“Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado. Sin embargo, hacia finales de siglo, país tras país, incluyendo países con gobiernos socialistas y comunistas, ya habían, en gran medida, dejado atrás dichos intentos. Cuando las decisiones económicas salen de las manos de los individuos que operan en un mercado y se ponen en las de expertos de comisiones planificadoras y otras por el estilo, esto suele verse como la transferencia de poder en la toma de decisiones de aquellos con menos conocimiento a aquéllos con más conocimiento, pero, en la mayoría de los casos, se trata en realidad de una transferencia de poder a expertos con menos conocimiento y mayor arrogancia. Los mediocres resultados de la planificación central, que provocó que muchas naciones los dejaran de lado hacia finales del siglo pasado, es algo fácil de entender si se tiene en cuenta la dificultad de procesar el tipo de conocimiento que la habría hecho efectiva”, manifiesta Thomas Sowell que es economista y miembro distinguido de la Hoover Institution de la Universidad Stanford.
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domingo, 15 de junio de 2025
Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado
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jueves, 7 de noviembre de 2024
Las economías de mercado a menudo son consideradas economías del dinero, son mucho más economías del conocimiento
En las economías de libre mercado, hemos visto corporaciones de miles de millones de dólares caer de la cima, algunas hasta el punto de la quiebra y la desaparición, porque su conocimiento de las circunstancias cambiantes, y las implicaciones de esos cambios, se quedó atrás del de sus rivales advenedizos. Lo que es importante no es si A&P sucumbió ante Safeway o Montgomery Ward ante Sears, sino que el conocimiento y la perspicacia resultaron ser decisivos en la competencia en el mercado. El público se benefició de esto, al obtener lo que deseaban a precios más bajos, debido a que algunas decisiones de negocios fueron basadas en un entendimiento más claro de las realidades económicas del momento y las circunstancias. En las economías de planificación central, hemos visto a los planificadores verse abrumados por la tarea de tratar de fijar literalmente millones de precios y cambiar constantemente dichos precios en respuesta a los innumerables y en muchos casos impredecibles cambios en las circunstancias. No es sorprendente que hayan fracasado en tantas ocasiones. Lo que es sorprendente es que alguien haya esperado que sean exitosas, dada la enorme cantidad de conocimiento que hubiese sido necesario para hacer que este tipo de situación funcionara. Lenin fue sólo uno de muchos teóricos a lo largo de los siglos que imaginó que sería más fácil para los funcionarios gubernamentales manejar las actividades económicas, y el primero en encontrarse de forma directa con las catástrofes sociales y económicas a las que llevaron esas creencias, como él mismo admitió.
Mientras que las economías de mercado a menudo son consideradas economías del dinero, son mucho más economías del conocimiento, ya que siempre se puede contar con dinero para financiar nuevas ideas, tecnologías y métodos organizativos que funcionan, incluso cuando estas innovaciones son creadas por personas que inicialmente no tenían dinero, escribe Thomas Sowell, miembro distinguido de la Hoover Institution de la Universidad Stanford.
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miércoles, 9 de octubre de 2024
El libre mercado no resuelve la desigualdad de oportunidades de partida diferentes
Edurne Uriarte, catedrática de ciencia política, escribe que “de la misma manera que hay talentos, actitudes y disposición al trabajo desiguales, también lo es que hay oportunidades de partida desiguales. ¿Resuelve por sí mismo el libre mercado esas oportunidades de partida desiguales? También es indudable que no. El libre mercado es más justo con los talentos y actitudes desiguales y, además, mucho más favorecedor del progreso. Pero el libre mercado no resuelve por sí mismo el problema de la desigualdad de oportunidades de partida diferentes. En ese sentido, el apoyo al Estado del Bienestar por la mayor parte la derecha, con la excepción del minoritario liberalismo radical, es un reconocimiento de las limitaciones del libre mercado. El Estado del Bienestar no lo resuelve todo, el sistema político tiene una influencia limitada en la sociedad y, además, también genera problemas, pero sí contribuye a limitar algunas desigualdades de oportunidades.”
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sábado, 17 de agosto de 2024
La riqueza no se extrae sino que se crea
Nada le han dado a usted gratis como para decir que merecen un derecho a lo que usted tiene, y si se lo hubieran dado voluntariamente gratis sería una donación y las donaciones por definición no permiten reclamar algo a cambio porque son, como se dice en derecho civil, “a título gratuito”. Que usted se haya hecho más rico que todos los demás tampoco altera esta regla, más bien la confirma. Dado que la riqueza no se extrae sino que se crea, mientras más rica sea una persona bajo las reglas de libre mercado más enriquecerá a sus conciudadanos, escribe Axel Kaiser.
jueves, 21 de marzo de 2024
A medida que los mercados se volvían más libres y más internacionales, la cantidad de riqueza disponible se incrementaba
Cuenta el profesor canadiense Stephen R. C. Hicks que “con el desarrollo del libre mercado llegó una comprensión teórica del impacto productivo de la división del trabajo y de la especialización, del impacto retardatorio del proteccionismo y de otras regulaciones restrictivas. Capturando y ampliando esas percepciones, La riqueza de las Naciones, de Adam Smith, publicado en 1776, es el texto trascendental en la historia de la economía moderna. La teoría y la práctica se desarrollaron en conjunto, y a medida que los mercados se volvían más libres y más internacionales, la cantidad de riqueza disponible se incrementaba dramáticamente. Por ejemplo, las estimaciones de NFR Crafts sobre el ingreso anual promedio per cápita británico, aceptadas tanto por los historiadores a favor del capitalismo como por los opositores, muestran un incremento sin precedentes históricos, de 333 dólares en 1700 a 399 dolares en 1760, a 427 dólares en 1800, a 498 dólares en 1830, para dar un gran salto en 1860 a 804 dólares”.
jueves, 29 de febrero de 2024
Los precios son el núcleo de los incentivos en una economía de mercado
En la vida todos dependemos de otras personas, y especialmente de un sinnúmero de extraños que producen todo lo que tenemos a nuestra disposición. Pocos podríamos cultivar el alimento que necesitamos para vivir, mucho menos construir un lugar en el que vivir o producir cosas como ordenadores o automóviles. Otras personas tienen que crear todas esas cosas para nosotros, y los incentivos económicos son esenciales para ello. Los precios son el núcleo de los incentivos en una economía de mercado.Se dice que el último presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, preguntó lo siguiente a la primera ministra británica, Margaret Thatcher: «¿Cómo se las arregla usted para que la gente tenga alimentos?». Le respondió que ella no tenía que hacer nada, pues los precios se encargaban de aquello. El pueblo británico estaba mejor alimentado que el de la Unión Soviética, a pesar de que los británicos no habían producido suficiente alimento para subsistir más de un siglo. Los precios les traían alimentos de otros países, escribe Thomas Sowelle, economista y teórico social estadounidense, miembro distinguido de la Hoover Institution de la Universidad Stanford.
China, dice Sowelle, donde a comienzos del siglo XXI, los comunistas, que continúan gobernando, ya permitían que el libre mercado operara en gran parte de la economía. A pesar de que en China vive una quinta parte de la población mundial, sólo cuenta con un 10 por ciento de la tierra cultivable del mundo, de manera que alimentar a su población podría continuar siendo el problema crítico que alguna vez fue, aquellos tiempos en los que cada hambruna recurrente segaba la vida de millones de personas. En la actualidad, los precios atraen alimento de otros países. El alimento de China proviene del exterior, de Sudamérica, de Estados Unidos y de Australia.
Los precios no son simplemente un medio para transferir dinero, sino que su función principal es brindar incentivos que afecten al comportamiento en el uso de los recursos, y de los productos que resultan de éstos. Los precios no solamente orientan a los consumidores, sino también a los productores.El sistema económico del libre mercado es comúnmente considerado un sistema de lucro, pero en realidad se trata de un sistema de ganancias y pérdidas, y las pérdidas son tan importantes como el lucro para la eficiencia de la economía, porque informan a los productores de lo que deben dejar de hacer, de lo que deben dejar de producir, de dónde deben dejar de asignar recursos, de en qué deben dejar de invertir. Las pérdidas fuerzan a los productores a dejar de producir lo que los consumidores ya no quieren.
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miércoles, 25 de enero de 2023
Suecia era extremadamente pobre hasta que adoptó políticas de libre mercado
Como ha mostrado Nima Sanandaji, Suecia era extremadamente pobre hasta que a mediados del siglo XIX adoptó políticas de libre mercado que lo hicieron crecer rápidamente en sus niveles de riqueza. Hacia 1950 Suecia era ya uno de los países más ricos e iguales del mundo con un pequeño Estado que no consumía más de un 21 por ciento del PIB. Tras la creación del Estado del Bienestar y las subidas de impuestos, los suecos cayeron de ser el cuarto país más rico del mundo, en términos de ingreso per cápita, al número 14 del mundo en 1993. El desarrollo del modelo benefactor fue además devastador para el emprendimiento en el país nórdico, donde se vio prácticamente desaparecer la creación de empresas desde mediados de 1970 en adelante. Durante el mismo período, los suecos que emigraron a Estados Unidos, donde el Estado era menos intrusivo, tenían un promedio de ingreso un 50 por ciento superior al de sus familiares en Suecia. Finalmente, el Estado benefactor sueco sufrió una enorme crisis económica en los noventa y se reformó bajando impuestos e introduciendo políticas de libre mercado profundas. Hoy, los suecos tienen un impuesto a las empresas del 22 por ciento, más bajo que en Estados Unidos y su Estado es sustancialmente más pequeño que el francés. Además, como recordaba The Economist en 2013, los suecos y noruegos permiten que los particulares provean servicios históricamente controlados por el Estado como la salud y la educación, y lo hacen con fines de lucro. El citado artículo del The Economist llegó a decir que si de libertad de elegir se trata, Milton Friedman está mucho más en su casa en Estocolmo que en Washington. Cierto, aún los nórdicos tienen Estados demasiado grandes que castigan su capital humano con altos impuestos y deben hacer reformas para incrementar todavía más la libertad de las personas. Pero así y todo, esos países están entre los más libres del mundo económicamente según el ranking del Fraser Institute y no llegaron a ser ricos porque subieran impuestos. Es al revés, los subieron cuando ya eran ricos y tuvieron que bajarlos para no arruinarse. Como ha concluido Sanandaji en su estudio sobre el caso sueco: “Suecia giró hacia políticas social demócratas radicales en las décadas de 1960 y 1970 con una reversión gradual en 1980. El período socialdemócrata no fue exitoso pues condujo a mucho menor emprendimiento, el desplazamiento de la creación de empleos en el sector privado y la erosión de los anteriormente fuertes valores del trabajo y beneficio. El cambio hacia altos impuestos, beneficios gubernamentales relativamente generosos y un mercado laboral regulado precedieron una situación en la cual la sociedad sueca tuvo dificultades para integrar incluso inmigrantes altamente educados, y en que un quinto de la población en edad de trabajo es apoyada por diversas formas de transferencias del Gobierno”. Esta historia, que se repite en el caso de Dinamarca, Alemania y muchos otros países europeos, sólo prueba que la tesis de que existe una correlación positiva entre mayores impuestos y mayor desempeño económico y menor desigualdad es falsa.
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viernes, 14 de octubre de 2022
Muchos gobiernos impiden el libre funcionamiento del mercado
Decía Adam Smith que el libre mercado actúa como una especie de mano invisible que conduce a cada empresa a producir lo que los consumidores quieren. A pesar de este principio básico de la economía, muchos gobiernos de todo el mundo introducen regulaciones o barreras que impiden el libre funcionamiento del mercado. A menudo, esas regulaciones responden a buenas intenciones. El problema es que las buenas intenciones no siempre bastan para garantizar buenos resultados y hay que sopesar cuidadosamente sus consecuencias. Es necesario recordar, dice Xavier Sala i Martín, profesor en la Universidad de Columbia,que los impuestos distorsionan los precios de mercado y conducen a la toma de decisiones equivocadas.
sábado, 19 de marzo de 2022
Los Estados Unidos y Alemania, acabarían luchando para decidir quién ocuparía el lugar del Imperio británico
El ascenso de Estados Unidos a potencia en el escenario mundial a comienzos del siglo XX se correspondió con el auge de una forma característicamente estadounidense, el capitalismo corporativo, es decir, burocrático. Como Giovanni Arrighi señaló, al mismo tiempo estaba surgiendo en Alemania un modelo corporativo análogo, y ambos países, los Estados Unidos y Alemania, acabarían luchando durante la mayor parte de la primera mitad del siglo para decidir quién ocuparía el lugar de un Imperio británico en declive e impondría su visión particular para un nuevo orden mundial económico y político. Todos sabemos quién ganó. Arrighi señala aquí otra cosa interesante. A diferencia del Imperio británico, que se había tomado en serio su retórica acerca del libre mercado y había eliminado sus propias tasas proteccionistas con la famosa Ley de importación de 1846, ni el régimen estadounidense ni el alemán se mostraron muy interesados en el libre comercio. Los estadounidenses, en especial, estaban más interesados en crear estructuras administrativas internacionales. Lo primero que hicieron los Estados Unidos, tras tomar oficialmente las riendas de manos de Gran Bretaña, tras la Segunda Guerra Mundial, fue construir las primeras instituciones burocráticas a escala planetaria en las Naciones Unidas y Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el GATT, que posteriormente se convertiría en la OMC. El Imperio británico nunca había intentado nada similar. O conquistaba otras naciones o comerciaba con ellas.
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martes, 19 de mayo de 2020
El estado neoliberal
El estado neoliberal debería favorecer unos fuertes derechos de propiedad, el imperio de la ley, y las instituciones del libre mercado y del libre comercio. Éstos son los puntos de acuerdo considerados esenciales para garantizar las libertades individuales, dice el profesor David Harvey. El marco legal viene definido por obligaciones contractuales libremente negociadas entre sujetos jurídicos en el mercado. La inviolabilidad de los contratos y el derecho individual a la libertad de acción, de expresión y de elección deben ser protegidos. La libertad de los empresarios y de las corporaciones (contempladas por el sistema jurídico como personas) para operar dentro de este marco institucional de mercados libres y de libre comercio, es considerada un bien fundamental. La empresa y la iniciativa empresarial son tratadas como las llaves de la innovación y de la creación de riqueza.
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viernes, 13 de septiembre de 2019
Se necesitan gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad.
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| Prototipo internacional del kilogramo que se guarda en Sèvres, cerca de París. |
Sólo existe un objeto en el mundo que pese oficialmente un kilogramo preciso, y reposa en una cámara acorazada a las afueras de París, Francia. El prototipo internacional del kilogramo, un pequeño cilindro de platino e iridio hecho en 1889, es el objeto con relación al cual están calibradas todas las balanzas del mundo. Ese trozo de metal se guarda bajo fuertes medidas de seguridad, pues muchos temen que si se dañara o perdiera, la actividad económica en todo el mundo poco a poco se paralizaría. Una compañía que comprara una tonelada de acero a una fábrica al otro lado del mundo ya no podría estar segura de que recibe la cantidad correcta y no se le ha timado mediante el uso de una escala mal calibrada. El establecimiento de estándares.
Cuenta el periodista británico Edmund Conway que la economía no puede funcionar aprovechando plenamente sus capacidades sin estándares oficiales, establecidos en la ley tanto en el nivel nacional como internacional. Incluso los más ardientes abanderados del libre mercado aceptan que seguimos necesitando gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad. Sin tales leyes, el libre mercado no podría funcionar de manera apropiada y lo que tendríamos sería la anarquía (un peligro que ya había señalado Adam Smith). Necesitamos un gobierno para hacer cumplir los contratos entre las personas y las empresas y para establecer los estándares que los ciudadanos han de seguir. Las personas necesitan estar seguras sabiendo que si poseen algo no les será confiscado de manera arbitraria, y que las trampas y el robo no quedarán impunes.
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sábado, 9 de febrero de 2019
Impuesto de donaciones y el impuesto sobre los salarios.
Cualquier impuesto a las donaciones es un impuesto al capital. Esto es particularmente cierto en el caso de las herencias, donde la agregación de capital se transfiere a un heredero, estando claro que la donación no proviene de rentas actuales. Por tanto, un impuesto a las herencias es un impuesto puro sobre el capital. Su impacto es en la práctica devastador, porque (a) afecta a grandes sumas, pues en algún momento dentro de pocas generaciones, toda propiedad debe pasar a herederos y (b) la perspectiva de un impuesto sobre la herencia destruye el incentivo y el poder del ahorro y de construir un patrimonio familiar. El impuesto de sucesiones es probablemente el ejemplo más devastador de un impuesto puro sobre el capital. Un impuesto de sucesiones y donaciones tiene el afecto añadido de penalizar la caridad y la preservación de los lazos familiares. Es curioso que algunos de los más fervientes partidarios de gravar las donaciones y herencias son los primeros en afirmar que nunca habrá “suficiente” caridad cuando se deja actuar al libre mercado, dice Murray Rothbard.
Con respecto al impuesto sobre los salarios, Murray
Rothbard opina que es un gravamen sobre la renta que el asalariado no puede repercutir. No hay nadie a quien repercutirlo, especialmente no es posible hacerlo al empresario, que siempre tiende a obtener un tipo de interés uniforme. De hecho, hay impuestos indirectos sobre salarios que se trasladan al asalariado en forma de menores ingresos salariales. Un ejemplo es la parte de la seguridad social o de las primas de desempleo, que gravan al empresario. La mayoría de los empleados creen que evitan totalmente esta parte del impuesto, que paga el empresario. Están completamente equivocados. El empresario no puede trasladar el impuesto al consumidor. De hecho, como el impuesto grava en proporción a los salarios, se repercute enteramente a los propios asalariados. La parte del empresario es sencillamente un impuesto recaudado a costa de la reducción de los salarios netos de los empleados.
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martes, 6 de noviembre de 2018
El desmoronamiento de los fundamentos establecidos del poder estatal.
Las instituciones del Estado de bienestar están siendo progresivamente desmanteladas, mientras que se eliminan las restricciones previamente impuestas a las actividades comerciales y al libre juego de la competencia mercantil y sus consecuencias. El Estado se lava las manos ante la vulnerabilidad y la incertidumbre que dimanan de la lógica del libre mercado, redefinida ahora como un asunto privado. Estas nuevas tendencias, afirma Zygmunt Bauman, tienen un efecto secundario, socavan los fundamentos en los que se apoyaba cada vez más el poder estatal en los tiempos modernos.
El célebre crecimiento de la apatía política, la pérdida del interés y el compromiso políticos, la creciente despreocupación por la ley, múltiples signos de desobediencia civil y una retirada masiva de la participación en la política institucionalizada por parte de la población, todos estos fenómenos atestiguan el desmoronamiento de los fundamentos establecidos del poder estatal.
Dice Zygmunt Bauman que el Estado confía en restaurar su monopolio perdido, fortaleciendo de manera artificial o, cuando menos, dramatizando mucho con el fin de inspirar un volumen de “temor oficial” lo bastante grande como para eclipsar y relegar a una posición secundaria las preocupaciones relativas a la inseguridad generada por la economía, sobre la cual nada puede ni desea hacer la administración estatal. A diferencia del caso de las
amenazas al sustento y al bienestar generadas por el mercado, el alcance de los peligros para la seguridad personal debe anunciarse intensamente y pintarse del más oscuro de los colores, de suerte que la no materialización de las amenazas pueda aplaudirse como un evento extraordinario, como un resultado de la vigilancia, el cuidado y la buena voluntad de los órganos estatales.
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miércoles, 20 de junio de 2018
La economía libre.
Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus, dice que, “tanto a nivel de naciones, como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades”. Juan Pablo II concluiría lo siguiente: “¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá este el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil? La respuesta obviamente es compleja. Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de economía de empresa, economía de mercado o, simplemente, de economía libre”.
La economía libre era el camino de los países pobres, pensaba Juan Pablo II. Pero, más allá de ello, ¿se puede decir que el libre mercado es del todo ajeno a la tradición católica? Para nada. Fueron sacerdotes españoles quienes sentaron las bases del liberalismo económico moderno. En su libro Raíces cristianas de la economía de libre mercado, Alejandro Chafuén realizó un completo estudio del pensamiento escolástico tardío que se extendió entre los siglos XIV y XVI, concluyendo que en este se encuentra abundante material a favor del libre mercado. Así, el sacerdote Domingo de Soto, de la orden de los dominicos, diría que la propiedad común inevitablemente “perturba la paz y tranquilidad entre los ciudadanos”; por su parte, el fraile Tomás de Mercado haría una férrea defensa
de la propiedad privada y del interés propio diciendo que “no hay quien no pretenda su interés y quien no cuide más de proveer su casa que la república”, y que, como consecuencia“las haciendas particulares van adelante y crecen, las de la ciudad y consejo disminuyen, son mal proveídas y peor regidas”. Esta es la crítica más tradicional que realiza el liberalismo clásico a lo estatal por ineficiente y corrupto, precisamente porque, al no haber interés individual y jugar con recursos ajenos, no existen en el ámbito estatal los incentivos para funcionar
bien. El dominico Francisco de Vitoria, impulsor de la célebre corriente de pensamiento llamada Escuela de Salamanca, diría incluso que “si los bienes se poseyeran en común, serían los hombres malvados e incluso los avaros y ladrones quienes más se beneficiarían”, porque “sacarían más y pondrían menos en el granero de la comunidad”. El eclesiástico Pedro Fernández de Navarrete escribe que “de los altos impuestos se ha originado la pobreza”, haciendo imposible a las personas sustentar su vida y las de sus familias y llevando a abandonarlas. El jesuita Juan de Mariana manifiesta que los funcionarios estatales buscaban mejorar su patrimonio a expensas del resto, y que, por lo mismo, buscaban extender el poder del rey, es decir del Estado. Este afán de incrementar el poder del Estado terminaba degenerando en “tiranía”, según Juan de Mariana. Estos tiranos, agregaba, “agotan los tesoros de los particulares, imponen todos los días nuevos tributos, siembran la discordia entre los ciudadanos, ponen en juego todos los medios posibles para impedir que los demás puedan sublevarse contra su acerba tiranía”, y añade que “debe ante todo procurar el príncipe que, eliminados todos los gastos superfluos, sean moderados los tributos”.
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| Tomás de Mercado |
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| Francisco de Vitoria. |
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martes, 5 de junio de 2018
Subsidio.
En el libre mercado, la riqueza solo es producto de las elecciones voluntarias de todos los individuos, en la medida en que las personas se dan servicio entre sí. Pero la posibilidad del subsidio gubernamental permite un cambio, abre el paso a una asignación de la riqueza de acuerdo con la habilidad de una persona o grupo para controlar el aparato del Estado. El subsidio del gobierno crea un proceso distinto de distribución (no una “redistribución”, como alguien se sentiría tentado a decir).
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| Murray Rothbard |
En primer lugar, dice Murray Rothbard, con los subsidios las ganancias se apartan de la producción y el intercambio y se determinan independientemente. En la medida en que se produce esta distribución, por tanto, la asignación de ganancias se distorsiona alejándose del servicio eficiente a los consumidores. Por tanto, podemos decir que todos los casos de subsidio, añade Rothbard, penalizan coercitivamente la eficiencia en beneficio de los ineficientes. Consecuentemente, los subsidios prolongan la vida de empresas ineficientes a costa de las eficientes, distorsionan el sistema productivo y dificultan la movilidad de los factores de las ubicaciones menos productivas a las más productivas. Dañan significativamente al mercado e impiden la completa satisfacción de los deseos de los consumidores.
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sábado, 2 de septiembre de 2017
La dinámica esencial del motor que impulsa el libre mercado fue analizada por Adam Smith.
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| Adam Smith. |
Casi un siglo antes de la gran obra de Marx, la dinámica esencial del motor que impulsa el capitalismo (el libre mercado) fue analizada por el economista escocés Adam Smith. En la época en que escribía La riqueza de las naciones (1776), muchas de las condiciones que permitirían el florecimiento del capitalismo de libre mercado ya estaban establecidas. El crecimiento del comercio interior y exterior había dado lugar a un espíritu empresarial y a una generación de comerciantes que llevó a Gran Bretaña mucha de la riqueza que alimentaría las nuevas fábricas de la revolución industrial.
El profesor e historiador Ben Dupré cuenta que al mismo tiempo, se estaba formando una clase de trabajadores sometidos, quisieran o no, a discrecionalidad salarial, con campesinos desplazados en masa por el hundimiento de las tierras gestionadas feudalmente. El último obstáculo en el avance de la transformación económica era la abundancia de monopolios y los controles de precios todavía impuestos por el Estado. Smith radicó en comprender que, en un
mercado donde se da rienda suelta a la iniciativa, a la competencia y a la motivación de la ganancia personal, la dinámica de la oferta y la demanda garantizará que los productores generen bienes y servicios que los consumidores desean comprar, a un precio que ofrece un beneficio razonable pero no excesivo sobre su inversión. El sistema así concebido se autorregula de manera natural, en tanto las variables como el coste, el precio y el beneficio se determinan como funciones del sistema como un todo y no pueden ser manipuladas, sin dañar el propio sistema, ni por las partes de una transacción ni por una tercera parte (como el gobierno) ajena a ella. Eso significa que la política y la economía son esencialmente distintas y que los políticos no deberían interferir en cuestiones económicas.
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| competencia |
Aunque Smith sostenía que el mercado libre era el mecanismo más eficaz para coordinar la actividad económica, concedía también que el Estado tenía un papel más allá de limitarse a facilitar el comercio. La cuestión de si algunas necesidades de la sociedad, como el transporte y la educación, las suministra mejor el Estado o la iniciativa privada ha sido objeto de un enconado debate desde entonces.
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jueves, 3 de agosto de 2017
No es lo mismo la empresa privada que la propiedad privada.
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