Mostrando entradas con la etiqueta disposición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta disposición. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2025

Vivimos a costa de las generaciones futuras

Benedicto XVI escribe en Luz del mundo que “hoy en día los gobiernos acumulan deudas en un nivel nunca visto. Un solo país como Alemania gasta en el año 2010 nada menos que 43 900 millones de euros sólo para el pago de intereses a los bancos: o sea, por el hecho de que, aun con toda la riqueza existente, hemos llevado un tren de vida situado por encima de nuestras posibilidades. Sólo esos pagos de intereses bastarían para poner a disposición alimentos durante un año para todos los niños de los países en desarrollo”.
“Vivimos a costa de las generaciones futuras. En tal sentido se advierte que vivimos en la falsedad. Vivimos orientados hacia las apariencias, y las grandes deudas se tratan como algo de nuestra propiedad, sin más. También aquí todos se percatan en teoría de que haría falta una reflexión, reconocer de nuevo lo que realmente es posible, lo que se puede, lo que se debe, y sin embargo, esto mismo no penetra en los corazones de los hombres.”

miércoles, 9 de octubre de 2024

El libre mercado no resuelve la desigualdad de oportunidades de partida diferentes

Edurne Uriarte, catedrática de ciencia política, escribe que “de la misma manera que hay talentos, actitudes y disposición al trabajo desiguales, también lo es que hay oportunidades de partida desiguales. ¿Resuelve por sí mismo el libre mercado esas oportunidades de partida desiguales? También es indudable que no. El libre mercado es más justo con los talentos y actitudes desiguales y, además, mucho más favorecedor del progreso. Pero el libre mercado no resuelve por sí mismo el problema de la desigualdad de oportunidades de partida diferentes. En ese sentido, el apoyo al Estado del Bienestar por la mayor parte la derecha, con la excepción del minoritario liberalismo radical, es un reconocimiento de las limitaciones del libre mercado. El Estado del Bienestar no lo resuelve todo, el sistema político tiene una influencia limitada en la sociedad y, además, también genera problemas, pero sí contribuye a limitar algunas desigualdades de oportunidades.”

sábado, 22 de enero de 2022

El síndrome del tio Gilito

Un anuncio reciente hace un elogio ostentoso del hecho de que, al fin y al cabo, “el lujo es un derecho” (para quien lo tiene). E insiste en la idea de que el verdadero bienestar es la sensación de poder que nace de la posesión, más que de la utilidad. Esto es, tener a la propia disposición el objeto de goce es un placer mayor aún que su consumo. El ahorro perfecto de Narciso, gozar del reflejo. Felicidad virtual pura, sin esfuerzo, no ya de la producción, sino incluso del consumo.

El poder de transformación en ídolo del crecimiento sin trabajo real ni finalidad humanística, que aspira a controlarlo todo y a mantenerse fuera del control de todos, está representado por el icono del crecimiento del tío Gilito, que goza exclusivamente de la posesión, en la que se zambulle como en un baño regenerador, el goce del goce disponible, dice Pierangelo Sequeri. La acumulación monetaria, como modelo de producción de la riqueza de goce virtualmente disponible, halla su homólogo en la pura enormidad de la posesión, que da fe del poder del goce.

sábado, 6 de enero de 2018

La primera virtud del filósofo es admirarse.

García Morente
Dice García Morente que el que quiere ser filósofo necesitará puerilizarse, infantilizarse, hacerse como el niño pequeño. ¿En qué sentido conviene que el filósofo  se puerilice? En el sentido de que la disposición de ánimo para filosofar debe consistir esencialmente en percibir y sentir por dondequiera, en el mundo de la realidad sensible, como en el mundo de los objetos ideales, problemas, misterios; admirarse de todo, sentir lo profundamente arcano y misterioso de todo eso; plantarse ante el universo y el propio ser humano con un sentimiento de estupefacción, de admiración, de curiosidad insaciable, como el niño que no entiende nada y para quien todo es problema. Esa es la disposición primaria que debe llevar al estudio de la filosofía el principiante. 

Platón creía que la primera virtud del filósofo es admirarse. Admirarse, sentir esa divina inquietud, que hace que donde otros pasan tranquilos, sin vislumbrar siquiera que hay problema, el que tiene una disposición filosófica está siempre inquieto, intranquilo, percibiendo en la más mínima cosa problemas, arcanos, misterios, incógnitas, que los demás no ven. Aquel para quien todo resulta muy natural,
una dosis primera de infantilismo
para quien todo resulta muy fácil de entender, para quien todo resulta muy obvio, ése no podrá nunca ser filósofo. El filósofo necesita, pues, una dosis primera de infantilismo; una capacidad de admiración que el hombre ya hecho, que el hombre ya endurecido y encanecido, no suele tener. Por eso Platón prefería tratar con jóvenes, a tratar con viejos. 


Sócrates, el maestro de Platón, andaba entre la juventud de Atenas, entre los niños y las mujeres. Para Sócrates los grandes actores del drama filosófico son los jóvenes y las mujeres. Esa admiración es una fundamental disposición para la filosofía. Y resumiendo esta disposición, podremos definirla ahora, ya de un modo conceptual, como la capacidad de problematizarlo todo, de convertirlo todo en problema. Otra segunda disposición que conviene enormemente llevar al trabajo filosófico, es la que pudiéramos llamar el espíritu de rigor en el pensamiento, la exigencia de rigor, la exigencia de
Sócrates.
exactitud. En este sentido, también podría decirse que la edad mejor para comenzar a filosofar es la juventud. El joven no pasa por movimientos mal hechos en las cosas del espíritu. El joven tiene una exigencia de rigor, una exigencia de racionalidad, de intelectualidad, que el hombre ya viejo, con el escepticismo que la edad trae, no suele nunca poseer, termina diciendo Don Manuel.