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viernes, 21 de agosto de 2026

Muchos hombres no faltan a los mandamientos, pero no los cumplen

Las relaciones de Dios con los hombres, constituidas por la paternidad y, respectivamente, la filiación, y el amor, núcleo esencial del cristianismo. La paternidad es entendida de manera nueva, hecha esencialmente de misericordia; de Dios respecto de los hombres, del padre humano respecto de los hijos; la palabra del hijo prodigo la ejemplifica, escribe el filósofo Julián Marías.
Hay un puesto en los niños que no se encuentra en ninguna otra parte, la ternura, la necesaria aproximación o semejanza con ellos para entrar en el reino de los cielos, la terrible gravedad de escandalizar a los “pequeños”.
Y no se olvide todo lo que lleva consigo la figura de María, la relación esbozada entre ella y su prima Isabel, y los dos hijos en gestación; el puesto de la maternidad, prolongada virtualmente desde la cruz hacia San Juan.
Con el Nuevo testamento no tenemos la impresión de algo ajeno, distante, como sucede con lo griego y lo romano. Sin particular esfuerzo, sin comentario en lo esencial, el Nuevo Testamento es inmediatamente inteligible, reconocemos en él nuestra propia vida.
La gran innovación del cristianismo es la radical insistencia en el amor, muy superior a la que podamos encontrar en otras culturas y religiones.El Nuevo Testamento está lleno de referencias al amor, en todos los contextos imaginables.
Se dice que Dios es amor; los mandamientos se reducen en amar a Dios y al prójimo, y lo que hace que sean mandamientos religiosos, no meramente normas, es su fundamento en el primero, “amar a Dios sobre todas las cosas”, en rigor, no se “cumplen” los mandamientos más que si se hace por el primero. Aparte de él, se podría decir que muchos hombres “no faltan” a los mandamientos, pero no los “cumplen”.
Referencia: La educación sentimental de Julián Marías

miércoles, 8 de septiembre de 2021

La Guerra de Granada constituyó la primera gran empresa común


Rendición de Granada

La conquista de Granada revalidó la victoria de los reyes Isabel y Fernando en el conflicto de sucesión al reino de Castilla afirmando su posición frente a la nobleza, a la que consiguieron hacer participar de forma masiva en la guerra. Durante la guerra de Granada se apuntaló el sistema fiscal y la capacidad militar castellana; la guerra significó un momento clave en la forja del estado castellano moderno. Participaron, militar y financieramente, aunque de manera desigual, castellanos y aragoneses; constituyó la primera gran empresa común de la nueva monarquía. La conquista del último reducto político de al-Ándalus significó asegurar el flanco mediterráneo de la cristiandad ante el empuje turco que en 1480 había atacado el sur de Italia. De igual modo, con la toma de Granada los Reyes Católicos pudieron encarar con libertad otros frentes de su política exterior, especialmente su rivalidad con Francia en el Rosellón, Italia y Navarra. La victoria sirvió asimismo para reforzar el prestigio de los nuevos monarcas.