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miércoles, 25 de febrero de 2026

El desarrollo de la guerra de Ucrania ha expuesto a Rusia como el enfermo de Eurasia

Durante años Putin ha intervenido en un lugar tras otro de la región del Cáucaso y del Mar Negro mientras los medios estaban ocupados en otra parte, cubriendo obsesivamente la anarquía de Siria, en la que Rusia también estaba involucrada militarmente, y la guerra relacionada contra el Estado Islámico. Estos conflictos dejaron una huella débil en la mente de la población occidental. Putin al encontrar solo respuestas poco importantes de Occidente, siguió presionando hacia lo que concebía como un vacío en la voluntad de Estados Unidos y Europa.En Febrero de 2022, con el bombardeo de las ciudades ucranianas y de otras áreas civiles, con columnas de tanques avanzando, miles de muertos y más de diez millones de refugiados y personas desplazadas, resultó claro de repente que estábamos en un nuevo mundo.La caótica retirada de Afganistán de la administración Biden en Agosto de 2021 pudo haber alentado el plan de Putin de invadir Ucrania, por creer que Estados Unidos y Occidente eran impotentes. 
El desarrollo de la guerra, en la que un país de 44 millones de habitantes ha tenido en ocasiones ventaja militar sobre una potencia nuclear de 143 millones, ha expuesto a Rusia como el hombre enfermo de Eurasia, tal como el imperio otomano fue durante décadas el hombre enfermo de Europa antes de colapsar en la Primera Guerra Mundial. 
La continuación de la guerra de Ucrania amenaza con empezar a desbaratar todo el imperio ruso y sus zonas de influencia desde el Cáucaso hasta Siberia y el Lejano Oriente. 
La guerra de Ucrania también ha perjudicado a la ONU, ya que refleja un mundo de potencia militar dura en contraste con el poder blando e ineficaz de la ONU.


Referencia: Tierra Baldía. Un mundo en crisis permanente de Robert D. Kaplan

sábado, 19 de julio de 2025

En la Segunda Guerra Mundial se pudieron ver ejemplos de inhumanidad institucionalizada

sir Arthur Harris
Llama la atención es que durante la Segunda Guerra Mundial los perpetradores de tanta barbarie no buscaran ocultar sus acciones, sino que las airearan con euforia. La prensa británica celebró la masacre aérea de Hamburgo en otoño de 1943 titulando con júbilo “Hamburgo ha sido hamburguesada”. El capellán de sir Arthur Harris, brutal comandante del RAF Bomber Command (apodado «Bomber Harris» por los diarios), acabó comentándole al militar, en cierta ocasión, que sería mejor sustituir el título de su conferencia “La ética de los bombardeos” por “El bombardeo de la ética”. En la Segunda Guerra Mundial se pudieron ver ejemplos de inhumanidad institucionalizada. Stalin y el general Zhukov firmando las órdenes de agosto de 1941 y de julio de 1942, respectivamente la n.º 270 y la n.º 227, en las que se ordenaba tratar a los oficiales capturados por el enemigo como si fueran desertores.
En 1920, dos años después de que las flores volvieran a brotar en Verdún, veintiséis de los veintiocho países europeos disfrutaban de un sistema democrático. Las dos excepciones eran la Rusia furibunda de Lenin, y la Hungría arrogante del mariscal Horthy. Para 1939, más de la mitad se habían convertido en dictaduras absolutas.


sábado, 12 de julio de 2025

22 de junio de 1941

El 22 de junio de 1941 fue uno de los días más importantes de la historia de Europa. La invasión alemana de la Unión Soviética, que empezó ese día bajo el nombre en clave de Operación Barbarroja, significó mucho más que un ataque sorpresa, un cambio de alianzas o una nueva etapa de la guerra, fue el principio de una catástrofe indescriptible. El enfrentamiento de la Wehrmacht y sus aliados con el Ejército Rojo provocó la muerte de más de diez millones de soldados y de un número comparable de civiles, que murieron, bajo los bombardeos, huyendo de ellos, o de hambre y enfermedades provocadas por la guerra en el frente oriental. Durante la contienda, los alemanes mataron además a unos diez millones de personas, entre ellas más de cinco millones de judíos y más de tres millones de prisioneros de guerra.

miércoles, 11 de junio de 2025

Donde se queman libros, al final también se quema a gente

El 10 de mayo de 1933 los universitarios alemanes organizaron procesiones de antorchas por todo el país y quemaron veinticinco mil libros considerados antigermánicos, entre ellos los del poeta Heinrich Heine, un judío convertido al cristianismo. En su obra de teatro Almansor de 1821, Heine escribió: «Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen», donde se queman libros, al final también se quema a gente.
No es posible representar campos de exterminación. Las películas y las fotografías existen como registros documentales del horror, pero no pueden ser arte. Es interesante señalar que en el Atlas de Gerhard Richter, entre los cientos de fotografías que recopila durante años hay tomas de los campos de exterminación, de lo que describió como “imposible de pintar”. Richter, que es trece años mayor que Kiefer, tiene recuerdos específicos de la guerra. Kiefer no tiene ninguno. No fue participante sino heredero de los crímenes de los progenitores, especialmente de los padres; tanto él como su generación fueron producto de las secuelas de Alemania, un país que los bombardeos habían reducido a escombros y que estaba habitado por ciudadanos que eran incapaces de hablar de su pasado nazi, escribe Siri Hustvedt.

sábado, 15 de abril de 2023

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total

A partir de la Primera Guerra Mundial la guerra pasa a ser total y el aniquilamiento del adversario se entendía como destrucción física de combatientes y no combatientes. Así, el uso masivo de gases, de artillería, de bombardeos aéreos y torpedeo de barcos de pasajeros eran indicadores de una nueva época. Sin embargo, en esta ocasión fueron los límites tecnológicos los que acotaron la barbarie. La primera Guerra Mundial se estancó en las trincheras y la población civil cercana a los frentes fue la que más duramente sufrió la guerra. Pero en la retaguardia no se vivieron, en general, las acciones de guerra.La Segunda Guerra Mundial comenzó y terminó con un carácter de guerra total. En esta ocasión, el desarrollo tecnocientífico no frenó la extensión del conflicto en el ámbito civil, sino que lo potenció.  En cuanto a las matanzas militares sobre civiles, todos los contendientes las practicaron a conciencia. Los alemanes realizaron bombardeos masivos contra Rotterdam, Londres, Coventry, Belgrado, etc. A su vez, la fuerza aérea estadounidense atacó los territorios controlados por los alemanes con bombardeos masivos diurnos de precisión que tenían como objetivo destruir las fábricas y el potencial económico y productivo alemán, pese a que en la práctica afectaban a ciudades enteras. Los británicos se especializaron en ataques nocturnos masivos e indiscriminados contra las ciudades alemanas, que tenían como objetivo provocar el pánico y causar la desmoralización de la población civil. Ciudades como Hamburgo y Berlín sufrieron bombardeos terribles que provocaron miles de víctimas civiles. Especialmente emblemático fue el ataque a Dresde, en el curso del cual la ciudad fue borrada del mapa y con ella sus habitantes. El bombardeo más terrorífico de toda la historia de la humanidad fue el que sufrió Tokio, la capital de Japón, la noche del 9 al 10 de marzo. Unos 279 bombarderos norteamericanos lanzaron toneladas de bombas incendiarias sobre la ciudad, sabiendo que sus edificios estaban mayoritariamente hechos de madera. Una tormenta de fuego aniquiló a más de 100.000 personas, un número de bajas superior al que provocaron los ataques atómicos. Finalmente, el colofón de la guerra total fue el lanzamiento de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki (Gordin, 2009). Al precio de miles de víctimas japonesas civiles, los estadounidenses se ahorraron una sangrienta campaña de conquista en las islas japonesas que ya había tenido sus precedentes en Okinawa.

Guerras, soldados y máquinas (F. Xavier Hernàndez Cardona y Xavier Rubio Campillo)


viernes, 3 de marzo de 2023

La operación de Gernika difícilmente se puede considerar única o extraordinaria

Escribe el historiador Stanley George Payne que el bombardeo del centro foral de Vizcaya, Gernika, lugar donde tradicionalmente se juraban los fueros y que entonces era una pequeña ciudad de 5.000 habitantes. La mayoría de los edificios fueron consumidos por el fuego (no directamente por el bombardeo) y, proporcionalmente, fue la destrucción más grande de cualquier ciudad, con la posible excepción de Belchite, que, además, resulto destruida después durante los combates terrestres. El bombardeo de Gernika se publicitó ampliamente como una atrocidad planificada, la deliberada destrucción de una pequeña ciudad con un especial significado histórico y político. Aquello resultó un asunto tremendamente embarazoso para el Gobierno de Franco, que oficialmente negó toda responsabilidad, y respondió que el fuego lo había desatado la FAI-CNT, y que era lo mismo que habían hecho cuando huyeron en retirada de las poblaciones de Guipúzcoa el verano anterior…….La operación de Gernika difícilmente se puede considerar única o extraordinaria. La Armada republicana y su fuerza aérea habían sometido a muchas ciudades a bombardeos indiscriminados desde los primerísimos días de la guerra, y durante septiembre de 1936 el periódico de Azaña, Política, había fanfarroneado de la destrucción que habían causado en esas zonas, “inundadas de hierro y fuego”.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Los bombardeos sobre civiles son contrarios a la ley internacional, como los ataques contra la población civil


La Comisión de Juristas de La Haya, que entre diciembre de 1922 y febrero de 1923 había abordado la cuestión de los bombardeos sobre las ciudades, no había llevado más que a un proyecto de normativa sobre guerra aérea que nunca llegó a ratificarse y que, por tanto, no era vinculante. Sin embargo, en junio de 1938, Chamberlain había emitido unas directrices al Mando de Bombardeo en las que establecía que “los bombardeos sobre civiles como tales son contrarios a la ley internacional, así como llevar a cabo ataques deliberados contra la población civil, los objetivos deben ser objetivos militares legítimos”. En 1917, como ministro de Municiones, Churchill había manifestado su escepticismo respecto al impacto de los bombardeos sobre la moral ciudadana, argumentando que los alemanes eran tan capaces de soportarlos como los británicos. En 1940, como primer ministro, expresó sus objeciones éticas en relación con los ataques a civiles y rechazó de plano la sugerencia de que había que fusilar a los pilotos alemanes que aterrizaran en paracaídas. En octubre de ese mismo año, mientras tomaba un oporto en la sala de fumadores de la Cámara de los Comunes, uno de sus admiradores del grupo parlamentario conservador abogó por el bombardeo sin restricciones de Alemania, del que supuestamente era partidario el público británico. Churchill le miró por encima de su vaso y dijo: “Estimado amigo, esta es una guerra militar, no civil. Usted y otros pueden estar a favor de bombardear a mujeres y niños. Nosotros deseamos, y nuestro deseo se ha cumplido, destruir objetivos militares. Aprecio mucho su punto de vista. Pero mi lema es antes la obligación que la devoción”.


El 8 de marzo de 1941, el líder de la Francia Libre, Charles de Gaulle, el primer ministro Robert Menzies de Australia, la hija de Churchill, Diana, y el yerno de este, Duncan Sandys, se encontraban entre los invitados a una cena en Downing Street. Sandys mostró una actitud “sanguinaria” respecto a los alemanes. Quería arrasar el país, incluidas sus bibliotecas, para que “la próxima generación fuera analfabeta”. Churchill le respondió que a él no le conmovían las palabras de Duncan. No creía en naciones parias, y no veía alternativa a la aceptación de Alemania como parte de la familia europea. En caso de invasión, él no aprobaría que la población civil asesinara a los ocupantes alemanes. Y menos aún las atrocidades contra la población alemana en caso de que se estuviera en situación de cometerlas. Citó un incidente ocurrido en la Antigua Grecia, cuando los atenienses perdonaron a una ciudad que había masacrado a algunos de sus ciudadanos, no porque sus habitantes fueran hombres, sino “por la naturaleza misma del hombre”. Más adelante, ante la implacable evidencia de la barbarie alemana, modificó su postura, pero merece la pena señalar cuál era su punto de partida moral. Buen ejemplo de ello fue la táctica alemana de dejar caer minas aéreas sobre Londres y otras ciudades a partir del 16 de septiembre de 1940. Inicialmente diseñadas para ser lanzadas en paracaídas sobre el mar para hundir barcos, aquel día cayeron sobre el barrio de Wandsworth, con una carga explosiva de 500 kilos, causando una terrible devastación. En una nota al general Pug Ismay, Churchill ordenó los preparativos para llevar a cabo una represalia “proporcional” con armas similares.

Fuente:Combate moral del historiador Michael Burleigh



lunes, 16 de septiembre de 2019

El bombardeo ilimitado realizado por la Royal Air Force


La cuestión de cómo y por qué el plan de una guerra de bombardeo ilimitado, preconizado por agrupaciones dentro de la Royal Air Force desde 1940 y puesto en práctica en febrero de 1942 empleando un inmenso volumen de recursos personales y de economía bélica, podía justificarse estratégica o moralmente, nunca fue en Alemania en los decenios que siguieron a 1945, objeto de un debate público, sobre todo porque un pueblo que había asesinado y maltratado a muerte en los campos a millones de seres humanos no podía pedir cuentas a las potencias vencedoras de la lógica político-militar que dictó la destrucción de las ciudades alemanas. Además no puede excluirse que no pocos de los afectados por los ataques aéreos, como se señala en el relato de Hans Erich Nossack sobre la destrucción de Hamburgo, vieran los gigantescos incendios, a pesar de toda su cólera impotentemente obstinada contra tan evidente locura, como un castigo merecido o incluso como un acto de revancha de una instancia más alta con la que no había discusión posible.



Muy raras veces formuló alguien una queja por la larga campaña de destrucción llevada a cabo por los aliados. Los alemanes asistieron con muda fascinación a la catástrofe que se desarrollaba. “No era ya el momento, escribió Nossack, de señalar diferencias tan insignificantes como las existentes entre amigo y enemigo”. Lord Salisbury y George Bell, obispo de Chichester, formularon repetidas veces y de la forma más insistente ante la Cámara de los Lores y para el público en general el reproche de que una estrategia de ataques dirigidos principalmente contra la población civil no era defendible desde el punto de vista del derecho de la guerra ni de la moral. También las instancias militares responsables estaban divididas en su valoración de esa nueva forma de hacer la guerra, dice el profesor W. G. Sebald de la Universidad de Anglia del Este, Inglaterra.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Sobre la muerte de José Calvo Sotelo.

Urbano Orad de la Torre
Contestando a un tertuliano hay que  aclararle que en una carta dirigida al diario El País el 26 de septiembre de 1978, el militar republicano y masón don Urbano Orad de la Torre, que al estallar la sublevación militar en Madrid dirigió el bombardeo de artillería contra el Cuartel de la Montaña, atribuyó a un proyecto masónico el asesinato de don José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936; y confiesa que conoció el proyecto y colaboró desde dentro en él.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Soldado en primera linea.

Durante la Segunda Guerra Mundial el soldado alemán Helmut Pabst escribió: “La bala que oyes ya pasó de largo”. Si uno no la oía, lo más probable es que estuviera muerto o herido. La muerte se presentaba de forma muy aleatoria, y elegía a sus víctimas de una forma caprichosa y misteriosa: “Hace cinco días, en nuestra posición de tiro estaba sentado con nuestro jefe de inteligencia hablando de Würzburg. Después él fue a buscar sus calzoncillos; estaban secándose a quince metros, y me saludó con la mano. Allí mismo, un trozo de metralla le alcanzó en la cabeza. Hoy estoy ante su tumba”.

Ruinas de La Abadía de Montecasino tras el bombardeo masivo de las Fuerzas Aéreas aliadas 
John Steinbeck describió cómo “los bombardeos prolongados azotan literalmente las terminaciones nerviosas. Los tímpanos acaban torturados por las explosiones y el constante martilleo hace que a uno le duelan los ojos al principio te duelen los oídos, pero luego se embotan, igual que todos los demás sentidos en ese embotamiento, todas las prioridades cambian, el mundo entero se vuelve irreal. Después intentas recordar cómo era, y no lo logras del todo”. En diciembre de 1944, los artilleros aliados dispararon 206.929 proyectiles en el transcurso de un bombardeo sobre Montecassino que duró dos días. Bajo semejante manto de fuego, hasta las tropas de élite alemanas perdían el juicio o la voluntad de lucha.

El combate cuerpo a cuerpo no tenía nada que ver con la forma en que lo enseñaban los instructores experimentados. Clavarle una bayoneta a un muñeco de paja era una cosa; forcejear con setenta y cinco kilos de músculo y dientes que se resisten y muerden era otra, como descubrió un cabo australiano cuando un japonés le arrancó un “gran trozo de carne” de la cara durante un combate cuerpo a cuerpo en Nueva Guinea. Disparar contra dianas (las dianas abatibles con forma humana fueron una consecuencia de posguerra de la mala puntería durante la Segunda Guerra Mundial) no era lo mismo que ver las expresiones faciales de un hombre a través de la mira de un fusil antes de volarle media cara.


viernes, 7 de abril de 2017

Ataque químico contra la localidad de Khan Sheikhoun.

Al día de hoy, el saldo de las víctimas del ataque químico  contra la localidad de Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, controlada por los rebeldes y situada en el noroeste de Siria, se ha elevado a 86 muertos. Es lo que afirma el Observatorio sirio para los derechos humanos, una ONG con base en Londres, cercana  a los rebeldes y sostenida por los sauditas, que ha sido la primera en denunciar el controvertido bombardeo del 4 de abril pasado, que en las últimas horas ha desatado una guerra verbal entre los Estados Unidos y Rusia.


Fuentes del Observatorio han informado que entre las víctimas también se cuentan 30 niños y 20 mujeres. La cifra, agregan las fuentes, parece destinada a seguir elevándose en los próximos días, a causa de las gravísimas condiciones de los heridos.
La guerra la hacen los hombres. ¿Qué puede hacer Dios contra ese libre albedrío?

La guerra la hacen los hombres. ¿Qué puede hacer Dios contra ese libre albedrío?

lunes, 6 de marzo de 2017

Intervención humanitaria.

El bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN en 1999 se calificó de “intervención humanitaria”, pese a que muchas de sus consecuencias sorprendieron a la gente por su profunda falta de humanidad.Un intelectual alemán calificó globalmente este episodio de la OTAN como “humanismo militar”. ¿Y por qué era al mismo tiempo “humanístico” y “humanitario” intervenir allí y no, pongamos por caso, en Ruanda o Turquía, donde se han llevado a cabo limpiezas étnicas a gran escala y asesinatos masivos? 


De manera similar, según Dennis Halliday, que en otro tiempo fue el funcionario de Naciones Unidas responsable de administrar en Irak el programa “Petróleo por alimentos”, las consecuencias de las sanciones han sido “inhumanas y genocidas”, apreciación esta que le llevó a dimitir de su cargo en señal de protesta.