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miércoles, 9 de octubre de 2024

El libre mercado no resuelve la desigualdad de oportunidades de partida diferentes

Edurne Uriarte, catedrática de ciencia política, escribe que “de la misma manera que hay talentos, actitudes y disposición al trabajo desiguales, también lo es que hay oportunidades de partida desiguales. ¿Resuelve por sí mismo el libre mercado esas oportunidades de partida desiguales? También es indudable que no. El libre mercado es más justo con los talentos y actitudes desiguales y, además, mucho más favorecedor del progreso. Pero el libre mercado no resuelve por sí mismo el problema de la desigualdad de oportunidades de partida diferentes. En ese sentido, el apoyo al Estado del Bienestar por la mayor parte la derecha, con la excepción del minoritario liberalismo radical, es un reconocimiento de las limitaciones del libre mercado. El Estado del Bienestar no lo resuelve todo, el sistema político tiene una influencia limitada en la sociedad y, además, también genera problemas, pero sí contribuye a limitar algunas desigualdades de oportunidades.”

miércoles, 25 de enero de 2023

Suecia era extremadamente pobre hasta que adoptó políticas de libre mercado

Como ha mostrado Nima Sanandaji, Suecia era extremadamente pobre hasta que a mediados del siglo XIX adoptó políticas de libre mercado que lo hicieron crecer rápidamente en sus niveles de riqueza. Hacia 1950 Suecia era ya uno de los países más ricos e iguales del mundo con un pequeño Estado que no consumía más de un 21 por ciento del PIB. Tras la creación del Estado del Bienestar y las subidas de impuestos, los suecos cayeron de ser el cuarto país más rico del mundo, en términos de ingreso per cápita, al número 14 del mundo en 1993. El desarrollo del modelo benefactor fue además devastador para el emprendimiento en el país nórdico, donde se vio prácticamente desaparecer la creación de empresas desde mediados de 1970 en adelante. Durante el mismo período, los suecos que emigraron a Estados Unidos, donde el Estado era menos intrusivo, tenían un promedio de ingreso un 50 por ciento superior al de sus familiares en Suecia. Finalmente, el Estado benefactor sueco sufrió una enorme crisis económica en los noventa y se reformó bajando impuestos e introduciendo políticas de libre mercado profundas. Hoy, los suecos tienen un impuesto a las empresas del 22 por ciento, más bajo que en Estados Unidos y su Estado es sustancialmente más pequeño que el francés. Además, como recordaba The Economist en 2013, los suecos y noruegos permiten que los particulares provean servicios históricamente controlados por el Estado como la salud y la educación, y lo hacen con fines de lucro. El citado artículo del The Economist llegó a decir que si de libertad de elegir se trata, Milton Friedman está mucho más en su casa en Estocolmo que en Washington. Cierto, aún los nórdicos tienen Estados demasiado grandes que castigan su capital humano con altos impuestos y deben hacer reformas para incrementar todavía más la libertad de las personas. Pero así y todo, esos países están entre los más libres del mundo económicamente según el ranking del Fraser Institute y no llegaron a ser ricos porque subieran impuestos. Es al revés, los subieron cuando ya eran ricos y tuvieron que bajarlos para no arruinarse. Como ha concluido Sanandaji en su estudio sobre el caso sueco: “Suecia giró hacia políticas social demócratas radicales en las décadas de 1960 y 1970 con una reversión gradual en 1980. El período socialdemócrata no fue exitoso pues condujo a mucho menor emprendimiento, el desplazamiento de la creación de empleos en el sector privado y la erosión de los anteriormente fuertes valores del trabajo y beneficio. El cambio hacia altos impuestos, beneficios gubernamentales relativamente generosos y un mercado laboral regulado precedieron una situación en la cual la sociedad sueca tuvo dificultades para integrar incluso inmigrantes altamente educados, y en que un quinto de la población en edad de trabajo es apoyada por diversas formas de transferencias del Gobierno”. Esta historia, que se repite en el caso de Dinamarca, Alemania y muchos otros países europeos, sólo prueba que la tesis de que existe una correlación positiva entre mayores impuestos y mayor desempeño económico y menor desigualdad es falsa.

viernes, 23 de diciembre de 2022

En nombre de la igualdad se ha instaurado el socialismo en la servidumbre

Alexis de Tocqueville, pensador, jurista, político e historiador francés, precursor de la sociología clásica y uno de los más importantes ideólogos del liberalismo, en 1848, en la Asamblea Constituyente, declaró: “La democracia y el socialismo están unidos sólo por una palabra, la igualdad; pero hay que notar la diferencia: la democracia quiere la igualdad en la libertad, y el socialismo quiere la igualdad… en la servidumbre”.

El Estado “justo”, el Estado social, el Estado del bienestar, siguen siendo, en sus premisas, el Estado constitucional construido por el liberalismo. Donde y cuando este último ha caído, como en los países comunistas, ha caído todo. En nombre de la igualdad se ha instaurado el “socialismo en la servidumbre”.

martes, 22 de marzo de 2022

España entendió la inmigración como si los acogiese el Estado del bienestar y no el país


La forma de entender la ciudadanía también determina cuestiones como la integración de los inmigrantes. En el caso de España, prevalecieron criterios según los cuales el que acogía a sus nuevos habitantes no era el país, sino el Estado del bienestar. Se trata, pues, de una experiencia radicalmente distinta a la de los españoles que emigraron a América hace décadas, y que una vez allí se incorporaban a la nación haciéndose a los preceptos sociales y legales por los que podían participar de ella. Cuando por el contrario son las políticas sociales el vínculo primario con aquellos que llegan, no solo la sociedad receptora sufre las consecuencias de un equilibrio frágil; también el inmigrante, siempre expuesto a que los ojos se vuelvan hacia él en cuanto sobrevenga el tiempo de las vacas flacas y la economía aconseje soltar lastre, escribe Xavier Reyes Matheus.



lunes, 3 de enero de 2022

La integración económica terminaba con las viejas rivalidades militares

Con el desmoronamiento del comunismo en la Europa del este, y luego, dos años después, la desintegración de la propia Unión Soviética, mucha gente llegó a la conclusión de que el modelo de democracia capitalista occidental había ganado la partida.Tanto los estados de la guerra como los estados del bienestar de mediados del siglo XX se habían debilitado por una oleada de liberalización económica internacional, liderada por el gobierno de Margaret Thatcher en Gran Bretaña. Europa occidental había mostrado desde la guerra que la integración económica unía a los pueblos y terminaba con las viejas rivalidades militares. Ahora eso parecía estar produciéndose a una escala global, manifiesta el historiador Niall Ferguson.

miércoles, 12 de febrero de 2020

La recuperación económica de Europa fue el fenómeno más espectacular de la posguerra



En parte gracias al Plan Marshall, en parte gracias a la propia iniciativa e inteligencia de los europeos, la recuperación económica de Europa fue el fenómeno más espectacular de la posguerra. Los obreros alemanes trabajaron como voluntarios en la reconstrucción de las fábricas en que habían trabajado. Las mujeres retiraban escombros, o rescataban sin el menor interés propio objetos de valor. Las ciudades fueron reconstruidas de una manera pragmática, siguiendo los antiguos trazados, pero sin pensar en el lujo. Los grandes edificios emblemáticos, desde la catedral de Colonia a la Ópera de Viena, serían reconstruidos y con la máxima fidelidad. Europa se recuperaba sin alardes, pero con sentido práctico. En Gran Bretaña se mantuvo el sistema de racionamiento hasta 1948. El gobierno laborista hubo de tropezar con grandes dificultades, y al fin fue necesario devaluar la libra esterlina, pero se fue alcanzando la estabilidad económica, y la reconstrucción fue un hecho. Tres años después de la guerra, no quedaba un edificio en ruinas. En Francia, la Cuarta República se organizó con mayoría de los partidos de izquierdas, pero fueron cobrando importancia nuevos grupos afines a la democracia cristiana con Bidault. Hacia 1950, se alcanzó el nivel de preguerra. Italia decidió, mediante referéndum, erigirse en república, pero De Gasperi y sus demócrata-cristianos realizaron una importante política social y de reconstrucción, hasta consagrar el llamado “milagro italiano”. 


Alemania Occidental se constituyó en 1949 en República Federal Alemana, que, aun con tropas de ocupación, fue una entidad soberana, dotada de una eficaz administración y unos excelentes seguros sociales. Cuenta el historiador José Luis Comellas que en general, se tendió a crear en todas partes un estado del bienestar, con amplia intervención del sector público para ayudar a las clases menos favorecidas, y ello contribuyó decisivamente a evitar la evolución hacia el comunismo. Por los años 50, Europa occidental no solo se había reconstruido, sino que era mucho más solidaria, se atisbaban crecientes signos de vinculación entre las naciones, y se había alcanzado o superado el nivel económico de antes de la guerra.

lunes, 9 de diciembre de 2019

La necesidad de sentido



Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco decía que la gente es más infeliz en la sociedad del Estado del bienestar. Este es el trasfondo sociológico del vacío existencial, del sentimiento de falta de sentido, la sociedad actual aspira a satisfacer sus necesidades, e incluso a crearlas. Pero hay una necesidad, que, además, es la principal necesidad humana, que queda frustrada, que queda obviada por la sociedad, la necesidad de sentido. Dicho con otras palabras, el relativo bienestar material está acompañado de un empobrecimiento existencial.

sábado, 27 de abril de 2019

Tenemos que dejar de hacer aquello que no añada valor


“Tenemos que dejar de hacer aquello que no añada valor, conseguir hacer más con menos y aprovechar el esfuerzo y las capacidades. Estoy a favor del estado del bienestar, pero no del estado del derroche”, afirma el empresario valenciano Juan Roig.

domingo, 9 de septiembre de 2018

La presente globalización de la cultura es un fenómeno de occidentalización del mundo.


La presente globalización de la cultura es, en alta proporción, un fenómeno de occidentalización del mundo. No se quiere decir que Europa y EE. UU. sigan siendo los únicos actores de la escena internacional sino que, aunque otras potencias asuman en el futuro un amplio protagonismo económico, Occidente está universalizando por todos los rincones del planeta sus instituciones y su concepto de ciudadanía. Instituciones como los derechos humanos, el Estado de Derecho, la democracia, el liberalismo, la economía de mercado o el estado del bienestar; y una idea igualitaria y secularizada de ciudadanía, en virtud de la cual, llegado cierto momento, al ciudadano mayor de edad se le reconoce capacidad crítica suficiente para escoger sin tutelas el estilo de vida que prefiera. 

Los países descolonizados durante los dos últimos siglos en América Latina, África o Asia (incluyendo la India y Brasil) han replicado las instituciones y el modelo de ciudadanía de la metrópoli; la caída del telón de acero incorporó gran número de Estados al bloque occidental (incluida Rusia); Japón es una democracia parlamentaria, las recientes revoluciones norteafricanas, en lo que tienen de ideológico, promueven reformas para occidentalizar sus países, etcétera.

jueves, 26 de julio de 2018

Habría que procurar perfeccionar el mercado, no abolirlo.

El tremendo aumento de sueldo de los directivos de empresa a lo largo de la última década, junto con los escándalos surgidos en las cúpulas corporativas de grandes compañías como Enron, Tyco y WorldCom no se debe al mecanismo rutinario de la economía de mercado. Los culpables son unos individuos que saben sacar partido a la debilidad estructural de determinados mercados (en este caso, perjudicando a los accionistas). Igualmente, la fortuna de Bill Gates no es producto de un mercado competitivo, sino del monopolio natural que Microsoft ejerce en el sector de los sistemas operativos informáticos (en este caso, perjudicando a los consumidores). Recomendar la abolición del capitalismo como solución para este tipo de abuso es como querer abolir el impuesto sobre la renta porque algunos millonarios no pagan a Hacienda. En ambos casos, lo que falla no es el sistema, sino las lagunas que contiene. La solución es acabar con las lagunas, no eliminar el sistema.

¿Qué quiere decir sacar partido del capitalismo global? Significa buscar todos los defectos posibles a la economía de mercado y, una vez encontrados, pensar creativamente en la forma de resolverlos. La historia del estado del bienestar en el siglo XX debería interpretarse no como una serie de batallas contra la lógica del mercado, sino como una serie de triunfos sobre los distintos fallos del mercado. En consecuencia, la retórica antimercantilista de los partidos de izquierdas es, en el mejor de los casos, inútil y, en el peor de los casos, intelectualmente extenuante. Habría que procurar perfeccionar el mercado, no abolirlo.

miércoles, 13 de junio de 2018

El incremento continuado del número de inmigrantes guarda una estrecha correlación con un marcado declive de la cohesión social.

Tony Judt dijo que hay indicios claros de que si el tamaño y la homogeneidad son importantes para generar confianza y cooperación, la heterogeneidad cultural o económica puede tener el efecto opuesto. El incremento continuado del número de inmigrantes, particularmente de inmigrantes del Tercer Mundo, guarda una estrecha correlación en los Países Bajos, Dinamarca y el Reino Unido, con un marcado declive de la cohesión social. Por decirlo sin ambages, a los holandeses e ingleses no les entusiasma compartir sus estados del bienestar con sus antiguos súbditos coloniales de Indonesia, Surinam, Pakistán o Uganda; entretanto, a los daneses, como a los austríacos, les agravia mantener a los refugiados musulmanes que han llegado a su país en gran número en los últimos años.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La socialdemocracia y el Estado del bienestar fueron los que vincularon a las clases medias profesionales y comerciales a las instituciones liberales tras la II Guerra Mundial.


La socialdemocracia y el Estado del bienestar fueron los que vincularon a las clases medias profesionales y comerciales a las instituciones liberales tras la II Guerra Mundial. Esta cuestión era de gran trascendencia, dice el profesor Judt, fue el temor y la desafección de la clase media lo que había dado lugar al fascismo. Volver a atraerla a las democracias fue, con mucho, la tarea más importante de los políticos de la posguerra, y en absoluto fácil. En la mayoría de los casos se logró gracias a la magia del “universalismo”. En vez de hacer depender los beneficios de la renta, en cuyo caso los profesionales bien retribuidos o los comerciantes prósperos podrían haberse quejado de que con sus impuestos estaban pagando unos servicios de los que ellos no se beneficiaban, a la clase media educada se le ofreció la misma asistencia social y servicios públicos que a la población trabajadora y a los pobres, educación gratuita, atención médica barata o gratuita, pensiones públicas y seguro de desempleo. 

Con tantas necesidades cubiertas por sus impuestos, al llegar la década de 1960 la clase media europea tenía mucha más renta disponible que en ningún otro momento desde 1914. Es interesante que aquellas décadas se caracterizaran por una mezcla de innovación social y conservadurismo cultural que tuvo un éxito extraordinario. El
Keynes 
propio Keynes es un ejemplo de ello. Hombre de gustos y educación elitistas, aunque excepcionalmente abierto a las nuevas creaciones artísticas, comprendía la importancia de llevar un arte, una interpretación y unos textos de la máxima calidad a un público lo más amplio posible, a fin de que la sociedad británica superase sus divisiones paralizantes. Fueron sus iniciativas las que condujeron a la creación del Royal Ballet, el Arts Council y muchas otras instituciones, innovadoras provisiones públicas de alta cultura sin concesiones, en la misma línea que la BBC de lord Reith, con su autoimpuesto compromiso de elevar el nivel de los gustos populares en vez de limitarse a satisfacerlos. 

Para Reith o Keynes, o para el ministro de Cultura francés André Malraux, en este nuevo enfoque no había ningún paternalismo, como tampoco lo había para los jóvenes estadounidenses que trabajaron con Lyndon B. Johnson en la fundación de la Corporation for Public Broadcasting o del
meritocracia.
National Endowment for the Humanities. En esto consistía la meritocracia, en que, gracias a la aportación del erario público, pudieran abrirse las instituciones de la élite a una masa de aspirantes. Comenzó el proceso de sustituir la selección basada en la herencia o la riqueza por la movilidad ascendente mediante la educación.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Otto von Bismarck fue el primero en promover el moderno estado del bienestar.

Un conocido socialista manifestaba en un canal de televisión, que uno de los grandes inventos de los socialistas había sido el ser los primeros en promover el estado de bienestar.

Resulta que dicha afirmación carece de cualquier rigor histórico. Otto von Bismarck (1815-1898), canciller de Alemania y que no era socialista sino todo lo contrario, fue el primero en promover el moderno estado del bienestar, con cosas tales como el seguro por desempleo y las pensiones de vejez en la década de 1880, y su ejemplo fue seguido en toda Europa.