Mientras todo va bien, muchos casi ni se acuerdan de Dios, pero cuando experimentan las dificultades de la vida, se dirigen a Dios como si se hubiera olvidado de ellos, haciéndole culpable de los males que les ocurren, y exigiéndole una intervención urgente que ponga fin a la situación de malestar. Es la concepción de un Dios tapa–agujeros, verdadera caricatura del Dios revelado en las Escrituras.
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domingo, 30 de agosto de 2026
La concepción de un Dios tapa–agujeros
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domingo, 29 de marzo de 2026
Una justicia penal internacional constituye un progreso de la conciencia moral de las naciones
Para Pío XII, al derecho penal interno de cada Estado debe corresponder un Derecho Penal Internacional capaz de “proteger a los individuos y a los pueblos de la injusticia”. El Papa, al subrayar la importancia del derecho, recuerda la trágica experiencia de la Guerra Mundial, que ensangrentó el siglo pasad, e identifica la causa de tantos horrores a la negativa a reconocer al adversario la condición de ser humano. Pone de relieve la exigencia de que los culpables respondan de su delito y auspicia la “elaboración de normas jurídicas coercitivas claramente definidas, que, en virtud de tratados formales, tengan fuerza vinculante para los Estados contrayentes”. Pío XII indica los criterios objetivos para definir los crímenes más graves, y menciona, en primer lugar, el caso de una guerra emprendidas sin motivos de defensa, afirmando que “ la comunidad internacional debe juzgar a los criminales sin escrúpulos que, con el fin de lograr sus ambiciones, no temen desencadenar la guerra total”. Enumera diversas acciones inaceptables, desde el fusilamiento de rehenes inocentes a la deportación en masa.
El Papa subraya la importancia del reconocimiento de garantías jurídicas en favor del acusado durante el proceso, de las que ha de beneficiarse desde el mismo momento del arresto.Insiste en la prohibición de cualquier forma de tortura y cita un texto de Nicolas I, quien, en el año 866, dirigiéndose al pueblo húngaro, proclamó lo inaceptable de la tortura. Pío XII estima oportuno la creación de un tribunal internacional y evoca el “disgusto” de ver “ al vencedor juzgar al vencido por crímenes de guerra cuando el mismo vencedor es responsable confeso de hechos análogos frente al vencido”.
Juan Pablo II afirmó el 13 de Enero de 1977 que “el intento de organizar una justicia penal internacional constituye un auténtico progreso de la conciencia moral de las naciones.” Para la Santa Sede , el Derecho Internacional se funda sobre normas éticas basadas antológicamente en una naturaleza humana que es la misma en todas partes. Tal base continúa siendo el fundamento del edificio del Derecho. Es necesario ser siempre muy conscientes de que la dignidad humana es inviolable, porque distingue de modo indeleble a todo ser humano. Sin esta convicción, todo esfuerzo de carácter jurídico corre el riesgo de ser vano, con el peligro añadido de que la fuerza de la ley se convierta en la ley del más fuerte, manifiesta el jurista Giorgio Filibeck.
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jueves, 12 de febrero de 2026
La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto
“La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”, dijo Benjamin Constant, el gran constitucionalista del liberalismo francés, que continuaba, en sus Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos (1815): “El pueblo no tiene derecho de castigar a un solo inocente, ni tratar como culpable a un solo acusado, sin pruebas legales. No puede, pues, delegar en nadie semejante derecho. El pueblo no tiene el derecho de atentar contra la libertad de opinión, la libertad religiosa, las garantías judiciales, las formas protectoras. Ningún déspota, ninguna asamblea, puede ejercer un derecho semejante diciendo que el pueblo se lo ha conferido. Todo despotismo es entonces ilegal; nada puede sancionarlo, ni aun la voluntad popular en que pretende fundarse, ya que, en nombre de la soberanía del pueblo, se arroga un poder que no está comprendido en tal soberanía, y, en tal caso, ya no se trata únicamente de un desplazamiento del poder, sino de la creación de un poder que no debe existir”. El ejemplo más palmario para ilustrar en la actualidad cómo puede crearse este poder absoluto bajo el paraguas de la soberanía popular son las Asambleas Constituyentes de que se ha valido en Hispanoamérica el socialismo del siglo XXI para instalar su reinado. La primera de ellas fue la de Venezuela, en 1999, pocos meses después de llegar Hugo Chávez a la presidencia por la vía electoral. Todo ello, como se sabe, sucedió al colapso de los grandes partidos tradicionales, que, aunque apoyados ampliamente por las masas durante varias décadas, acabaron funcionando como redes al servicio del tráfico de influencias, de la corrupción y de otros vicios, hasta tal punto que los venezolanos dejaron de sentirse representados por ellos. Comprendido esto por algunas personas, a partir de la década de 1980 comenzó a hablarse de la necesidad de reformar profundamente el modelo político, previendo que aquella situación precipitara el fin de la democracia. En 1992, la intentona armada de golpe de Estado que lideró Hugo Chávez dejó en evidencia la factibilidad de tal amenaza. Comenzó entonces a agitarse la bandera de la democracia participativa, entendiendo que el problema era sustraer la acción política del exclusivo y excluyente poder de los partidos. El desprestigio de estas instituciones fue sin duda lo que, en las elecciones de 1998, inclinó el favor popular hacia el militar golpista devenido en candidato y hacia su propuesta de convocar una Asamblea Constituyente. Para recurrir a esta figura, que no tenía asidero legal, se alegó la voluntad pronunciada del pueblo en un referendo consultivo donde se le preguntó si estaba de acuerdo con ello.
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lunes, 7 de abril de 2025
La manera de terminar con la espiral del miedo y el enfrentamiento es a través de una mayor profundización en nuestras raíces cristianas
René Girard se dio cuenta de que todas las sociedades buscan supuestos culpables, víctimas en los que depositar la insania y la envidia.El chivo expiatorio operaba como un purificador. Según Girard, en la necesidad de que otro, un inocente, cargara con el odio inveterado que nacía del egoísmo y la envidia humana se explicaba tanto el origen de la religión como de la paz social. Sin esa descarga, sin esa danza en torno a la víctima sacrifical en la que se dejan, como en un altar, el miedo y los rencores, la venganza y la muerte, no habría paz social y, por tanto, se frustraría la convivencia. De otro modo estaríamos condenados a un enfrentamiento cruento sin fin.
Para Girard la muerte de Abel, de Job o, con mucha mayor radicalidad, de Cristo, suponía la llegada a la mayoría de edad moral de la humanidad. En el Antiguo y el Nuevo Testamento se enseña que el miedo y los conflictos, los asesinatos no surgen de automatismo ni constituyen el destino ciego al que nos ata la naturaleza. A diferencia de lo que ocurre en formas culturales más antiguas, la enseñanza revelada confirma que la violencia nace de la envidia del hombre. Hay guerras y enfrentamientos, pero la respuesta para acabar con ellos no reside en mover piezas en el tablero geopolítico, sino en proceder a un profundo cambio en el interior del ser humano. De otro modo, la paz de hoy será el motivo del conflicto de mañana. Y es eso lo que vio al final de su vida Girard.
Para Girard la muerte de Abel, de Job o, con mucha mayor radicalidad, de Cristo, suponía la llegada a la mayoría de edad moral de la humanidad. En el Antiguo y el Nuevo Testamento se enseña que el miedo y los conflictos, los asesinatos no surgen de automatismo ni constituyen el destino ciego al que nos ata la naturaleza. A diferencia de lo que ocurre en formas culturales más antiguas, la enseñanza revelada confirma que la violencia nace de la envidia del hombre. Hay guerras y enfrentamientos, pero la respuesta para acabar con ellos no reside en mover piezas en el tablero geopolítico, sino en proceder a un profundo cambio en el interior del ser humano. De otro modo, la paz de hoy será el motivo del conflicto de mañana. Y es eso lo que vio al final de su vida Girard.
Para Girard la única manera de terminar con la espiral del miedo y el enfrentamiento era a través de una mayor profundización en nuestras raíces cristianas. A su juicio, las sociedades del conocimiento y de la información hacían inútil la operatividad del chivo, es decir, sabemos siempre que las víctimas son inocentes. De ese modo, no hay posibilidad de que funcione la descarga del odio a través de su sacrificio. El futuro es negro, según Girard, porque la secularización había dejado inerme la herencia cristiana y, por tanto, tampoco disponemos del acervo moral de la fe para remediar nuestros odios y sed de venganza. Así las cosas, la violencia solo iría en aumento.Estamos hartos de la guerra, pero también de esas otras explosiones de odio y rencor que uno ve tanto en las calles como en otros ambientes sociales. El camino para la paz no pasa únicamente por tratados internacionales. Solo un cambio radical de vida, individual, puede explicar que tendamos la mano al prójimo en lugar de propinarle una patada, abusar de él o desposeerle de lo que tiene. Eso es sabiduría moral, que no desconoce que a veces también hay que defenderse.
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domingo, 28 de julio de 2024
El hombre es responsable de sus proezas y también de sus fechorías
El ser humano puede hacer frente a la peor de las situaciones y de que la postura que adopta ante las situaciones en las que se ve arrojado implica una toma de posición libre.
El hombre puede adoptar esta o aquella postura, pero si lo declaramos libre en este sentido, no podremos hacerlo sin declararlo también responsable. Es responsable de sus proezas y también de sus fechorías. Si se me permite decirlo, es susceptible de ser culpable y no estamos autorizados a escamotearle la culpa por nada. Esto sería, precisamente, herir su dignidad humana, escribe Viktor Frankl.
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jueves, 12 de octubre de 2023
Capacidad para ser juzgado
El concepto de “capacidad para ser juzgado” tiene sus orígenes en el derecho anglosajón. De la misma manera que el acusado tiene el derecho básico a estar físicamente presente en juicio para sentarse frente a la acusación, también tiene derecho a estar mentalmente presente o lo suficientemente consciente como para entender su situación legal y poder enfrentarse a la acusación.En el caso Dusky vs. United States (1960), el Tribunal Supremo confirmó el establecimientos de los estándares constitucionales legales mínimos para este tipo de decisiones, al considerar que la capacidad para ser juzgado se basaba en si el acusado tenía “en ese momento suficiente capacidad para consultar con su abogado con un grado razonable de entendimiento racional, y si tiene un entendimiento tanto racional como factual del proceso judicial en su contra”.
Dado el ordenamiento legal estadounidense, la mayoría de los casos (entre el 90 y el 95 por ciento) tanto en el sistema estatal como en el federal se resuelven por medio de negociaciones y no en juicios con jurado. Generalmente, en estas negociaciones se le ofrece al acusado declararse culpable de un delito menos grave a cambio de una sentencia menor, en lugar de llevar el caso a juicio y, si se pierde, enfrentarse a una sentencia significativamente más larga.
Referencia:Más allá del bien y del mal de Virginia Barber Rioja
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domingo, 16 de abril de 2023
Para librarse del mundo y ser completamente libre, hay que perdonar
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| Caín matando a Abel (Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, S. XII). |
“Si Dios no existe, todo está permitido”, dice Dostoyevsky por medio de uno de sus personajes. Pero ese descubrimiento le horroriza, pues entonces todo se vuelve indiferente y la vida no tiene sentido. La nada del pecado, la desesperación absoluta en que éste sume al hombre. “Si no hubiese estado solo, si nadie me hubiese amado ni yo hubiese amado a nadie, todo esto (su confesión liberadora) no habría acontecido”. Desde la venida de Cristo, nadie está solo, hay una mano misericordiosa que se ofrece, a la cual es muy difícil sustraerse,dirá Charles Moeller.
Esteban Verkhovenski, en Los demonios dice: “Para librarse del mundo y ser completamente libre, hay que perdonar, perdonar, perdonar. Perdonemos a todo el mundo y perdonemos siempre. Así podernos esperar que nos perdonen a nosotros siempre. Si. Porque todos somos culpables unos con otros, todos culpables”. Paciencia, humildad, perdón, deseo de expiación, no son más que la sombra misericordiosa de Dios. Verkhovenski a punto de morir dice: “La sola idea constante de que existe algo infinitamente más justo e infinitamente más dichoso que yo, me llena ya de una emoción y una gloria sin límites. Más para ser feliz, el hombre necesita saber y creer en cada instante que existe en otra parte una felicidad perfecta y plácida para todos”. Moeller escribe que la caridad de Dios para con nosotros, su justicia misericordiosa es la llave de oro que abre todo y resuelve todos los problemas.
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miércoles, 28 de abril de 2021
El propietario de una librería cristiana china fue acusado de operaciones comerciales ilegales
El propietario de una librería cristiana china online fue acusado de“operaciones comerciales ilegales”. Chen Yu es el propietario de “Wheat Bookstore”, una librería cristiana ubicada en Zhejiang,China.En septiembre de 2020 enfrentó un juicio ante los tribunales de Taizhou. Durante ese juicio el tribunal lo declaró culpable por comercio ilegal. Fue sentenciado a siete años de prisión y una fuerte multa de 200.000 RMB ($ 29.450 USD).
jueves, 12 de diciembre de 2019
El castigo del culpable es nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia
Décimo Junio Juvenal fue un poeta romano que vivió a finales del siglo I y comienzos del siglo II. Juvenal escribía que hay que considerar el mayor crimen preferir la supervivencia al pudor y, por amor de la vida, perder el sentido del vivir. También Juvenal opinaba que el castigo más importante del culpable es nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia.
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sábado, 19 de mayo de 2018
El verdadero desafío consiste en comprender la vida espiritual de unos pueblos pobres, humillados y denigrados que han sido excluidos.
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| República Centroafricana |
Un ciudadano normal y corriente de un país pobre, musulmán y no democrático, como cualquier funcionario de un país antiguamente satélite de los soviéticos u otra nación del Tercer Mundo, obligado a hacer piruetas para llegar a fin de mes, será muy consciente de la mínima porción que le corresponde a su país de las riquezas mundiales; también será consciente de que vive en condiciones mucho más difíciles que sus iguales occidentales y de que su vida será mucho más corta. Pero no todo acaba ahí porque en un rincón de su mente existe la sospecha de que los culpables de su miseria son sus padres y sus abuelos. Es una vergüenza que el mundo occidental preste tan poca atención a la abrumadora sensación de humillación que sufre la mayor parte de la población mundial, una humillación que han tratado de superar sin perder la razón o sus formas de
vida y sin sucumbir al terrorismo,al ultranacionalismo o al integrismo religioso. Las novelas del realismo mágico expresan de manera muy sentimental su estupidez y su pobreza, mientras que los escritores viajeros en busca de lo exótico están ciegos ante su problemático mundo particular, en el que las indignidades se sufren día tras día con resignación y una dolorosa sonrisa, escribe Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006.
Y añade Orhan Pamuk que no basta con que Occidente descubra en qué tienda, qué cueva o qué remota ciudad se refugia un terrorista fabricando la próxima bomba ni será suficiente con que se le bombardee ante la mirada del mundo entero; el verdadero desafío consiste en comprender la vida espiritual de unos pueblos pobres, humillados y denigrados que han sido excluidos del club. Los gritos de guerra, los discursos nacionalistas y las aventuras militares sólo consiguen el efecto contrario. Las nuevas restricciones en visados que los países occidentales han impuesto a quienes viven fuera de la Unión Europea, las medidas policiales que limitan el movimiento a quienes proceden de países musulmanes y otros países pobres no occidentales, la difundida suspicacia hacia todo lo no occidental, las groseras arengas que asimilan terrorismo y fanatismo con civilización islámica, todo eso nos va alejando cada día de la razón, de la necesidad de pensar con la cabeza fría y de la paz. Si un viejo indigente en una isla de Estambul es capaz de admitir momentáneamente el ataque terrorista en Nueva York, o si un joven palestino extenuado por la ocupación israelí puede ver con admiración cómo los talibanes arrojan ácido a las caras de las mujeres, lo que les dirige no es el
islam, ni lo que esos imbéciles llaman la guerra entre Oriente y Occidente, ni la pobreza; es la impotencia nacida de una humillación constante, de la incapacidad de los demás de comprenderlos, de la necesidad de que se les escuche. Cuando encontraron resistencias, los adinerados modernizadores que establecieron la República de Turquía no hicieron el menor esfuerzo por comprender por qué los pobres no les apoyaban; en su lugar, impusieron su voluntad mediante amenazas legales, prohibiciones y represión militar. El resultado fue que la revolución se quedó a medias. Hoy, al oír a gente de todo el mundo llamando a la guerra contra Occidente me temo que pronto veremos a la mayor parte del planeta siguiendo el camino de Turquía, que ha soportado una ley marcial casi continua. Ese Occidente tan satisfecho de sí mismo como para autojustificarse, llevará al resto del mundo por el camino del Hombre Subterráneo de Dostoievski a proclamar que dos y dos son cinco. Nada alimenta más el apoyo al islamista que arroja ácido a la cara de las mujeres que el rechazo de Occidente a comprender la rabia de los condenados.
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