Mostrando entradas con la etiqueta indigente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta indigente. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de agosto de 2026

El niño aprende a amar en el amor del padre a la madre y de la madre al padre

El psiquiatra Aquilino Polaino cuenta que “nacemos en un estado muy indigente y a la vez muy necesitado. Un bebé, por ejemplo, no sabe amar, ni sabe lo que es el amor, y sin embargo necesita mucho cariño. Pero lo necesita porque lo recibe, no porque lo dé. Luego, con el tiempo, va creciendo y aprendiendo, y llega un momento en el que, cuando se acerca su madre, él también abre los brazos para abrazarla, pero ha sido un aprendizaje, porque inicialmente no sabía nada de eso. Por esa indigencia con la que nacemos, la relación con la madre y con el padre es absolutamente necesaria, porque si un niño nace en un ambiente que percibe como inseguro, ya hay aspectos psíquicos que no le funcionan, y no le van a funcionar en muchos años. Por tanto, la primera cosa que necesita el niño es seguridad, a través de lo que la madre dice, lo que el padre hace, lo que le enseñan. Por otra parte, está el tema de la comida. Un niño no sabría hacerse él un biberón, o incluso el cuidado de la propia higiene. Si un niño se hace pis y no le cambian el pañal, cogerá una infección, y así sucesivamente. Por eso el niño, cuando es muy pequeño, tiene la percepción de que el padre es omnipotente, porque es el que le da toda la seguridad”.
“En la infancia, la familia es radical. Y, sin familia, es muy difícil que una persona crezca normal. Por tanto, si la familia está desestructurada o es muy anómala, o no existe, o se ha roto cincuenta veces, las personas tienen heridas psíquicas, y eso a veces se cura y a veces no se cura. Y por tanto van a ir con un déficit toda su vida. Eso es lo que me parece que sería bueno que los padres pensaran antes de escoger una opción como el divorcio, o incluso la propia polémica continua, la discusión entre hombre y mujer dentro del matrimonio, que es muy frecuente, y que amarga tanto a los hijos. Porque, ¿dónde aprende el niño a amar? Pues en las personas que tiene más cerca y que deberían amarse, o sea, en el amor del padre a la madre y de la madre al padre. Si ahí, en vez de haber una relación amorosa, lo que hay es un conflicto permanente, el niño se queda sin aprender qué es eso de querer y ser querido.”

domingo, 21 de diciembre de 2025

No podemos permitir que toda una masa humana pierda toda conciencia

Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II, escribe la obra Hermano de nuestro Dios. En esta obra de teatro Wojtyla hace decir a uno de los personajes que “no podemos permitir que toda una masa humana se hacine en refugios nocturnos, lleve una vida casi animal, pierda poco a poco toda conciencia salvo el hambre y el miedo…”. Los indigentes tienen derecho a un mínimo de vida decente y respeto propio, y no solamente a la misericordia y la compasión.
Un personaje al que se identifica como “El Orador” dice a los sin hogar del refugio que “tenéis derecho a tener derechos humanos”.


lunes, 12 de febrero de 2024

Entre 2010 y 2017 el número de personas obligadas a dormir en la calle se multiplicó por más de dos en Londres

Gran Bretaña era uno de los países más ricos del mundo, pero cada vez eran más los ciudadanos que ni siquiera tenían un techo sobre sus cabezas. Entre 2010 y 2017 el número de personas obligadas a dormir en la calle se multiplicó por más de dos en Londres y aumentó considerablemente en otras grandes ciudades. En ese mismo período, el uso de los bancos de alimentos para proporcionar comida a los indigentes se incrementó un 1.642 %. En el año 2011 los disturbios en algunas ciudades pusieron de manifiesto la indignación y la frustración, así como el oportunismo delictivo, existentes en algunos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, incluidos muchos jóvenes de familias inmigrantes, que vivían en bloques de viviendas desoladores y no veían perspectivas de futuro para ellos. Se encontraban en los extremos sociales. Cuando las condiciones económicas empeoraron, las actitudes se volvieron más duras. Buscaron chivos expiatorios; los inmigrantes y la Unión Europea solo eran algunos de ellos. Se combinaban perfectamente para ofrecer un mensaje básico al creciente número de personas que estaban optando por el UKIP, el Partido de la Independencia del Reino, en esencia la variante británica (en realidad en su mayor parte inglesa) de un partido nacionalista antiglobalización del que se podían encontrar versiones en muchas partes de Europa. “Se han mudado polacos y nigerianos a esta calle. Buena gente, trabaja mucho, compra sus casas. Pero ¿por qué tienen que estar aquí cuando necesitamos las casas y los puestos de trabajo? Si estuviéramos fuera de Europa, podríamos poner fin a esto”, afirmaba una mujer, supervisora en un supermercado de Londres con unos ingresos muy modestos, pero con una vivienda cuyo precio casi se había cuadriplicado desde que en 1997 ella y su marido la habían comprado. Este era el germen de la creciente hostilidad hacia la Unión Europea: el euroescepticismo, todavía una visión minoritaria en 2005, se estaba transformando en abierta eurofobia. 

jueves, 4 de enero de 2024

El amor es un poder activo que atraviesa las barreras

El amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en el hombre, un poder que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes lo une a los demás. El amor lo capacita su sentimiento de aislamiento y separidad, y no obstante le permite ser el mismo, mantener su integridad. En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y no obstante siguen siendo dos. Dice Erich Fromm que puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir. 



En las cosas materiales dar significa ser rico. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. El avaro, dice Fromm, que se preocupa angustiosamente por la posible perdida de algo es, desde un punto de vista psicológico, un hombre indigente, empobrecido, por mucho que posea. Quien es capaz de dar de si es rico. Siéntese como alguien que puede entregar a los demás algo de si.La esfera más importante de dar no es la de las cosas materiales, sino el dominio de lo específicamente humano. Da de si misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Da lo que está vivo en el, da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio. No da con el fin de recibir; dar es de por si una dicha exquisita.En lo que toca al amor significa que el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor.


lunes, 10 de diciembre de 2018

En el campo de los derechos humanos, la India ha tocado “abismos terribles”.

Narendra Modi
En los últimos cuatro años, desde que asumió el poder el gobierno nacionalista hindú de Narendra Modi, en el campo de los derechos humanos, la India ha tocado “abismos terribles”.  Así lo afirma Cedrick Prakash, un sacerdote católico indio. Según el sacerdote, lo que posibilita “a los gobernantes y sus matones” mirar “con desprecio los derechos de los demás” es un sentimiento de impunidad generalizada que se ha impregnado en la política. Obviamente, reitera, “todo esto es a costa de los más indigentes y de quienes no tienen los medios para hacer que su voz sea escuchada”.


Con respecto a la liberta religiosa el jesuita  subraya que “ha pasado a segundo plano”. Prueba de ello son los numerosos ataques contra los cristianos (200 en los últimos seis meses).

El país, concluye Prakash, “ha sido arrastrado a un desastre total por el gobierno y por sus infames lazos con pequeños grupos de fuerzas anti-nacionales formados por fundamentalistas, fascistas, fanáticos y sectores radicales. La gente debe despertarse ya mismo”. 

sábado, 19 de mayo de 2018

El verdadero desafío consiste en comprender la vida espiritual de unos pueblos pobres, humillados y denigrados que han sido excluidos.

República Centroafricana 
Un ciudadano normal y corriente de un país pobre, musulmán y no democrático, como cualquier funcionario de un país antiguamente satélite de los soviéticos u otra nación del Tercer Mundo, obligado a hacer piruetas para llegar a fin de mes, será muy consciente de la mínima porción que le corresponde a su país de las riquezas mundiales; también será consciente de que vive en condiciones mucho más difíciles que sus iguales occidentales y de que su vida será mucho más corta. Pero no todo acaba ahí porque en un rincón de su mente existe la sospecha de que los culpables de su miseria son sus padres y sus abuelos. Es una vergüenza que el mundo occidental preste tan poca atención a la abrumadora sensación de humillación que sufre la mayor parte de la población mundial, una humillación que han tratado de superar sin perder la razón o sus formas de
vida y sin sucumbir al terrorismo,al ultranacionalismo o al integrismo religioso. Las novelas del realismo mágico expresan de manera muy sentimental su estupidez y su pobreza, mientras que los escritores viajeros en busca de lo exótico están ciegos ante su problemático mundo particular, en el que las indignidades se sufren día tras día con resignación y una dolorosa sonrisa, escribe Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006.



Y añade Orhan Pamuk que no basta con que Occidente descubra en qué tienda, qué cueva o qué remota ciudad se refugia un terrorista fabricando la próxima bomba ni será suficiente con que se le bombardee ante la mirada del mundo entero; el verdadero desafío consiste en comprender la vida espiritual de unos pueblos pobres, humillados y denigrados que han sido excluidos del club. Los gritos de guerra, los discursos nacionalistas y las aventuras militares sólo consiguen el efecto contrario. Las nuevas restricciones en visados que los países occidentales han impuesto a quienes viven fuera de la Unión Europea, las medidas policiales que limitan el movimiento a quienes proceden de países musulmanes y otros países pobres no occidentales, la difundida suspicacia hacia todo lo no occidental, las groseras arengas que asimilan terrorismo y fanatismo con civilización islámica, todo eso nos va alejando cada día de la razón, de la necesidad de pensar con la cabeza fría y de la paz. Si un viejo indigente en una isla de Estambul es capaz de admitir momentáneamente el ataque terrorista en Nueva York, o si un joven palestino extenuado por la ocupación israelí puede ver con admiración cómo los talibanes arrojan ácido a las caras de las mujeres, lo que les dirige no es el
islam, ni lo que esos imbéciles llaman la guerra entre Oriente y Occidente, ni la pobreza; es la impotencia nacida de una humillación constante, de la incapacidad de los demás de comprenderlos, de la necesidad de que se les escuche. Cuando encontraron resistencias, los adinerados modernizadores que establecieron la República de Turquía no hicieron el menor esfuerzo por comprender por qué los pobres no les apoyaban; en su lugar, impusieron su voluntad mediante amenazas legales, prohibiciones y represión militar. El resultado fue que la revolución se quedó a medias. Hoy, al oír a gente de todo el mundo llamando a la guerra contra Occidente me temo que pronto veremos a la mayor parte del planeta siguiendo el camino de Turquía, que ha soportado una ley marcial casi continua. Ese Occidente tan satisfecho de sí mismo como para autojustificarse, llevará al resto del mundo por el camino del Hombre Subterráneo de Dostoievski a proclamar que dos y dos son cinco. Nada alimenta más el apoyo al islamista que arroja ácido a la cara de las mujeres que el rechazo de Occidente a comprender la rabia de los condenados.