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martes, 26 de agosto de 2025
jueves, 3 de julio de 2025
Nuestro rostro se modela según nuestros estados de conciencia
Para el Premio Nobel Alexis Carrel “cada cual puede dar a su rostro la expresión que desee, pero no puede conservar esta máscara de modo permanente. Y sin saberlo nosotros, nuestro rostro se modela poco a poco según nuestros estados de conciencia. Con los progresos de la edad, ésta llega a ser la imagen más y más exacta de los sentimientos, apetitos, aspiraciones del ser todo entero. La belleza de un hombre joven resulta de la armonía natural de los rasgos de su fisonomía. El rostro expresa cosas más profundas aún que las actividades de la conciencia. Pueden leerse en él, no sólo los vicios, las virtudes, la inteligencia, la estupidez, los sentimientos, los más ocultos hábitos de un individuo, sino también la constitución de su cuerpo y su tendencia a las enfermedades orgánicas y mentales."
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lunes, 31 de marzo de 2025
Nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti
“¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla? ¿Quién no presta oídos a una campana que tañe por algún motivo?”. Así reflexionaba un poeta inglés del siglo XVII, al caer en la cuenta de que tantas cosas de nuestra vida no son en realidad algo impersonal, como surgido de un azar sin rostro. Convencido de que detrás de todo siempre hay alguien, un otro involucrado, una relación, al menos ofrecida, concluía: “Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
lunes, 1 de julio de 2024
Habían obtenido respuesta a sus preguntas
El hombre de la cruz se tambaleaba entonces en dirección a ella, hasta que la mujer, sobresaltada por los ruidos que hacía la cruz al ser arrastrada entre los sepulcros, se giraba hacia él mostrándole su rostro cubierto por un velo negro que inducía a creer que detrás no había otra cosa que un tenebroso vacío. Con un estremecimiento, el hombre daba media vuelta y seguía su camino.
Pero el hombre no siguió su camino, al contrario, se acercó aún más a la casa. Luego descargó la cruz del hombro y la apoyó contra la pared, se despojó de la corona de espinas y la colgó de un extremo del travesaño. Un minuto más tarde, los dalecarlianos lo vieron alejarse por el camino, con la espalda recta y el paso ligero, felizmente liberado de su carga. Cuando comprendieron que había dejado la cruz junto a la puerta de su casa no dijeron ni una palabra. A algunos les dio por apretar con fuerza las manos de los que tenían al lado, y a un par se les inundaron los ojos de lágrimas. Casi todos los rostros quedaron como iluminados con una claridad que les confería algo parecido a la belleza. Habían obtenido respuesta a sus preguntas. No era para morir ni para vivir la vida por lo que habían viajado hasta allí, sino única y exclusivamente para llevar la cruz de Cristo. Más no necesitaban saber.
Jerusalén de Selma Lagerlöf
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miércoles, 29 de noviembre de 2023
La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad y no la alcanzará
“Gracias a la higiene, al hábito de los deportes, a ciertas restricciones alimenticias, a los salones de belleza, a la actividad superficial engendrada por el teléfono y el automóvil, todos conservan un aspecto más alerta y más vivo. A los cincuenta años, las mujeres continúan siendo jóvenes. Pero el progreso moderno nos ha dado al mismo tiempo que oro, mucha moneda falsa. Cuando los rostros renovados y tersos por el arte del cirujano se desploman; cuando los masajes no son suficientes para reprimir la invasión de las grasas, las que guardaron tanto tiempo la apariencia de la juventud se vuelven peores que lo que fueron, a la misma edad, sus abuelas. Los pseudojóvenes que juegan tenis y bailan como si tuvieran veinte años; los que se desembarazan de su mujer ya vieja para casarse con una muchacha, están expuestos al reblandecimiento cerebral, a las enfermedades del corazón y de los riñones. A veces también mueren de manera brusca en su cama, en su oficina, en la cancha de golf, a una edad en que sus antepasados conducían aún la carreta, o dirigían con mano firme sus negocios. Ignoramos la causa de estas fallas de la vida moderna. Sin duda, los médicos y los higienistas sólo tienen una pequeña parte de esta responsabilidad. Probablemente son los excesos de todo género, la inseguridad económica, la multiplicidad de las ocupaciones, la ausencia de disciplina moral, las preocupaciones, quienes determinan el deterioro anticipado de los individuos.”
“¿Para qué aumentar la duración de la vida de las gentes cuando son desgraciadas, egoístas, estúpidas e inútiles? Es la calidad de los seres humanos la que importa y no su cantidad. No hay que procurar que aumente el número de centenarios, antes de haber descubierto el medio de prevenir la degeneración intelectual y moral y las enfermedades lentas de la decrepitud.”
“La humanidad no se cansará, jamás de perseguir la inmortalidad. No la alcanzará porque está ligada a las leyes de su constitución orgánica, pero logrará quizás retardar durante algún tiempo la marcha inexorable de la duración fisiológica. No logrará, vencer a la muerte porque la muerte viene a constituir un rescate que debemos pagar por nuestro cerebro y nuestra personalidad. A medida que progresen los conocimientos de la higiene del cuerpo y del alma, sabremos que la vejez, sin la enfermedad, no es temible. Es a la enfermedad y no a la vejez a quien debemos la mayor parte de nuestras desdichas”, escribe Alexis Carrel, galardonado con el Premio Nobel de Medicina.
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martes, 28 de noviembre de 2023
Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar
Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud “si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: “Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro”. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar, escribe el Papa francisco en Fratelli Tutti.
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miércoles, 13 de noviembre de 2019
Vio auténtica incertidumbre
La novelista estadounidense Laura Moriarty en su libro “Una acompañante en Nueva York” cuenta la siguiente historia:
“Me gusta follar. A usted quizá no, pero a mí sí. Cora desvió la mirada. Si la muchacha se proponía escandalizarla con su vocabulario, con su despreocupada vulgaridad, lo había conseguido. Y era evidente que le divertía hacerse la mujercita moderna y liberada, dejando atónita y horrorizada a Cora, y a toda su generación. Pero cuando Cora se volvió y miró con severidad el rostro de la muchacha, vio, más que liberación, pura pose y fanfarronería, y debajo de eso una auténtica incertidumbre”.
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lunes, 22 de julio de 2019
Actor
El arte del actor, dice Denis Diderot, exige “gran número de cualidades que la naturaleza reúne tan pocas veces en una misma persona, que abundan más los grandes autores que los grandes comediantes”.
“Tengo en alta estima el talento de un gran artista, escribe Diderot, pienso con melancolía que ese hombre es raro… En efecto, es tanto más raro, y tanto más grande cuando aparece, cuanto el oficio ejercido amenaza más a la persona humana, a su integridad, a su elevación. Shakespeare dice (Hamlet, Acto 2.º Escena II) que la naturaleza del comediante es contra natura, que es horrible y, al mismo tiempo, admirable. Lo expresa con una sola palabra: Monstruous. El comediante se expone a perder su rostro, y a perder su alma. Los encuentra falseados o no los encuentra, en el momento en que los necesita para volver a si mismo.
Sus rasgos no se componen, su apariencia y su verba permanecen demasiado libres, desligados, como separados del alma. El alma misma, a menudo desconcertada en exceso por la representación, demasiado ejercitada, gastada más allá de lo normal por imaginarias pasiones, deformada por costumbres ficticias, pisa en falso en la vida real. El ser entero del actor conserva, en este mundo humano, los estigmas de un comercio extraño. Al volver de la escena parece salir de otro mundo.
“Decíais, añade Diderot, que un actor entra en un papel, que se desliza en la piel de un personaje. Me parece que esto no es exacto. Es el personaje quien se acerca al comediante, quien le pide todo lo que necesita para vivir a sus expensas, y que poco a poco lo reemplaza en su piel. El artista trata de dejarle en libertad de acción. No basta con ver bien un personaje, ni con comprenderlo bien, para ser capaz de convertirse en ese personaje. Tampoco es suficiente con poseerlo, para darle vida. Él debe ser el poseedor”.
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lunes, 11 de diciembre de 2017
Con el rostro se puede mentir; mentir con el andar es mucho más difícil.
Uno puede parecerse a otro, sentirse muy cercano a otro, pero nunca los dos son lo mismo. No hay nunca dos hombres que levanten la mano exactamente de la misma manera, que caminen de la misma manera, que muevan la cabeza de la misma manera. Por este motivo, cuenta el psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán Erich Fromm, podemos reconocer muchas veces a un hombre con sólo verlo caminar, aunque no le veamos la cara. El modo de andar es tan característico de un hombre como su rostro, y en ocasiones aun más: en efecto, el rostro puede cambiarlo, pero eso es mucho más difícil en el caso de la marcha. Con el rostro se puede mentir, ésa es la peculiaridad del hombre, que le da ventaja sobre el animal. Mentir con el andar es mucho más difícil, aunque también eso se puede aprender.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Su voz está todavía viva.
Los rostros de los seres fallecidos a quien mejor hemos conocido, los hemos visto desde tantos ángulos, bajo tantas luces y dotados de tantas expresiones (paseando, durmiendo, riéndose, llorando, comiendo, hablando o pensando), que todas estas impresiones se nos enmarañan simultáneamente, dentro de la memoria y quedan confundidas en un simple borrón. Pero su voz está todavía viva. Su voz añorada que en el momento menos pensado me puede convertir en un niño que se echa a llorar, narra Clive Staples Lewis.
domingo, 22 de octubre de 2017
Cuando nos miramos en el espejo.
A menudo nos sorprendemos cuando nos miramos en el espejo. Nos chocan las arrugas de la piel, la tristeza de la mirada, el dolor que expresa el rostro. No esperábamos vernos así. Mentalmente, nos veíamos jóvenes, con la piel lisa y la expresión despreocupada.
Al igual que Dorian Gray, no queremos afrontar la realidad de nuestra vida. Esta discrepancia entre el aspecto que tenemos y el que nos gustaría tener también se aplica al cuerpo, que debería ser más visible que el rostro para nosotros. Cerramos los ojos a la carencia de armonía de las diversas partes del cuerpo y a la falta de gracia en los movimientos. La ropa nos ayuda a esconder esta realidad, ante nosotros mismos y ante las demás personas.viernes, 29 de septiembre de 2017
La mujer musulmana.
Cuenta Oriana Fallaci que la primera impresión que una mujer occidental recibe a su llegada a países rigurosamente musulmanes es, como en el Pakistán, la de ser la única mujer superviviente de un diluvio universal donde se han ahogado todas las mujeres del mundo. No ves ni una mujer en el autobús que te lleva a las ocho de la noche desde el aeropuerto al hotel. No ves ni una mujer en el vestíbulo del hotel, ni por las escaleras, ni en el ascensor, ni por el corredor que conduce a la habitación. Quien cuida de la limpieza de la habitación es un hombre. Quien plancha los trajes y pega los botones es un hombre. Quien te sirve en el restaurante es un hombre. La voz que contesta desde la central telefónica es la de un hombre. En suma, no encuentras una mujer a menos que se te ocurra salir a la calle. Por la calle las mujeres caminan dentro de la prisión
del purda, como fantasmas de una pesadilla. Y la pesadilla de estos paquetes de ropa sin rostro ni cuerpo ni voz te persigue por doquier, hasta que tú, mujer europea, dice Oriana Fallaci, con tu rostro al descubierto, y tus brazos al descubierto, y tus piernas al descubierto, te sientes desnudada por miles de ojos y expuesta a mil peligros. Son peligros inexistentes. Se infligen los más duros castigos a quien ose violar a una mujer, o seguirla, o decirle un cumplido galante. En las prisiones de Karachi, como en casi todas las prisiones de los países musulmanes, el verdugo se ejercita cada día en golpear con el látigo un astrágalo minúsculo que corresponde a cierta vértebra humana. Al reincidente del delito de agresión o molestias a una mujer no se le castiga con la pena de prisión, sino que se le aplica este golpe de látigo; un trallazo sobre la vértebra y el reincidente queda impotente de por vida. En los países del Islam el respeto a la mujer es absoluto. Y sin embargo ni en una mezquita, ni en un tranvía, ni en un cine, ni en una recepción, las mujeres pueden mezclarse con los hombres. En las recepciones los maridos muy modernos se presentan acompañados de sus esposas; pero apenas pisan el umbral del portal, ellos se dirigen al salón de los hombres, y las mujeres al reservado para ellas.
martes, 11 de julio de 2017
El rostro de los que sufren.
El Papa Francisco en uno de sus viajes decía que “cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos “rostros y esos nombres” se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos, todos nos conmovemos… Porque “hemos visto y oído”, no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante”.
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