendía como destrucción física de combatientes y no combatientes. Así, el uso masivo de gases, de artillería, de bombardeos aéreos y torpedeo de barcos de pasajeros eran indicadores de una nueva época. Sin embargo, en esta ocasión fueron los límites tecnológicos los que acotaron la barbarie. La primera Guerra Mundial se estancó en las trincheras y la población civil cercana a los frentes fue la que más duramente sufrió la guerra. Pero en la retaguardia no se vivieron, en general, las acciones de guerra.La Segunda Guerra Mundial comenzó y terminó con un carácter de guerra total. En esta ocasión, el desarrollo tecnocientífico no frenó la extensión del conflicto en el ámbito civil, sino que lo potenció.  En cuanto a las matanzas militares sobre civiles, todos los contendientes las practicaron a conciencia. Los alemanes realizaron bombardeos masivos contra Rotterdam, Londres, Coventry, Belgrado, etc. A su vez, la fuerza aérea estadounidense atacó los territorios controlados por los alemanes con bombardeos masivos diurnos de precisión que tenían como objetivo destruir las fábricas y el potencial económico y productivo alemán, pese a que en la práctica afectaban a ciudades enteras. Los británicos se especializaron en ataques nocturnos masivos e indiscriminados contra las ciudades alemanas, que tenían como objetivo provocar el pánico y causar la desmoralización de la población civil. Ciudades como Hamburgo y Berlín sufrieron bombardeos terribles que provocaron miles de víctimas civiles. Especialmente emblemático fue el ataque a Dresde, en el curso del cual la ciudad fue borrada del mapa y con ella sus habitantes. El bombardeo más terrorífico de toda la historia de la humanidad fue el que sufrió Tokio, la capital de Japón, la noche del 9 al 10 de marzo. Unos 279 bombarderos norteamericanos lanzaron toneladas de bombas incendiarias sobre la ciudad, sabiendo que sus edificios estaban mayoritariamente hechos de madera. Una tormenta de fuego aniquiló a más de 100.000 personas, un número de bajas superior al que provocaron los ataques atómicos. Finalmente, el colofón de la guerra total fue el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Gordin, 2009). Al precio de miles de víctimas japonesas civiles, los estadounidenses se ahorraron una sangrienta campaña de conquista en las islas japonesas que ya había tenido sus precedentes en Okinawa.

Guerras, soldados y máquinas (F. Xavier Hernàndez Cardona y Xavier Rubio Campillo)