El principio político posmoderno afirma que la sociedad esta formada por sistemas de poder y jerarquías cuyo más importante atributo es la capacidad de decidir que se puede saber y cómo. El verdadero poder no está en los parlamentos, ni siquiera en los cuarteles, sino en los despachos en donde se elaboran las metanarrativas.
Las metanarrativas no son otra cosa que discursos muy elaborados, y es posible someterlos a deconstrucción, un método basado en la idea de que las palabras no se refieren directamente a la realidad, sino a otras palabras, en un juego lingüístico en el que los significantes solo alcanzan su significado dentro del propio texto. El propósito del lenguaje no es más que jerarquizar conceptos de manera que unos elementos queden simbólicamente por encima de otros, lo cual luego se traslada a la vida de la gente, que queda atrapada en jaulas simbólicas que no solo no sabe reconocer, sino que refuerza con sus propios actos y palabras.
Dado que todas las culturas son metanarrativas basadas en juego de lenguajes, no es posible demostrar que el liberalismo científico occidental es superior al tribalismo animista de una etnia amazónica que vive en la edad de hierro.
La forma de entender la realidad social para esta gente implica que las personas no son más que recipientes para metanarrativas, sujetos construidos con lenguaje a partir de discursos dominantes. O sea, nada. Al mismo tiempo, cualquier ambición universal no es más que una ilusión, el ensayo fraudulento de unas “verdades objetivas” que no pueden ser tildadas más que de fascistas.
Dado que todas las culturas son metanarrativas basadas en juego de lenguajes, no es posible demostrar que el liberalismo científico occidental es superior al tribalismo animista de una etnia amazónica que vive en la edad de hierro.
La forma de entender la realidad social para esta gente implica que las personas no son más que recipientes para metanarrativas, sujetos construidos con lenguaje a partir de discursos dominantes. O sea, nada. Al mismo tiempo, cualquier ambición universal no es más que una ilusión, el ensayo fraudulento de unas “verdades objetivas” que no pueden ser tildadas más que de fascistas.

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