“Puede ser que Dios ni siquiera necesite castigarnos. Aparta su rostro de nosotros, lo que quiere decir que retira su gracia protectora y nos deja a merced de la casualidad y las interconexiones del mundo material. Entramos en el zodiaco del azar y de la mecánica, pobre de nosotros”, escribe Nicolae Steinhardt en El diario de la felicidad .

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