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sábado, 25 de julio de 2026

Arremeter contra todo a la vez no resulta eficaz

Tocqueville en sus trabajos sobre sociología histórica, destacaba que, en las grandes revoluciones políticas de la historia, quienes atacaban las leyes, respetaban las creencias, y en la mayoría de las revoluciones religiosas, quienes atacaban la religión , respetaban las leyes. Es decir, siempre permanecía un punto sólido , que permitía guardar un cierto equilibrio. Así en sus estudios sobre la democracia en América, Tocqueville apuntaba que, durante la independencia de Estados Unidos frente a Inglaterra, los colonos americanos atacaron las leyes de la metrópoli , y aplicaron las más modernas doctrinas políticas , en su mayoría ideadas por los ilustrados franceses, sobre la separación de poderes, y de la defensa de la libertad civil, pero rechazaron, en cambio, la parte de esas doctrinas referidas a la persecución religiosa. De hecho, Estados Unidos sigue siendo en amplias zonas de su territorio, un país sumamente religioso. 
Hitler en un sentido distinto no consiguió, ni siquiera después de hacerse con el poder absoluto, una política abiertamente hostil contra la Iglesia católica alemana. En los primeros tiempos de la Alemania nazi existía un Ministerio de Asuntos Eclesiásticos. En cambio Lenin y su régimen impusieron un ateísmo agresivo, llamado ateísmo militante, que sin duda desconcertó a una sociedad rusa, de tradicional religiosa, que nunca terminó de encontrar ese punto sólido que le permitiera equilibrar su existencia en medio de aquel cambio político tan radical. Se frustró así, pronto, la eficacia de la revolución.
Arremeter contra todo a la vez no resulta eficaz. El hombre, incluso el hombre progresista o revolucionario, tiene también siempre algo de conservador. Esto debería de saberse cuando se plantean grandes cambios. Ya lo decía Tocqueville.


Referencia: Anotaciones de Jorge Sáez-Santurtún

jueves, 18 de junio de 2026

Adecuar las formas diplomáticas a la naturaleza de los regímenes políticos

   Neville Chamberlain y Winston Churchill

Hace casi un siglo Winston Churchill explicó la necesidad de adecuar las formas diplomáticas a la naturaleza de los regímenes políticos. Una determinada acción puede tener efectos muy distintos si el otro gobierno es democrático o dictatorial, explica el profesor Florentino Portero . Donde reina el derecho legítimo una cesión es interpretada como un gesto de buena voluntad y anima a responder con la misma moneda. Por el contrario, cuando nos encontramos frente a una dictadura, más aún si es totalitaria, ese mismo gesto puede ser interpretado como una prueba de debilidad, animando a una mayor presión. Churchill se lo trató de explicar a Neville Chamberlain, premier británico, que pensaba contener al III Reich permitiendo que se quedara por la fuerza con los Sudetes checos. Chamberlain era un político sensato y muy cualificado, pero un resto arqueológico del siglo XIX. No entendía de totalitarismos y, con buena intención, no fue capaz de comprender que con aquella cesión estaba animando a Adolf Hitler a invadir Polonia.


domingo, 22 de marzo de 2026

Un concepto fundamental para comprender la agresividad del nazismo es el conocido como Lebensraum o espacio vital

Lebensraum o espacio vital
Una de las causas que nos permiten comprender el estallido de la Segunda Guerra Mundial es, sin duda, la puesta en práctica de políticas nacionalistas expansionistas muy agresivas por parte de las potencias del Eje: Alemania, Japón e Italia. En el caso alemán, el principal sustento teórico de su expansión era la gran cantidad de alemanes que, tras la reordenación fronteriza del Tratado de Versalles, habían quedado fuera de su nación; en particular en países como Austria, Polonia y Checoslovaquia. Además, un concepto fundamental para comprender la agresividad del nacionalismo nazi es el conocido como Lebensraum o espacio vital, acuñado en el siglo XIX por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel. Esta idea establecía que era necesaria una correlación entre la población y el espacio que ocupaba una nación, puesto que, si esto no era posible, dicha nación no podía satisfacer las necesidades de sus habitantes. Así, Adolf Hitler utilizó este concepto para justificar su política expansiva, que comenzó con el Anschluss o anexión de Austria para luego ocupar Checoslovaquia y, finalmente, invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y dar inicio, con ello, a la Segunda Guerra Mundial. 
Nacionalsocialistas alemanes estaban obsesionados con que su país no tenía tierras suficientes para alimentar a su población, por lo que consideraban necesario ampliar territorios mediante conquistas, sobre todo en el este. Más allá de las teorías de Ratzel, Hitler utilizó además términos biológicos para establecer la necesidad de expandir la nación alemana hacia el este. El expansionismo era necesario para garantizar la supervivencia de la raza aria, identificada con el Estado alemán, y eliminar a las razas inferiores, como la eslava, que podían contaminarla. Esta teoría fue puesta en práctica de forma definitiva con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941.

Referencia: Breve historia de los nacionalismos (Iván Romero)

lunes, 22 de diciembre de 2025

El nazismo evolucionó hasta convertirse en un credo religioso


El nazismo comenzó siendo un credo político, pero rápidamente evolucionó hasta convertirse en un credo religioso, en una religión nacional alemana con sus propios dogmas, ritos y ceremonias que, en cierto modo, aspiraba a sustituir a la cristiana. Los dos dogmas principales del nazismo eran la superioridad de la raza aria, alemana y nórdica, y su derecho a esclavizar o a exterminar a las razas inferiores usurpadoras del “espacio vital” al que la raza superior tenía derecho. A la raza aria no le bastaba con estar constituida por individuos altos y apuestos, rubios, de ojos azules, nobles, inteligentes y sanos. Además era la única creadora de cultura, la única verdaderamente humana, el pueblo de los señores (Herrenwolk), destinado a dominar a las razas inferiores (en realidad especies distintas, infrahumanas: Untermenschen) y a neutralizar a una raza particularmente ponzoñosa, la judía. El joven Hitler pudo contaminarse de ariosofía, una doctrina popular en ciertas esferas de la Viena de su juventud que pretendía rescatar la religión ancestral de los antiguos germanos arrinconada por el Dios judío de la Biblia. La ariosofía atrajo a algunos románticos adictos al excursionismo y añorantes de las sociedades ancestrales que en 1911 fundaron una hermandad, la Hoher Armanen Orden (HAO), en la que se ingresaba mediante certificado de pureza de sangre. Esta sociedad inspiró, a su vez, al grupo Thule, otra agrupación de tenderos y funcionarios subalternos aficionados al ocultismo y a la fantasía. En su impreso de ingreso leemos que “el abajo firmante jura que, hasta donde su conocimiento abarca, ninguna sangre judía fluye por sus venas ni por las de su mujer, y que entre sus antepasados no hay miembros de razas inferiores”.

miércoles, 18 de junio de 2025

La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores

Los nazis explotaron la riqueza musical alemana. La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores, por lo que acompañaba todos los actos públicos importantes. Por encima de todo, la música debía hacer sentirse a los alemanes superiores e invencibles…..El régimen era partidario de la música clásica y romántica como la de Beethoven, Brahms y, por encima de todo, Wagner, cuya obsesión por la sangre germánica, el heroísmo y la leyenda había inspirado a Hitler desde sus humildes días en Viena. El festival de Wagner en Bayreuth era una fecha destacada en el calendario del Tercer Reich y sobrevivió incluso durante los años de guerra como inspiración para los soldados convalecientes.
El régimen consiguió una espectacular producción musical. Incluso durante el año 1942, en plena guerra, en Berlín se podía disfrutar de 80 óperas y numerosos ballets, y la orquesta filarmónica siguió actuando hasta 1944.
Referencia: La Alemania Nazi. 1933-1945 (Álvaro Lozano Cutanda)

sábado, 22 de febrero de 2025

El comunismo y el nazismo tenían el mismo objetivo de purificar el mundo

Hitler y Lenin
El comunismo y el nazismo tenían el mismo enemigo, la sociedad burguesa, y el mismo objetivo de purificar el mundo a través de un terror catártico. Tras el pretexto de la raza o de la clase social, de la plena regeneración y de la creación de un hombre nuevo, un mismo bestial totalitarismo. Como la historia la hacen los individuos, detrás de un fenómeno tan singular se encuentran dos caracteres muy peculiares y extremadamente parecidos en casi todo, tanto en su particular universo simbólico como, especialmente, en su odio hacia el mundo que les había visto nacer y que, caprichos de la historia, les había permitido alcanzar su enfermiza conciencia política. Estos dos personajes fueron Vladimir Ilich Lenin y Adolf Hitler.
Lenin y Hitler no es que confundiesen el partido con el país, que también, sino que confundían el país y el destino mismo de la especie humana con su averiada cosmovisión. No había, además, nada moral que reprocharse. Se trataba de combatir el mal absoluto representado por el antiguo mundo burgués con el bien absoluto que encarnaban sus dos variantes de socialismo revolucionario. Era una cuestión, como bien apunta Pellicani, de salvación de la especie. Uno y otro iban a “reconducir a la sociedad a su pureza originaria”. Había que hacer primero una gran purga catártica y necesariamente brutal que limpiase el tejido social de elementos corruptos y corruptores. Para los comunistas estos elementos eran los propietarios (grandes, pequeños o medianos) y el clero; para los nazis, los judíos y otras razas inferiores que tendrían que ser eliminadas o sojuzgadas por los amos arios. Para ambos la burguesía en su conjunto y su elaboración más perfeccionada, el mundo moderno. La revolución iba a consistir en eso mismo, en ofrecer felicidad y armonía a cambio de un pequeño sacrificio inicial consistente en aniquilar físicamente a una parte de la humanidad.
El nazismo duró muy poco. Desde la llegada de Hitler al poder hasta el estallido de la guerra mundial discurrieron algo más de seis años. Los seis restantes el régimen nazi los pasó en una guerra total de exterminio hasta la rendición incondicional del 7 de mayo de 1945. El nazismo no tuvo tiempo de desarrollar todo su programa.
El leninismo y el nazismo crearon sendas religiones profanas cuya deidad máxima era el Estado.Ellos, los revolucionarios profesionales, serían los sumos sacerdotes. Curiosamente tanto los líderes comunistas como los nazis se entregaron a un obsceno culto a la personalidad. Los miembros de las SS prestaban un juramento de lealtad al Führer, el guía de carne mortal que llevaría a la endiosada nación alemana hasta la victoria final sobre sus enemigos. En Moscú, en los desfiles en la Plaza Roja, lo que más proliferaban eran los retratos de Marx, Engels, Lenin y los miembros del Politburó portados por musculosos trabajadores como en una procesión religiosa. La fe ciega en el Estado (la estatolatría de la que hablaba Ludwig von Mises), es definitoria del totalitarismo.
Referencia:Lenin y Hitler de Luciano Pellicani.

lunes, 7 de octubre de 2024

¿Como se hizo popular el nacional socialismo?

La dirección nacionalsocialista impulsó un primer anticipo de la motorización generalizada, introdujo el entonces casi desconocido concepto de las vacaciones pagadas, duplicó el número de días festivos y comenzó a desarrollar el hoy familiar turismo de masas.Desde un principio el Estado nacionalsocialista promovió la familia, trató peor a los solteros o adultos sin hijos y protegió a los campesinos frente a los caprichos del mercado mundial y la meteorología. Las bases de la ordenación agraria de la Unión Europea, la regulación de la circulación en las carreteras, el seguro obligatorio para los automóviles, la declaración tributaria conjunta para los matrimonios, las subvenciones por hijos, el escalonamiento de tramos impositivos o las bases de la protección de la naturaleza provienen de aquellos años. Los políticos sociales nazis perfilaron los contornos del concepto de pensión vigente desde 1957 en la República Federal, por el que anciano no equivale a pobre sino que “el nivel de vida de los veteranos del trabajo no puede diferir mucho del de los Volksgenossen en activo”.
Procuraron ya desde las primeras semanas de gobierno paliar la plaga de embargos y desalojos que amenazaba a la mayoría de los alemanes de entonces, sobre todo en épocas de crisis económica.La “Ley sobre liquidación de viejas deudas” de 1938 consideraba inválidas cientos de miles de reclamaciones de deudas que los tribunales habían dado ya por ejecutables.Hitler («nuestro canciller del pueblo») había impartido desde muy pronto la máxima de “Alemania será tanto más grande cuanto más fieles le sean sus ciudadanos más pobres”. Y Göring le secundó manifestando que “el propietario que sin compasión ni escrúpulos deja sin techo a Volksgenossen pobres por una nimiedad, pierde con ese comportamiento la protección del Estado”.Fueron estas leyes las que hicieron popular el socialismo nacional y en ellas se traslucen también rasgos de la posterior República Federal alemana.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Convertir las víctimas en apátridas

Explica la filósofa Hanna Arendt que la táctica empleada por Hitler (y por muchos otros después) ha sido convertir a sus víctimas en apátridas. ¿De qué les servía a los judíos la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano si no había nadie capaz de aplicarla? Privados del escudo que supone la ley de un país concreto, sus derechos inalienables pueden ser, de hecho, fácilmente alienados.
El 10 de diciembre de 1948, se aprueba en la Asamblea General de las Naciones Unidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La nueva declaración procede del impulso de hacer algo ante el trauma de la segunda guerra mundial. Se siente la necesidad de subrayar la declaración como universal y de llenar los huecos que habían dejado los textos anteriores. Se mencionan nuevos derechos y se desarrollan otros. En el año 2000 cuando se proclamó la Carta de los derechos Fundamentales de la Unión Europea, vinculante para todos los Estados miembros desde el año 2007.

jueves, 22 de agosto de 2024

Chamberlain pagó muy caro el desoír las propuestas del Vaticano

Chamberlain

Mit brennender Sorge (en español: Con ardiente preocupación) es una encíclica del papa Pío XI sobre la situación de la Iglesia católica en la Alemania nazi, publicada el 14 de marzo de 1937.El Vaticano toma cartas en el asunto abandonando la costumbre de publicar las encíclicas en latín para presentar su Mit brennender Sorge, un texto del cual distribuye clandestinamente más de 300.000 ejemplares, donde condena la confusión panteísta, el así llamado mito de la raza y la sangre y la deificación del Estado.Para no parecer que el ataque al nacionalsocialismo equivale a simpatizar con el comunismo, nueve días después (el 19 de marzo de 1937)Pío XI publica la encíclica Divini Redemptoris, mucho más explícita en su denuncia del régimen soviético, que entre 1918 y 1928 ha eliminado a ocho de cada diez clérigos rusos.
A principios de 1940, cuando el nuevo papa Pío XII, que ha sido nuncio en Alemania, hace saber al Gobierno inglés que la cúpula militar derrocaría al régimen “si se asegura a Alemania una paz honorable, sin renunciar a lo anexionado antes de invadir Polonia”, y ofrece como testimonio de buena voluntad la más importante de las noticias: en pocas semanas habrá un ataque masivo a Francia, usando los Países Bajos como vía de entrada. Más no podía hacer por entonces el Vaticano, y Chamberlain pagará muy caro dudar de lo segundo. En cuanto a lo primero, no es ocioso recordar que Inglaterra rechazó también en 1916 y 1917 propuestas de paz honorable, y quizá nunca sabremos si en 1940 prefirió medio millón de británicos muertos  a tolerar cosa distinta de una rendición incondicional. Lo indudable es que frenó el complot contra Hitler, pues ningún patriota asumiría los riesgos de matarle si el futuro de su país volviese a ser el acordado en Versalles.
Pio XI

Oficialmente, el Foreign Office y el servicio secreto británico desoyeron las propuestas de los conspiradores alemanes en función de su carácter “dudoso”, en parte por creer que Hitler contó siempre con la adhesión de todos o casi todos sus generales, y en parte porque podía tratarse de una maniobra. Sin embargo, Gördeler llegó a departir con Churchill; era innegable que Canaris le respaldaba, y el director del MI6, Stewart Menzies, reconoció más tarde la “asombrosa valentía” del almirante. Es digno de recuerdo también que uno de los principales asesores de Chamberlain entonces fuese E. H. Carr, el historiador, escindido de puertas adentro entre una antigua lealtad hacia Hitler y una naciente adhesión a Stalin. 
Referencia:Los enemigos del comercio, III de Antonio Escohotado

viernes, 7 de junio de 2024

El ingreso de las masas a la política se efectúa en la Europa de posguerra bajo la forma de la novedad revolucionaria

Tocqueville, autor inquieto al acecho del porvenir, analiza el nexo secreto que une el individualismo moderno y el crecimiento ilimitado del Estado administrativo, pero no prevé el fascismo, y menos aún en su forma nazi. Nietzsche, vocero de la muerte de Dios, profeta de la miseria moral e intelectual del hombre democrático, no imagina los regímenes totalitarios del siglo que lo sigue tan de cerca… y menos aún que él mismo les servirá a veces de sustento. Es en el siglo XIX cuando la historia remplaza a Dios en la omnipotencia sobre el destino de los hombres, pero solo en el XX se verán las locuras políticas nacidas de esta sustitución.
El hombre de las masas no es, o no lo es forzosamente, un ser iletrado y sin educación. La Italia del norte, la primera que fue vulnerable a la propaganda mussoliniana, es la zona ilustrada del país. La Alemania en donde la elocuencia de Hitler obtiene sus primeros triunfos es la nación más culta de Europa. Así, el fascismo no tiene su cuna en sociedades arcaicas, sino en las modernas, en las que el marco político y social tradicional ha perdido súbitamente mucha de su legitimidad. La posguerra las ha dejado en esa situación de atomización igualitaria en que Hannah Arendt vio una de las explicaciones de la victoria de Hitler. La educación o el enriquecimiento no necesariamente producen comportamientos políticos más racionales. Incluido en la agenda de la democracia, el ingreso de las masas a la política moderna no se efectúa en la Europa de posguerra mediante la integración a los partidos democráticos, sino bajo la forma de la novedad revolucionaria.

sábado, 2 de marzo de 2024

Churchill no olvidaba que Gandhi se había ofrecido para mediar la rendición de Gran Bretaña a Hitler

El único personaje del imperio que gozaba de la confianza de Churchill era el mariscal de campo Jan Smuts, primer ministro de Sudáfrica, con el que le unía una buena amistad desde los tiempos de la guerra de los bóers. Fue Smuts quien dijo que “debemos dar gracias a Dios de que exista Hitler, pues él ha sido el que nos ha vuelto a enfrentar a la realidad de unos actos brutales… De hecho, ha levantado la tapadera del infierno, y todos nos hemos asomado a verlo”.
En otros tiempos mejores, la paciencia de Churchill con el pueblo de la India había sido escasa. Su visión no había cambiado desde que prestara servicio en este país como subalterno de caballería a finales del siglo XIX. En opinión de Leo Amery, secretario de Estado para la India, Churchill era “una extraña combinación de grandes y pequeñas cualidades… Su postura respecto a la cuestión de la India no es muy normal que digamos”. El primer ministro se oponía, por ejemplo, a conceder a los oficiales indios poderes disciplinarios sobre los soldados británicos. Clamaba contra “la humillación que supone recibir órdenes de un hombre de piel oscura”. Churchill no quería ni oír hablar de las aspiraciones políticas de la India en un momento en el que el ejército japonés se encontraba a las puertas. Nadie podía esperar que olvidara que Gandhi se había ofrecido para mediar la rendición de Gran Bretaña a Hitler, a quien el adalid de la no violencia y abanderado de la libertad de la India había calificado de “un hombre no tan malo”. En 1940 Gandhi había escrito una carta abierta al pueblo británico, instándolo a “deponer las armas y aceptar el destino que decida Hitler. Invitaréis a Herr Hitler y al Signor Mussolini a tomar lo que quieran de los países que llamáis vuestras posesiones. Dejad que tomen posesión de vuestra hermosa isla con su sinfín de hermosos edificios. Les daréis todo esto, pero no vuestra alma y vuestra mente”.El ejercicio del poder de Gran Bretaña sobre el pueblo indio entre 1935 y 1945 fue torpe y violento, y Churchill tuvo parte de culpa. Pero el primer ministro no se equivocaba cuando decía que cualquier cesión de poder en medio de una guerra mundial era algo impensable, especialmente teniendo en cuenta que la postura del Congreso Nacional de la India ante la causa de los aliados era bastante ambigua.
Referencia:La guerra de Churchill de Max Hastings,divulgador histórico británico.

jueves, 22 de febrero de 2024

Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz, pero no explica nada

A pesar de la brutalidad de la era nazi, es preciso subrayar que la historia moral produce casi siempre una mala historia o, al menos, una historia incompleta. La maldad es un concepto filosófico, más que histórico. Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz y al mismo tiempo moralmente satisfactorio, pero no explica nada, escribe I. Kershaw. En el estudio del nazismo debemos tener muy presente el consejo del historiador Martin Broszat cuando advertía de que no debemos estudiar siempre la historia “hacia atrás”. Hitler no llevaba escrito en la frente que iba a asesinar a millones de personas y que llevaría a Alemania a una catastrófica derrota militar y a un trauma moral sin precedentes. Es necesario retrotraerse al momento en que todo sucedió y estudiar así la historia“hacia delante”.Paradójicamente, a pesar de la enorme producción bibliográfica que ha producido el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, en realidad las fuentes primarias sobre el período son muy fragmentarias. Una gran parte de las mismas se perdieron en los bombardeos masivos de las ciudades alemanas durante el conflicto y otra parte fue deliberadamente destruida por los nazis ante el avance de las tropas aliadas.

Escribe el historiador italiano Alvaro Lozano Cutanda que el Tercer Reich fue la consecuencia de lo que sucedió cuando sectores de las élites alemanas y las masas de gente corriente decidieron renunciar en Alemania a sus facultades críticas individuales a favor de una política basada en la fe, la esperanza, el odio y una autoestima sentimental colectiva de su raza y nación. Fue, sin duda, el colapso moral y progresivo de una sociedad industrial avanzada, muchos de cuyos ciudadanos cesaron de pensar por sí mismos a favor de lo que George Orwell describió como el ritmo de tam-tam de un tribalismo de nuestro tiempo. Es la historia de cómo un pueblo civilizado y culto arremetió contra la caridad, la razón y el escepticismo depositando su fe absoluta en Hitler. El nombre de Hitler representa siempre justificadamente el del instigador del hundimiento más profundo de la civilización en los tiempos modernos. Sin embargo, el mito de una nación raptada de gente corriente llevada por el mal camino por un demagogo que secuestró unas instituciones políticas razonables no resulta verosímil. La historia del nazismo es, además, un terrible recordatorio de que las amenazas a la democracia no provienen tanto de la inestabilidad política como de aquellos que la manipulan.

martes, 16 de enero de 2024

El mariscal Pétain, la agonía de Francia

Un mediano restaurante, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine, un buen puesto en primera fila para verle la cara a Pétain o a Reynaud al entrar o salir del Consejo de Ministros, tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. ¿Cuántas personas de aquéllas tenían plena conciencia de la hora decisiva para ellas y para la historia que estaban viviendo? Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva.La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia ha sido esta de la indiferencia inhumana de las masas. Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual.
El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Habíamos creído ingenuamente que la complicada mecánica de todo ello estaba en conexión estrecha e indisoluble con los fines del Estado y esto es una vana ilusión.

                                                  

Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza. Entre las cláusulas del deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain hay una que basta y sobra para deshonrar a un Estado; la cláusula por la que el gobierno francés se compromete a entregar a Hitler, atados de pies y manos, a los refugiados alemanes antihitlerianos que habían buscado su salvación en Francia y a quienes el Estado francés había utilizado sin escrúpulo en el simulacro de lucha contra el hitlerismo.La entrega al verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en Francia será una de las mayores vergüenzas de la historia.
He oído decir al director de un diario parisiense que Francia estaba vendida y a merced de sus enemigos a partir de la campaña antisancionista que se hizo en la prensa y los medios políticos de París por el procedimiento del soborno puro y simple. Mussolini compró entonces por cuarenta millones de francos distribuidos hábilmente entre unos cuantos políticos y periodistas a los cuarenta millones de ciudadanos franceses que Pétain y Laval le han librado ahora atados de pies y manos.
Referencia: La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales


martes, 9 de enero de 2024

En la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia

El historiador judío norteamericano Lawrence H. Feldman afirma en septiembre de 1941: “Franco se volvió repentinamente a favor de los aliados hasta el final de la guerra; cuando quedó claro que Hitler se estaba preparando para una guerra de exterminio contra los judíos, la opinión de Franco cambió drásticamente. Las actividades de los escuadrones de exterminio en Rusia en julio de 1941 hicieron obvias las intenciones de Hitler, mucho antes de la implantación completa del genocidio en 1942. Así que Franco intentó reabrir relaciones con los aliados, y finalmente tuvo éxito en septiembre de 1941”. Ello ocurrió poco antes del ataque japonés a Pearl Harbor.Y continúa Feldman: “Franco recibió algunos discretos elogios por su ayuda al rescatar algunos judíos sefarditas en 1943 y 1944, hizo posible la emigración de más de 15.000 judíos. Comenzando en el mes de junio, antes del acuerdo con Alemania para enviar judíos a Franco para que se embarcaran al extranjero, y continuando tras la abrogación nazi de ese acuerdo, esa migración es lo que hizo a Franco un verdadero y desconocido héroe del Holocausto. Con el intento exitoso de España de rescatar a los judíos protegidos de Salónica y Atenas, con las actividades de su cuerpo diplomático al rescatar a judíos individualmente, con la participación en la protección de los judíos en Hungría y muchos años después (1967) con la evacuación de los judíos de Egipto, España dijo al mundo que haría lo que pudiera para rescatar a los miembros de esta raza”.

Israel Singer, presidente del Congreso Mundial Judío, en 2005, afirmó que “la España de Franco fue un refugio importante de judíos que se arriesgaron a venir, escapando de la Francia de la libertad, la fraternidad y la igualdad. No quiero defender a Franco, pero en la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia”.
Cuando los aliados planificaban la Operación Torch, el ilegal aeropuerto de Gibraltar estuvo repleto de aviones apiñados en su pequeña pista en la que el lanzamiento de una única granada de mortero hubiera destruido todos los aparatos allí hacinados; pero no ocurrió nada. Los obreros españoles de la Línea siguieron cruzando la frontera con toda normalidad para ayudar al esfuerzo de guerra aliado con su trabajo, al tiempo que los numerosos pilotos angloamericanos que aterrizaban o saltaban en paracaídas en territorio español eran devueltos a su país de origen al poco tiempo. El entrenamiento de un piloto de caza o bombardero duraba meses siendo, sin lugar a dudas, uno de los soldados “más caros” de la Segunda Guerra Mundial, escribe Luis Togores.

lunes, 1 de enero de 2024

La minoría étnica europea más perseguida en la segunda mitad de la década de 1930 fueron los seiscientos mil polacos soviéticos

Iósif Stalin ordenó la muerte por inanición de unos cinco millones de personas


Mientras que un millón de ciudadanos soviéticos trabajaban en los campos de concentración y los asentamientos especiales soviéticos a finales de 1938, el número de ciudadanos alemanes en los campos de concentración de su país era de unos veinte mil. Teniendo en cuenta la diferencia de población, el sistema soviético de campos de concentración era en aquella época unas veinticinco veces mayor que el alemán. En aquel momento, el terror soviético no sólo era mayor en dimensión, sino que también era incomparablemente más letal. Nada en la Alemania de Hitler se acercó ni remotamente a la ejecución de casi cuatrocientas mil personas en dieciocho meses realizada en la Unión Soviética bajo la orden 00447. En 1937 y 1938, 267 personas fueron sentenciadas a muerte en la Alemania nazi, en comparación con las 378.326 sentencias a muerte sólo en la operación contra los kulaks en la Unión Soviética. De nuevo, teniendo en cuenta la diferencia de población, las posibilidades que tenía un ciudadano soviético de ser ejecutado en la acción contra los kulaks eran unas siete veces mayores que las que tenía un ciudadano alemán de ser sentenciado a muerte en la Alemania nazi por cualquier delito. Tras la purga de las cúpulas y la reafirmación de su dominio sobre las instituciones clave, tanto Stalin como Hitler llevaron a cabo limpiezas sociales en 1937 y 1938. Pero la acción contra los kulaks no fue la totalidad del Gran Terror. Esta podía considerarse, o al menos presentarse, como una guerra de clases. Pero cuando la Unión Soviética mataba a enemigos de clase también estaba matando a enemigos étnicos. A finales de la década de 1930, el régimen nacionalsocialista de Hitler era bien conocido por su racismo y su antisemitismo, pero fue la Unión Soviética de Stalin la que emprendió las primeras campañas de exterminio de nacionalidades enemigas internas.
Mientras en España el Frente Popular presentaba a la Unión Soviética como el hogar de la tolerancia, Stalin ordenaba el exterminio de varias nacionalidades soviéticas. La minoría étnica europea más perseguida en la segunda mitad de la década de 1930 no fueron los aproximadamente cuatrocientos mil judíos alemanes (cifra que iba menguando por la emigración) sino los seiscientos mil polacos soviéticos.Stalin fue un pionero de los asesinatos en masa de nacionalidades, y los polacos fueron las víctimas principales entre las nacionalidades soviéticas.
Referencia:Tierras de sangre de Timothy Snyder



miércoles, 13 de septiembre de 2023

Derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro

General Jaruzelski

Para muchas personas los crímenes de Stalin no inspiran la misma reacción visceral que los crímenes de Hitler. Nadie quiere pensar que derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro.Los regímenes comunistas se volvieron menos censurables a medida que pasaban los años. Nadie temía demasiado al general Jaruzelski, ni siquiera a Brézhnev, aunque ambos fueron responsables de la devastación.

El acceso a los emplazamientos de los campos soviéticos (GULAG) estaba prohibido. Ninguna cámara de televisión ha filmado nunca los campos soviéticos ni a las víctimas, como se hizo en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, la carencia de imágenes significa menor comprensión.Un pequeño sector de la izquierda occidental luchó por explicar, y a veces disculpar, los campos y el terror que los creó a partir de 1930.Durante los procesos de Moscú, mientras Stalin condenaba arbitrariamente a miles de inocentes miembros del partido a los campos, el dramaturgo Bertolt Brecht le decía al filósofo Sidney Hook: “Cuanto más inocentes son, más merecen morir”.En la década de 1980 todavía había académicos que continuaban hablando de las virtudes del sistema sanitario de la Alemania oriental o de las iniciativas polacas en favor de la paz; todavía había activistas que se sentían avergonzados del escándalo suscitado en torno a los disidentes de los campos de prisioneros de Europa oriental.
Después de la revolución rusa, la información oficial sobre los campos soviéticos estaba disponible para cualquiera que la deseara. Desde el comienzo los informes de los testigos presenciales del Gulag fueron rechazados e infravalorados por las mismas personas que nunca habrían puesto en cuestión la validez del testimonio sobre el Holocausto.

Referencia: Gulag de Anne Applebaum


jueves, 20 de julio de 2023

Hitler se dio cuenta del error de no lograr la intervención española

En 1945 se dio cuenta Hitler de que hubiera debido lograr la intervención española en el conflicto a la altura del verano de 1940, nada más lograda la victoria sobre los franceses; con ello hubiera tomado Gibraltar y así hubiera podido estrangular la vía de comunicación de Gran Bretaña con su Imperio. No se hizo así porque Hitler creía poder someter a Churchill con la aviación, manifiesta el historiador Javier Tusell.

lunes, 22 de mayo de 2023

En 1936 empezó a correr el reloj hacia una nueva guerra europea

En 1935 pagar productos alimenticios de importación en cantidad suficiente y satisfacer al mismo tiempo las crecientes demandas de la política de rearme resultaba imposible cuando había escasez de divisas y las reservas de dinero iban disminuyendo a pasos agigantados. La mala cosecha de 1934 y la ineficacia del super-burocratizado Estamento Alimenticio del Reich (el Reichsnährstand, creado en 1933 para revitalizar la producción agrícola y fomentar el estatus de los agricultores) dieron lugar a una grave escasez de comida en el otoño de 1935. El aumento de los disturbios causó tal desazón en el régimen que Hitler se vio obligado a intervenir para garantizar la asignación de divisas extranjeras para la compra de productos alimenticios de importación y no para la adquisición de las materias primas que las empresas del sector armamentístico reclamaban desesperadamente. A comienzos de 1936 se había llegado a un callejón sin salida económico, consecuencia inexorable de la vía seguida por Alemania para salir de la represión bajo el régimen nazi. Había dos maneras de salir de ese callejón sin salida, o Alemania reducía sus planes de rearme y daba pasos hacia su reingreso en la economía internacional, o seguía adelante con su remilitarización rápida, lo que significaba una deriva hacia la autarquía que, sin expansión territorial, sólo podría conseguirse parcialmente. Y la expansión territorial sería imposible sin que en un momento u otro se produjera una guerra. En 1936 Hitler tuvo que tomar una decisión. Era evidente en qué sentido iba a decantarse su elección. El giro, implícito desde el comienzo mismo del régimen nazi, confirmó las sospechas, la primacía de la economía dio paso a la primacía de la ideología. A partir de 1936 empezó a correr el reloj hacia una nueva guerra europea, escribe el historiador británico Ian Kershaw.

domingo, 17 de julio de 2022

El inmenso pedestal de popularidad de Hitler

Para el historiador británico Ian Kershaw pocos dirigentes políticos del siglo XX, si es que hay alguno, disfrutaron de mayor popularidad entre su propia gente que Hitler en la década posterior a la fecha de su acceso al poder, el 30 de enero de 1933. Se ha sugerido que, en la cima de su popularidad, nueve alemanes de cada diez eran “seguidores de Hitler, personas que creían en el führer”. Sea cual fuere la calificación que pueda merecer tan escueta afirmación, puede aseverarse con certeza que el apoyo al partido nazi nunca alcanzó niveles parecidos, como los propios dirigentes nazis reconocían sin dificultad. La aclamación de que era objeto Hitler iba mucho más allá de la que recibían quienes se consideraban a sí mismos nazis, e incluía a muchas personas que eran críticas con las instituciones, las políticas y la ideología del régimen. Éste era un factor de fundamental importancia en el funcionamiento del Tercer Reich. La adulación de que era objeto Hitler por parte de millones de alemanes que, de otro modo, tal vez sólo se hubieran comprometido con el nazismo de manera marginal, implicaba que la persona del fuhrer, en tanto que punto focal de un consenso básico, constituía una fuerza integradora crucial en el sistema de gobierno nazi. Sin la ingente popularidad personal de Hitler, sería impensable el elevado nivel de aclamación plebiscitaria con que el régimen pudo contar en repetidas ocasiones, una aclamación que legitimaba sus acciones en el interior y en el extranjero, apaciguaba a la oposición, impulsaba la autonomía del mando y la independizaba de las tradicionales élites nacional-conservadoras que habían imaginado que serían capaces de mantener a Hitler a raya, y sostenía el frenético y crecientemente peligroso ímpetu del dominio nazi. Y lo que es de la máxima importancia, el inmenso pedestal de popularidad de Hitler hizo que su propia posición en el poder resultase aún más inexpugnable, proporcionando las bases para el selectivo proceso de radicalización que sufrió el Tercer Reich y por cuyo efecto las obsesiones ideológicas del führer comenzaron a traducirse en realidades factibles.

martes, 8 de marzo de 2022

Hitler había mostrado una capacidad excepcional de seducir a los políticos británicos

Halifax a la derecha de Hitler

Los temores de la amenaza soviética aún eran muy poderosos y, como dice Martin Gilbert en The Roots of Appeasement, “el propio Hitler aseguraba que actuaba como principal guardián de Europa frente a la propagación del comunismo”, de modo que las clases más elevadas de Inglaterra en particular eran reacias a condenarlo y a considerarlo peligroso. Los británicos se hallaban fundamentalmente distraídos por la crisis provocada por la abdicación de Eduardo VIII tras declarar su deseo de contraer matrimonio con una divorciada, la americana Wallis Simpson. En octubre de 1937 el primer ministro convenció al vizconde de Halifax de que aceptara una invitación para reunirse con Hitler cuando visitara Alemania para participar en una cacería. Desde su llegada al poder, Hitler había mostrado una capacidad excepcional de seducir a los políticos británicos; y Halifax no iba a ser diferente en este sentido. Regresó de la entrevista mantenida en Alemania cantando las alabanzas del Führer.

Chamberlain con Hitler
El primer ministro Chamberlain insistió en seguir negociando con Hitler, y viajó a Múnich para intentar resolver los problema.Cuando el 30 de septiembre Chamberlain regresó a Inglaterra después de poco más de un día de negociaciones, estaba esperándolo en el aeródromo una multitud de partidarios suyos. Bajó la escalerilla del avión agitando en las manos el papel firmado que pasaría a ser conocido como los acuerdos de Múnich, y proclamó lleno de júbilo ante los periodistas que lo esperaban que el pacto era un “símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no volver a enfrentarnos nunca más en una guerra”*. Muchos pensaron que en realidad había aceptado todas las exigencias de Hitler.

*Chamberlain regresa de Múnich con el acuerdo anglo-alemán, 30 de septiembre de 1938, BBC National Programme 30-09-1938