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miércoles, 12 de agosto de 2026

Una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes


Escribe Anne Applebaum que “una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes. Estar vivo era un alivio y el dolor se mezclaba con la alegría, y el comercio, los negocios y la reconstrucción empezaron de inmediato, de manera espontánea”. En el verano de 1945, Varsovia rebosaba actividad. Stefan Kisielewski escribió: “Entre las ruinas de las calles hay un alboroto como no se había conocido hasta ahora. El comercio bulle. El trabajo en auge. El humor en todas partes. La vida fluye en las calles y nadie pensaría que esta multitud la constituyen las víctimas de un terrible desastre, gente que apenas se ha recuperado de una catástrofe o que vive en condiciones extremas e inhumanas…”. Sándor Márai describió Budapest en este período en una de sus novelas: "Y lo que quedaba de una ciudad y de una sociedad renació con una alegría tan apasionada y testaruda, con una fuerza tan persistente y astuta como si nada hubiera pasado…..en las avenidas del centro de Pest, bajo los soportales, ya se podía comprar toda clase de comidas deliciosas, artículos de tocador, ropa, calzado, todo lo que se podía imaginar. Monedas de oro de la época de Napoleón, morfina, manteca de cerdo… Los judíos salieron tambaleándose de las casas marcadas con la estrella y, al cabo de una o dos semanas, ya se podía regatear en Budapest, entre restos de caballos, cadáveres humanos aún sin enterrar y edificios en ruinas, para comprar gruesas telas inglesas, perfumes franceses, aguardientes holandeses y relojes suizos…Este entusiasmo por el trabajo y la renovación habría de durar muchos años." El sociólogo británico Arthur Marwick aventuró en una ocasión que la experiencia de fracaso nacional tal vez sirviera a los alemanes occidentales como estímulo para reconstruirse y recuperar la noción de orgullo nacional. Argumentó también que la propia magnitud del desastre nacional quizá contribuyera al auge de posguerra; habiendo experimentado tal catástrofe económica y personal, los alemanes se dedicaron de inmediato a la reconstrucción. 


domingo, 22 de marzo de 2026

Un concepto fundamental para comprender la agresividad del nazismo es el conocido como Lebensraum o espacio vital

Lebensraum o espacio vital
Una de las causas que nos permiten comprender el estallido de la Segunda Guerra Mundial es, sin duda, la puesta en práctica de políticas nacionalistas expansionistas muy agresivas por parte de las potencias del Eje: Alemania, Japón e Italia. En el caso alemán, el principal sustento teórico de su expansión era la gran cantidad de alemanes que, tras la reordenación fronteriza del Tratado de Versalles, habían quedado fuera de su nación; en particular en países como Austria, Polonia y Checoslovaquia. Además, un concepto fundamental para comprender la agresividad del nacionalismo nazi es el conocido como Lebensraum o espacio vital, acuñado en el siglo XIX por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel. Esta idea establecía que era necesaria una correlación entre la población y el espacio que ocupaba una nación, puesto que, si esto no era posible, dicha nación no podía satisfacer las necesidades de sus habitantes. Así, Adolf Hitler utilizó este concepto para justificar su política expansiva, que comenzó con el Anschluss o anexión de Austria para luego ocupar Checoslovaquia y, finalmente, invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y dar inicio, con ello, a la Segunda Guerra Mundial. 
Nacionalsocialistas alemanes estaban obsesionados con que su país no tenía tierras suficientes para alimentar a su población, por lo que consideraban necesario ampliar territorios mediante conquistas, sobre todo en el este. Más allá de las teorías de Ratzel, Hitler utilizó además términos biológicos para establecer la necesidad de expandir la nación alemana hacia el este. El expansionismo era necesario para garantizar la supervivencia de la raza aria, identificada con el Estado alemán, y eliminar a las razas inferiores, como la eslava, que podían contaminarla. Esta teoría fue puesta en práctica de forma definitiva con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941.

Referencia: Breve historia de los nacionalismos (Iván Romero)

miércoles, 21 de enero de 2026

La guerra era un trabajo desagradable que había que quitarse de encima

Los dos bandos enfrentados en las Navidades de 1943 venían de culturas radicalmente diferentes. Había importantes diferencias, también, entre los norteamericanos y los británicos. Ambos grupos de soldados aliados, empero, provenían de sociedades esencialmente antimilitaristas. En ambos casos, los soldados habían sido apresuradamente formados y entrenados. Aunque el Ejército británico tenía más experiencia en el combate contra los alemanes (como nunca dejaban de recordar a sus aliados norteamericanos), sólo unos pocos de los que luchaban en Italia habían entrado antes en combate. Ninguno de los dos países disponía un gran ejército regular antes de la guerra, y tanto en Gran Bretaña como en Norteamérica el ejército no gozaba de mucho prestigio en tiempo de paz. Ante todo, la mayoría de soldados británicos y norteamericanos se veían a sí mismos como civiles, y consideraban su condición de uniformados como una desafortunada consecuencia de la época en la que habían nacido. La guerra era un trabajo desagradable que había que quitarse de encima tan rápido como fuera posible para poder regresar a la vida normal. A finales de 1943, sólo el 2 por ciento de los comandantes de compañía en unidades de infantería norteamericana eran soldados regulares antes de la guerra. La expresión “era sencillamente un trabajo que teníamos que hacer” aparece en incontables entrevistas, cartas y memorias de veteranos británicos y norteamericanos que, incluso mientras estaban sirviendo, consideraban al ejército un cuerpo raro y ajeno, con reglas ridículas y costumbres desagradables, escribe el historiador Matthew Parker.

jueves, 23 de octubre de 2025

La solución final de la cuestión judía puso en tela de juicio la tradicional idea del progreso moral de la humanidad


La denominada por los nazis “Solución Final” de la “cuestión judía” puso en tela de juicio la tradicional idea del progreso moral de la humanidad. El dilema de si olvidar o no fue enfrentado por Chaim Herzog en 1987, cuando se convirtió en el primer presidente de Israel que visitaba Alemania tras la creación del Estado de Israel. En el transcurso del viaje, visitó el campo de concentración de Bergen-Belsen, que él había conocido cuando servía como oficial del ejército británico en 1945. Enfrentado al horror del recuerdo de aquel campo, afirmó: “No traigo el perdón conmigo, ni tampoco el olvido. Los únicos que pueden perdonar están muertos, los vivos no tienen derecho a olvidar”.
El filósofo Theodor Adorno criticó a sus compatriotas por no aceptar la responsabilidad de los crímenes nazis, por su fracaso en “hacer frente al pasado”. Acusaba a los alemanes de negar la responsabilidad por el nazismo y de esconder los horrores del Tercer Reich mediante “circunloquios eufemísticos”. A Theodor Adorno, el mundo después de Auschwitz le resultaba incomprensible; ese mundo solo podía negarse, optando por la vía del no pensar o, utilizando su terminología, la dialéctica negativa. “Nada de poesía después de Auschwitz”. En la primera visita que realizó Hannah Arendt a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, expresó también su asombro ante la actitud de la población. Los alemanes parecían colmados de autocompasión, preocupados por su destino más inmediato, lo que impedía que se enfrentasen a su responsabilidad por lo sucedido. Para el alemán corriente, señaló Arendt, la guerra no era una consecuencia del nazismo, sino una expresión de la naturaleza humana, y los juicios de Núremberg ayudaron a esa perspectiva victimista; ocho millones de alemanes se habían afiliado al Partido Nacionalsocialista y ante tales cifras los aliados se vieron obligados a renunciar al concepto de “responsabilidad colectiva”. Los juicios se hicieron contra los jerarcas nazis, para condenar a “aquellos principalmente responsables”, abriendo las puertas a la exculpación masiva y permitiendo a la mayoría de alemanes percibirse como “víctimas de Hitler”.


Referencia:XX un siglo tempestuoso (Álvaro Lozano Cutanda)




lunes, 9 de junio de 2025

Para millones de alemanes su atractivo estaba en las promesas de igualdad entre los Volksgenossen

Escribe Götz Aly en La utopía nazi que “la RDA disponía de 190.000 policías profesionales y otros tantos confidentes de la Stasi para controlar a sus 17 millones de habitantes; la Gestapo contaba en 1937 con apenas siete mil empleados, incluyendo las secretarias y administrativos, y el Servicio de Seguridad de las SS (Sicherheitsdienst, SD) con muchos menos; pero entre unos y otros mantenían vigilados a sesenta millones de habitantes, de lo que se deduce que la mayoría no necesitaba ninguna vigilancia”…….“lo que les unía no era el deseo de una nueva dominación de clase, sino de algo que hoy se da por sobrentendido, un marco político en el que la situación social en el momento del nacimiento determinara lo menos posible la trayectoria vital, la ocupación profesional y el prestigio social de una persona. Posteriormente se entendería la doctrina racista del nacionalsocialismo como pura incitación al odio y al asesinato; pero para millones de alemanes su atractivo estaba en las promesas de igualdad entre los Volksgenossen.”

lunes, 7 de octubre de 2024

¿Como se hizo popular el nacional socialismo?

La dirección nacionalsocialista impulsó un primer anticipo de la motorización generalizada, introdujo el entonces casi desconocido concepto de las vacaciones pagadas, duplicó el número de días festivos y comenzó a desarrollar el hoy familiar turismo de masas.Desde un principio el Estado nacionalsocialista promovió la familia, trató peor a los solteros o adultos sin hijos y protegió a los campesinos frente a los caprichos del mercado mundial y la meteorología. Las bases de la ordenación agraria de la Unión Europea, la regulación de la circulación en las carreteras, el seguro obligatorio para los automóviles, la declaración tributaria conjunta para los matrimonios, las subvenciones por hijos, el escalonamiento de tramos impositivos o las bases de la protección de la naturaleza provienen de aquellos años. Los políticos sociales nazis perfilaron los contornos del concepto de pensión vigente desde 1957 en la República Federal, por el que anciano no equivale a pobre sino que “el nivel de vida de los veteranos del trabajo no puede diferir mucho del de los Volksgenossen en activo”.
Procuraron ya desde las primeras semanas de gobierno paliar la plaga de embargos y desalojos que amenazaba a la mayoría de los alemanes de entonces, sobre todo en épocas de crisis económica.La “Ley sobre liquidación de viejas deudas” de 1938 consideraba inválidas cientos de miles de reclamaciones de deudas que los tribunales habían dado ya por ejecutables.Hitler («nuestro canciller del pueblo») había impartido desde muy pronto la máxima de “Alemania será tanto más grande cuanto más fieles le sean sus ciudadanos más pobres”. Y Göring le secundó manifestando que “el propietario que sin compasión ni escrúpulos deja sin techo a Volksgenossen pobres por una nimiedad, pierde con ese comportamiento la protección del Estado”.Fueron estas leyes las que hicieron popular el socialismo nacional y en ellas se traslucen también rasgos de la posterior República Federal alemana.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Aquellos rusos a los que se hacía prisioneros estaban sentenciados

Michael Burleigh, historiador británico especialista en historia contemporánea, escribe que aquellos rusos a los que se hacía prisioneros estaban sentenciados por norma, sin que se les haya prestado en ningún caso la atención, inconmensurablemente mayor, dedicada al Holocausto. Para el 1 de febrero de 1942, los alemanes habían capturado 3.350.000 hombres. De ellos, 1.400.000 murieron entre junio y noviembre de 1941, y otros 600.000 en los meses de diciembre y enero. Al final de la guerra, habían muerto 3.300.000 prisioneros del Ejército Rojo, la mayoría antes de la primavera de 1942. La tasa de muertes equivalente de los alemanes internados en los campos soviéticos, estimada en entre 350.000 y 800.000 hombres, palidece solo en comparación. En cambio, el número de prisioneros británicos y estadounidenses muertos en cautividad durante la guerra es de 8.348.


viernes, 25 de noviembre de 2022

Un crimen es un crimen de guerra si los alemanes lo cometieron y nosotros no

Jueces del Tribunal de Núremberg

Es muy interesante examinar la forma en que se construyeron los principios empleados en Núremberg. En Núremberg fue necesario decidir qué contaba como crimen de guerra. Y hubo una definición muy explícita y consciente, para nada oculta. Un crimen es un crimen de guerra si los alemanes lo cometieron y nosotros no. Así, por ejemplo, el bombardeo de los núcleos urbanos no se consideró un crimen de guerra porque los británicos y los estadounidenses realizaron más bombardeos que los alemanes y, por tanto, estos no podían ser un crimen de guerra. Hubo comandantes de submarinos alemanes que consiguieron utilizar en su defensa el testimonio de comandantes de submarinos estadounidenses que dijeron “sí, nosotros hicimos lo mismo” y que, por tanto, fueron absueltos, pues lo que habían hecho no era un crimen.



viernes, 4 de noviembre de 2022

Los italianos se distanciaran del genocidio alemán

General Clemente Primieri

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo oficiales italianos que adoptaron una postura abiertamente moral. En otoño de 1942, tras enterarse de que había que entregar a los judíos no italianos al asesino Ustaše, el jefe del Estado Mayor del Segundo Ejército, el general Clemente Primieri, exclamó: “Se trata de una violación de la palabra dada a los judíos, que tendrá terribles repercusiones sobre nuestras relaciones con todos aquellos que han depositado su confianza en nosotros. Temerán que rompamos nuestra palabra en cualquier momento y nuestro prestigio se reducirá enormemente”. El comandante de una unidad de ametralladoras escribió a un amigo suyo: “El ejército italiano no debería ensuciarse las manos en este asunto”. Es de suponer que hombres semejantes se habrían mostrado de acuerdo con la declaración del funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores Luca Pietromachi, que llegó a afirmar: “No hay rincón de Europa que no haya sido testigo de la perversidad innata e indeleble de los alemanes. Y estos son los portadores de la Kultur y los artífices del Nuevo Orden”.



El gobierno italiano sabía, por las emisiones de la BBC de junio de 1942, que hasta esa fecha habían sido asesinados aproximadamente setecientos mil judíos polacos, muchos de ellos con gases tóxicos. El 18 de octubre, el número dos de la embajada alemana en Roma, Otto von Bismarck, nieto del primer canciller alemán, solicitó formalmente la colaboración italiana en las medidas que los croatas y alemanes estaban tomando para deportar en masa a los judíos croatas. Violando un alto secreto, Bismarck también informó a los italianos de que eso “supondría con casi toda seguridad la eliminación definitiva de los grupos judíos en cuestión”. Aparte de las consideraciones de honor y de prestigio que llevaron a los italianos a obstaculizar la colaboración con los croatas, a lo largo de los seis meses siguientes el curso de la guerra también les indujo a no colaborar con los alemanes. Muchos miembros del ejército se dieron cuenta de que para Italia se había acabado el juego. En octubre de 1942, los representantes del régimen iniciaron conversaciones clandestinas en Lisboa con agentes británicos del EOE para negociar una paz por separado. En diciembre de 1942, los aliados hicieron públicas claras advertencias acerca de futuros juicios por crímenes de guerra, una razón más para que los italianos se distanciaran del genocidio alemán.

viernes, 10 de enero de 2020

Como eliminó Hitler al Partido Comunista

Incendio del Reichstag 


Hitler temía que hubiese una reacción violenta si conseguía un decreto que ilegalizase al Partido Comunista. En vez de eso trató como delincuentes a comunistas individuales que habían planeado actos ilegales e iban a pagar ahora las consecuencias. De ese modo se podía conseguir que la mayoría de los alemanes tolerasen e incluso apoyasen la oleada de detenciones que siguió al incendio del Reichstag y que no temiesen que se ilegalizase a continuación los otros partidos políticos. Fue por esa razón por lo que pudo presentarse el Partido Comunista a las elecciones del 5 de marzo de 1933, pese al hecho de que gran número de sus candidatos estaban detenidos o habían huido del país, y no hubiese la menor posibilidad de que los 81 diputados que resultaron elegidos pudiesen llegar a ocupar sus escaños; de hecho, fueron detenidos en cuanto la policía consiguió localizarlos.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Las elecciones que uno toma no son abiertas, son las que la historia le pone delante


Había viejos políticos republicanos franceses a quienes la idea, no solo de una victoria alemana, sino del levantamiento comunista que pensaban que resultaría de ello, les producía pavor. Por tanto, corrieron a echarse en brazos de los alemanes, o de Pétain, o de quienquiera que pudiera salvarles de aquello. Había combatientes, Pétain, Weygand y el resto de participantes en la Primera Guerra Mundial que eran iconos en la Francia de entreguerras, que hacían cola para darles a los alemanes todo lo que pidieran.

Uno se hace a través de las elecciones que toma, pero las elecciones que uno toma no son abiertas, son las que la historia le pone delante, dice el escritor e intelectual Tony Judt.

lunes, 21 de enero de 2019

La URSS saqueó Alemania y trucó su historia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los rusos, que habían rechazado el capital estadounidense, saquearon la producción de Alemania del Este en beneficio propio. Destriparon las fábricas para llevarse maquinaria y equipamiento que luego mandaron a la URSS. Fueran cuales fuesen las historias personales de los alemanes y sus filiaciones individuales, las gentes que vivían en la zona rusa tuvieron que pasar de ser nazis un día, a comunistas y hermanos del antiguo enemigo al día siguiente. Y casi de la noche a la mañana los alemanes de los estados orientales se declararon, o fueron declarados, inocentes del nazismo. Parecía como si ahora creyesen que los nazis habían venido y habían vuelto de las regiones occidentales de Alemania, que eran gente ajena a ellos, lo que no era cierto. Se rehizo la historia con tanta rapidez, y con tal éxito que los alemanes  orientales no se sentían como los alemanes responsables del régimen de Hitler. Este truco de magia histórica debería figurar entre las maniobras más extraordinarias de inocencia del siglo pasado. En  Dresde, en un puente azul sobre el río Elba, había una placa que conmemoraba la liberación de los alemanes orientales de los opresores nazis por parte de sus hermanos rusos.

Junge Pioniere. 1972
A finales de 1946, los comunistas fundaron los Junge Pioniere, una asociación juvenil pensada para inculcar a los jóvenes el amor por Marx y por su patria. Para los mayores se crearon las Juventudes Libres Alemanas. El esquema era idéntico al de los Pimpfe nazis para los niños pequeños y al de las Juventudes Hitlerianas para los adolescentes. La gente bromeaba con el hecho de que las Juventudes Libres y las Juventudes Hitlerianas eran tan parecidas que solo se las distinguía por el color de las pañoletas del cuello. En ambas había reuniones, linternas, juramentos de lealtad y una ceremonia de confirmación a los trece años, entre velas y consignas que parecían oraciones. Se instaba a todos los niños a unirse a los Pioniere.

lunes, 27 de agosto de 2018

Nacimiento de la nación alemana.

Cuadro de Albrecht Altdorfer en donde un noble está ante la bandera del Sacro Imperio Romano .
El nacimiento de la nación alemana es muy reciente. Hasta hace poco los alemanes estuvieron repartidos en un mosaico de 38 Estados diminutos (principados, condados, reinecillos y repúblicas) que integraban el antiguo Sacro Imperio romano germánico. Cuando Napoleón abolió el imperio, en 1806, se agruparon en la confederación alemana (Deutscher Bund). De este club los miembros más importantes eran Austria, Prusia, Hanóver, Sajonia, Frankfurt y Brunswick, pero al final fue Prusia la que se llevó el gato al agua, se proclamó imperio (en 1871) y unió a los distintos Estados de habla alemana en una sola nación. Sólo quedó fuera Austria.

jueves, 31 de mayo de 2018

Los generales de château.

Motines del ejercito francés en 1917.

Lenin dirigiendose a las tropas rusas. 1917
En mayo de 1917, tras el fracaso de algunos planes de ofensiva particularmente duros, casi la mitad de las divisiones del ejército francés depuso las armas, negándose a volver a atacar a los alemanes hasta que sus quejas fuesen atendidas. En octubre de ese año, el ejército ruso, desilusionado por la inutilidad de sus sufrimientos, se limitó a “votar por la paz con los pies”, como dijo Lenin, permitiéndole a este transformar el vacío de poder que resultó de ello en una revolución política. En noviembre, el ejército italiano abandonó definitivamente la lucha a la que Cadorna lo había empujado sin descanso, con consecuencias que casi llevaron a Italia a la derrota. En el ejército alemán hubo una crisis de moral en septiembre de 1918, que llevó a Ludendorff a pedirle al gobierno alemán que negociara la paz. Incluso el ejército británico, como secuela de la retirada de marzo de 1918, sufrió una crisis de moral tan aguda que Haig tuvo que subordinar su mando al de los franceses, como única manera de conseguir refuerzos que sostuvieran su castigado frente. 

Ludendorff 
En el trasfondo de todas estas crisis espirituales, cuenta el historiador Sir John Desmond Patrick Keegan, estaba la rebelión psicológica de los soldados combatientes contra las exigencias del riesgo no compartido. Durante dos, tres, o incluso cuatro años, como en el caso del ejército alemán en septiembre de 1918, las órdenes habían emanado de una fuente invisible que les exigía heroísmo a hombres comunes, en tanto que ella misma no mostraba heroísmo alguno. Justo lo contrario, los generales de château habían llevado una vida de caballeros del campo, yendo en caballos bien domados de sus oficinas a sus residencias bien provistas, manteniendo horarios y comidas regulares, durmiendo todas las noches de campaña entre sábanas limpias, y, tras levantarse, calzándose botas limpias y vistiendo uniformes condecorados con las mayores distinciones de los soberanos aliados. Y mientras tanto, aquellos que se hallaban bajo su disciplina, los oficiales jóvenes y los soldados, se habían movido entre barracones con corrientes de aire y peligrosas trincheras, vistiendo ropas llenas de piojos y alimentándose con raciones pasadas, enterrando a sus amigos en rincones del campo cuando lo permitían las condiciones del frente, y jugando al fútbol en patios de granja para relajarse.

viernes, 18 de mayo de 2018

Alemanes.

El periodista y escritor español Julio Camba lo primero que exclama cuando por razones de trabajo llega a Alemania es que no se parece ni a España, ni a Francia, ni a Italia. Alemania es otra realidad, una realidad admirada por los españoles, que la ven desde un sentimiento de inferioridad sobre el cual sería menester que se ejerciera la estrategia de la reflexión. ¿Tienen razón los españoles al sentirse inferiores a los alemanes? Camba no responde con el adverbio de afirmación ni con el de negación, fiel a su costumbre de no coincidir con nadie. Prefiere llegar a la conclusión de que los alemanes son alemanes y españoles los españoles, consistiendo la sabiduría de cada uno en llegar a ser plenamente lo que es. La mejor manera de avanzar hacia una humanidad más rica
espiritualmente no se logra imitando a los otros, sino empezando por observarlos y pensar en ellos. A un alemán, por lo tanto, hay que verlo en cuerpo y alma. Camba advierte que un calvo en Alemania no es lo mismo que un calvo en Sevilla o que un tercer calvo cruzando en barca el Mississippi.

Julio Camba.
¿Pensará Camba que un alemán es menos humano que un español o que un italiano o que un francés? No exactamente. Camba cree que Alemania es un arquetipo de la disciplina. A un alemán no le interesa gobernar; le interesa que lo gobiernen. Un alemán no pide un café junto a su familia, gozando del café y de la familia; necesita reunirse con otras muchas familias para en ese momento disfrutar de su café y de su familia. Un filósofo francés escribe libros claros y al alcance de todos. Suele ser un hombre elegante, conversador, espiritual, amigo de las mujeres y de los bombones. El filósofo alemán dice cosas muy profundas, pero las dice oscuramente, no hay quien lo entienda a no ser los iniciados en la ciencia que él domina.


martes, 15 de mayo de 2018

La Guerra de los Treinta Años ahogó en mares de sangre el desarrollo cultural de Alemania.

Guerra de los Treinta Años.
El politólogo e historiador de ideas Isaiah Berlin cuenta que los alemanes estaban gobernados durante el siglo XVIII, y también durante el XVII, por trescientos príncipes y mil doscientos subpríncipes. El emperador tenía intereses en Italia y en otros lugares, lo que le impidió, tal vez, prestar debida atención a sus tierras alemanas. Y, sobre todo, se produjo el violento trastorno de la Guerra de los Treinta Años, cuando tropas extranjeras que incluían las francesas destruyeron y eliminaron a una gran porción de la población alemana, ahogando así en mares de sangre lo que habría sido su desarrollo cultural. Ésta fue una desgracia sin parangón en la historia europea. Nunca antes se había eliminado tal número de personas cualquiera fuera la razón, desde los tiempos de Gengis Kan, y la desgracia para Alemania fue aplastante. Ahogó en gran medida su espíritu,
Saqueo de una aldea, óleo de Pieter Snayers (1592-1666),
con el resultado de que la cultura alemana se volvió provinciana, quedó desbaratada en pequeñas y relamidas cortes provinciales. No había un París, no había un centro, vida, orgullo, una sensación de crecimiento, de dinamismo ni de poder. La cultura alemana o bien caía en una extrema pedantería escolástica de tipo luterana, escolástica minuciosa aunque bastante seca, o en una rebelión contra dicha escolástica para concentrarse en la vida interior del alma humana. Esto, sin duda, lo estimulaba el mismo luteranismo, aunque en particular lo hacía el hecho de que había un gran complejo de inferioridad nacional, que comenzó durante esa época, frente a los grandes Estados progresistas de Occidente.

martes, 8 de mayo de 2018

Los políticos alemanes, después de la Segunda Guerra Mundial, buscaban su incorporación a Europa.

Tras la guerra, Alemania quedó destrozada por los bombardeos.
La Alemania paria fue primero acogida en la comunidad de los pueblos, después se la cortejó y por último fue preciso contar con ella desapasionadamente en el concierto de poderes. Los alemanes que, como pueblo, se sentían, sin duda, víctimas, puesto que se habían visto obligados a soportar no sólo los inviernos de Leningrado y Stalingrado, los bombardeos de sus ciudades, el proceso de Nüremberg, sino también la fragmentación de su país, se manifestaban comprensiblemente dispuestos tan sólo a superar el pasado del Tercer Reich. En esos días, al par que los alemanes conquistaban con sus productos industriales los mercados mundiales, y no sin un cierto equilibrio, se ocupaban de esa superación en su propia casa.

Jean Améry
Los políticos alemanes, entre los cuales, dice Jean Améry, escritor y ensayista austríaco de confesión judía que estuvo internado en el campo de exterminio de Auschwitz, sólo pocos se habían distinguido en la lucha de la resistencia, buscaban sin pausa y con entusiasmo la incorporación a Europa. No les costaba ningún esfuerzo vincular la nueva Europa a aquella otra Europa que Hitler ya había comenzado a reorganizar exitosamente, a su modo, en el periodo comprendido entre 1940 y 1944.

En un libro titulado Rückblick zum Mauerwald el exoficial del estado mayor alemán, el príncipe Ferdinand von der Leyen,
escribe: “… de una de nuestras posiciones en el extranjero nos llegó una nueva aún más espantosa. Allí pelotones de las SS habían penetrado en las casas y desde las azoteas habían arrojado al asfalto niños recién nacidos”. Pero el asesinato de millones de seres humanos perpetrado con eficacia organizativa y precisión casi científica por un pueblo altamente civilizado se juzgará deplorable, pero de ningún modo único, al lado de la sangrienta deportación de los armenios por lo turcos o a los ignominiosos actos de violencia cometidos por las autoridades coloniales francesas, puntualiza  Jean Améry.

domingo, 4 de marzo de 2018

El gueto de Varsovia.

Jóvenes sentados en una acera del gueto de Varsovia.
Michael Burleigh en su libro Combate moral cuenta como en Varsovia, la guetización supuso el traslado de 138.000 judíos a un terreno de cuatro kilómetros cuadrados rodeado por un muro de ladrillo de tres metros de alto, rematado con alambre de espino. El gueto tuvo que alojar a más de cuatrocientas mil personas en unos veintisiete mil apartamentos. La densidad de ocupación era espantosa, con seis o siete personas apiñadas en cada habitación.

El gueto eran también territorio sin ley en los que los alemanes podían hacer lo que les viniese en gana.Las durísimas penas vigentes también hicieron del gueto un paraíso para los extorsionistas, ya que ¿quién no iba a pagar para evitar un destino aún peor?

Había autocares del Frente de Trabajo Alemán que
 niños judios  en el gueto
paseaban por allí a los soldados cuando estos se encontraban de permiso en Varsovia. Con el paso del tiempo, estos visitantes inevitablemente empezaron a ver cadáveres tendidos en las calles, a la espera de que pasara la carreta que les llevaría al cementerio, lo que constituía el principal atractivo de la visita.

Stanislaw Rózycki escribió con respecto a los habitantes del gueto: “En su mayoría son espectros, apariciones míseras y andrajosas, patéticos restos de seres humanos, sus caras han adquirido un aspecto cadavérico”.

El gueto eran un territorio sin ley en los que los alemanes podían hacer lo que les viniese en gana.

sábado, 10 de febrero de 2018

Hitler puso delante de los alemanes unas tentaciones transgresoras que muchos abrazaron con entusiasmo.


Cuenta el historiador Michael Burleigh que Hitler puso delante de los alemanes unas tentaciones transgresoras que muchos abrazaron con entusiasmo. Una propaganda cuidadosamente construida y su propia y apabullante retórica elevaron esta relación a un plano más exaltado, dado que el Führer no hacía nada por contrarrestar la impresión de que él era el redentor o salvador de la raza y la nación, un ser divino por no decir un verdadero dios, como Hirohito en Japón. Algunos alemanes daban fe de los efectos milagrosos de su mirada o sus manos, en tanto que un número considerable de protestantes se mostraban dispuestos a remodelar la imagen de Jesús como la de un ario honorario. La esperanza demostró ser lo último que se pierde cuando Hitler regaló una fotografía suya autografiada a una escuela para ciegos, sin duda ansiosa de recibirla. Aunque el Partido Nazi tenía este componente paramilitar un tanto matón, también atraía a las sobrias clases medias protestantes, que habían experimentado la catástrofe de la inflación y el concomitante desmoronamiento familiar y social a principios de 1920.
Los alemanes menos violentos necesitaban que las cosas se expresaran en términos de restauración moral y religiosa, tras el periodo de indulgencia cultural y sexual de la República, cuando la juventud alemana supuestamente había pecado en masa. La ausencia o la muerte de sus padres en la guerra, así como los excesos artísticos de la capital, habían contribuido de alguna forma a justificar esta acusación.

Los alemanes menos violentos necesitaban que las cosas se expresaran en términos de restauración moral y religiosa

Algunos alemanes daban fe de los efectos milagrosos de su mirada o sus manos

viernes, 13 de octubre de 2017

Cuando terminó la guerra los alemanes hubiesen sido capaces de volver a votar a Hitler.

Los alemanes se pirraban por Hitler. Es verdad que después de ser elegido cambió las estructuras de poder por una dictadura, pero también es verdad que cuando terminó la guerra la gente hubiese sido capaz de volver a votarlo.

Encuestas realizadas en los años inmediatos a la guerra mostraron que el periodo de Hitler en la historia alemana (1933 − 1945) era visto como positivo por alrededor del 40
por ciento de la población alemana: «Umfrage des Instituts für Demoskopie Allensbach 1951», en Alfred Grosser, Die Bonner Demokratie: Deutschland von draußen gesehen, Rauch, Dusseldorf, 1960, p. 22. Según una encuesta de 1971 la mayoría del pueblo alemán mantenía que el nazismo era una buena idea que había fallado en su implementación: Max Kaase, «Demokratische Einstellungen in der Bundesrepublik Deutschland», en Rudolf Wildemann (ed.),