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domingo, 22 de enero de 2023

Poder obrar mal es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad

Dios, al crear, ha dejado impresas en las cosas la huella de su creación, especialmente en el ser humano, hecho a su imagen y semejanza. En el hombre se manifiesta ese rastro divino en su deseo de Dios. Fiel a la tradición neoplatónica, san Agustín pondrá el fin del hombre en el retorno al Ser del que procede. La novedad de su planteamiento es que en ese retorno interviene la libertad. La libertad es el buen uso del libre albedrío. Poder obrar mal, piensa, es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad.

martes, 4 de agosto de 2020

Es un hecho de la primera década del siglo XXI el retorno de la religión al centro de la escena política y económica



Los bancos islámicos ofrecen servicios compatibles con la creencia religiosa y con el comportamiento social islámico en más de sesenta países. Explica Razi Fakih, socio de Sequentis Consulting, que las finanzas islámicas constituyen una industria muy nueva. La banca y las finanzas convencionales existen desde que tenemos memoria. Las finanzas islámicas se iniciaron en algún momento de la década de 1960 en Egipto, y creo que hasta la de 1990 no despegaron realmente, de modo que en ese contexto llevan sólo menos de dos décadas.


Cuenta el historiador Neil McGregor que “es el resultado de la creciente importancia económica de Oriente Medio. Pero es también un signo de algo más, porque este desarrollo bancario contradice lo que había sido una creencia generalizada durante todo el siglo XX. A partir de la Revolución francesa, la mayoría de los intelectuales y economistas supusieron que la religión iría disminuyendo regularmente como elemento de la vida pública, y que a largo plazo las fuerzas de Dios acabarían cediendo ante las del dinero. Uno de los hechos más asombrosos de la primera década del siglo XXI ha sido el retorno de la religión al centro de la escena política y económica en muchas partes del mundo”.

sábado, 27 de octubre de 2018

Las conclusiones dostoyevskianas son comienzos.

Fyodor Dostoevsky.
Los demonios, como locos furiosos, se arrojan al mar y perecen todos. Pero el enfermo se cura. Stepan Trofimovich evoca este milagro en el momento de su muerte: “El enfermo se curará y se sentará a los pies de Jesús… y todos lo mirarán con asombro…”. El texto no se aplica únicamente a Rusia sino al propio moribundo. Stepan Trofimovich es ese enfermo que cura en la muerte y al que la muerte cura. Stepan se ha dejado llevar por la oleada de escándalos, de crímenes y de delitos que inunda la ciudad. Su fuga se arraiga en la locura general pero cambia de significación tan pronto como es emprendida. Es un retorno a la tierra materna y a la luz del día. Su vagabundeo conduce al anciano a un miserable camastro de pensión donde la vendedora ambulante de evangelios le lee el texto de san Lucas, cuenta René Girard. El moribundo percibe la verdad en el relato de los demonios de Gerasa. Así pues, podemos decir que el orden sobrenatural nace del desorden supremo. Cuanto más se aproxima Stepan a la muerte más se aleja de la mentira: “Amiga mía, he mentido toda mi vida. Hasta cuando decía la verdad. Nunca he hablado por amor a la verdad, sino por amor a mí mismo; esto ya lo sabía antes pero sólo ahora lo veo”. Stepan pronuncia unas palabras que contradicen claramente sus antiguas ideas. El apocalipsis no quedaría completo sin una cara luminosa. En la conclusión de Los Demonios hay dos muertes antitéticas. Una muerte que es extinción del espíritu y una muerte que es espíritu; una muerte que sólo es muerte, la de Stavroguin, y una muerte que es vida, la de Stepan Trofimovich. Este doble desenlace no es excepcional en la obra de Dostoyevski, dice Girard. Reaparece en Los hermanos Karamazov donde se oponen la locura de Iván Karamazov y la conversión redentora de Dimitri. Reaparece en Crimen y castigo donde se oponen el suicidio de Svidrigailov y la conversión de Raskolnikov. La vendedora ambulante de evangelios que vela junto a Stepan juega un papel más desvaído pero análogo al de Sofía. Es una mediadora entre el pecador y el texto sagrado. Raskolnikov y Dimitri Karamazov no mueren físicamente pero no por ello dejan de resucitar. Todas las conclusiones dostoyevskianas son comienzos. Se inicia una vida nueva, entre los hombres y en la eternidad…



Añade Girard que en el Quijote la agonía del héroe se asemeja mucho a la de Stepan Trofimovich. La pasión caballeresca nos es presentada como una auténtica posesión de la que el moribundo se ve afortunada pero tardíamente liberado. Su lucidez reconquistada permite a Don Quijote, como a Stepan Trofimovich, repudiar su existencia anterior. "Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma". El desengaño español tiene el mismo sentido que la conversación dostoyevskiana, concluye Girard.