lunes, 12 de octubre de 2026

La Virgen de Nagasaki

Virgen de Nagasaki
La radiación atómica del 9 de agosto de 1945 sembró la muerte en Nagasaki, unas 40.000 personas murieron aquel día y un número similar en los meses siguientes. En la catedral apenas quedó piedra sobre piedra del templo y la imagen de la Virgen de Urakami apareció al cabo de un tiempo. En opinión de muchos quedó a salvo milagrosamente, pero con estigmas en su rostro. Los ojos calcinados por la radiación dejaron sus cuencas ennegrecidas como pueden verse hoy día. La Madre del Cielo, con su propio dolor reflejado en la talla de madera, parecía unirse al de todos sus hijos en Nagasaki.
Takashi, al regresar a su casa dos días después de la explosión además del rosario calcinado en manos de su mujer, encontró el crucifijo que sus antepasados cristianos conservaban desde hacía unos 250 años. Tres meses después de la bomba, el 20 de noviembre, en una Misa por todos los difuntos de Nagasaki, intervino Takashi con estas palabras: “Existe una profunda relación entre la destrucción de esta ciudad cristiana y el fin de la guerra. Era sin duda la víctima elegida, el  holocausto ofrecido sobre el altar del sacrificio”. Y terminó con una referencia al fundamento de todo sacrificio, “el holocausto de Jesucristo en el Calvario, ilumina y confiere significado a nuestras vidas”. 
Otro superviviente cristiano, Shigemi Fukahori, el pasado año 2020, en la conmemoración del 75 Aniversario de la tragedia, a sus 89 años recordaba haber visto aquel día “montañas de cuerpos ennegrecidos”, sin saber “si estaban muertos o vivos”. Y a mucha “gente que gritaba pidiendo agua, pero sin poder ayudarles”. Después del siniestro, cuando apareció la imagen de la Virgen, cuya talla intacta Shigemi conocía bien, al verla sin ojos, con la mejilla derecha ennegrecida y una fisura que desde el ojo izquierdo recorría su rostro como si fuera una lágrima, exclamó: “Cuando la volví a ver por primera vez, pensé que la Virgen estaba llorando”. Son palabras sinceras que invitan a reflexionar. La Virgen de Nagasaki, con las cuencas de los ojos ennegrecidas, es imagen viva y claro símbolo de que nos sigue acompañando. Su presencia, cuenta el sacerdote José Antonio García-Prieto, se hizo patente a lo largo de la historia, en lugares como Guadalupe, Lourdes, Fátima… En el año 2000, Chernobyl, lugar emblemático de muerte radioactiva, junto con Hiroshima y Nagasaki, recibió la visita de esta imagen de María.

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