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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Aquel que ante el golpe del infortunio se aturde o trata de distraerse, no aprende nada

Viktor Frankl (fue un neurólogo y psiquiatra austríaco) escribe que “el hombre que trata de aturdirse o distraerse, cuando sufre alguna desgracia, no soluciona ninguna cuestión, no borra sus desgracias, lo que borra es, simplemente, una de las consecuencias de la desgracia, el estado afectivo que produce en quien la padece. Aquel que ante el golpe del infortunio se aturde o trata de distraerse, “no aprende nada”. Trata de huir de la realidad. Va a refugiarse, tal vez, en la embriaguez. Comete, con ello, un error subjetivista y hasta psicologista, al creer que, con el acto emotivo al que se silenció, por así decirlo, por medio del aturdimiento, borra también del mundo el objeto mismo de la emoción, como si lo que se arrincona en la ignorancia desapareciese, por ello, de la realidad.”
“El aturdimiento, dice Frankl, lleva al hombre solamente a ignorar su desventura, a una “dicha” en el sentido negativo schopenhaueriano, a un estado de nirvana. El aturdimiento es una especie de narcótico espiritual. Y, del mismo modo que la anestesia quirúrgica puede conducir a una muerte narcótica, la anestesia espiritual puede acarrear la muerte espiritual. A fuerza de reprimir constantemente las reacciones emotivas, tan plenas de sentido propio, para evitar la sensación de dolor o de pena que llevan aparejadas, acaba embotándose en el hombre la vida afectiva.”

miércoles, 4 de febrero de 2026

El hombre también puede ser más fuerte que él mismo

Escribe Viktor Frankl que “el hombre también puede ser más fuerte que él mismo o, por lo menos, lo suficientemente curioso como para preguntar, como el dramaturgo Nestroy: “Ahora siento verdadera curiosidad por saber quién es más fuerte: si yo o yo”. O, dicho de otro modo, tal como acostumbro a preguntar a mis pacientes cuando me vienen a importunar quejándose de lo que no pueden o de lo que deben hacer: “Ahora, dígame, ¿realmente tiene que mostrarse condescendiente en todo?”.

domingo, 2 de febrero de 2025

Lo que mueve a la persona es la búsqueda del sentido de la vida

Lo que realmente mueve a la persona es la búsqueda del sentido de la vida. Porque el hombre se siente frustrado o vacío cuando no encuentra una tarea que realizar, o alguien a quien amar, incluso alguien por quien sufrir, manifiesta Viktor Frankl.Lo único que no se debe reprimir es la búsqueda del sentido de la vida. Y, llegado el momento, del sentido de la muerte.

sábado, 11 de enero de 2025

Autotrascendencia

“La autotrascendencia son nuestros ojos. Es decir la capacidad de mi ojo de cumplir con su función, que es la de percibir ópticamente el mundo exterior, depende de la incapacidad de percibirse a sí mismo. Mi ojo estará enfermo en el momento en que note o vea algo de sí mismo. Si ve nubes, serán cataratas. Uno ojo sano no se ve a sí mismo. Lo mismo ocurre con el hecho de ser hombre”, explica Viktor Frankl. 

domingo, 28 de julio de 2024

El hombre es responsable de sus proezas y también de sus fechorías

El ser humano puede hacer frente a la peor de las situaciones y de que la postura que adopta ante las situaciones en las que se ve arrojado implica una toma de posición libre.
El hombre puede adoptar esta o aquella postura, pero si lo declaramos libre en este sentido, no podremos hacerlo sin declararlo también responsable. Es responsable de sus proezas y también de sus fechorías. Si se me permite decirlo, es susceptible de ser culpable y no estamos autorizados a escamotearle la culpa por nada. Esto sería, precisamente, herir su dignidad humana, escribe Viktor Frankl.

lunes, 15 de mayo de 2023

La propia vida plantea continuamente preguntas a la que se debe responder

Escribe Viktor Frankl que el hombre no está autorizado a preguntar cuál es el sentido de su vida, sino que es a la propia vida, que le plantea continuamente preguntas, a la que debe responder. Él es el que responde o el que debe responder. No responde con palabras, sino con sus acciones, con acciones responsables. Es decir, el hombre es el interrogado y cualquier situación de la vida es una pregunta. El hombre apenas reflexiona en el día a día, en las situaciones cotidianas. Él sabe que “ahora me toca hacer esto”.
Apenas podemos hacer otra cosa que adoptar estos o aquellos valores; así está determinado en nuestra condition humaine. Sin embargo, imagínese que un enfermo le diera lástima. Usted se apiada de él, siente compasión por él y quiere ayudarlo. Entonces actuará para deshacerse de una sensación de falta de sentido o, simplemente, porque es su obligación, es decir, porque usted es precisamente la compasión por el enfermo y, por lo tanto, es el valor denominado ayudar a los demás. Esto es un anclaje existencial de valores…..No respondemos a la vida con palabras, sino con acciones. Eso sí, acciones de las que nos hacemos responsables.

sábado, 14 de enero de 2023

El suicidio carece de sentido


Escribe Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo austriaco, fundador de la logoterapia y del análisis existencial, que el suicidio no tiene nunca una justificación moral. Ni siquiera el suicidio expiatorio. Pues, del mismo modo que pone a la persona en la imposibilidad de fortalecerse y purificarse en el propio dolor, en el sentido de lo que llamábamos la realización de los valores de actitud, lo incapacita para reparar de una u otra manera el mal causado a otro. Con lo cual el suicidio perpetúa lo pasado, en vez de borrar del mundo una desventura ocurrida o un desafuero perpetrado; lo que borra del mundo es el yo….. Estamos obligados a demostrar a las personas cansadas de vivir, en todos y cada uno de los casos, que la vida tiene siempre, incondicionalmente, un sentido y que el suicidio carece siempre de él. Hay que hacerles ver, ante todo, que su cansancio de la vida no es más que un sentimiento y que los sentimientos no pueden hacerse pasar nunca por argumentos. El problema, planteado en términos éticos, consiste en saber si el hombre debe dejarse arrastrar por ese sentimiento de fatiga de vivir.

sábado, 3 de diciembre de 2022

El sentido sólo puede encontrarlo uno mismo

Escribía el psiquiatra austriaco Viktor Frankl que “el sentido apenas se puede ofrecer, ni siquiera el terapeuta puede hacerlo, sino que debe ser encontrado, y sólo puede encontrarlo uno mismo”.


domingo, 9 de octubre de 2022

Quien dispone de un porqué para vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo

“A quien muestre intenciones de suicidarse hay que hacerle ver, sobre todo, una y otra vez, que el suicidio no resuelve problema alguno. Hay que hacerle comprender que el suicida se parece mucho al jugador de ajedrez que, obligado a enfrentarse con un problema demasiado difícil o que a él le parece, derriba las figuras sobre el tablero. Claro está que, con ello, no resuelve el problema que tiene delante. Tampoco en la vida se resuelve ningún problema echando la vida por la borda. Del mismo modo que ese jugador de ajedrez no se atiene a las reglas del juego, el hombre que se suicida infringe las reglas del juego de la vida. Estas reglas de juego no nos obligan, ni mucho menos, a vencer por encima de todo, pero sí a no abandonar la lucha por ningún concepto”, dice el psiquiatra Viktor Frankl.


“Quien dispone de un porqué para vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo”, dice Nietzsche. No cabe duda de que la conciencia de una misión en la vida posee un extraordinario valor psicoterapéutico y psicohigiénicos. “No tenemos reparo en afirmar, dice Viktor Frankl, que no hay nada que más ayude al hombre a vencer o, por lo menos, a soportar las dificultades objetivas y las penalidades subjetivas que la conciencia de tener una misión que cumplir. Esta misión, cuando se la concibe como algo personal, hace a su portador insustituible, irremplazable, y confiere a su vida el valor de algo único. La citada frase de Nietzsche da a entender también que el “cómo” de la vida, es decir, todas esas circunstancias desagradables que la acompañan, queda relegado a segundo plano en el momento y en la medida en que pase a primer plano el “porqué” de ella. Pero no es sólo esto; de la conciencia que así se gana en cuanto al carácter de misión se desprende, consecuentemente, el corolario de que la vida cobra, en rigor, tanto mayor sentido cuanto más difícil se haga”.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Una libertad para algo

Cuenta Viktor Frankl que “un paciente fue recluido en una clínica psiquiátrica después y a causa de haber manifestado intenciones de suicidarse, las que reconoció, además, abiertamente, una vez internado. Sin embargo, el enfermo no presentaba ningún síntoma psíquico y lo que hubo de alegar ante el jefe de la clínica, cuando éste pasó la visita, era, al parecer, algo lógicamente irreprochable. Desarrolló, entre otras cosas, la tesis de que todo hombre es libre y tiene, entre otras libertades, la de decidir acerca de su vida, acerca de su ser o no ser. Protestó, en palabras tan dignas como conmovedoras, de que se privase de libertad a un hombre como él, a quien no podía imputarse el más leve indicio de perturbación mental. ¿Y qué ocurrió? El jefe del establecimiento, con toda su autoridad, estampó en la ficha clínica el diagnóstico negativo sine morbo psychico, y dispuso que el no enfermo fuese dejado en plena libertad. Pero, una vez dado de baja en las listas de los enfermos, uno de los médicos del Centro no pudo resistir a la tentación de conversar con aquel sujeto, de quien sospechaba que, aun disfrutando de salud psíquica, era un desequilibrado espiritual. En muy poco, poquísimo tiempo, este médico pudo hacer comprender al individuo en cuestión que la libertad del hombre no es precisamente una “libertad de algo”, sino una “libertad para algo”, es decir, la libertad para asumir una responsabilidad.

domingo, 1 de mayo de 2022

La certeza de la muerte produce espanto a quien abriga una mala conciencia de su vida

La certeza de la muerte sólo produce espanto a quien abriga una mala conciencia de su vida. La muerte como final del tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado vivir. Éste y sólo éste es el que no sabe mirar a la muerte cara a cara. En vez de dedicarse a realizar el tiempo limitado de su vida y de realizarse por tanto, a sí mismo, se refugia en una especie de quimera de indulto, como el condenado a muerte, obsesionado en sus horas postreras con la idea de que habrán de perdonarle la vida. El tipo de hombre a que nos referimos se refugia en la quimera de que a él no le sucederá nada, de que la muerte y las catástrofes son cosas hechas para “los demás”, escribe Viktor Frankl.

domingo, 24 de abril de 2022

El amor ve al hombre tal y como Dios lo ha pensado

Scheler

Scheler define el amor como un movimiento espiritual que busca el más alto valor de la persona amada, como un acto espiritual en que se capta este valor, el más alto de todos, que Scheler llama la “salvación” de una persona. Algo parecido sostiene también Spranger cuando afirma que el amor conoce las posibilidades de valor de la persona amada. Por su parte, V. Hattingen, expresándose en términos diferentes, dice que el amor ve al hombre tal y como Dios “lo ha pensado”. Nosotros diríamos que el amor nos permite contemplar la imagen del valor de una persona.


Viktor Frankl 

Viktor Frankl escribe que “el amor enriquece siempre, necesariamente, a quien ama. No existen, por tanto, ni pueden existir, amores desgraciados; esa frase de amor desgraciado envuelve una contradicción consigo misma. Una de dos, o amamos de verdad, en cuyo caso nos sentiremos necesariamente enriquecidos, lo mismo si somos correspondidos que si somos rechazados; o no amamos real y verdaderamente, no “mentamos” propiamente la persona de otro ser, sino algunas cualidades físicas, corporales que “en ella” vemos o algún rasgo (anímico) de carácter que “posee”; en este caso, sí podemos sentirnos desgraciados, pero lo que ocurre es que no es el nuestro un verdadero amor. No cabe duda de que el simple enamoramiento ciega, en cierto modo, al enamorado; el verdadero amor, en cambio, aguza la mirada. Permite captar con mayor agudeza la personalidad espiritual del ser amado, así en cuanto a su realidad esencial como en cuanto a sus posibilidades de valor. El amor nos hace vivir al ser amado como a un mundo de por sí, dilatando con ello los confines de nuestro propio universo. A la par que nos enriquece y nos hace dichosos, estimula también al ser amado, encaminándolo hacia aquella posibilidad de valor que el amor y solamente el amor puede anticipar. El amor ayuda al ser amado a convertir en realidad lo que el amante se adelanta a ver, a intuir. Se comprende que así sea, pues se esfuerza siempre en ser cada vez más digno del amante o de su amor, asemejándose más de cerca a la imagen que el amante se forma, pareciéndose a “como Dios lo pensó y quiso”. Así, pues, siendo cierto que hasta los amores “desgraciados”, es decir, los amores no correspondidos, nos enriquecen y hacen felices, podemos afirmar que los amores “afortunados”, es decir, correspondidos, encierran una virtud manifiestamente creadora. En los amores mutuos, en los que cada cual quiere llegar a ser digno del otro, llegar a ser tal y como el otro se lo imagina, se desarrolla en cierto modo un proceso dialéctico, en el que los amantes rivalizan el uno con el otro, podríamos decir, en la realización de sus respectivas posibilidades. La mera satisfacción del impulso sexual produce placer; las relaciones eróticas del enamoramiento causan alegría; el verdadero amor depara al hombre la dicha. En esta escala de resultados se revela una creciente intencionalidad. El placer es, simplemente, un estado afectivo; la alegría implica ya algo intencional, se dirige hacia algo. La dicha se endereza en una dirección determinada: la propia realización. La dicha adquiere, de este modo, un carácter de realización (beatitudo ipse virtus, dice Spinoza). La dicha no es simplemente intencional, sino que es también “productiva”. Sólo así cabe comprender la posibilidad de que el hombre “se realice” en su dicha.”

domingo, 30 de enero de 2022

Nos realizamos en el amor y en el trabajo


Viktor Frankl psiquiatra austríaco, fundador de la logoterapia y del análisis existencial decía que “experimentar a alguien en toda su singularidad significa querer a alguien. Es decir, nos realizamos en el amor y en el trabajo, y realizamos también nuestro sentido. Pero también nos realizamos allí donde ya no podemos cambiar la situación; hasta el último momento cabe la posibilidad de cambiarnos a nosotros mismos, o sea, de cambiar nuestra posición frente a las cosas. Y haciéndolo, podemos crecer interiormente y más allá de nosotros, podemos madurar interiormente, incluso hasta el último suspiro. De este modo, la posibilidad de encontrar un sentido la tenemos latente hasta el final. A la gente que pregunta: ¿Es necesario sufrir para satisfacer un sentido?, yo le respondo: ¡De ningún modo! No es necesario sufrir para satisfacer un sentido. El sentido también es posible a pesar del sufrimiento, exactamente a través del sufrimiento. Mientras podamos remediar o aparcar un sufrimiento, lo único razonable es hacerlo, ya se trate de un sufrimiento de origen biológico, psicológico o político. Todo lo demás sería masoquismo y no heroísmo. Sólo allí donde justamente seamos incapaces de cambiar la situación, nos sentiremos llamados a modificarnos, a cambiar nuestra propia posición y a dar testimonio con este cambio de aquello de lo que el hombre es capaz, transformar una tragedia personal en un triunfo humano. Incluso se puede verificar empíricamente que la vida está potencialmente llena de sentido hasta el final”.

jueves, 23 de septiembre de 2021

El médico no es el llamado a juzgar acerca del valor o carencia de valor de una vida humana


Decía Viktor Frankl que el médico no es el llamado a juzgar acerca del valor o carencia de valor de una vida humana. La sociedad humana le encomienda como única misión la de ayudar allí donde pueda hacerlo y la de mitigar los dolores del que sufre en los casos en que pueda; la de curar, cuando le sea posible, y la de cuidar a los enfermos, si no consigue curarlos. Si los pacientes y sus familiares no estuviesen convencidos de que el médico toma en serio y al pie de la letra este sagrado mandato que la sociedad le otorga, le retirarían su confianza. Sería terrible que el enfermo no supiera, en ningún momento, si el médico se acerca a la cabecera de su cama como médico o como verdugo. Esta posición de principio no deja tampoco lugar a excepciones cuando se trata de enfermedades incurables, no físicas, sino mentales.

domingo, 5 de septiembre de 2021

No es posible que el hombre llegue a comprender a Dios


Como es sabido, el mundo del animal es un “mundo ambiental” (Umwelt), mientras que el hombre, como dice Max Scheler, “tiene mundo” (Welt); ahora bien, este mundo humano está en relación a un “ultramundo” (Überwelt) de la misma manera que el mundo del animal lo está al mundo de los hombres. Esto quiere decir que, así como el animal no puede estar en condiciones de entender al hombre y el mundo de este último a partir de su propio mundo ambiental, tampoco es posible que el hombre llegue a hacerse una idea clara de ese ultramundo, es decir, a comprender a Dios o a penetrar en sus designios. Tomemos como ejemplo el caso de un simio al que han puesto una inyección dolorosa con el fin de experimentar un suero. ¿Podrá el animal comprender por qué sufre? A partir de su propio mundo no está en condiciones de seguir los razonamientos del hombre que experimenta con él; porque el mundo humano, un mundo “de sentido”, no le es accesible, no está a su alcance, se halla en una dimensión que le es totalmente ajena. ¿No habremos, pues, de aceptar que el mundo humano es a su vez superado por otro mundo a él inaccesible, cuyo sentido, o mejor, ultrasentido es lo único que precisamente podría hacer comprender al hombre el sentido de su sufrimiento?, escribe el psiquiatra austriaco Viktor Frankl.

sábado, 17 de abril de 2021

Autotrascendencia y autodistanciamiento


Por la autotrascendencia, de que el hombre vaya siempre más allá de sí mismo. Pero, aparte de esta autotrascendencia, hay aquí una segunda capacidad específicamente humana; la capacidad de autodistanciamiento. El hombre puede apartarse de sí mismo, oponerse a sí mismo, incluso puede enfrentarse a sí mismo si es necesario, y este autoenfrentamiento no tiene por qué ser siempre un ejercicio heroico, sino que también puede producirse de forma irónica. El humor es, por lo tanto, una capacidad específicamente humana, porque presupone que el hombre puede reír, es más, puede reírse de sí mismo, de sus propios temores. Por ejemplo, yo no le digo al paciente “tenga más agorafobia”, sino que le digo: “Qué tal si en lugar del miedo que tiene al infarto y que ha trasladado a la agorafobia, se propusiera pensar lo siguiente: “Hoy saldré y haré que me dé un infarto, uno de miocardio y otro cerebral; saldré y mostraré a la gente de la calle cómo se pueden sufrir diez colapsos seguidos””. Verá usted como el paciente empezará a reír interiormente en ese momento. Con ello se ha ganado un distanciamiento. El paciente ya no es su síntoma, sino que tiene un síntoma; ya no es un neurótico, sino que tiene una neurosis, y puede manipularla, escribe Viktor Frankl en en su libro “En el principio era el sentido”.


Y añade Frankl que el hombre es hombre gracias a la autotrascendencia que supone buscar un sentido; la autotrascendencia tiene como finalidad esta búsqueda. Un animal no se pregunta cuál es el sentido de su existencia. Y gracias a la capacidad de autodistanciamiento, el segundo fenómeno específicamente humano, el hombre puede reírse de sí mismo, distanciarse de sí mismo, hasta el punto de autoparodiarse y, sobre todo, de parodiar a su propia neurosis. La capacidad humana de reír, un animal no puede reír, la capacidad de reírse además de uno mismo, esta capacidad humana de reírse en la propia cara, en la cara de la neurosis, interviene en la intención paradójica de la misma manera que la autotrascendencia, es decir, la búsqueda de un sentido y el efecto saludable y curativo del sentido encontrado.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Lo que importa es la actitud que el hombre adopte ante un destino irremisible



Para el psiquiatra Viktor Frankl “lo que importa es la actitud que el hombre adopte ante un destino irremisible. La posibilidad de llegar a realizar esta clase de valores se da, por tanto, siempre que un hombre se enfrenta con un destino que no le deja otra opción que la de afrontarlo; lo que importa es cómo lo soporta, cómo carga con él como una cruz. Se trata de actitudes humanas como el valor ante el sufrimiento, o como la dignidad frente a la ruina o el fracaso. Tan pronto como estos “valores de actitud” se incorporan al campo de las posibles categorías de valores, se ve que, en rigor, la existencia humana no puede, en realidad, carecer nunca de sentido. La vida del hombre conserva su sentido hasta el aliento final, hasta que exhala el último suspiro. Mientras el hombre conserva la conciencia, sigue siendo responsable frente a los valores de la vida, aunque éstos sean solamente los que llamamos de actitud. Mientras el hombre es un ser consciente, es también un ser responsable. Su deber de realizar valores no le deja en paz hasta el final instante de su existencia”.

El hombre puede, incluso, según Viktor Frankl, hallarse “obligado” a la alegría. En ese sentido, podríamos decir que “no cumple con su deber”, en cierto modo, el que viaja en el tranvía vuelto de espaldas a una espléndida puesta de sol o quien, teniendo cerca de su nariz un manojo de acacias perfumadas, interpone entre él y las flores el periódico en cuya lectura se halla sumido.

jueves, 2 de enero de 2020

Hay medios que podrían llegar a prostituir el fin más justificado


Escribía Viktor Frankl que “unos políticos sostienen que el fin justifica los medios mientras la otra clase de políticos sabe perfectamente que hay medios que podrían llegar a prostituir el fin más justificado. Que un medio sea aplicable o no, eso lo decide la más íntima conciencia”.


Y hablando de terrorismo el profesor Frankl manifiesta: “el terrorismo actual sólo se explica por el vacío existencial que han vivido los terroristas, es decir, han huido hacia delante desde una sensación de falta de sentido”.

lunes, 9 de diciembre de 2019

La necesidad de sentido



Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco decía que la gente es más infeliz en la sociedad del Estado del bienestar. Este es el trasfondo sociológico del vacío existencial, del sentimiento de falta de sentido, la sociedad actual aspira a satisfacer sus necesidades, e incluso a crearlas. Pero hay una necesidad, que, además, es la principal necesidad humana, que queda frustrada, que queda obviada por la sociedad, la necesidad de sentido. Dicho con otras palabras, el relativo bienestar material está acompañado de un empobrecimiento existencial.

sábado, 4 de mayo de 2019

La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida


Antonio Machado.
Antonio Machado decía que en la existencia de cada uno solo se pierde lo que se guarda y solo se gana lo que se da. A veces estamos empeñados en guardar, en recolectar, en alcanzar, en recibir, dinero, bienes, honores, fama, poder, y andamos buscando la felicidad en “lo de fuera” para intentar saciarnos de forma equivocada y egoísta, olvidando lo que Viktor Frankl señalaba que “la felicidad es el efecto secundario inesperado de la dedicación personal a una causa mayor que uno mismo”.


“La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves tu atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa sobre tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida”, decía Viktor Frankl.