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sábado, 6 de junio de 2026

Cuando los turcos gobernaban Palestina

Selma Lagerlöf escribe en Jerusalén: “Eliahu sabía que era el gobierno turco allá en Constantinopla el causante de toda aquella desgracia. Era ese gobierno el que había permitido que los antiguos conductos de agua se deterioraran, el que no mantenía las carreteras en buen estado, el que se oponía a la construcción del ferrocarril, el que impedía a extranjeros emprendedores crear instalaciones portuarias, el que prohibía la importación de libros de Occidente y la impresión de periódicos. El mismo gobierno que obligaba a cualquiera que tuviera un trabajo útil y productivo a pagar unos impuestos, tan abusivos que la gente prefería malgastar sus días dormitando sin hacer nada. El que no defendía la justicia sino que toleraba que sus jueces aceptasen sobornos, el que permitía a los ladrones campar impunemente a sus anchas, el que había conducido a todo un pueblo al embrutecimiento y el abandono, hasta tal grado que era incapaz de pensar ya en levantarse. Eliahu enrojecía de cólera al enumerar la lista de los agravios perpetrados por los turcos. No concebía que los turcos tuviesen las manos libres para gobernar Palestina como quisieran."
La época en que nos ocupa, Palestina formaba parte del Imperio otomano, desde 1516. 

jueves, 25 de mayo de 2023

Carlos V no buscaba la guerra, pero tampoco la rehuía, y Tiziano, pintándolo lanza en ristre, no falseó su imagen

El historiador Antonio Dominguez Ortiz escribe que quizás sorprenda que ya en pleno siglo XVI conservara rasgos tan típicamente medievales como la propuesta de Carlos I a Francisco I de dirimir sus diferencias mediante un combate personal. Pero había también en él rasgos muy modernos, como su aguda percepción del tiempo, su pasión por los relojes y otras obras de artificio. Murió Carlos I en Yuste rodeado de atlas, brújulas y relojes. Esa ambivalencia en cuanto a la cronología la hallamos también en cuanto al espacio. Viajó incesantemente, y aunque esos viajes eran motivados, cuesta creer que los hubiera verificado si no hubiese extraído placer de ellos. Extrovertido y sensual, gustaba del contacto humano hasta que una evolución regresiva lo convirtió en sus últimos años en un hombre misántropo y malhumorado. Tuvo serios problemas familiares, sobre todo con su hermano Fernando, criado en España y que hubiera podido disputarle el dominio de Castilla si no hubiera sido expedido rápidamente a Alemania. La intensidad de su sentimiento dinástico, familiares, es otro rasgo que apunta hacia el Medioevo, aunque es verdad que en la Edad Moderna los reyes, a pesar del crecimiento del Estado impersonal que acabaría por suplantarlos, eran también muy sensibles a los motivos familiares. Un siglo más tarde, Felipe IV todavía consideraba el conjunto de sus Estados como una especie de mayorazgo que había recibido y debía transmitir íntegro a sus descendientes. Don Carlos sólo dominó con perfección dos idiomas, el francés nativo de Borgoña (“nuestra patria”, como decía a su hijo Felipe en el testamento político de 1548) y el español que aprendió más tarde y llegó a usar con preferencia. Del alemán y del italiano sólo tuvo un conocimiento imperfecto. Lo mismo le ocurría con el latín, y esto en aquella época era grave, no sólo dificultaba su comunicación con embajadores y otros personajes, sino que revelaba una laguna en su formación y una falta de interés por la alta cultura. Don Carlos estuvo lejos de ser una persona tan culta como su hijo; las referencias que se suelen hacer al erasmismo de Carlos V más bien hay que referirlas a personas de su entorno, en el fondo no había muchos puntos de contacto entre el Emperador y el gran humanista, cuya mayor preocupación era la paz entre los príncipes cristianos; Carlos V no buscaba la guerra, pero tampoco la rehuía, y Tiziano, pintándolo lanza en ristre, no falseó su imagen. Tenía un enemigo nato, el Islam, concretamente el Turco, entonces en su apogeo; por tierra amenazaba al Imperio, por mar a sus dominios de Italia y España. No se llegó a la confrontación terrestre porque, a la vista del ejército que reunió el Emperador, los turcos levantaron el sitio de Viena y don Carlos se contentó con este gesto; no trató de explotarlo y borrar las consecuencias del desastre de Mohacs que pocos años antes, en 1526, puso en poder de los otomanos la llanura húngara, incluida Budapest. Las hostilidades en el Mediterráneo tuvieron también carácter defensivo, eran muy grandes las quejas de sus vasallos por la inseguridad no sólo de las comunicaciones marítimas, sino de las riberas mediterráneas. La conquista de Túnez alivió sólo parcialmente esta situación, y cuando Carlos V quiso ampliar esta ventaja con la conquista del gran centro pirático de Argel experimentó una derrota que quedó inulta. El ideal de la cruzada era ya cosa del pasado. Esta actitud de tibia defensiva ante el Islam se explica porque desde el principio de su reinado se dibujó Francia como el más temible adversario.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Un sultán idiota podía paralizar el Imperio otomano

*Los turcos otomanos iban a fracasar, a volverse hacia dentro y a perder la oportunidad del dominio del mundo. El ejército otomano, por bien administrado que estuviera, podía mantener las vastas fronteras pero no podía seguir expandiéndose sin un coste enorme en hombres y dinero; y el imperialismo otomano, a diferencia de los posteriores español, holandés e inglés, no produjo mucho en el terreno económico. Hacia la segunda mitad del siglo XVI el Imperio mostraba signos de hiperextensión estratégica, con un gran ejército estacionado en Europa central, una onerosa armada operando en el Mediterráneo, tropas ocupadas en el norte de África, el Egeo, Chipre y el mar Rojo y con necesidad de refuerzos para sostener Crimea contra el poder ruso en ascenso. No había un flanco tranquilo ni siquiera en el Oriente Próximo, a causa de una desastrosa división religiosa del mundo musulmán que se produjo cuando la rama chiíta, con base en Irak y después en Persia, desafió las prácticas y enseñanzas sunníes por entonces predominantes.

Abdülmecit I

Después de 1566 reinaron trece sultanes incompetentes sucesivamente.Un sultán idiota podía paralizar el Imperio otomano de una manera que ni un Papa ni un emperador del Sacro Imperio podía hacer con Europa. Sin órdenes claras de la instancia superior, las arterias de la burocracia se endurecieron, optaron por el conservadurismo en lugar del cambio y sofocaron la innovación. Los comerciantes y empresarios, casi todos ellos extranjeros, a quienes antes se había estimulado, se encontraron sujetos a impuestos imprevisibles, cuando no se les arrebataba directamente su propiedad. Deudas cada vez más altas arruinaron el comercio y despoblaron las ciudades. Tal vez los más perjudicados hayan sido los campesinos, cuyas tierras y ganado fueron expropiados por los soldados. Al mismo tiempo que se deterioraba la situación, los funcionarios civiles se dedicaban al robo, solicitaban sobornos y confiscaban lotes de mercancías.

Abbas el Grande 

Al otro lado de la frontera el reino chiíta de Persia, con Abbas el Grande al frente, estaba preparado para aliarse con los Estados europeos contra los otomanos.La airada respuesta al desafío religioso chiíta reflejaba y anticipaba un endurecimiento de las actitudes oficiales hacia todas las formas de libertad de pensamiento. Se prohibió la impresión porque podía diseminar opiniones peligrosas. Los turcos, que despreciaban las ideas y prácticas europeas, se negaron a adoptar los métodos más avanzados para contener las plagas; en consecuencia, su población sufrió graves epidemias. Después de su derrota en Lepanto, no construyeron el tipo de buque europeo, más grande. En el Sur, se ordenó simplemente a la flota musulmana que permaneciera en las aguas más tranquilas del mar Rojo y el golfo Pérsico, para eludir así la necesidad de construir buques que pudieran navegar por el océano, según el modelo portugués.

*Fuente:Auge y caída de las grandes potencias de Paul Kennedy


miércoles, 8 de septiembre de 2021

La Guerra de Granada constituyó la primera gran empresa común


Rendición de Granada

La conquista de Granada revalidó la victoria de los reyes Isabel y Fernando en el conflicto de sucesión al reino de Castilla afirmando su posición frente a la nobleza, a la que consiguieron hacer participar de forma masiva en la guerra. Durante la guerra de Granada se apuntaló el sistema fiscal y la capacidad militar castellana; la guerra significó un momento clave en la forja del estado castellano moderno. Participaron, militar y financieramente, aunque de manera desigual, castellanos y aragoneses; constituyó la primera gran empresa común de la nueva monarquía. La conquista del último reducto político de al-Ándalus significó asegurar el flanco mediterráneo de la cristiandad ante el empuje turco que en 1480 había atacado el sur de Italia. De igual modo, con la toma de Granada los Reyes Católicos pudieron encarar con libertad otros frentes de su política exterior, especialmente su rivalidad con Francia en el Rosellón, Italia y Navarra. La victoria sirvió asimismo para reforzar el prestigio de los nuevos monarcas.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Cuando la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre

Shirin Ebadi
En una entrevista de la revista Yo Dona la abogada iraní Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz en 2003, resumía de esta forma la situación de la mujer en Irán: “La vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre; en caso, por ejemplo, de que se produzca un accidente y haya que pagar indemnizaciones; ante los tribunales, al testimonio de un varón se le concede el mismo peso que al de dos mujeres; la poligamia sigue siendo legal; el divorcio para los hombres sigue siendo muy sencillo, mientras que para las mujeres, es casi imposible; la edad para la responsabilidad penal es de nueve años para las niñas y de quince para ellos. En caso de divorcio, la custodia de los hijos era para el padre, aunque ahora por lo menos hemos conseguido que la madre pueda conservarla… En fin, todo sigue siendo mucho más difícil para nosotras”.


En Alemania, la diputada de los Verdes Ekin Deligöz, de origen turco, pidió a las mujeres musulmanas que se quitaran el velo al llegar allí, y hoy vive protegida por guardaespaldas a causa de las innumerables amenazas de muerte que ha recibido.


sábado, 22 de diciembre de 2018

El fracaso a la hora de reconciliar el islam con el progreso científico resultó catastrófico para esa civilización.

Desde la eclosión del islam en los desiertos árabes en el siglo VII ha habido repetidos choques entre Occidente y Oriente. Los seguidores de Mahoma emprendieron la yihad contra los de Jesucristo, y los cristianos les devolvieron el cumplido con las cruzadas a Tierra Santa y la reconquista de España y Portugal. En los últimos trescientos años Occidente ha ganado constantemente este choque de civilizaciones.  La principal razón de ello ha sido la superioridad de la ciencia occidental.

Johannes Oporinus.
El Corán se tradujo al latín y fue publicado en Basilea por el impresor Johannes Oporinus. Cuando en 1542 el ayuntamiento de Basilea prohibió la traducción y confiscó los ejemplares disponibles, el propio Lutero escribió en defensa de Oporinus: “Me ha sorprendido que alguien haya podido hacer algo tan doloroso para Mahoma o los turcos, algo que puede causarles tanto daño (más que con todo el armamento), como traer su Corán a los cristianos a la luz del día, donde ellos pueden ver qué clase de libro absolutamente maldito, abominable y pésimo es, lleno de mentira, fábulas y abominaciones que los turcos ocultan y disimulan… para honrar a Cristo, para hacer el bien a los cristianos, para perjudicar a los turcos y fastidiar al diablo, liberad este libro y no lo retengáis… Hay que abrir las llagas y heridas para poder curarlas”. Así, en 1543 se publicaron tres ediciones, a las que seguiría una cuarta siete años más tarde.

Hacia el final del siglo XI, los clérigos islámicos argumentaron que el estudio de la filosofía griega era incompatible con las enseñanzas del Corán. Era blasfemo sugerir que el hombre pudiera ser capaz de discernir la manera de actuar divina, que Dios siempre podía variar a voluntad. En palabras de Algazel “es raro que alguien se consagre a esta ciencia sin renunciar a la religión y soltar las riendas de la piedad dentro de sí". Bajo la influencia clerical, se restringió el estudio de la filosofía antigua y se quemaron libros. El mundo musulmán también se resistió a la imprenta. Para los otomanos, la escritura era sagrada, sentían una reverencia religiosa por la pluma, y prefirieron el arte de la
Sultán Selim I.
caligrafía al negocio de la impresión. “La tinta del erudito, se decía, es más sagrada que la sangre del mártir.” En 1515, un decreto del sultán Selim I había amenazado con la muerte a cualquiera a quien se descubriera usando una imprenta. Este fracaso a la hora de reconciliar el islam con el progreso científico habría de resultar catastrófico. Los científicos musulmanes, que antaño proporcionaran a los eruditos europeos ideas e inspiración, quedaron aislados de las últimas investigaciones.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Erdoğan está acabando con el legado de Mustafá Kemal.

Mustafá Kemal se proclamó el padre de una nueva república turca. El Estado que había forjado debía mirar hacia el oeste. Durante siglos, argumentaba, los turcos habían “caminado desde Oriente en dirección a Occidente”. 

Mustafá Kemal
¿Se puede nombrar a una sola nación, le preguntó al escritor francés Maurice Pernot a Mustafá Kemal, que no se haya vuelto hacia Occidente en su búsqueda de civilización?. Una parte clave de la reorientación que Kemal le dio a Turquía fue la reforma radical del alfabeto que él personalmente elaboró. La escritura árabe no solo era un símbolo del predominio del islam, sino que además se adaptaba mal a los sonidos de la lengua turca, y, por lo tanto, estaba lejos de resultar fácil de leer o escribir para la mayoría de la población. Kemal escenificó la medida en el
Parque Gülhane
parque Gülhane, una tarde de agosto en 1928. Dirigiéndose a una gran audiencia de invitados, pidió a alguien que leyera turco que recitara el texto de un papel que tenía en la mano. Cuando el voluntario miró con evidente desconcierto lo que había escrito en la hoja, Kemal dijo a su audiencia: “Este joven se ha quedado perplejo porque no conoce el verdadero alfabeto turco”. Luego se lo entregó a un colega, que leyó en voz alta: Nuestra rica y armoniosa lengua será ahora capaz de mostrarse con nuevas letras turcas. Debemos liberarnos de esos incomprensibles signos que durante siglos han sostenido nuestras mentes con tenaza de hierro… Habéis de aprender con rapidez las nuevas letras turcas… Consideradlo un deber patriótico y nacional… Para una nación, tener un 10 o un 20 por ciento de personas alfabetizadas, y un 80 o un 90 por ciento de analfabetos, resulta vergonzoso… Repararemos esos errores… Nuestra nación mostrará, con su escritura y con su mente, que su lugar está en el mundo civilizado. La occidentalización del alfabeto solo era una parte de una revolución cultural más amplia diseñada por Kemal para impulsar a Turquía hacia el siglo XX. Las formas de vestir se occidentalizaron. Se adoptó el calendario occidental, incluyendo la numeración cristiana de los años. Pero lo más importante que hizo Kemal fue establecer la nueva Turquía como un Estado laico completamente independiente de toda autoridad religiosa. La ley de la sharía fue reemplazada por un código civil inspirado en el de Suiza. A los ojos de Kemal, nada había hecho más para retrasar el avance del Imperio otomano que la interferencia religiosa en el reino de ciencia.
 

Universidad de Estambul.
En 1932, tras consultar a Albert Malche, de la Universidad de Ginebra, sustituyó la vieja Darülfünun, que había estado firmemente controlada por los imanes, por una Universidad de Estambul de estilo occidental, que posteriormente abriría sus puertas a unos cien académicos alemanes que escaparon del régimen nacionalsocialista.

martes, 8 de mayo de 2018

Los políticos alemanes, después de la Segunda Guerra Mundial, buscaban su incorporación a Europa.

Tras la guerra, Alemania quedó destrozada por los bombardeos.
La Alemania paria fue primero acogida en la comunidad de los pueblos, después se la cortejó y por último fue preciso contar con ella desapasionadamente en el concierto de poderes. Los alemanes que, como pueblo, se sentían, sin duda, víctimas, puesto que se habían visto obligados a soportar no sólo los inviernos de Leningrado y Stalingrado, los bombardeos de sus ciudades, el proceso de Nüremberg, sino también la fragmentación de su país, se manifestaban comprensiblemente dispuestos tan sólo a superar el pasado del Tercer Reich. En esos días, al par que los alemanes conquistaban con sus productos industriales los mercados mundiales, y no sin un cierto equilibrio, se ocupaban de esa superación en su propia casa.

Jean Améry
Los políticos alemanes, entre los cuales, dice Jean Améry, escritor y ensayista austríaco de confesión judía que estuvo internado en el campo de exterminio de Auschwitz, sólo pocos se habían distinguido en la lucha de la resistencia, buscaban sin pausa y con entusiasmo la incorporación a Europa. No les costaba ningún esfuerzo vincular la nueva Europa a aquella otra Europa que Hitler ya había comenzado a reorganizar exitosamente, a su modo, en el periodo comprendido entre 1940 y 1944.

En un libro titulado Rückblick zum Mauerwald el exoficial del estado mayor alemán, el príncipe Ferdinand von der Leyen,
escribe: “… de una de nuestras posiciones en el extranjero nos llegó una nueva aún más espantosa. Allí pelotones de las SS habían penetrado en las casas y desde las azoteas habían arrojado al asfalto niños recién nacidos”. Pero el asesinato de millones de seres humanos perpetrado con eficacia organizativa y precisión casi científica por un pueblo altamente civilizado se juzgará deplorable, pero de ningún modo único, al lado de la sangrienta deportación de los armenios por lo turcos o a los ignominiosos actos de violencia cometidos por las autoridades coloniales francesas, puntualiza  Jean Améry.

sábado, 18 de febrero de 2017

La unidad política bajo los Reyes Católicos hacía absolutamente necesaria la unidad espiritual.

Retratos de Isabel y Fernando de un pintor inglés desconocido (1500-1510). 
Hubo una época en la que se esperó que los miembros de las tres confesiones podrían llegar a constituir una unidad; pero cada vez se fue haciendo más evidente que esto no era posible. La unidad política bajo  los Reyes Católicos, con sus nuevas posibilidades de desunión, hacía absolutamente necesaria la unidad espiritual. La intransigencia y la actitud defensiva de Granada durante sus últimas décadas contribuyó, sin duda, a que Fernando e Isabel tomaran la decisión de lograr una auténtica unidad de credo, cuenta el historiador Montgomery Watt. 
Suleimán I, llamado “El Magnífico” y Sultán del imperio turco-otomano, ataca a la ciudad de Viena en 1529.
Hacia 1525, España, que estaba en camino de convertirse en un poder imperial, tomó conciencia de la amenaza islámica que para Europa representaba el avance turco hacia Viena (sitiada en 1529). Tanto estas empresas como los compromisos al otro lado del Atlántico exigían la utilización al máximo de los recursos humanos españoles; y era de sentido común el limpiar la base social de elementos potencialmente hostiles cuando un número tan considerable de los hombres en edad militar estaban fuera del país. Se ha dicho que quedó sobreentendido que los musulmanes dispondrían de un plazo de cuarenta años para aplicar las medidas de 1525 y 1526. Fuera ello cierto o no, el caso es que en 1566 se produjo una revitalización de la legislación
antimusulmana. Las anteriores medidas no habían sido efectivas. Por un lado, la práctica religiosa islámica, tanto en los centros orientales como en otras partes, permitía y justificaba la taqiyya, esto es, la ocultación de las propias creencias religiosas cuando una proclamación de las mismas pudiera poner en peligro la propia vida; y los moriscos habían obtenido al parecer dictámenes oficiales de juristas musulmanes de fuera de España en el sentido de que, en las circunstancias de la España del siglo XVI, tal ocultamiento de su vinculación al Islam era admisible. Se han conservado manuscritos, denominados aljamiados, escritos en idioma español, pero en caracteres árabes, conteniendo exposiciones de la fe y de la práctica islámica por y para los moriscos. 

Otra razón de la intolerancia fue la tasa de natalidad relativamente más elevada de los musulmanes, que hacía aumentar la proporción de éstos en la población. Por otro lado, en cambio, la importantísima contribución de los moriscos a la vida económica y material de España hizo que tuvieran el apoyo de muchos nobles de Aragón y de Valencia. Así, pues, a partir de 1566 la presión sobre los moriscos aumentó. Algunos de ellos se rebelaron en 1569,
Embarco de moriscos, en el Grao de Valencia 
recibiendo ayuda del gobernador otomano de Argel. Sin embargo, pese a todas las presiones, en las ciudades sus comunidades permanecieron en gran medida intactas gracias al carácter autónomo de su vida. De esta forma los moriscos eran un elemento difícilmente asimilable en la población. Por último, entre 1609 y 1614 se promulgaron edictos de expulsión, como resultado de los cuales alrededor de medio millón de moriscos emigraron al norte de África.


Hubo una época en la que se esperó que los miembros de las tres confesiones podrían llegar a constituir una unidad; pero cada vez se fue haciendo más evidente que esto no era posible