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miércoles, 11 de junio de 2025

Donde se queman libros, al final también se quema a gente

El 10 de mayo de 1933 los universitarios alemanes organizaron procesiones de antorchas por todo el país y quemaron veinticinco mil libros considerados antigermánicos, entre ellos los del poeta Heinrich Heine, un judío convertido al cristianismo. En su obra de teatro Almansor de 1821, Heine escribió: «Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen», donde se queman libros, al final también se quema a gente.
No es posible representar campos de exterminación. Las películas y las fotografías existen como registros documentales del horror, pero no pueden ser arte. Es interesante señalar que en el Atlas de Gerhard Richter, entre los cientos de fotografías que recopila durante años hay tomas de los campos de exterminación, de lo que describió como “imposible de pintar”. Richter, que es trece años mayor que Kiefer, tiene recuerdos específicos de la guerra. Kiefer no tiene ninguno. No fue participante sino heredero de los crímenes de los progenitores, especialmente de los padres; tanto él como su generación fueron producto de las secuelas de Alemania, un país que los bombardeos habían reducido a escombros y que estaba habitado por ciudadanos que eran incapaces de hablar de su pasado nazi, escribe Siri Hustvedt.

viernes, 25 de febrero de 2022

El pueblo está más dispuesto a responder a las alarmas del humanitarismo que a las demandas del coraje

                                                El duque de Windsor haciendo el saludo nazi en Alemania en 1937

Se cierne la tormenta (1948). En ese trabajo, el primer volumen de su obra La Segunda Guerra Mundial, Churchill desdeña la “patética creencia” de que el amor pueda ser alguna vez el fundamento de la paz. Relata el fracaso de la clase política británica para proveer el liderazgo moral y político necesario en los años posteriores a 1933. Confrontados a una dictadura que rechazaba la ética cristiana y se mofaba de la ley internacional, las democracias prevaricaron ante una provocación tras otra, y permitieron a Alemania rearmarse y establecer su dominación política y militar sobre el continente europeo. Churchill sintetizó célebremente el tema de ese volumen con la frase “cómo los pueblos de habla inglesa a través de su imprudencia, negligencia y buen carácter permitieron a los impíos rearmarse”. Su dramático relato de cómo se llegó a una “guerra innecesaria”era una acusación del fácil consentimiento que dieron los pueblos democráticos al levantamiento del poder alemán, así como una crítica a la crueldad de Hitler y los nazis.


Churchill sugiere que la “opinión pública” es el dios reinante del orden democrático y que raramente refiere a verdades incomodas a pesar de que la autopreservación nacional esté en juego. Más aún, el pueblo está más dispuesto a responder a las alarmas del humanitarismo que a las severas demandas del coraje.