Mostrando entradas con la etiqueta siglo XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta siglo XX. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2026

Europa central

Kundera en su ensayo Un Occidente secuestrado habla de las tres Europas que surgieron después de la Guerra Mundial. La Occidental, la Oriental y la situada geográficamente en el centro, “culturalmente en el Oeste y políticamente en el Este, la más complicada de las tres”. La explicación es que la Europa geográfica comportaba dos Europas. Una de ascendencia romana, alfabeto latino y vinculada a la Iglesia católica y otra marcada por Bizancio, la Iglesia ortodoxa y de alfabeto cirílico. Tras 1945 “la frontera entre esas dos Europas se desplazó unos pocos cientos de kilómetros hacia el Oeste y algunas naciones que siempre se habían considerado occidentales se despertaron en un buen día y constataron que se encontraban en el Este”. Polonia, Chequia, Hungría… Se trata de naciones históricamente exhaustas que “arrinconadas por un lado por los alemanes y por el otro por los rusos, en la lucha por su supervivencia y por su lengua consumieron demasiadas fuerzas. Así, después de la Primera Guerra mundial, Europa central se transformó en una zona de pequeños y vulnerables estados cuya debilidad permitió las primeras conquistas de Hitler y el triunfo final de Stalin”. 
“¿Qué es Europa central?, se pregunta Kundera, es esa cierta zona de pequeñas naciones entre Rusia y Alemania”. Y repregunta, “¿Que es una pequeña nación? Aquella cuya existencia puede ser cuestionada en cualquier momento, aquella que puede desaparecer, y lo sabe. Un francés, un ruso o un inglés no suelen hacerse preguntas sobre la supervivencia de su nación. Sus himnos no hablan más que de grandeza y de eternidad. Ahora bien, el himno polaco empieza con este verso, Polonia aún no ha perecido…”. Kundera no le da demasiado valor a esas fronteras políticas “inauténticas, siempre impuestas por invasiones, conquistas y ocupaciones”, porque lo que define al conjunto centroeuropeo “son las grandes situaciones comunes que reúnen a los pueblos y los agrupan cada vez de manera diferente, dentro de fronteras imaginarias y siempre cambiante, en cuyo interior subsisten la misma memoria, la misma experiencia, la misma comunidad de tradición”. Esa vivencia que comparten las pequeñas naciones es la sensación de vivir en la cuerda floja, de no haber perecido aún, como decía el himno polaco, pero poder hacerlo en cualquier momento. Bajo el yugo de una existencia amenazada y en entredicho, su identidad se revuelve, se reafirma, se proyecta en manifestaciones diversas de algo que les une y les libera; la cultura, o mejor, un sentido profundo, radical y vital de cultura. Schönberg y Béla Bartok, Kakfa y Hasel, Broch, Musil. Gombrowicz, Schulz, Witkiewicz, Freud, Husserl, Joseph Roth, Danilo Kiš… Muchos representantes de esa gran cultura centroeuropea son judíos y marcaron con su genio, por encima de luchas nacionales, el devenir de las artes, el pensamiento… “Los judíos han sido en el siglo XX el principal elemento cosmopolita e integrador de Europa central, su argamasa intelectual, condensación de su espíritu creador, de su unidad espiritual. Por eso los amo y me aferro a su legado con pasión y nostalgia, como si fuera mi propio legado personal. ¿Que son los judíos sino una pequeña nación, la pequeña nación por excelencia?”.


sábado, 14 de febrero de 2026

Los experimentos marxistas del siglo XX subrayaron los fallos inherentes de la teoría

Los experimentos marxistas del siglo XX subrayaron los fallos inherentes de la teoría. El más importante de todos es que el control centralizado de la economía se reveló algo inmensamente difícil de llevar a cabo, si no imposible. Cuando el telón de acero cayó en la década de 1990 y las antiguas repúblicas soviéticas se abrieron a la mirada de Occidente, resultó visible que, pese a toda la rimbombancia de los años de la guerra fría, eran países terriblemente subdesarrollados. Mientras que las fuerzas de la oferta y la demanda creaban economías dinámicas que generaban riqueza a un ritmo veloz, los sistemas centralizados de la Unión Soviética y China se anquilosaron y ahogaron la innovación. Sin competencia entre compañías (el motor fundamental de los mercados libres), la economía sencillamente funcionó al ralentí, empujada por los burócratas. Hubo sólo un área en la que los soviéticos realmente sobresalieron, la innovación militar y aeronáutica. Resulta significativo que éste fuera el único campo en el que había una competencia directa, en este caso con Occidente durante la guerra fría, escribe Edmund Conway, editor de economía de Sky News 24h y columnista habitual de The Times y Sunday Times.

domingo, 15 de junio de 2025

Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado

“Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado. Sin embargo, hacia finales de siglo, país tras país, incluyendo países con gobiernos socialistas y comunistas, ya habían, en gran medida, dejado atrás dichos intentos. Cuando las decisiones económicas salen de las manos de los individuos que operan en un mercado y se ponen en las de expertos de comisiones planificadoras y otras por el estilo, esto suele verse como la transferencia de poder en la toma de decisiones de aquellos con menos conocimiento a aquéllos con más conocimiento, pero, en la mayoría de los casos, se trata en realidad de una transferencia de poder a expertos con menos conocimiento y mayor arrogancia. Los mediocres resultados de la planificación central, que provocó que muchas naciones los dejaran de lado hacia finales del siglo pasado, es algo fácil de entender si se tiene en cuenta la dificultad de procesar el tipo de conocimiento que la habría hecho efectiva”, manifiesta Thomas Sowell que es economista y miembro distinguido de la Hoover Institution de la Universidad Stanford. 

viernes, 14 de marzo de 2025

Robar el poder es bastante más fácil de lo que pensamos

Para Frank Dikötter es evidente que todas las dictaduras han podido perdurar por la utilización del terror en interrelación con el culto a la personalidad del líder. Este proceso es subrayado como el mismo corazón de la tiranía contemporánea. Terror y carisma son el reverso y el anverso de una misma moneda.
Los dictadores crecieron gracias al uso de un discurso demagógico que buscaba redimir la experiencia de amplios grupos de población que se sentían abandonados o humillados. Megalómanos de su propia personalidad, el poder se convirtió en el camino hacia una eternidad deseada. Estos tiranos dispusieron de todos los medios para  someter a su pueblo. Las estrategias fueron variadas, aunque se afianzaron a través del abuso y la mentira. El problema principal al que se enfrentaron fue que su dominio nunca llegó a ser para siempre.  Cualquier respaldo popular obtenido fue una ilusión vana. De una forma u otra, estos dictadores fracasaron en sus intenciones últimas. Algunos murieron durante el desarrollo de su proyecto. Otros no pudieron sobrevivir, ni tan siquiera en la memoria de sus seguidores, tras su fallecimiento. El dictador del siglo XX, en realidad, buscó sembrar la mayor confusión posible para imponer su autoridad y acabar con cualquier rastro de sentido común. La obediencia total, el aislamiento de las personas y la aniquilación de la dignidad humana son el sostén de cualquier programa dictatorial. Dikötter subraya que robar el poder es bastante más fácil de lo que pensamos.


martes, 19 de noviembre de 2024

Las dictaduras españolas del siglo XX se presentaron como las herederas del regeneracionismo

El rey Alfonso XIII y el dictador Miguel Primo de Rivera
El peso económico de Cuba en el conjunto de nuestras relaciones coloniales era singularmente relevante, lo que traerá una serie de repercusiones muy profundas sobre la Península. Es ese volumen económico lo que había impedido a la oligarquía española enfrentarse al problema cubano con una dosis mínima de objetividad y de ecuanimidad. Quisieron conservarlo todo y mantener allí intocables sus privilegios seculares, y el resultado fue que acabaron perdiéndolo todo.
Como fenómeno cultural y político el regeneracionismo constituye uno de los referentes centrales de la España de 1900. Apenas hay espíritu antidemocrático en el regeneracionismo de 1900. Pero es un movimiento que bascula entre la derecha y las posiciones de centro. Esto ha contribuido a que las dictaduras españolas del siglo XX (la de Primo de Rivera y la de Franco) se hayan presentado como las herederas de los programas y del estilo regenerador. Los dos militares habrían sido el “cirujano de hierro” que Costa pide para España al terminar el siglo XIX. Y Tierno Galván acepta esta interpretación al afirmar que el regeneracionismo y Costa conforman las bases programáticas de toda la derecha española del siglo XX,escribe el profesor José Luis Abellán de la Universidad Complutense.


domingo, 3 de noviembre de 2024

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder. Todos los horrores de la Europa del siglo XX nacieron de aquella guerra, “la calamidad de la que surgieron todas las demás calamidades”, como la definió el historiador estadounidense Fritz Stern. El año 1914 fue, en efecto, la crisis por excelencia de esa historia, por lo que provocó y por lo que ocurrió después, porque por el camino se llevó al imperio ruso, a cuya caída siguió pocos meses después, un año antes de que esa guerra terminara, la conquista del poder por los bolcheviques.Los altos dirigentes, emperadores y reyes acudían a los actos públicos con uniforme militar; las revistas militares eran una parte esencial del ceremonial público, y, según Christopher Clark, “el culto a la exhibición militar se introdujo en la vida pública y privada de sus comunidades”.
Había una falta de transparencia diplomática en la mayoría de las maniobras de los ministros de Asuntos Exteriores, especialmente cuando trataban de los Balcanes, el escenario que sirvió de detonante al conflicto y que ya había conocido dos guerras, en 1912 y 1913, antes de que la tercera se extendiera en cinco semanas del verano de 1914 a todo el continente.Cuando el archiduque Francisco Fernando (1863-1914) y su esposa, Sofía Chotek (1868-1914), fueron asesinados en Sarajevo el 28 de junio de 1914, la elite europea estaba disfrutando de su vida privilegiada y exquisita. La noticia del asesinato sorprendió al emperador Guillermo II de Alemania (1859-1941) navegando en su yate. El presidente de Francia, Raymond Poincaré (1860-1934), aunque recibió un telegrama en el hipódromo, donde estaba en compañía de otros miembros del cuerpo diplomático, se quedó a disfrutar de las carreras.
Se esperaba que la guerra fuera corta y aunque los gobiernos de los principales poderes contribuyeron a poner en riesgo la paz con sus movilizaciones bélicas, ninguno de ellos había hecho planes militares o económicos para un prolongado combate. Sabían que si entraban en guerra todos la vez, algo que posibilitaba el sistema de alianzas pactado unos años antes, el dinero y las energías gastadas podrían conducir a la bancarrota de la industria y del crédito en Europa. Al declarar la guerra general en agosto de 1914, escribe Ruth Henig, “los poderes europeos contemplaban una serie de encuentros militares cortos e incisivos, seguidos presumiblemente de un congreso general de los beligerantes en el que confirmarían los resultados militares mediante un arreglo político y diplomático”. Guillermo (1885-1951), el príncipe heredero de la corona alemana, ansiaba que la guerra fuera “radiante y gozosa”. La guerra, ideada para garantizar la sobrevivencia y continuidad de los imperios alemán y austrohúngaro, acabó con su estrepitosa derrota y desaparición cuatro años después. Por el camino se llevó al imperio ruso, desacreditó la democracia liberal y de la batalla salieron también el comunismo y el fascismo, alternativas y después polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado.
Referencia:La venganza de los siervos de Julián Casanova




miércoles, 4 de septiembre de 2024

Tampoco fue fácil el siglo XX

Terminó la contienda Primera Guerra Mundial, que muchos habían esperado corta y había durado más de cuatro años. Se calcula que perecieron 8 millones de soldados, cifra nunca vista……Entre 1915 y 1917 se produjo el genocidio armenio, por la política turca de aniquilar a los cristianos dentro de su imperio: los cálculos varían entre medio y un millón y medio de víctimas…..Una pandemia de gripe en 1918-19, originada en Usa y llamada inadecuadamente gripe española, mató a entre 50 y 100 millones de personas, sobre todo en China e India. En  Estados Unidos murieron unas 600.000, en Europa Central y Oriental unos dos millones, de 200.000 a 300.000 en España, y pudo tener efectos en la posterior epidemia de encefalitis letárgica que causó millones de nuevas víctimas…….La guerra de Vietnam terminó en 1975, desastrosamente para Estados Unidos, donde provocó graves discordias sociales y una larga y pesada crisis moral. No solo fue Vietnam, también cayeron en poder comunista Laos y Camboya, donde el nuevo poder perpetró uno de los genocidios más horripilantes del siglo.

sábado, 1 de junio de 2024

El comunismo fue una entrega psicológica comparable a la de una fe religiosa

La presencia soviética en los asuntos del mundo era como un certificado de la presencia soviética en la historia del mundo.Ni siquiera los enemigos del socialismo imaginaban que el régimen soviético pudiera desaparecer, y que la Revolución de Octubre pudiese ser borrada; y menos aún que esta ruptura pudiese originarse en ciertas iniciativas del partido único en el poder.El universo comunista se deshizo por sí solo. Esto se puede ver en otra señal, esta vez diferida; solo quedan los hombres que, sin haber sido vencidos, han pasado de un mundo a otro convertidos a otro sistema, partidarios del mercado y de las elecciones, o bien reciclados en el nacionalismo. Pero de su experiencia anterior no queda ni una idea. Los pueblos que salen del comunismo parecen estar obsesionados por negar el régimen en que vivieron, aun cuando hayan heredado sus hábitos o sus costumbres.
Entre los escombros de la Unión Soviética no aparecen ni dirigentes dispuestos al relevo, ni verdaderos partidos, ni nueva sociedad, ni nueva economía. Solo se puede ver a una humanidad atomizada y uniforme, a tal punto que resulta demasiado cierto que las clases sociales han desaparecido. Incluso el campesinado, al menos en la URSS, fue destruido por el Estado. Los pueblos de la Unión Soviética tampoco han conservado fuerzas suficientes para expulsar a una nomenklatura dividida, ni siquiera para influir realmente sobre el curso de los acontecimientos.
La experiencia soviética constituye una de las grandes reacciones antiliberales y antidemocráticas de la historia europea del siglo XX, siendo la otra, desde luego, la del fascismo en sus diferentes formas.No fue algo parecido a un error de juicio, que con la ayuda de la experiencia se puede reparar, medir y corregir; más bien, fue una entrega psicológica comparable a la de una fe religiosa, aunque su objeto fuese histórico. La ilusión no acompaña a la historia comunista, escribe François Furet.



viernes, 24 de noviembre de 2023

Cuando fue hecha la señal terrible del Armageddon

La Gran Guerra se diferencia de todas las anteriores en la inmensa potencia de los contendientes y de los medios de destrucción empleados, y de las guerras modernas, en la extrema crueldad con que se combatió. Entraron en acción todos los horrores de todas las épocas, y no solo los ejércitos, sino también la población en masa, fueron arrojados a ellos. Los estados más civilizados implicados en la contienda creyeron, con razón, que su misma existencia estaba en peligro. Alemania, que había desencadenado este infierno, mantenía el régimen de terror; pero era seguida, paso a paso, por las desesperadas y castigadas naciones que había sojuzgado. Todo ultraje contra la humanidad y las leyes internacionales fue cobrado en represalias, muchas veces a gran escala y duraderas. Ni treguas ni negociaciones mitigaron el uso de las armas. Los heridos morían entre las líneas de fuego; abandonados, se convertían en polvo. Los barcos mercantes neutrales y los barcos hospital eran atacados y echados al fondo del mar, y los que iban a bordo, abandonados a su suerte, o se los mataba cuando intentaban salvarse. Se hizo toda clase de esfuerzos para someter por hambre a las naciones, sin consideración alguna al sexo y a la edad de sus habitantes. Las ciudades y los monumentos eran arrasados por la artillería, las bombas se lanzaban desde el aire indiscriminadamente, los gases asfixiantes ahogaron o marchitaron a los soldados en la flor de su juventud y se proyectaba fuego líquido sobre sus cuerpos, los hombres caían en llamas desde los aires o eran ahogados, muchas veces lentamente, en los lugares más apartados.
En el siglo XX, su sistema nervioso fue capaz de soportar tensiones físicas y morales ante las cuales se hubieran derrumbado las simples naturalezas humanas de los tiempos primitivos. Luchó una y otra vez bajo los espantosos bombardeos, una y otra vez del hospital al frente, una y otra vez frente a los terribles submarinos; siempre, inflexible. Y con todo ello, individualmente, siempre conservó, aun a través de tanto tormento, las glorias de una mentalidad razonable y compasiva….Y cuando fue hecha la señal terrible del Armageddon, se mostró que la humanidad era mucho más fuerte en valor, tenacidad, cerebro, ciencia, maquinismo y organización, no solo de todo lo conocido hasta entonces, sino de cuanto hubiera podido imaginar el más audaz optimista.
Referencia: La crisis mundial 1911-1918  de Winston Churchill


lunes, 12 de diciembre de 2022

La Guerra Civil española fue un combate entre la revolución y la contrarrevolución

La Guerra Civil española de 1936-1939 se ha descrito de muy diversas maneras, en su mayoría relacionadas con afinidades ideológicas o luchas de poder internacionales. En pocas ocasiones se ha analizado partiendo de su definición más precisa, la de un combate entre la revolución y la contrarrevolución que, pese a ser un fenómeno relativamente típico en la Europa de la primera mitad del siglo XX, no deja de ser singular por su ubicación geográfica, su momento y ciertos rasgos característicos. Los Gobiernos de Gran Bretaña y Francia no fueron demasiado reacios a reconocer esta realidad; de ahí su renuencia a intervenir en términos militares, mientras que el régimen que más empeño puso en considerarla en esos términos, sin hablar de sus operaciones propagandísticas para tratar de despistar a los occidentales, fue la Unión Soviética, que durante el conflicto y los siguientes cincuenta años siempre se refirió a la “guerra nacional-revolucionaria española”, poniendo el énfasis en la lucha revolucionaria, al contrario de los comentaristas occidentales. La Guerra Civil española también fue singular en su condición de guerra de religión, por el carácter masivo del anticlericalismo de los revolucionarios y por la reacción virulenta que desató. En cierto sentido, este fue un componente tan importante como la movilización militar. En todas las guerras civiles revolucionarias de la primera mitad del siglo XX hubo factores religiosos, pero nunca de forma tan determinante como en España, escribe el historiador Stanley G. Payne.

Añede Payne que el ejemplo soviético fue fundamental para la radicalización del socialismo español, mientras la derecha española se inspiró menos en el fascismo que en los regímenes autoritarios y católicos de Austria y Portugal. De igual modo, los dos bandos reaccionaron ante las iniciativas del contrario con una alarma acentuada por los acontecimientos que estaban teniendo lugar en el extranjero.

miércoles, 14 de abril de 2021

El siglo XX aniquiló la ilusión de los que pronosticaban un progreso sin límites una vez alejada la idea de Dios



El siglo XX aniquiló, en la práctica, la ilusión de los ilustrados que pronosticaban para la humanidad un progreso sin límites una vez alejada de las conciencias la idea de Dios. Muy al contrario, en términos de vida y sufrimiento humanos, el siglo XX supone para la humanidad una regresión espantosa, con sus genocidios y sus holocaustos que no fueron solamente obra de Lenin, de Stalin, de Hitler o de Mao, sino que se prolongan en las catástrofes atómicas de la segunda guerra mundial, en guerras de exterminio como la de Vietnam o en los genocidios tribales africanos.

martes, 23 de marzo de 2021

Siglo XX


Juan Pablo II decía que para la historia el siglo XX sería considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Sería la época en que los falsos profetas y los falsos maestros lograron el mayor éxito posible.

domingo, 24 de enero de 2021

La sensibilidad carmelita de Juan Pablo II



Poco después de la muerte del papa Juan Pablo II el 2 de abril de 2005, Henri Kissinger declaró a NBC News que sería difícil imaginar a alguien en el siglo XX con un impacto mayor que el sacerdote y obispo polaco que, en la noche de su elección, en 1978, se describió a sí mismo como un hombre llamado a Roma “de un país lejano”.



George Weigel, biógrafo de Juan Pablo II, escribe que Karol Wojtyła albergaba una sensibilidad carmelitana. Sus intentos juveniles de abrazar la vida monástica en esa familia religiosa no se concretaron, pero su vida espiritual y su entera visión de la condición humana, estaba profundamente marcada por su encuentro, siendo joven, con los escritos de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Ávila. De estos dos místicos aprendió que la verdad central de la existencia se funda en la cruz de Cristo. Los hombres llegan a su plenitud no por la autoafirmación, sino por el don de sí en la obediencia a la voluntad de Dios.  En la Universidad Católica de Lublin, Wojtyła  situaría la “ley del don”, o la ley-del-darse-a-sí-mismo, en las bases de su ética. De igual modo que cada una de nuestras vidas constituye un regalo que se nos concede, así debemos hacer de nuestras vidas un don para los demás. La dimensión carmelitana de Juan Pablo II, tan rica en matices, resultó amplificada por lo que podríamos llamar la dimensión mariana de su vida interior: esa parte profunda de su personalidad formada por la comprensión de sí mismo como hijo espiritual de la Virgen María, bajo cuya protección puso su pontificado. Es bien conocida la devoción polaca a la Virgen María, encarnada en la Madonna negra de Czestochowa. 


domingo, 16 de agosto de 2020

Amañar el pasado es la forma más antigua de control del conocimiento



En realidad, yo no creo, dice Tony Judt, que desatender el pasado sea nuestro mayor riesgo; el error característico del presente es citarlo desde la ignorancia. Una ciudadanía mejor informada es menos susceptible de que la engañen con un uso abusivo del pasado al servicio de los errores del presente. Un rasgo que tenían en común las sociedades cerradas del siglo XX, ya fueran de izquierdas o de derechas, era que manipulaban la historia. Amañar el pasado es la forma más antigua de control del conocimiento. Si tienes en tus manos el poder de la interpretación de lo que pasó antes (o simplemente puedes mentir acerca de ello), el presente y el futuro están a tu disposición. De modo que, por simple prudencia democrática, conviene garantizar que la ciudadanía esté informada históricamente.

Y añadía Tony Judt que no puedes enseñar la historia de Estados Unidos diciendo que antes se creía en general que la Guerra Civil fue por la abolición de la esclavitud, pero ¡ja!, te aseguro que se trató de algo muy distinto. Porque las pobres criaturas de la primera fila se miran entre sí y se preguntan: “Espera un momento, ¿qué está diciendo? ¿Qué es la Guerra Civil? ¿Cuándo pasó? ¿Quién ganó?”. Estos enfoques supuestamente críticos, dirigidos, seamos generosos, a ayudar a los niños y estudiantes a formar sus propios juicios, son contraproducentes. Generan confusión más que perspicacia, y la confusión es la enemiga del conocimiento. Antes de que nadie, ya se trate de un niño o de un estudiante de postgrado, pueda entender el pasado, tiene que saber lo que ocurrió, en qué orden y con qué resultado.

martes, 4 de agosto de 2020

Es un hecho de la primera década del siglo XXI el retorno de la religión al centro de la escena política y económica



Los bancos islámicos ofrecen servicios compatibles con la creencia religiosa y con el comportamiento social islámico en más de sesenta países. Explica Razi Fakih, socio de Sequentis Consulting, que las finanzas islámicas constituyen una industria muy nueva. La banca y las finanzas convencionales existen desde que tenemos memoria. Las finanzas islámicas se iniciaron en algún momento de la década de 1960 en Egipto, y creo que hasta la de 1990 no despegaron realmente, de modo que en ese contexto llevan sólo menos de dos décadas.


Cuenta el historiador Neil McGregor que “es el resultado de la creciente importancia económica de Oriente Medio. Pero es también un signo de algo más, porque este desarrollo bancario contradice lo que había sido una creencia generalizada durante todo el siglo XX. A partir de la Revolución francesa, la mayoría de los intelectuales y economistas supusieron que la religión iría disminuyendo regularmente como elemento de la vida pública, y que a largo plazo las fuerzas de Dios acabarían cediendo ante las del dinero. Uno de los hechos más asombrosos de la primera década del siglo XXI ha sido el retorno de la religión al centro de la escena política y económica en muchas partes del mundo”.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Se vuelve a descubrir el nacionalismo como verdadera fuerza motriz de nuestra época


 Imre Kertész

Después de que el siglo XX se definiera durante un tiempo como la oposición entre comunismo y capitalismo y también, en términos más generales, entre totalitarismo y democracia, el malo y el bueno, ahora se vuelve a descubrir el nacionalismo como verdadera fuerza motriz de nuestra época. Vuelven a regalarnos una palabra carente de todo significado preciso, si es que no buscamos el significado en el proceso de cómo una palabra de contenido en el fondo positivo se transformó en algo absolutamente negativo. El sentimiento nacional provocó en su día revoluciones, creó estados nacionales, inspiró a poetas y artistas, es decir, demostró ser una idea creadora. Sabemos muy bien qué es, en cambio, hoy en día; al fin y al cabo, nadie nace nacionalista; el ser humano nace a lo sumo con inclinaciones egoístas y destructivas, que con el tiempo se ven frustradas por el contacto con el mundo exterior, y así surge el nacionalista. No se parece a Lajos Kossuth, ni a Manzoni, ni a George Washington, sino más bien a Adolf Hitler. Y así como los movimientos neonazis se han convertido en meras repeticiones, en la elaboración auto-repetitiva del pasado no elaborado, que ya no contiene un pensamiento creativo, un elemento positivo ni por casualidad, el nacionalismo no es hoy en día más que una de las múltiples caras de la destrucción, un rostro tan repelente como los diversos fundamentalismos o como los diferentes intentos de salvar el mundo, escribe Imre Kertész, escritor húngaro que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2002.


¿Patria, hogar, país? A lo que Kertész responde que de todo ello quizá se pueda hablar de otro modo algún día… o quizá nunca más volvamos a hablar de ello. Es posible que los seres humanos se den cuenta algún día de que todos estos valores son abstractos y que para vivir sólo necesitamos, en realidad, un lugar habitable.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Todo lo que quedó fue un mar de sangre, millones de vidas arruinadas



“Varlam Shalámov escribió: “Yo participé en una batalla colosal, una batalla perdida por una genuina renovación de la humanidad”. Yo reconstruyo la historia de esa batalla, sus victorias y sus derrotas. La historia de cómo la gente quiso construir el Reino Celestial en la Tierra. ¡El paraíso! ¡La Ciudad del Sol! Y, al final, todo lo que quedó fue un mar de sangre, millones de vidas arruinadas”, dijo Svetlana Alexiévich en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2015. 

 Svetlana Alexiévich
En 1917, se produjo uno de aquellos hechos que marcarían la historia del siglo XX. Después de casi un año de conmociones revolucionarias los bolcheviques, liderados por Lenin, tomaban el poder. Se iniciaba así, en la antigua Rusia, una experiencia política sin precedentes que buscaba realizar los sueños de Marx referidos a la creación de un tipo de sociedad cualitativamente diferente a todo lo conocido hasta entonces, el comunismo. El resultado no fue la instauración de un paraíso terrenal sino el surgimiento del primer Estado totalitario. Al final del día, todo lo que quedó del deslumbrante sueño redentor fue, como expresó Svetlana Alexiévich en su discurso de aceptación del premio Nobel, “un mar de sangre, millones de vidas arruinadas”.


miércoles, 17 de julio de 2019

¿Por qué tendríamos que renunciar a imponer el Bien por la fuerza?

El escritor ruso Vassili Grossman, analista del totalitarismo del siglo XX, constató: “Donde se levanta el alba del Bien, mueren niños y ancianos y corre la sangre”. ¿Por qué tendríamos que renunciar a imponer el Bien por la fuerza? Debemos renunciar a este proyecto porque corremos el peligro de que se deriven más sufrimientos que alegrías. La nobleza del fin no justifica la vileza de los medios.


En el documento titulado The National Security Strategy, del 20 de septiembre de 2002, se afirma que, aunque se desconozca el momento y el lugar de los futuros ataques enemigos, Estados Unidos está en su derecho de combatir a los enemigos potenciales, sean terroristas o sean estados favorables al terrorismo. La introducción del concepto de guerra preventiva supone una verdadera innovación en las relaciones internacionales modernas, ya que las grandes potencias, aunque nunca se habían privado de intervenir en los asuntos de los países pequeños, tampoco habían erigido nunca como principio la decisión unilateral de declarar la guerra basándose en la mera posibilidad de un ataque.

viernes, 10 de mayo de 2019

El acontecimiento político más importante del siglo XX fue el enfrentamiento entre regímenes democráticos y regímenes totalitarios


El acontecimiento político más importante del siglo XX fue el enfrentamiento entre regímenes democráticos y regímenes totalitarios, en el que los segundos pretendían corregir los defectos de los primeros. Este conflicto, responsable de la Segunda Guerra Mundial, de unos sesenta millones de muertos y de infinitos sufrimientos, concluyó con la victoria de la democracia. Se venció al nazismo en 1945, y el hundimiento del comunismo data de noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín, que simboliza el desenlace. Es inconcebible que en un futuro próximo resurja la amenaza totalitaria. Es cierto que algunos países del mundo siguen reivindicando la ideología comunista, pero ya no nos parecen una amenaza, sino anacronismos que seguramente no sobrevivirán mucho tiempo.



Tzvetan Todorov opina que el populismo actual no supone el resurgimiento del fascismo, y todavía menos del nazismo. Su sentido histórico es otro. Su actual ascenso muestra que por fin se ha pasado una importante página de la historia del siglo XX. El ciclo que inició la Primera Guerra Mundial y que cerró la caída del muro de Berlín, que vivió el florecimiento y después el hundimiento de la utopía comunista, la toma del poder por parte de regímenes fascistas y nazis, y su posterior desaparición, ese ciclo que colocó en la palestra los totalitarismos y las democracias ha concluido en la actualidad.

jueves, 18 de octubre de 2018

Hambrunas críticas han caracterizado el siglo XX.

Bolcheviques requisando grano a campesinos. 
Hambrunas críticas han caracterizado al siglo XX. En efecto, el siglo de los grandes avances médicos, en el cual la esperanza de vida se duplicó, fue también la época de las mayores emergencias por hambre de las que se tiene noticia, dice el historiador alemán Jürgen Osterhammel. En la Unión Soviética en 1921-1922 y 1932-1934, en Bengala en 1943, en el gueto de Varsovia en 1941-1942, en Leningrado durante la ocupación de las tropas alemanas (1941-1944), en los Países Bajos en el invierno de 1944-1945, en China de 1959 a 1961, en el Sudán en 1984-1985.

Los efectos de estas hambrunas críticas son los mismos en todas las culturas. Personas de todas las edades se alimentan cada vez peor y en menor cantidad, hierbas, cortezas de árbol, animales sin limpiar. Se adelgaza hasta quedar convertido en esqueleto. Es casi inevitable que surjan problemas adicionales como el escorbuto, sobre todo allí donde (como en Irlanda) se estaba acostumbrado a dietas ricas en vitaminas. La urgencia de sobrevivir destruye los lazos sociales e incluso los familiares, confirma Osterhammel. La lucha por la comida enfrenta a los vecinos entre sí. Los adultos se suicidan, a los niños se los vende, no hay defensa contra el ataque de los animales.
El canibalismo forma una línea recta con la desesperación. Los supervivientes quedan traumatizados, los niños de una generación hambrienta suelen padecer daños físicos, los gobiernos a los que se reprocha la culpa original o la falta de ayuda suficiente suelen quedar desacreditados durante décadas. Los recuerdos se apelotonan en la memoria colectiva.