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miércoles, 26 de agosto de 2026

Siempre que confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia

Las nuevas formas de violencia no son exclusivas de determinados sectores de la sociedad y en cada contexto se manifiestan de diversos modos.El  aislamiento colectivo de personas cada vez más encerradas en sí mismas, en su teléfono inteligente, a quienes no les causa ningún inconveniente tratar con desprecio a los que se cruzan en su camino, porque simplemente alteran su cómodo espacio personal. La amabilidad y el buen trato se ven casi como un milagro en escenas cotidianas. Esto ha creado un incremento de faltas de respeto en la vida cotidiana  donde personas que no se conocen, se vuelven unos contra otros como si se odiaran desde toda una vida, por cuestiones banales.
Siempre que los seres humanos elevamos a categoría de absoluto la propia idea o imagen del mundo que se tiene y confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia. Aunque sea solamente porque los demás aparecen en escena para alterar nuestro particular modo de ver y sentir las cosas. Se puede uno cruzar con personas, que, sin importar sus posibilidades económicas, su edad o su educación, parecen llenos de combustible emocional para disparar un odio irracional a cualquiera que se cruce en su camino, como si se sintiera un rencor contra toda la sociedad. Así, cualquiera a quien se le considere parte del “Sistema”, se convierte en enemigo, aunque sea un extraño que no me haya hecho nada objetivamente.
El hiperindividualismo contemporáneo, cargado de frustraciones sociales y de rencores hacia una realidad social injusta, que se percibe como imposible de cambiar, generan manifestaciones recurrentes de rechazo a toda persona o grupo que se perciba como perteneciente a la categoría de “dominante”, a todo tipo de “autoridad”, y a todos los que se consideren débiles o simplemente por fuera de mi tribu, los que son simplemente “diferentes” o porque no me gustan, escribe el filósofo Miguel Pastorino.

domingo, 7 de junio de 2026

Causa de sí

Para el filósofo Ludwig Wittgenstein creer en un Dios significa comprender que la vida tiene un sentido…¿Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo). Sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. 
Dios está fuera del mundo, en tanto que su causa y su fin. Todo procede de él, todo está en él (nuestro ser, nuestro movimiento y nuestra vida están en El, decía san Pablo), todo tiende hacia él. Dios es el alfa y omega del ser; el Ser absoluto (absolutamente infinito, absolutamente perfecto, absolutamente real) sin el cual nada relativo podría existir. ¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios.
Dios sería ese Ser que responde (desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo) a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. «¿Cómo entra Dios en la filosofía?», se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde: “El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.


Referencia: Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)

domingo, 25 de mayo de 2025

No anteponer nada a la obra de Dios

Una máxima de la Regla de san Benito, reza: “No anteponer nada a la obra de Dios (es decir, al oficio divino)”. Benedicto XVI añade que “para los monjes, la liturgia es lo primero. Todo lo demás va después. Y, en lo fundamental, esta frase es válida para cada persona. Dios es importante, lo más importante en absoluto en nuestra vida”.

domingo, 25 de junio de 2023

La idea de un mundo gobernado por un solo y único Dios

Zygmunt Bauman

Cuenta el filósofo Zygmunt Bauman que la idea de un mundo monocéntrico, gobernado por un solo y único Dios, el omnipotente y omnipresente creador de las estrellas, las montañas y los mares, juez y salvador de la Tierra entera y de la humanidad entera….no podría haberse planteado en otro lugar; en particular, no se les habría ocurrido a los atenienses, que habitaban un mundo repleto de deidades mayores o menores de naciones mayores o menores; aunque tampoco se les habría ocurrido a los antiguos hebreos, los del “dios tribal”, al menos mientras su dios, en gran medida como los de los griegos, compartiera la Tierra (o siquiera su minúsculo hogar, Canaán) con incontables dioses de tribus hostiles. Sin embargo, los hebreos no habrían planteado esa pregunta aun cuando su dios hubiera reivindicado para sí el dominio planetario, puesto que el Libro de Job preconcibió la respuesta antes de que la pregunta pudiera ser articulada de lleno y comenzara a inquietarlos seriamente. La respuesta, cabe recordar, no podía ser más simple: El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor! Tamaña respuesta no llamaba al cuestionamiento ni al debate, sino a la obediencia resignada; no necesitaba de un comentario erudito ni de profusas notas al pie para sonar convincente. Sin embargo, la pregunta que preñaba a la idea de un solo y único Dios no podía sino surgir una vez que Jesús declarara que el Dios omnipotente era además un Dios del Amor y cuando su discípulo san Pablo llevara la Buena Nueva a Atenas. Un lugar donde se esperaba que las preguntas, una vez planteadas, fueran respondidas, y a tono con las leyes de la lógica. El hecho de que la respuesta no estuviera al alcance de la mano pone en evidencia el recibimiento bastante poco acogedor que tuvo san Pablo entre los atenienses.
En abierta oposición a la Naturaleza muda e insensible que Él gobierna, encarna y personifica, Dios habla y da órdenes. También se fija si se han obedecido sus órdenes, recompensa al obediente y castiga al indócil. No es indiferente a lo que piensan y hacen las débiles criaturas humanas. Sin embargo, como a la muda e insensible naturaleza, lo que los seres humanos piensen y hagan no lo compromete. Puede hacer excepciones, y las leyes de la coherencia y la universalidad no están exentas de ejercitar esa prerrogativa Divina (milagro significa, en última instancia, la violación de una regla y una desviación de la coherencia y la universalidad). En efecto, el cumplimiento incondicional de una norma es por definición irreconciliable con la verdadera soberanía, con el poder absoluto de decidir. Para ser absoluto, el poder debe incluir el derecho y la capacidad de incumplir, suspender o abolir la norma, es decir, realizar actos que en el extremo receptor repercuten como milagros.

martes, 23 de mayo de 2023

Nada importa si uno debe vivir lo absoluto, arriesgarlo todo

George Steiner

George Steiner, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, escribe en Un largo sábado:“vislumbré el abismo, lo que Henry James llama the real thing (lo auténtico): la entrega debe ser total. Riesgo de vida, de muerte, de desgracia, de deudas, nada importa si uno debe vivir lo absoluto, arriesgarlo todo. El alpinista que va más allá de sus fuerzas lo hace una y otra vez; el submarinista de profundidad lo hace una y otra vez, para conocer la ebriedad del absoluto, donde no hay nada más, donde todas esas pequeñas virtudes burguesas dejan de existir. Me ha faltado esa convicción del valor del riesgo último.”

lunes, 27 de marzo de 2023

El eterno problema del hombre ante Dios que tan dramáticamente sintió Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno

Hablando de Miguel de Unamuno el agustino y escritor Félix García  comenta que por el camino de la mística y de la poesía busca Unamuno la trascendencia de la vida y de las cosas, y se debate con Dios y con los hombres, y manifiesta él su hambre de Dios y su exaltación hacia lo absoluto y su constante mirar y buscar en lo insondable. Él se consideraba, y con razón, un escultor de nieblas y un buscador de eternidad…..El eterno problema del hombre ante Dios, ante la vida y la muerte, que tan dramáticamente sintió don Miguel de Unamuno.


viernes, 25 de febrero de 2022

La amaba por lo que algún día podría llegar a ser

La amaba no sólo por lo que era, sino también por lo que algún día podría llegar a ser, y la idea de que llegara a ser de otra manera no le pasaba por la cabeza o no le importaba. ¿Por qué iba a suceder eso? Cuando amas, imaginas el futuro de acuerdo con tus sueños…….Bowman olvidó el hecho de que las jóvenes se vuelven con el tiempo como sus madres. Creía que Vivian se miraba en su padre……Su pasión, según le confesó a su madre, era una pasión por lo absoluto.Todo lo que hay, James Salter

domingo, 31 de octubre de 2021

Se puede respetar por lo que es en sí mismo


C. S. Lewis escribe que “había que obedecer a Dios sólo porque era Dios. Desde hacía mucho tiempo, a través de los dioses de Asgard y luego a través de la noción del Absoluto, Él me había enseñado cómo se puede respetar algo no por lo que puede hacer por nosotros, sino por lo que es en sí mismo. Por esto, aunque me daba miedo, no me sorprendía descubrir que hay que obedecer a Dios por lo que es en sí mismo. Si se pregunta por qué debemos obedecer a Dios, la respuesta es, como último recurso, “Yo Soy”. Conocer a Dios es saber que nuestra obediencia se debe dirigir a Él. En su naturaleza se revela su soberanía de jure. Por supuesto, como ya he dicho, el asunto es más complicado que eso. El ser primero y necesario, el creador, tiene soberanía de facto tanto como de jure. Tiene el poder, tanto como el reino y la gloria. Pero me hizo conocer la soberanía de jure antes que el poder, el derecho antes que el deber. Y se lo agradezco. Creo que es bueno, incluso ahora, decirnos a nosotros mismos de vez en cuando que Dios es tal que si (per impossibile) su poder desapareciera permaneciendo el resto de sus atributos, de tal forma que se privara para siempre del derecho supremo al deber supremo, aún le deberíamos el mismo tipo y grado de obediencia que ahora”.

domingo, 3 de octubre de 2021

El cristianismo es para Hegel el eje de la historia


En Oriente, la infancia en que todas las cosas parecen envueltas por la fatalidad, sólo uno era libre y los demás siervos. En Grecia y Roma, la juventud con que despierta la razón, algunos eran libres. Sólo en Occidente, la madurez cristiana, se da la libertad completa. El cristianismo es, para Hegel, el eje de la historia, ya que, al concebir la posibilidad de que Dios y Hombre se fundieran en una sola persona, borró las barreras de separación entre la Humanidad y la Divinidad. Escribe el profesor Luis Suárez que “sujeto a una conciencia individual, el hombre fue enfrentado con lo Absoluto. Desde entonces la razón se vio liberada. Tratado como un hecho histórico, el cristianismo da sentido al acontecer; demuestra una elevación progresiva de la Humanidad desde la pura irracionalidad a la racionalidad plena”.

jueves, 30 de julio de 2020

El trabajo ha constituido en la sociedad occidental el sentido de la dignidad del ser humano



José Luis Villacañas
“Tenemos que ser seres humanos mucho más plurales, mucho más capaces, de comprender que ninguno de los bienes a los que, como seres humanos, podemos aspirar, puede elevarse a absoluto”, señala José Luis Villacañas, catedrático de Filosofía. Para Villacañas “uno de los bienes que inevitablemente tenemos que reconocer entre los seres humanos es la religión, porque garantiza que ninguna de las otras esferas se convierta en absoluta, ni acabe esclavizándonos… Esto es un dispositivo de libertad y apertura.


“El trabajo, dice el profesor Villacañas, ha constituido en la sociedad occidental el sentido de la dignidad del ser humano. Pero lo ha hecho en la medida en la que el trabajo no era solo un instrumento, un medio de capitalización, sino que era un medio de realización. Esto está íntimamente relacionado con la dimensión vocacional del trabajo, con la dimensión del hombre profesional, en la que la modernidad vierte toda la cuestión de la vocación, y con una estructura de temporalidad de la vida personal de largo plazo. La dignidad era vista con una actividad en la que la persona podía estructurar su existencia completa, y al hacerlo podía recabar el reconocimiento de los demás, como hombre profesional al que los demás ven con una estructura de trabajo que atraviese su vida entera. La dimensión nueva del trabajo, y esta obsesión nueva del trabajo fragmentado, precario, limitado y cambiable, nos impide reconocernos como seres sociales y como seres que nos debemos los unos a los otros, responsables los unos de los otros, que se ven unos a otros. La consecuencia es la clave de toda vida precaria, que es la soledad. No queremos darnos cuenta de que la vida precaria tiene una manifestación precisa, que es la soledad”.

martes, 12 de mayo de 2020

En la libertad se fundamenta la dignidad de la persona



En la libertad se fundamenta la dignidad de la persona, como sujeto dueño de sus actos, capaz de dirigirse por sí mismo a un fin. Pero, aplicada a la criatura,y el hombre lo es, que es relativa por definición, la libertad no es un absoluto. Se define por el bien al que se ordena. La libertad, escribe Josemaría Escrivá de Balaguer, otorga al hombre la capacidad de amar con un amor que llega hasta lo infinito.

domingo, 2 de junio de 2019

Dios

Sztajnszrajber
Cuenta Sztajnszrajber que no hay noción más compartida por todas las culturas y más comprensible que la idea de Dios. ¿Qué es Dios? Llámalo como quieras y dótalo de las funciones que quieras, pero si hay un inicio, si hay un origen, si tiene que haber un origen, si hay un principio que no está afectado por todas las limitaciones de este mundo cambiante, eso sería Dios, lo que no muere, lo que no cambia, lo que hace que todo sea, la perfección, el absoluto, Dios.

Si definimos a Dios como el ser más perfecto concebible, decía san Anselmo, entonces por ser lo más perfecto no puede carecer de nada, ya que, si careciera de algo, no sería lo más perfecto concebible. Ahora bien, si no hay ningún tipo de carencia, entonces Dios tiene que existir, ya que su no existencia estaría vista como una carencia. Lo que es perfecto no puede carecer de nada, luego, la inexistencia es vista como una carencia. En la esencia misma de Dios, o sea, en su definición se encuentra ya su existencia.


Hay Dios porque Dios es. Antes de ser Dios, tuvo que haber el ser para que Dios luego pueda haber sido. Hay algo previo a Dios, el ser. Lo que queda es dilucidar de qué hablamos cuando hablamos del ser. ¿Hablamos del ser? ¿Pero hablar ya no es de por sí ser? Y al revés, ¿no es ser ya una palabra? 

Parménides sostiene que hay una primera opción frente a la cual la evidencia toma partido, (la cosa, el mundo) es o no es. Y la respuesta es simple: es, ya que, si no, esto mismo no podría ser dicho. ¿Hay o no hay? Hay, porque aunque sea hay estas palabras y esta prueba es irrefutable. El ser, lo
Parménides
que hay, además es único, es lo único que hay, ya que, si hubiera dos seres, tendría que haber aquello que los diferenciara, esto es, la nada. Si hubiera dos entes, dos seres, lo único que los diferenciaría sería que uno no es el otro, y por eso deberíamos admitir la presencia del no ser, o sea de la nada. Pero como bien explica Parménides, la nada no es nada y por eso no puede haber dos seres, sino solo uno.

Parménides es quien en realidad sienta las bases de nuestra idea omnipotente, omnisciente de Dios. Parménides explica que el ser es único, inmutable (no puede cambiar ya que debería cambiar a lo otro de sí y lo otro de sí es el no ser, la nada, pero la nada no es nada y por eso el cambio es imposible), intemporal, inengendrado (no pudo haber nacido, ya que debería haber provenido de lo otro de sí y lo otro de sí del ser es la nada, pero la nada no es nada y por eso el ser siempre ha sido), imperecedero; o sea, Dios. La tradición posterior homologa al ser de Parménides con el Dios bíblico y da origen a la idea de Ser Supremo.

domingo, 17 de febrero de 2019

Los defensores del intelectualismo religioso confunden la religión con la metafísica.



El psicólogo de la religión Oesterreich dice que “donde quiera que existe una intensa vida religiosa, hallamos la creencia de estar en inmediato contacto de conciencia con Dios. Lo divino deja de ser trascendente, entra en la esfera de lo inmanente,es experimentado, vivido, inmediatamente”. Lo mismo juzga Volkelt, ¿Qué es la religión?, cuando ve lo peculiar de la vida religiosa en que “intimamos de un modo inmediato, esto es, no por medio del pensamiento, ni del raciocinio, ni de la demostración, con un objeto que se extiende hasta la esfera de lo inexperimentable”. “De millones de maneras se ha atestiguado el hecho de que existe una certeza intuitiva, absolutamente peculiar, allí donde el hombre está inmediatamente cierto de sentirse en unión con lo Infinito, con lo Absoluto, con el principio más profundo de todo ser, con lo eternamente uno”

Los defensores del intelectualismo religioso confunden la religión con la metafísica. En la esfera metafísica sólo hay en último término un conocimiento racional. La razón tiene la última palabra. No ven que Dios no es objeto de la metafísica, sino de la religión. Para Johannes Hessen la metafísica trata exclusivamente de lo absoluto, del principio
del universo. Pero este absoluto de la metafísica es distinto del Dios de la religión. Aquél es un ser, éste es en primer término un valor. Y como todos los valores, también el valor de Dios nos es dado exclusivamente en la experiencia interna. Dios llega a nuestra presencia sólo en la experiencia religiosa. Debemos oponer al intelectualismo religioso el hecho de que la certeza que el hombre religioso posee respecto de Dios es de una índole completamente distinta de la que se obtiene mediante complicados razonamientos metafísicos. Si la fe religiosa en Dios reposase en semejantes bases, no poseería esa absoluta invencibilidad que tiene efectivamente en el hombre religioso. Nadie se ha dejado martirizar hasta hoy por una hipótesis metafísica; pero millones de hombres han derramado la última gota de su sangre por su fe en Dios.

lunes, 8 de octubre de 2018

La auténtica tumba del alma humana es el poder.

Hipías.
Hiparco e Hipías, tiranos de Atenas del 527 al 510 antes de Cristo, no eran muy diferentes a los hermanos Castro. Los unos y los otros usurpaban un poder vitalicio y absoluto contra la voluntad de sus gobernados.

Cuenta el escritor Diaz Villanueva que la auténtica tumba del alma humana, es el poder, esa extraña y enfermiza pasión de mandar sobre los demás e imponerles los propios fines. Conquistar el poder y detentarlo
Hermanos Castro.
indefinidamente es la razón última y única de la política. Cabría concluir, por lo tanto, que la política es una enfermedad y la tiranía su expresión más extrema, la conclusión lógica de los que ejercen la política sin cortapisas hasta sus últimas consecuencias. 


viernes, 29 de septiembre de 2017

La mujer musulmana.

Cuenta Oriana Fallaci que la primera impresión que una mujer occidental recibe a su llegada a países rigurosamente musulmanes es, como en el Pakistán, la de ser la única mujer superviviente de un diluvio universal donde se han ahogado todas las mujeres del mundo. No ves ni una mujer en el autobús que te lleva a las ocho de la noche desde el aeropuerto al hotel. No ves ni una mujer en el vestíbulo del hotel, ni por las escaleras, ni en el ascensor, ni por el corredor que conduce a la habitación. Quien cuida de la limpieza de la habitación es un hombre. Quien plancha los trajes y pega los botones es un hombre. Quien te sirve en el restaurante es un hombre. La voz que contesta desde la central telefónica es la de un hombre. En suma, no encuentras una mujer a menos que se te ocurra salir a la calle. Por la calle las mujeres caminan dentro de la prisión
del purda, como fantasmas de una pesadilla. Y la pesadilla de estos paquetes de ropa sin rostro ni cuerpo ni voz te persigue por doquier, hasta que tú, mujer europea, dice Oriana Fallaci, con tu rostro al descubierto, y tus brazos al descubierto, y tus piernas al descubierto, te sientes desnudada por miles de ojos y expuesta a mil peligros. Son peligros inexistentes. Se infligen los más duros castigos a quien ose violar a una mujer, o seguirla, o decirle un cumplido galante. En las prisiones de Karachi, como en casi todas las prisiones de los países musulmanes, el verdugo se ejercita cada día en golpear con el látigo un astrágalo minúsculo que corresponde a cierta vértebra humana. Al reincidente del delito de agresión o molestias a una mujer no se le castiga con la pena de prisión, sino que se le aplica este golpe de látigo; un trallazo sobre la vértebra y el reincidente queda impotente de por vida. En los países del Islam el respeto a la mujer es absoluto. Y sin embargo ni en una mezquita, ni en un tranvía, ni en un cine, ni en una recepción, las mujeres pueden mezclarse con los hombres. En las recepciones los maridos muy modernos se presentan acompañados de sus esposas; pero apenas pisan el umbral del portal, ellos se dirigen al salón de los hombres, y las mujeres al reservado para ellas.




sábado, 17 de diciembre de 2016

La religiosidad sólo es auténtica allí donde es existencial.


La religiosidad sólo es auténtica allí donde es existencial, es decir, allí donde el hombre no es de algún modo impulsado a ella, sino que él mismo se decide por ella.

Viktor Frank dice que la verdadera religiosidad, puesto que es existencial, ha de llegar también a un punto en que brote espontáneamente. Jamás un hombre ha de ser apremiado a ello. A una auténtica religiosidad el hombre no puede ni ser impulsado ni apremiado.


Viktor Frank
En el caso de la religiosidad inconsciente sólo puede uno curarse si consigue que esta brote con espontaneidad. Toda manipulación programada fallaría aquí, y aun cualquier intencionalidad de alguna manera consciente podría hacer abortar el efecto pretendido. Incluso los sacerdotes conocen bien todas estas cosas, y ni siquiera ellos estarían dispuestos a renunciar a la espontaneidad de toda verdadera religiosidad, opina Viktor Frank.Por más que la religión sea, según su intencionalidad primordial, ajena a toda curación o profilaxis de tipo médico, sucede que en sus resultados,y no según su intención, produce efectos psicohigiénicos e incluso psicoterapéuticos, al originar en el hombre un sentimiento de alivio y anclarle en algo que no ha podido hallar en otra parte, a saber, en la trascendencia, en el Absoluto.

A una auténtica religiosidad el hombre no puede ni ser impulsado ni apremiado

la verdadera religiosidad, puesto que es existencial, ha de llegar también a un punto en que brote espontáneamente