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domingo, 13 de septiembre de 2026

Generaciones de estadounidenses han sido catequizadas en la creencia de que los bebés no nacidos no tienen derechos

Ryan T. Anderson publica un artículo donde explica que “los conservadores tienen razón al señalar la función pedagógica de la ley; la ley es, como señaló Aristóteles, un maestro. El resultado pedagógico de una mala sentencia del Tribunal Supremo, que se permitió que se mantuviera durante tanto tiempo el aborto, es el oscurecimiento de nuestra conciencia nacional. Generaciones de estadounidenses han sido catequizadas en la creencia de que el aborto es un derecho, de que los bebés no nacidos no tienen derechos. Aunque Dobbs ha tenido un impacto importante para reparar parte del daño infligido a nuestro orden constitucional, no borra (no podría borrar) medio siglo de corrupción política y social. E incluso aquellos de nosotros que creemos que los no nacidos son personas según la Decimocuarta Enmienda, con derecho constitucional a igual protección, hemos de ser conscientes de que el reconocimiento generalizado de este hecho no se va a producir rápidamente.” 
“Durante décadas la opinión pública se había mantenido relativamente estable sobre el aborto, y la mayoría de los estadounidenses apoyaban algunos límites legales al aborto. Pero desde 2016 se ha dado un marcado giro hacia el extremismo abortista en muchos aspectos. Consideremos las recientes encuestas de Gallup. No sólo la cifra récord de un 69 % dice que el aborto debería ser legal durante los tres primeros meses de embarazo, sino que un 34 %, cifra también récord, dice que el aborto debería ser legal en cualquier circunstancia. El 52 % dice que el aborto es moralmente aceptable, diez puntos por encima de lo que había sido la media desde 2001. Es difícil asimilar el cambio que ha experimentado la opinión pública en la última década, pero el movimiento pro-vida tiene que hacerlo. Entre las mujeres estadounidenses el apoyo al aborto ilimitado ha crecido del 30 % al 40 %. Como muestra de lo que está por venir, consideremos que el 63 % de las mujeres de entre 50 y 64 años apoyan el aborto durante el primer trimestre, mientras que ese apoyo asciende hasta la friolera del 83 % en las mujeres de entre 18 y 29 años. El extremismo abortista de Kamala Harris coincide con las opiniones de su base.”
“Hay muchas razones para este cambio en la opinión pública. Una es el aumento de la depresión, la desconexión y la ansiedad en nuestras generaciones más jóvenes, entre las mujeres jóvenes y de izquierdas. Las jóvenes tienen mucho miedo a los embarazos no deseados. Otra razón probable es la persona de Donald Trump. Pero, por encima de todo, está lo que Trump primero simbolizó y luego hizo realidad, la anulación de Roe. Antes de Dobbs, la mayoría de los estadounidenses no se jugaban nada, no les preocupaba que les negaran un aborto si llegaba el día en que lo “necesitaran”. Era más fácil afirmar la dignidad del niño en el vientre materno cuando la afirmación era abstracta y no implicaba una amenaza a la elección de nadie. Ahora todos nosotros, incluidos los antiabortistas, tenemos que contar con ese coste potencial. Parece que la mayoría de los estadounidenses, incluso algunos que se consideran pro-vida, apoyan cuatro excepciones: violación, incesto, riesgo para la vida de la madre y… “mi caso”. O “el caso de mi hija”, o “el caso de mi novia”. Durante casi cincuenta años, el pueblo estadounidense ha construido su vida en torno a la fácil disponibilidad del aborto. Incluso cuando saben que el aborto detiene el latido de un corazón, no siempre les importa, o cuando les importa, no siempre están dispuestos a hacer los sacrificios personales que se derivan de ese hecho…. Mientras se consideren las relaciones sexuales fuera del matrimonio como algo inevitable, un gran número de estadounidenses considerará el aborto como un anticonceptivo de emergencia necesario. Mientras sigan disminuyendo las tasas de matrimonio y se retrase la edad de contraer matrimonio, pero persista el impulso sexual humano, las tasas de aborto seguirán siendo altas.”


miércoles, 26 de agosto de 2026

Siempre que confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia

Las nuevas formas de violencia no son exclusivas de determinados sectores de la sociedad y en cada contexto se manifiestan de diversos modos.El  aislamiento colectivo de personas cada vez más encerradas en sí mismas, en su teléfono inteligente, a quienes no les causa ningún inconveniente tratar con desprecio a los que se cruzan en su camino, porque simplemente alteran su cómodo espacio personal. La amabilidad y el buen trato se ven casi como un milagro en escenas cotidianas. Esto ha creado un incremento de faltas de respeto en la vida cotidiana  donde personas que no se conocen, se vuelven unos contra otros como si se odiaran desde toda una vida, por cuestiones banales.
Siempre que los seres humanos elevamos a categoría de absoluto la propia idea o imagen del mundo que se tiene y confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia. Aunque sea solamente porque los demás aparecen en escena para alterar nuestro particular modo de ver y sentir las cosas. Se puede uno cruzar con personas, que, sin importar sus posibilidades económicas, su edad o su educación, parecen llenos de combustible emocional para disparar un odio irracional a cualquiera que se cruce en su camino, como si se sintiera un rencor contra toda la sociedad. Así, cualquiera a quien se le considere parte del “Sistema”, se convierte en enemigo, aunque sea un extraño que no me haya hecho nada objetivamente.
El hiperindividualismo contemporáneo, cargado de frustraciones sociales y de rencores hacia una realidad social injusta, que se percibe como imposible de cambiar, generan manifestaciones recurrentes de rechazo a toda persona o grupo que se perciba como perteneciente a la categoría de “dominante”, a todo tipo de “autoridad”, y a todos los que se consideren débiles o simplemente por fuera de mi tribu, los que son simplemente “diferentes” o porque no me gustan, escribe el filósofo Miguel Pastorino.

sábado, 15 de agosto de 2026

Hay que volver a Dios para redescubrir lo bello que es vivir

El hombre postmoderno no sabe aprovechar los inmensos recursos de la ciencia, de la técnica, para ser feliz. Buscando su comodidad, queriendo tenerlo todo previsto, ser dueño absoluto y controlarlo todo, jugando a ser Dios, está provocando una gran desertización de la humanidad. Hobbes tiene razón al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre”. Hay que volver a Dios para hacer bella la vida, para redescubrir lo bello que es vivir.
El documento Dignitas infinita de la Iglesia católica dice que “el respeto de la dignidad de todos y de cada uno, es la base indispensable para la existencia misma de toda sociedad que pretenda fundarse en el derecho justo y no en la fuerza del poder. Es sobre la base del reconocimiento de la dignidad humana como se sostienen los derechos humanos fundamentales, que preceden y sustentan toda convivencia civilizada”.


domingo, 29 de marzo de 2026

Una justicia penal internacional constituye un progreso de la conciencia moral de las naciones

Para Pío XII, al derecho penal interno de cada Estado debe corresponder un Derecho Penal Internacional capaz de “proteger a los individuos y a los pueblos de la injusticia”. El Papa, al subrayar la importancia del derecho, recuerda la trágica experiencia de la Guerra Mundial, que ensangrentó el siglo pasad, e identifica la causa de tantos horrores a la negativa a reconocer al adversario la condición de ser humano. Pone de relieve la exigencia de que los culpables respondan de su delito y auspicia la “elaboración de normas jurídicas coercitivas claramente definidas, que, en virtud de tratados formales, tengan fuerza vinculante para los Estados contrayentes”. Pío XII indica los criterios objetivos para definir los crímenes más graves, y menciona, en primer lugar, el caso de una guerra emprendidas sin motivos de defensa, afirmando que “ la comunidad internacional debe juzgar a los criminales sin escrúpulos que, con el fin de lograr sus ambiciones, no temen desencadenar la guerra total”. Enumera diversas acciones inaceptables, desde el fusilamiento de rehenes inocentes a la deportación en masa. 
El Papa subraya la importancia del reconocimiento de garantías jurídicas en favor del acusado durante el proceso, de las que ha de beneficiarse desde el mismo momento del arresto.Insiste en la prohibición de cualquier forma de tortura y cita un texto de Nicolas I, quien, en el año 866, dirigiéndose al pueblo húngaro, proclamó lo inaceptable de la tortura. Pío XII estima oportuno la creación de un tribunal internacional  y evoca el “disgusto” de ver “ al vencedor juzgar al vencido por crímenes de guerra cuando el mismo vencedor es responsable confeso de hechos análogos frente al vencido”.
Juan Pablo II afirmó el 13 de Enero de 1977 que “el intento de organizar una justicia penal internacional constituye un auténtico progreso de la conciencia moral de las naciones.” Para la Santa Sede , el Derecho Internacional se funda sobre normas éticas basadas antológicamente en una naturaleza humana que es la misma en todas partes. Tal base continúa siendo el fundamento del edificio del Derecho. Es necesario ser siempre muy conscientes de que la dignidad humana es inviolable, porque distingue de modo indeleble a todo ser humano. Sin esta convicción, todo esfuerzo de carácter jurídico corre el riesgo de ser vano, con el peligro añadido de que la fuerza de la ley se convierta en la ley del más fuerte, manifiesta el jurista Giorgio Filibeck.

miércoles, 4 de marzo de 2026

El dolor es la mayor experiencia compartida por todos nosotros

“El dolor es un gran demócrata. Quizá sea incluso un poco socialista: no distingue entre ricos y pobres, entre fuertes y débiles, entre privilegiados y anónimos, entre judíos y gentiles, entre negros y blancos, entre dominantes y dominados. Es cierto que el dolor de algunos está rodeado de circunstancias atenuantes y el de otros no, pero, a pesar de todo, parece que el dolor es la mayor experiencia compartida por todos nosotros”, escribe el escritor y periodista israelí Amos Oz.
Cuenta Oz que “derecho no es lo que deseo ardientemente ni lo que siento intensamente que merezco. Derecho es lo que los demás reconocen como mi derecho. Si los demás no reconocen mi derecho, o si solo una parte de ellos reconoce mi derecho, o lo reconocen solo parcialmente, entonces lo que tengo no es un derecho, sino una demanda”.

domingo, 4 de enero de 2026

La guillotina woke

Hoy el discurso en Occidente está sometido a la más brutal censura. No podemos tolerar al intolerante, nos dicen parafraseando a Popper que todos deben caer ante la guillotina woke. La “democracia” y la “sociedad abierta” exigirían, así, la cancelación, que es tanto como decir que exigen el totalitarismo y la sociedad cerrada. Se ha vuelto más real que nunca la metáfora retratada por Chesterton sobre los individualistas modernos, la serpiente maníaca que se come su propia cola; “el animal degradado que se destruye a sí mismo” (Chesterton, G.K.; Orthodoxy).
Nos dicen que la libertad tiene límites,manifiesta Hargous,pero algo anda mal si vemos leyes que castigan a los que dicen la verdad. Y eso que anda mal no es solamente el hecho de que cada quien no pueda decir “cualquier cosa”. No pareciera ser tan importante políticamente defender el derecho a decir estupideces o a insultar. Pero lo que está en juego aquí es diferente, la misma comunidad política, precisamente en cuanto es una comunidad. Y es que poder opinar sobre materias políticas es fundamental para participar de ese algo común que constituye la Polis. El buen Aristóteles desarrolla este argumento al comienzo de su Política: “La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente. La naturaleza no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene palabra (Logos). Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales; poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la comunidad familiar y la comunidad política. (Aristóteles; Política I)”.


domingo, 21 de diciembre de 2025

No podemos permitir que toda una masa humana pierda toda conciencia

Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II, escribe la obra Hermano de nuestro Dios. En esta obra de teatro Wojtyla hace decir a uno de los personajes que “no podemos permitir que toda una masa humana se hacine en refugios nocturnos, lleve una vida casi animal, pierda poco a poco toda conciencia salvo el hambre y el miedo…”. Los indigentes tienen derecho a un mínimo de vida decente y respeto propio, y no solamente a la misericordia y la compasión.
Un personaje al que se identifica como “El Orador” dice a los sin hogar del refugio que “tenéis derecho a tener derechos humanos”.


martes, 2 de diciembre de 2025

El juez es juez hasta que accede a la política


Algunos jueces han colgado temporalmente su toga para dedicarse a la política. Que un juez cuelgue la toga y ostente otro cargo público por vía política es razonable hasta cierto punto, que es precisamente su reincorporación a la judicatura, que debería prohibirse, y ello porque la política suele configurar peajes, favores y beneplácitos, con lo que una vez que se cuelga la toga para estos menesteres, debería perderse para siempre, al menos para volver a impartir justicia. El juez es juez hasta que accede a la política ya que en este ámbito  pierde  independencia,  y aunque pretenda volver a recuperarla con su reingreso, resulta utópico dado que el justiciable verá  un juez con logo, afirma Jaime Company.
La falta de independencia adquiere su máxima expresión cuando el debate jurídico deja de fundarse en Derecho, escribe Company, cuando se aparta la sana crítica y cuando se confluyen elementos subjetivos.Cuando la independencia se transforma en injerencia, la justicia deja de ser justicia y el Estado deja de ser democrático. La solución es dejar a un lado la apariencia y sentar las bases, con propuestas firmes, con denuncias públicas desde cualquier vertiente y con hechos ciertos, no es suficiente citar reiteradamente normas que no se cumplen.


martes, 4 de noviembre de 2025

El buen gobernante ha de promulgar leyes que busquen y refuercen el bien común


El buen gobernante ha de promulgar leyes que busquen y refuercen el bien común, y ayudar así a que el valor pedagógico de la ley contribuya a la buena formación de la conciencia cívica. Por el contrario, no debe ceder al error, por conveniencia propia, de dar cobertura legal a situaciones y comportamientos  contrarios a la naturaleza humana y a la dignidad de la persona más o menos extendidos, escribe Juan Moya. La legalidad de una ley no es garantía suficiente de su moralidad, de su justicia, de su contribución al bien común. No se deben confundir los simples deseos con los derechos, ni inventar derechos ajenos o contrarios a los verdaderos derechos humanos reconocidos por las Naciones Unidas en 1948.
El buen gobernante debe ser prudente en sus decisiones, pero esa prudencia, bien entendida, no está reñida con la valentía y la altura de miras para elevar el nivel de los valores morales que su pueblo necesita, para hacerlo de verdad más humano, más justo, más solidario, más respetuoso con todas las personas; en definitiva, más libre, es decir, más capaz de amar la verdad y hacer el bien, que eso es la verdadera libertad.


jueves, 28 de agosto de 2025

El mundo femenino significa llevar siempre consigo el mundo familiar

Paola Binetti, reconocida neuropsiquiatra y profesora universitaria hablando del feminismo en la Universidad Católica de Valencia en Febrero de 2022 manifestó que “el feminismo nació en su momento desde una perspectiva de oposición, para luchar por aquello que las mujeres no tenían, como el derecho al voto o el derecho a ser juezas o militares en Italia, por ejemplo. Se trataba de una flagrante injusticia social. En las sociedades democráticas actuales, sobre todo las occidentales, donde las mujeres tienen en lo teórico los mismos derechos que los hombres, se ha planteado otra fase del feminismo, construido sobre el pensamiento de la diferencia; es decir, que las mujeres quieren hacer las mismas cosas que los hombres, pero de manera distinta. Queremos participar igualmente del mundo político, pero aportando perspectivas y soluciones desde la sensibilidad femenina, desde el mundo femenino. Y cuando hablamos del mundo femenino decimos algo que a veces los hombres olvidan, el mundo femenino significa llevar siempre consigo el mundo familiar. Es decir, no tener en cuenta sólo los intereses personales sino también los intereses de los hijos, de los abuelos, de las personas más frágiles de la familia.Cuando la mujer piensa en lo femenino no piensa sólo en sí misma, piensa en una sociedad constituida a partir de la familiaridad, de la cohesión social, del núcleo social. ¿Qué es la sociedad, sino una agrupación de muchas familias que interactúan entre ellas? Esta es la riqueza de la mujer, que no razona nunca desde el núcleo individual, sino siempre desde núcleos sociales.
Integrar lo familiar con lo profesional significa también apreciar al hombre, quererle, valorarle, colaborar juntos. Esto no tiene nada que ver con someter al hombre o usarlo, como señalan algunas extremistas. Usar a los demás es algo más masculino, las mujeres nunca querrán utilizar a los hombres como si fuesen sus esclavos. Esa visión de ciertas feministas está deformada y es peligrosa.Creo que puede asumirse perfectamente que los hombres hacen mejor unas cosas y las mujeres otras. Podemos hacer más desde un liderazgo conjunto. En mi opinión, las mejores soluciones posibles saldrán de la combinación de las aportaciones del hombre y de la mujer, integrando ambos puntos de vista.

lunes, 7 de julio de 2025

El derecho positivo y la moral son dos órdenes normativos distintos uno del otro

El derecho positivo y la moral son dos órdenes normativos distintos uno del otro. Esto no significa que sea menester renunciar al postulado de que el derecho debe ser moral, puesto que, precisamente, solo considerando al orden jurídico como distinto de la moral cabe calificarlo de bueno o de malo. Sin duda, el derecho positivo puede, en ciertos casos, autorizar la aplicación de normas morales. Es decir que delega en la moral el poder de determinar la conducta por seguir. Pero desde que una norma moral es aplicada en virtud de una norma jurídica adquiere, por tal circunstancia, el carácter de una norma jurídica. Inversamente, puede suceder que un orden moral prescriba la obediencia al derecho positivo. En este caso el derecho se convierte en parte integrante de la moral, la cual tiene una autonomía puramente formal, dado que al delegar en el derecho positivo el poder de determinar cuál es la conducta moralmente buena, abdica lisa y llanamente en favor del derecho y su función queda limitada a dar una justificación ideológica al derecho positivo. Para que el orden moral sea distinto del orden jurídico es preciso que el contenido de las normas morales no se confunda con el de las normas jurídicas, y que no haya, por consiguiente, relación de delegación del derecho a la moral o de la moral al derecho. Gracias a esta condición resulta posible pronunciar un juicio moral sobre un orden jurídico considerado en su conjunto o sobre cualquiera de las normas que lo constituyen. Mediante este juicio puede comprobarse la conformidad u oposición entre tal norma moral y tal norma jurídica, es decir que desde el punto de vista de la moral la norma jurídica es buena o mala, justa o injusta, escribe Hans Kelsen, jurista y filósofo austriaco.

sábado, 31 de mayo de 2025

Las leyes deben sostener y defender la familia

Es de especial importancia la influencia de las familias en la vida social y pública. Ellas mismas deben ser "las primeras en procurar que las leyes no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y deberes de la familia"(Familiaris consortio), promoviendo así una verdadera política familiar .

martes, 29 de abril de 2025

Los derechos

El ideal de la ciudadanía que permea nuestras democracias se funda en una lectura angelical de los derechos, asunto incontrovertible donde los haya que la cultura política que profesamos ha convertido en un artículo de fe. De los derechos, emanaría una dulzona y agradable sentimentalidad humanitaria, una pátina de legitimidad mediante la que combatir las oscuridades del mundo en que vivimos. Y ello con tal fricción que la máquina de producir derechos lleva a algunos activistas a imaginarse su jornada de cada día como una invitación de la providencia a viajar lo más lejos posible en la alfombra voladora de una ciudadanía fantástica, proteica, bienhechora.
Los derechos nos hacen ciudadanos en la medida en que somos capaces de compasión y piedad, de despertarla en los otros y de sentirla por ellos. Aquí, como en tantas cosas, Rousseau es una referencia inexcusable de cara a entender el actual emotivismo democrático.
Los derechos constituyen factores activos de igualdad y tolerancia en la exacta medida en que nos empoderan. La fabrica de plenitud y transparencia que es la cultura ha creado un modelo de ciudadanía basado en la igualdad y la diversidad, una imagen teórica del hombre vinculada con el empoderamiento y una moral perfeccionada en forma de tolerancia con cualquier manifestación de singularidad, escribe Luis Gonzalo Díez, profesor de Humanidades en la Universidad Francisco de Vitoria.


martes, 4 de marzo de 2025

Las obligaciones que impone una ley y los deberes que impone la conciencia moral

Javier Martínez-Torrón, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, escribe que “una de las características de las sociedades contemporáneas es la abundancia de situaciones en que se produce una incompatibilidad entre las obligaciones, o prohibiciones, que impone una ley y los deberes que impone a la persona su conciencia moral. Es lo que se ha llamado expresivamente un “big bang” de las objeciones de conciencia (Navarro Valls), que afloran en muy variadas áreas, algunas de especial relevancia moral objetiva, como la protección de la vida humana, o la educación religiosa y moral de los hijos. No es algo que afecte sólo a quienes tienen creencias religiosas, sino a cualquier persona que se tome en serio su conciencia…..La libertad de pensamiento, conciencia y religión forma parte del derecho aplicable en la mayoría de países del mundo. Es una libertad reconocida y garantizada por los instrumentos del derecho internacional, así como por casi todas las constituciones nacionales, con una u otra terminología. Esta libertad comprende no sólo el derecho de elegir las propias creencias, religiosas o no, sino también el derecho de comportarse conforme a ellas; es decir, el derecho de actuar siguiendo las reglas conducta dictadas por la propia conciencia moral (así lo ha dicho reiteradas veces en España el Tribunal Constitucional). Por eso, en realidad, más que hablar de conflictos entre conciencia y ley, sería más preciso hablar de conflictos entre ley y libertad de conciencia (que es también parte de la ley, y además una parte cualificada)”.
“Para las personas íntegras, dice Martínez-Torrón, las creencias no son una libre elección al modo como uno elige alguno de los productos que se ofrecen en un supermercado. Las opciones religiosas y éticas se presentan a la persona como algo imperioso, dotado de fuerza coercitiva interna; algo a lo que debe obedecerse……Los ciudadanos han de poder tener la expectativa de que el legislador tomará en cuenta los valores morales de la entera sociedad y no únicamente los de la mayoría. No se trata de obtener privilegios, sino de confiar,y en su caso exigir, en que los poderes públicos admitan la diversidad religiosa y de creencias, y adopten una actitud inclusiva hacia la discrepancia moral existente en la sociedad……Los conflictos entre conciencia y ley no son causados habitualmente por personas que menosprecian el Estado de derecho o carecen de conciencia cívica. Al contrario, esos conflictos surgen precisamente en personas con integridad moral, que no intentan infringir o evadir las leyes del Estado, sino que desean que la ley pueda acomodar o integrar su sistema de creencias y valores, para no verse condenados a un terrible dilema, actuar ilegalmente o renunciar a una parte esencial de lo que son, su conciencia.”

lunes, 3 de febrero de 2025

Cuanto más se aproxima el ciudadano a la libertad, en mayor medida puede ampararse en el derecho

Dice R. W. Southem, destacado historiador medieval inglés con sede en la Universidad de Oxford, que “el odio a cuanto no dependía de la norma sino de la voluntad adquirió gran importancia en la Edad Media… Cuanto más se aproximaba el ciudadano a la libertad, en mayor medida podía ampararse en el derecho y menos sujeto se encontraba a la voluntad… El derecho no era el enemigo de la libertad. La libertad fue, por el contrario, fruto de la asombrosa variedad de leyes que poco a poco fueron surgiendo durante este periodo… A cualquier nivel, el ciudadano se acercaba a la libertad acrecentando el número de normas a las que estaba sujeto… Solo cuando la libertad quedó articulada al quedar adscrita a los estados de caballero, burgués o noble, pudo ser observada, analizada y medida… La libertad es creación del derecho y el derecho es la razón en acción. Es la razón la que asigna su condición al ser humano. La tiranía, sea del rey Juan o del Demonio, es consecuencia de la ausencia de ley”(The Making of the Middle Ages, New Haven, 1953)
Adam Ferguson, filósofo, científico social e historiador de la Ilustración escocesa, en Principies of Moral and Political Science (Edimburgo, 1792) escribe que “la libertad no es, como pudiera parecer teniendo en cuenta el origen del término, la total ausencia de freno, sino, por el contrario, la aplicación efectiva de adecuadas limitaciones al comportamiento de todos los miembros integrados en un Estado libre, trátese de magistrados o de meros ciudadanos”. “Solo al amparo de adecuadas restricciones está la persona segura y a cubierto de agresión contra su libertad, hacienda o lícito comportamiento. El establecimiento de un gobierno justo y eficaz es, entre todas las realidades de la sociedad civil, la más esencial para la libertad; porque solo cabe en justicia decir que alguien es libre si el gobierno es lo bastante fuerte como para protegerlo. Deberá, sin embargo, al propio tiempo, hallarse tan sometido a restricciones como sea oportuno para que no pueda abusar de su poder”. 

jueves, 12 de diciembre de 2024

Eres tú quien ha de elegir

Escribe el filósofo André Comte-Sponville que “se puede esperar la riqueza, la salud, la belleza, la felicidad… Es absurdo esperar la virtud. Ser un canalla o un hombre de bien, eres tú quien ha de elegirlo, sólo tú.Tú vales exactamente lo que tú quieres….. Decir a alguien que debe ser generoso no es hacer gala de generosidad. Decirle que debes ser valiente no es hacer gala de valor. La moral sólo vale para uno mismo; los deberes sólo valen para uno mismo. Para los demás, la misericordia y el derecho bastan. Por otra parte, ¿quién puede conocer las intenciones, las excusas o los méritos de otro? Moralmente, sólo podemos ser juzgados por Dios.”

miércoles, 11 de diciembre de 2024

La manipulación de masas

Las leyes que promocionan y protegen la cultura de la muerte siempre hacen uso de la misma técnica. Se inicia con un planteamiento sentimental anulando la razón y se termina convirtiéndolo en un derecho que cancela el debate.
La mayor propagación de las ideas se hace desde los medios audiovisuales, contado en forma de historias, es decir, crean opinión desde la ficción. La manipulación de masas es un fenómeno que el poder político ha utilizado a lo largo de la historia. Nuestros tiempos no iban a ser una excepción, y la televisión, unida al fenómeno de las redes sociales y las masas de acoso, han conformado un tridente mortífero contra la verdad.

viernes, 29 de noviembre de 2024

El agente de policía que mediante un toque de silbato ordena a un automovilista detenerse crea una norma jurídica individual

El agente de policía que mediante un toque de silbato ordena a un automovilista detenerse crea una norma jurídica individual. La ley que prescribe al tribunal de policía imponer una multa al automovilista que no se ha sometido a las órdenes de un agente de policía, es una norma general, cualquiera sea la forma gramatical bajo la cual se presente. Hasta lo que se llama el juicio de un tribunal no es un verdadero juicio en el sentido lógico de esta palabra. Es una norma jurídica que prescribe una conducta determinada a los individuos a los cuales se dirige. La situación es diferente cuando un jurista, describiendo el derecho relativo a la circulación de los automóviles, formula una proposición que dice: “Si un automovilista no obedece las órdenes de un agente de policía, un tribunal de policía debe aplicarle una multa”. Esta proposición es un verdadero juicio hipotético; no se trata de una norma jurídica, sino de una regla de derecho. Si el automovilista llamado a comparecer ante el tribunal consulta a un abogado, este le dirá: “Si usted no ha obedecido al agente de policía, el tribunal le debe aplicar una multa”. El abogado enunciará así una regla de derecho, pues su función no es la de dictar normas jurídicas, sino solamente conocer las que se encuentran en vigor. Podemos, pues, afirmar simultáneamente que las reglas de derecho son juicios formulados por la ciencia jurídica y que el objeto de esta ciencia está constituido por normas jurídicas. No hay aquí ninguna contradicción. Sin duda puede considerarse que las normas creadas y aplicadas en el cuadro de un orden jurídico no tienen el carácter de normas jurídicas en tanto no sean reconocidas por la ciencia del derecho. Corresponderá entonces a esta ciencia atribuir a ciertos actos la significación objetiva de normas jurídicas. Pero esto no nos impide afirmar que las normas jurídicas forman el objeto de la ciencia del derecho o, lo que es lo mismo, que el derecho es un sistema de normas. Tal definición se ajusta perfectamente a la teoría de Kant, para quien el conocimiento constituye o crea su objeto, dado que aquí se trata de una creación epistemológica y no de una creación por el trabajo del hombre, en el sentido en que se dice que el legislador crea una ley. De la misma manera los fenómenos naturales que forman el objeto de las ciencias causales no son creados por ellas sino en un sentido puramente epistemológica. Podría objetarse que la regla de derecho formulada por la ciencia jurídica es una repetición superflua de la norma jurídica, ya que se limita a reproducir el contenido. En los hechos esta reproducción es tan poco superflua como la acción de un pianista ejecutando una sonata. Este despliega una actividad creadora aunque sea totalmente diferente de la del compositor. Decimos, que interpreta la sonata. Pues bien, esta es exactamente la tarea del jurista respecto de la obra del legislador.
Referencia: Teoría pura del derecho (Hans Kelsen)

jueves, 28 de noviembre de 2024

Donde no hay ley, no puede haber propiedad privada, ni noción de bien y mal, ni tampoco justicia

Hobbes describió que “el estado de los hombres sin sociedad civil, estado que con propiedad podemos llamar estado de naturaleza, no es otra cosa que una guerra de todos contra todos; y en esa guerra todos los hombres tienen el mismo derecho a todas las cosas”. En este escenario presocial, por tanto, no existe una distinción clara entre lo que es mío y lo que es tuyo. Simplemente, las cosas se arrebatan, es decir, se toman por la fuerza. Donde no hay ley, no puede haber propiedad privada, ni noción de bien y mal, ni tampoco justicia. En tal situación, campan a sus anchas “las dos hijas de la guerra: el engaño y la violencia, o dicho en términos más claros, una brutal rapacidad”. Es, entonces, cuando el hombre muestra más claramente que es un depredador despiadado. Frente a la imagen cristiana de los corderos y los rebaños, Hobbes escoge el animal que es su mayor amenaza, el lobo, y que, como tal, está cargado de gran fuerza simbólica. De ello se sigue que, fuera de la sociedad, el hombre supone un grave peligro para el mismo hombre. Francisco Vitoria dejó escrito que: “Non enim homini homo lupus est, ut ait Ovidius, sed homo”. Es decir, que el hombre no es el lobo del hombre, como dice Ovidio, sino un hombre.
Dice Hobbes que podemos renunciar a los derechos y cómo se pueden transferir a un tercero. Porque, en el fondo, en esto se basa el pacto que funda la sociedad, en despojarnos de una parte de nuestro derecho natural para transferírselo a la persona del soberano. Y esta transferencia supone reducir la propia libertad para, sobre todo, bloquear al contrario, a la competencia, y evitar que pueda hacerse con lo que desea. Si por el contrario se permite que otra persona satisfaga su apetito, se estará ampliando su libertad, ya que le estaremos apartando los obstáculos que bloqueaban su camino. 
Hobbes nos advierte de que se pueden transferir prácticamente todos los derechos excepto el primero, aquel que nos autoriza a protegernos de la muerte, las lesiones y el encarcelamiento. No se puede, por tanto, constreñir esta capacidad del hombre de defender su propia vida. Esta libertad nos legitima, incluso, a cambiar nuestro apoyo político de un soberano a otro, cuando el primero deja de garantizarnos la protección de nuestra integridad física.

martes, 29 de octubre de 2024

Libertad jurídica y libertad moral


La distinción que Kant introducía entre la libertad jurídica y la libertad moral. La libertad jurídica sería la libertad externa, es decir, la que regula las relaciones externas de las personas, de modo que tiene su límite en el daño que se pueda causar a otros. En su caso, el Estado está legitimado para usar la coacción de modo que cada uno respete la libertad ajena, sea cual fuere la valoración que al sujeto coaccionado le merezca la ley. La libertad moral, por su parte, es la libertad interna, la autonomía personal, la capacidad de cada sujeto de darse leyes a sí mismo y de obligarse a sí mismo. Es, por tanto, el ámbito de la autocoacción y del cultivo personal de la virtud, al que nadie me puede obligar, sino que es una opción personal. Por eso, Kant añade que en el ámbito de la libertad cuando el propósito no consiste en enseñar la virtud, sino sólo en exponer qué es conforme a derecho, no se debe presentar la ley del derecho como móvil de la acción.