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domingo, 17 de julio de 2022

El inmenso pedestal de popularidad de Hitler

Para el historiador británico Ian Kershaw pocos dirigentes políticos del siglo XX, si es que hay alguno, disfrutaron de mayor popularidad entre su propia gente que Hitler en la década posterior a la fecha de su acceso al poder, el 30 de enero de 1933. Se ha sugerido que, en la cima de su popularidad, nueve alemanes de cada diez eran “seguidores de Hitler, personas que creían en el führer”. Sea cual fuere la calificación que pueda merecer tan escueta afirmación, puede aseverarse con certeza que el apoyo al partido nazi nunca alcanzó niveles parecidos, como los propios dirigentes nazis reconocían sin dificultad. La aclamación de que era objeto Hitler iba mucho más allá de la que recibían quienes se consideraban a sí mismos nazis, e incluía a muchas personas que eran críticas con las instituciones, las políticas y la ideología del régimen. Éste era un factor de fundamental importancia en el funcionamiento del Tercer Reich. La adulación de que era objeto Hitler por parte de millones de alemanes que, de otro modo, tal vez sólo se hubieran comprometido con el nazismo de manera marginal, implicaba que la persona del fuhrer, en tanto que punto focal de un consenso básico, constituía una fuerza integradora crucial en el sistema de gobierno nazi. Sin la ingente popularidad personal de Hitler, sería impensable el elevado nivel de aclamación plebiscitaria con que el régimen pudo contar en repetidas ocasiones, una aclamación que legitimaba sus acciones en el interior y en el extranjero, apaciguaba a la oposición, impulsaba la autonomía del mando y la independizaba de las tradicionales élites nacional-conservadoras que habían imaginado que serían capaces de mantener a Hitler a raya, y sostenía el frenético y crecientemente peligroso ímpetu del dominio nazi. Y lo que es de la máxima importancia, el inmenso pedestal de popularidad de Hitler hizo que su propia posición en el poder resultase aún más inexpugnable, proporcionando las bases para el selectivo proceso de radicalización que sufrió el Tercer Reich y por cuyo efecto las obsesiones ideológicas del führer comenzaron a traducirse en realidades factibles.

viernes, 19 de octubre de 2018

Liderazgos modernos.


Jose María Aznar estaba convencido que uno de los problemas de los liderazgos modernos no es que los gobiernos escuchen poco a sus pueblos, ni siquiera que los escuchen demasiado. El problema viene cuando por encima de las responsabilidades que los gobiernos tienen que ejercer prevalecen políticas diseñadas pensando en las encuestas de opinión o en la popularidad a corto plazo. Y añadía que la tolerancia no consiste en no tener ideas y valores propios, ni en hacer lo que los demás quieren que uno haga. Consiste en respetar las convicciones de los demás, sin ceder ni dejar de poner en práctica las convicciones propias.

lunes, 6 de agosto de 2018

Para Marx la concentración del poder absoluto en manos de un hombre era una aberración histórica.

Marx.
Para Marx la concentración del poder absoluto en manos de un hombre era, en cualquier contexto (ya fuera en la Francia burguesa o en la bárbara Latinoamérica) una aberración histórica. Marx no solo abjuraba del poder personal. Lo incomodaba también su propio poder personal. Mucho tiempo después de sus escritos sobre Napoleón III y Bolívar, en noviembre de 1877, diez años después de publicado el primer volumen de El capital, Marx escribió a Guillermo Bloss que “Engels y yo no damos un penique por la 
Engels.
popularidad. Como prueba de ello citaré, por ejemplo, el siguiente hecho. Por repugnancia a todo culto a la personalidad, durante la existencia de la Internacional, nunca permití que se publicaran los numerosos y molestos mensajes que recibía de diversos países en reconocimiento de mis méritos. Nunca los respondimos, salvo para amonestarlos. La primera afiliación mía y de Engels a la sociedad secreta de los comunistas se realizó bajo la única condición de que se eliminara de los estatutos todo lo que contribuyese a la postración supersticiosa ante la autoridad”. 

Marx había sido mucho más que un iniciador y un visionario de la historia; Marx había cambiado la Historia del mundo, pero el papel trascendental que tuvo en ella no incluía el culto al poder unipersonal, el culto a los héroes, menos aún el culto a sí mismo, explica Enrique Krauze.


sábado, 24 de marzo de 2018

Bolsa de Hollywood.


Según el New Scientist *, una de las nuevas técnicas más extendidas para predecir el éxito de taquilla de una película es mediante lo que llaman mercados artificiales. En la denominada “bolsa de Hollywood”, los cinéfilos compran y venden acciones virtuales de actores famosos, películas recién estrenadas y próximos estrenos. Este mercado ficticio, que funciona con una moneda virtual llamada Hollywood Dollars, utiliza esas predicciones para crear un índice de cotización que expresa la popularidad o posible popularidad de cada película (es evidente, la gente sólo compra acciones virtuales de lo que espera que sea un éxito). Bernardo Huberman, de HP Laboratories, de Palo Alto, afirma: “En la actualidad es el patrón oro del sector para predecir los ingresos de posibles éxitos de taquilla”. Es asombroso, pero el método es tan preciso que ahora se emplea para predecir los resultados electorales en Estados Unidos.
 * Mark Buchanan, «Social Networks: The Great Tipping Point Test», New Scientist, 26 de julio de 2010