En 2016, comenzaron a surgir otros servicios de este tipo como Tenant Assured, que evalúa hasta qué punto es de fiar un futuro inquilino al que se le quiere alquilar una casa. ¿Por qué dejar a la intuición lo que puede hacer una máquina? Este sistema, no exento de polémica, escanea Linkedin, Instagram, Facebook y el resto de información pública que uno ha ido colgando online para crear un perfil del riesgo del solicitante. Estudia desde la edad y las mascotas que uno tiene a las bodas y los embarazos que ha ido compartiendo. “Si tienes una vida normal, no tienes de qué preocuparte”, explicaba Steve Thornhill, cofundador de Tenant Assured, a The Washington Post en 2016, en la que seguramente fuera la frase más inquietante de toda la entrevista.
Existen sistemas para vigilarnos cómodamente unos a otros. Una aplicación llamada Blippar ayuda a identificar a cualquier persona con solo enfocarle con la cámara del móvil. Este sistema de reconocimiento facial empezó pensándose para escanear la imagen de un famoso en una revista del que no recordamos su nombre y proporcionarnos información sobre él, con sus apariciones en webs o la biografía en Wikipedia. Pero a medida que se amplía su base de datos va sirviendo también para espiar a un desconocido en un bar y averiguar más sobre él. Antes de conocerle, ya podríamos saber lo que cenó anoche, qué estudió y dónde fue de vacaciones el verano pasado. Ofrece un resumen de su vida online con solo enfocarle con el objetivo. Para evitar problemas de privacidad, el servicio es opcional. Si alguien no quiere que su rostro sea almacenado en los servidores de Blippar, puede pedir que lo elimine. De momento, ya tiene 70.000 personas en su archivo. Tiene ventajas. De extenderse esta práctica, de momento anecdótica(pero técnicamente posible), en el futuro podríamos dar por resuelta la clásica situación embarazosa de llevar diez minutos hablando con alguien en una fiesta del que no recuerdas su nombre cuando ya se ha hecho demasiado tarde para preguntarlo. O la de llegar a una reunión y no tener claro quién es quién. Un rastreo rápido mostraría su perfil. Claro que arruinaría el efecto sorpresa de las primeras citas. Nada más sentarnos a la mesa, podríamos saberlo casi todo del acompañante.
Referencia: El fin del mundo tal y como lo conocemos escrito por Marta García Aller

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