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miércoles, 18 de junio de 2025

La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores

Los nazis explotaron la riqueza musical alemana. La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores, por lo que acompañaba todos los actos públicos importantes. Por encima de todo, la música debía hacer sentirse a los alemanes superiores e invencibles…..El régimen era partidario de la música clásica y romántica como la de Beethoven, Brahms y, por encima de todo, Wagner, cuya obsesión por la sangre germánica, el heroísmo y la leyenda había inspirado a Hitler desde sus humildes días en Viena. El festival de Wagner en Bayreuth era una fecha destacada en el calendario del Tercer Reich y sobrevivió incluso durante los años de guerra como inspiración para los soldados convalecientes.
El régimen consiguió una espectacular producción musical. Incluso durante el año 1942, en plena guerra, en Berlín se podía disfrutar de 80 óperas y numerosos ballets, y la orquesta filarmónica siguió actuando hasta 1944.
Referencia: La Alemania Nazi. 1933-1945 (Álvaro Lozano Cutanda)

jueves, 22 de febrero de 2024

Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz, pero no explica nada

A pesar de la brutalidad de la era nazi, es preciso subrayar que la historia moral produce casi siempre una mala historia o, al menos, una historia incompleta. La maldad es un concepto filosófico, más que histórico. Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz y al mismo tiempo moralmente satisfactorio, pero no explica nada, escribe I. Kershaw. En el estudio del nazismo debemos tener muy presente el consejo del historiador Martin Broszat cuando advertía de que no debemos estudiar siempre la historia “hacia atrás”. Hitler no llevaba escrito en la frente que iba a asesinar a millones de personas y que llevaría a Alemania a una catastrófica derrota militar y a un trauma moral sin precedentes. Es necesario retrotraerse al momento en que todo sucedió y estudiar así la historia“hacia delante”.Paradójicamente, a pesar de la enorme producción bibliográfica que ha producido el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, en realidad las fuentes primarias sobre el período son muy fragmentarias. Una gran parte de las mismas se perdieron en los bombardeos masivos de las ciudades alemanas durante el conflicto y otra parte fue deliberadamente destruida por los nazis ante el avance de las tropas aliadas.

Escribe el historiador italiano Alvaro Lozano Cutanda que el Tercer Reich fue la consecuencia de lo que sucedió cuando sectores de las élites alemanas y las masas de gente corriente decidieron renunciar en Alemania a sus facultades críticas individuales a favor de una política basada en la fe, la esperanza, el odio y una autoestima sentimental colectiva de su raza y nación. Fue, sin duda, el colapso moral y progresivo de una sociedad industrial avanzada, muchos de cuyos ciudadanos cesaron de pensar por sí mismos a favor de lo que George Orwell describió como el ritmo de tam-tam de un tribalismo de nuestro tiempo. Es la historia de cómo un pueblo civilizado y culto arremetió contra la caridad, la razón y el escepticismo depositando su fe absoluta en Hitler. El nombre de Hitler representa siempre justificadamente el del instigador del hundimiento más profundo de la civilización en los tiempos modernos. Sin embargo, el mito de una nación raptada de gente corriente llevada por el mal camino por un demagogo que secuestró unas instituciones políticas razonables no resulta verosímil. La historia del nazismo es, además, un terrible recordatorio de que las amenazas a la democracia no provienen tanto de la inestabilidad política como de aquellos que la manipulan.

domingo, 17 de julio de 2022

El inmenso pedestal de popularidad de Hitler

Para el historiador británico Ian Kershaw pocos dirigentes políticos del siglo XX, si es que hay alguno, disfrutaron de mayor popularidad entre su propia gente que Hitler en la década posterior a la fecha de su acceso al poder, el 30 de enero de 1933. Se ha sugerido que, en la cima de su popularidad, nueve alemanes de cada diez eran “seguidores de Hitler, personas que creían en el führer”. Sea cual fuere la calificación que pueda merecer tan escueta afirmación, puede aseverarse con certeza que el apoyo al partido nazi nunca alcanzó niveles parecidos, como los propios dirigentes nazis reconocían sin dificultad. La aclamación de que era objeto Hitler iba mucho más allá de la que recibían quienes se consideraban a sí mismos nazis, e incluía a muchas personas que eran críticas con las instituciones, las políticas y la ideología del régimen. Éste era un factor de fundamental importancia en el funcionamiento del Tercer Reich. La adulación de que era objeto Hitler por parte de millones de alemanes que, de otro modo, tal vez sólo se hubieran comprometido con el nazismo de manera marginal, implicaba que la persona del fuhrer, en tanto que punto focal de un consenso básico, constituía una fuerza integradora crucial en el sistema de gobierno nazi. Sin la ingente popularidad personal de Hitler, sería impensable el elevado nivel de aclamación plebiscitaria con que el régimen pudo contar en repetidas ocasiones, una aclamación que legitimaba sus acciones en el interior y en el extranjero, apaciguaba a la oposición, impulsaba la autonomía del mando y la independizaba de las tradicionales élites nacional-conservadoras que habían imaginado que serían capaces de mantener a Hitler a raya, y sostenía el frenético y crecientemente peligroso ímpetu del dominio nazi. Y lo que es de la máxima importancia, el inmenso pedestal de popularidad de Hitler hizo que su propia posición en el poder resultase aún más inexpugnable, proporcionando las bases para el selectivo proceso de radicalización que sufrió el Tercer Reich y por cuyo efecto las obsesiones ideológicas del führer comenzaron a traducirse en realidades factibles.

martes, 20 de abril de 2021

El cardenal de Múnich criticó desde el principio la ideología anticristiana del nacionalsocialismo


En Italia el fascismo era aceptado como una solución a la amenaza comunista y al caos democrático incluso por los ex presidentes democráticos Nitti y Giolitti en pleno Parlamento; incluso por el último secretario general del Partito Popolare, Alcide de Gasperi. El Vaticano consintió en la retirada gradual de don Luigi Sturzo, fundador del Partido Popular, y muchos católicos se apuntaron con entusiasmo al régimen fascista, escribe Ricardo de la Cierva.


Pío XI había transformado radicalmente el concepto anterior de Acción Católica y quería utilizarla como instrumento para la influencia de la Iglesia en la sociedad. La Acción Católica de Pío XI era una amplia organización clerical, dependiente de la jerarquía pero muy activa en sus movimientos juveniles, universitarios y sociales. Pío XI creyó en 1933 que Hitler sería un valladar contra el comunismo soviético y la Internacional comunista pero en el mes de agosto de ese mismo año 1933 protestó contra las primeras persecuciones antijudías de los nazis.
Deutsche Christen

Los protestantes, consecuentes con la servil doctrina luterana sobre el poder de los príncipes, no sólo aceptaron a Hitler sino que muchos de ellos se integraron en una especie de Iglesia alemana política, los Cristianos Alemanes, que aceptó la imposición, por parte del régimen nazi, de un “Obispo del Reich” vicario de Hitler cuyo único acto consecuente fue el suicidio al hundirse el Tercer Reich.

Cardenal Michael von Faulhaber

El cardenal de Múnich monseñor Faulhaber, que se había inclinado ante los hechos consumados, criticó desde el principio del régimen la ideología anticristiana y las pretensiones totalitarias del nacionalsocialismo, según el historiador alemán Karl Dietrich Bracher. El mismo autor, que no es un panegirista del catolicismo, reconoce: “A pesar de estas limitaciones, el significado de la oposición católica es bastante impresionante” y demuestra ampliamente la tesis con numerosos casos concretos, por ejemplo: “Miles de sacerdotes y laicos fueron encarcelados o llevados a campos de concentración”. El jesuita Alfred Delp fue, junto al teólogo protestante Bonhoeffer, un auténtico mártir de la oposición contra el nazismo. Hubert Jedin califica al concordato como “excelente línea defensiva” y concluye: “El hecho de que el catolicismo alemán pudiera salir de la etapa del Tercer Recih esencialmente mucho más intacto que casi todos los demás grandes grupos de situación similar, es una de las consecuencias a largo plazo del acuerdo de 20 de julio de 1933”.


martes, 16 de febrero de 2021

El precursor del Tercer Reich fue Nietzsche

Friedrich Nietzsche

Friedrich Nietzsche falleció en 1900 tras doce años de demencia. Fue en materia filosófica el más declarado enemigo de la cristiandad de finales del siglo XIX. Manifestaba que la caridad cristiana servia para mantener la supervivencia del débil y el mediocre. En “ Mas allá del bien y del mal” preconiza que “nada es verdad, todo está permitido” y manifiesta que el sufrimiento del esclavo es insignificante porque “una cultura superior se basa en la espiritualización y la divinización de la crueldad”.


Cardenal József Mindszenty (1892-1975).

El cardenal József Mindszenty dijo acerca de Hitler y del Tercer Reich que “el precursor de tan horrible reinado fue Nietzsche, quien proclamó que Dios ha muerto y que todos deberíamos superar los anticuados conceptos del bien y el mal”.

martes, 8 de mayo de 2018

Los políticos alemanes, después de la Segunda Guerra Mundial, buscaban su incorporación a Europa.

Tras la guerra, Alemania quedó destrozada por los bombardeos.
La Alemania paria fue primero acogida en la comunidad de los pueblos, después se la cortejó y por último fue preciso contar con ella desapasionadamente en el concierto de poderes. Los alemanes que, como pueblo, se sentían, sin duda, víctimas, puesto que se habían visto obligados a soportar no sólo los inviernos de Leningrado y Stalingrado, los bombardeos de sus ciudades, el proceso de Nüremberg, sino también la fragmentación de su país, se manifestaban comprensiblemente dispuestos tan sólo a superar el pasado del Tercer Reich. En esos días, al par que los alemanes conquistaban con sus productos industriales los mercados mundiales, y no sin un cierto equilibrio, se ocupaban de esa superación en su propia casa.

Jean Améry
Los políticos alemanes, entre los cuales, dice Jean Améry, escritor y ensayista austríaco de confesión judía que estuvo internado en el campo de exterminio de Auschwitz, sólo pocos se habían distinguido en la lucha de la resistencia, buscaban sin pausa y con entusiasmo la incorporación a Europa. No les costaba ningún esfuerzo vincular la nueva Europa a aquella otra Europa que Hitler ya había comenzado a reorganizar exitosamente, a su modo, en el periodo comprendido entre 1940 y 1944.

En un libro titulado Rückblick zum Mauerwald el exoficial del estado mayor alemán, el príncipe Ferdinand von der Leyen,
escribe: “… de una de nuestras posiciones en el extranjero nos llegó una nueva aún más espantosa. Allí pelotones de las SS habían penetrado en las casas y desde las azoteas habían arrojado al asfalto niños recién nacidos”. Pero el asesinato de millones de seres humanos perpetrado con eficacia organizativa y precisión casi científica por un pueblo altamente civilizado se juzgará deplorable, pero de ningún modo único, al lado de la sangrienta deportación de los armenios por lo turcos o a los ignominiosos actos de violencia cometidos por las autoridades coloniales francesas, puntualiza  Jean Améry.