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domingo, 11 de febrero de 2024

Los médicos no deben verse nunca obligados a romper el juramento hipocrático


La vida es una victoria para todos los seres humanos de este planeta, pero todos los ciudadanos parecen no estar de acuerdo. Joe Biden,presidente de Estados Unidos, es un ejemplo de ello, ya que trató de convencer a los tribunales para convertir las urgencias hospitalarias de Texas en abortorios. Tras las tajantes palabras del conservador, Greg Abbott, gobernador republicano del estado de Texas, dictaminó una orden para impedir que los letrados diesen luz verde a la discutida idea del político estadounidense, conocida como Tratamiento Médico de Emergencia y Trabajo, que “obliga a todos los médicos de urgencias”, sin tener en cuenta su ética y deontología, a matar a los aún no nacidos.Un año después, en noviembre de 2023, los abogados de Biden volvieron a los tribunales con la finalidad de violar la norma federal y obligar los doctores de Texas a llevar a cabo estas controvertidas prácticas “en todas las circunstancias”. Este abuso de poder no le ha gustado a la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos, que ha dictaminado que la administración de Biden “no puede” seguir adelante con su idea ilegal.
Los médicos no deben verse nunca obligados a romper “el juramento hipocrático” y no tienen que elegir entre “violar sus creencias profundamente arraigadas o enfrentarse duras sanciones económicas y ser excluidos del programa Medicare”, un programa federal de seguro médico para personas más de 65 años. Los facultativos de urgencias tienen el deber, entre otras cosas, de tratar y atender enfermedades mortales como los embarazos utópicos, pero nunca de poner fin a la vida de un feto. 
Referencia: El Debate,06/01/2024, María Fernandez

lunes, 13 de noviembre de 2023

Un cementerio sin nombre


Escribe la historiadora Tilar J. Mazzeo en su libro Los niños de Irena que fue en 1945, al final de la guerra, cuando el Ejército Rojo estaba haciendo retroceder la retirada alemana. La llegada del Ejército Rojo no trajo alegría a Polonia. Pocas mujeres (desde las niñas en edad escolar hasta las abuelas) escaparon de ser violadas por los soldados soviéticos que pasaron el invierno en Cracovia. Y pocos alemanes que se enfrentaron a las tropas soviéticas lograron cruzar la frontera. A lo largo de Polonia hubo cientos de masacres anónimas e indescriptibles. Bajo el régimen comunista nadie se habría atrevido a prender una vela en el bosque, pero ahora las cosas han cambiado. Todavía hay ancianos, y en especial ancianas, que recuerdan. Mi cuñada dijo con tristeza: “Aquí están por todas partes. Polonia es un cementerio sin nombre, ¿y qué podemos hacer salvo dejar el pasado enterrado en silencio y tranquilidad?”.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Violar el primer principio de asociación

Thomas Jefferson
Thomas Jefferson, en un discurso dado el 4 de marzo de 1801 manifestó que “quitarle a uno, porque se considera que su propia diligencia y la de sus padres ha logrado mucho, para darle a aquellos, o a los padres de aquellos, que no han hecho uso de la misma laboriosidad y habilidad, es violar arbitrariamente el primer principio de asociación, la garantía para todo el mundo del libre ejercicio de su industria y de los frutos que ésta le proporcione”. Jefferson dijo eso, y los norteamericanos lo vivieron.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Para no servir a amos debemos servir a las leyes.

El hombre es libre, política y jurídicamente libre, sólo cuando está sometido a la impersonalidad de las reglas generales porque si no vuelve a estar sometido a la voluntad arbitraria de otros hombres, éste es el argumento que marca toda la historia de la libertad. Ya lo sabía Cicerón: legum servi sumus ut liberi esse possimus. Era verdad entonces, y sigue siendo verdad hoy, para no servir a amos debemos servir a las leyes.
Giovanni Sartori


Stalin liquidó a casi todos sus compañeros de promoción revolucionaria. Y desde el principio de los años treinta nadie hubiera osado oponerse si, en hipótesis, lo hubiera hecho ordenando que todos los revolucionarios nacidos en Rusia antes de 1890 deben ser fusilados. El premio Principe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori se pregunta ¿esta ley hubiera sido aplicable también a él? Sí; como Stalin había nacido en 1879, el principio de la generalidad de la ley la hacía "debida" también para su persona. Lo que hubiera sido un freno más que suficiente tanto para él como para cualquier otro déspota. Para el caso es irrelevante que Stalin hubiera podido violar en su favor el principio de la generalidad de la ley, estableciendo que él era una excepción. El tema sigue siendo que una ley omniinclusiva le habría afectado incluso a él. La ley protege a todos si el que la dicta está sometido a los mismos daños y castigos que su ley impone a los otros. Si no, la ley es sólo una orden que puede ser útil y necesaria para otros objetivos, pero que ya no es un instrumento de libertad en la ley, y que incluso puede convertirse en arbitrio en nombre de la ley.

viernes, 29 de septiembre de 2017

La mujer musulmana.

Cuenta Oriana Fallaci que la primera impresión que una mujer occidental recibe a su llegada a países rigurosamente musulmanes es, como en el Pakistán, la de ser la única mujer superviviente de un diluvio universal donde se han ahogado todas las mujeres del mundo. No ves ni una mujer en el autobús que te lleva a las ocho de la noche desde el aeropuerto al hotel. No ves ni una mujer en el vestíbulo del hotel, ni por las escaleras, ni en el ascensor, ni por el corredor que conduce a la habitación. Quien cuida de la limpieza de la habitación es un hombre. Quien plancha los trajes y pega los botones es un hombre. Quien te sirve en el restaurante es un hombre. La voz que contesta desde la central telefónica es la de un hombre. En suma, no encuentras una mujer a menos que se te ocurra salir a la calle. Por la calle las mujeres caminan dentro de la prisión
del purda, como fantasmas de una pesadilla. Y la pesadilla de estos paquetes de ropa sin rostro ni cuerpo ni voz te persigue por doquier, hasta que tú, mujer europea, dice Oriana Fallaci, con tu rostro al descubierto, y tus brazos al descubierto, y tus piernas al descubierto, te sientes desnudada por miles de ojos y expuesta a mil peligros. Son peligros inexistentes. Se infligen los más duros castigos a quien ose violar a una mujer, o seguirla, o decirle un cumplido galante. En las prisiones de Karachi, como en casi todas las prisiones de los países musulmanes, el verdugo se ejercita cada día en golpear con el látigo un astrágalo minúsculo que corresponde a cierta vértebra humana. Al reincidente del delito de agresión o molestias a una mujer no se le castiga con la pena de prisión, sino que se le aplica este golpe de látigo; un trallazo sobre la vértebra y el reincidente queda impotente de por vida. En los países del Islam el respeto a la mujer es absoluto. Y sin embargo ni en una mezquita, ni en un tranvía, ni en un cine, ni en una recepción, las mujeres pueden mezclarse con los hombres. En las recepciones los maridos muy modernos se presentan acompañados de sus esposas; pero apenas pisan el umbral del portal, ellos se dirigen al salón de los hombres, y las mujeres al reservado para ellas.