El hombre es un ser relacional. Si se trastoca la primera y fundamental relación del hombre, la relación con Dios, entonces ya no queda nada más que pueda estar verdaderamente en orden. De esta prioridad se trata en el mensaje y el obrar de Jesús. El quiere en primer lugar llamar la atención del hombre sobre el núcleo de su mal y hacerle comprender que si no eres curado en esto, no obstante todas las cosas buenas que puedas encontrar, no estarás verdaderamente curado, escribe Joseph Ratzinger.
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domingo, 10 de mayo de 2026
La relación con Dios
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miércoles, 14 de enero de 2026
La felicidad es una actividad del alma
Aristóteles define a los humanos como seres dotados de razón, a diferencia de los animales. La razón es la mayor cualidad humana, lo más excelente que hay en nosotros.
Quienquiera que cultive sus capacidades intelectuales a lo largo de la vida lleva una vida próspera y plena que, según Aristóteles, se identifica con la felicidad y o la dicha, que a su vez es la meta de toda actividad humana y el bien supremo. La felicidad no es un estado pasivo como el enamoramiento, sino una actividad del alma, un esfuerzo, un logro. Los bienes externos como la salud, la belleza, la riqueza, un determinado cargo, la amistad y la felicidad familiar también pueden contribuir, aunque de manera secundaria, a la felicidad perfecta; el placer puede acompañar a lo perfecto, si bien lo decisivo para alcanzar la verdadera felicidad es la vida activa conforme a la razón.
El hombre virtuoso para Aristóteles no debe su bondad al conocimiento obtenido mediante la formación académica, sino al hábito de obrar a menudo de forma justa, prudente y razonable….Obrar prudentemente requiere un carácter firme capaz de controlar los impulsos y deseos recurriendo a la razón. El buen carácter es el resultado del poso de la razón y del ejercicio del dominio de uno mismo. Si a este buen carácter se le añade la prudencia necesaria para cada ocasión concreta, el acto moral virtuoso resulta perfectamente logrado.
La prudencia como principal orientación al decidir lo que debe desearse y lo que debe evitarse, la prudencia señala y pondera los requisitos y las exigencias concretas en las múltiples situaciones imprevisibles en las que es necesario actuar. Constituye, dice Aristóteles, una virtud intelectual irrenunciable, ya que permite tomar la decisión correcta al actuar en cada caso particular.
Quienquiera que cultive sus capacidades intelectuales a lo largo de la vida lleva una vida próspera y plena que, según Aristóteles, se identifica con la felicidad y o la dicha, que a su vez es la meta de toda actividad humana y el bien supremo. La felicidad no es un estado pasivo como el enamoramiento, sino una actividad del alma, un esfuerzo, un logro. Los bienes externos como la salud, la belleza, la riqueza, un determinado cargo, la amistad y la felicidad familiar también pueden contribuir, aunque de manera secundaria, a la felicidad perfecta; el placer puede acompañar a lo perfecto, si bien lo decisivo para alcanzar la verdadera felicidad es la vida activa conforme a la razón.
El hombre virtuoso para Aristóteles no debe su bondad al conocimiento obtenido mediante la formación académica, sino al hábito de obrar a menudo de forma justa, prudente y razonable….Obrar prudentemente requiere un carácter firme capaz de controlar los impulsos y deseos recurriendo a la razón. El buen carácter es el resultado del poso de la razón y del ejercicio del dominio de uno mismo. Si a este buen carácter se le añade la prudencia necesaria para cada ocasión concreta, el acto moral virtuoso resulta perfectamente logrado.
La prudencia como principal orientación al decidir lo que debe desearse y lo que debe evitarse, la prudencia señala y pondera los requisitos y las exigencias concretas en las múltiples situaciones imprevisibles en las que es necesario actuar. Constituye, dice Aristóteles, una virtud intelectual irrenunciable, ya que permite tomar la decisión correcta al actuar en cada caso particular.
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domingo, 11 de enero de 2026
En las leyes de la naturaleza se revela una razón superior
El hombre es capaz de discernir en modo no utilitarista, por qué se da cuenta de que algunas cosas son acordes con su dignidad y otras no, por qué experimenta la culpa y la vergüenza cuando obra mal, y el gozo y la paz, en cambio, cuando se comporta con justicia; por qué es capaz de extasiarse ante la belleza de una puesta de sol, del cielo lleno de estrellas o de una excelsa obra de arte. Nada de eso se puede atribuir razonablemente a la obra ciega del cosmos, al producto impersonal de las interacciones materiales.
Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante”.
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domingo, 16 de marzo de 2025
El secreto de Ulises, y de toda la civilización occidental, es la virtud
La filosofía se procura por el sentido de la vida, la ciencia busca el descubrimiento y la expresión numérica de las leyes que rigen la naturaleza. La ética es el necesario arte de obrar bien. Estética es la reflexión sobre la belleza. La literatura puede resumirse como el arte de contar historias. Política entendemos el arte de hacer posible una sociedad justa.
Aristoteles escribe en Etica a Nicómaco que “toda acción humana busca siempre algún bien. El médico busca la salud, el soldado busca la victoria, el marino la buena navegación, el comerciante la riqueza.”
La conducta humana se enfrenta a la doble posibilidad de ser humana o inhumana. Porque la libertad lleva consigo el riesgo de escoger tanto la conducta digna y lógica como otra indigna y patológica. Etica es la elección de la conducta digna, el esfuerzo por obrar bien y la ciencia y el arte de conseguirlo….Ulises, héroe que despliega ante nuestros asombrados ojos una lección tan breve como inestimable. Los problemas son inevitables, pero se superan cuando hay virtud. El secreto de Ulises, y de toda la civilización occidental, es la virtud; un tipo de conducta trenzada con cuatro fibras; la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Referencia: Breve historia de Occidente. José Ramón Ayllón.
Aristoteles escribe en Etica a Nicómaco que “toda acción humana busca siempre algún bien. El médico busca la salud, el soldado busca la victoria, el marino la buena navegación, el comerciante la riqueza.”
La conducta humana se enfrenta a la doble posibilidad de ser humana o inhumana. Porque la libertad lleva consigo el riesgo de escoger tanto la conducta digna y lógica como otra indigna y patológica. Etica es la elección de la conducta digna, el esfuerzo por obrar bien y la ciencia y el arte de conseguirlo….Ulises, héroe que despliega ante nuestros asombrados ojos una lección tan breve como inestimable. Los problemas son inevitables, pero se superan cuando hay virtud. El secreto de Ulises, y de toda la civilización occidental, es la virtud; un tipo de conducta trenzada con cuatro fibras; la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
Referencia: Breve historia de Occidente. José Ramón Ayllón.
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jueves, 21 de noviembre de 2024
El no me es lícito se convirtió en un no puedo
El político, el médico, el padre o la madre, no siempre saben con seguridad si lo que aconsejan o hacen es lo mejor, atendiendo al conjunto de sus consecuencias. Lo que sí pueden saber es que esa es la mejor solución posible en ese momento y de acuerdo con sus conocimientos; esto basta para una conciencia.
“Un fiel servidor de mi rey, pero primero de Dios”, era la máxima de Tomás Moro, Lord canciller de Inglaterra, que hizo todo lo posible para no oponerse al rey y evitar así un conflicto; hasta que descubrió algo que no se podía conciliar en absoluto con su conciencia. No le guiaba ni la necesidad de acomodación ni la de rechazo, sino el pacífico convencimiento de que hay cosas que no se pueden hacer. Y esta convicción estaba tan identificada con su yo que el “no me es lícito” se convirtió en un “no puedo”.
El “aquí estoy yo, no puedo obrar de otro modo” del que actúa en conciencia es, por el contrario, expresión de libertad. Dice tanto como: “No quiero otra cosa”. No puedo querer otra cosa y tampoco quiero poder otra cosa. Ese hombre es libre. Como afirmaban los griegos, ese hombre es amigo de si mismo, escribe el filósofo Robert Spaemann.
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viernes, 11 de octubre de 2024
La maldad
La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre. ¿Qué es lo que impulsa la conducta humana?
Tres mil años de literatura nos han enseñado que ninguna persona o Estado es incapaz de actuar con maldad. En el relato que hacía Homero de la guerra de Troya, Agamenón, jefe de las fuerzas griegas, dice a sus hombres antes de que se enfrenten al enemigo: “¡Ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni ése escape! ¡Perezcan todos los de Ilio, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!”. Estas viles palabras las pronuncia un ciudadano noble de una de las naciones-Estado más civilizadas de su tiempo, la tierra de la filosofía, de la jurisprudencia, del teatro clásico. Prácticamente las mismas palabras que dijera Agamenón hace tres mil años se han oído en nuestra época en el país de Ruanda, mientras los hutus gobernantes aniquilaban a sus anteriores vecinos, los integrantes de la minoría tutsi. Una víctima recuerda que uno de sus torturadores le dijo: “Vamos a matar a todos los tutsis y habrá un día en que los niños hutus tendrán que preguntar cómo era un niño tutsi”.
Referencia: El efecto Lucifer de Philip Zimbardo (psicólogo, investigador y profesor emérito en la Universidad de Stanford).
sábado, 22 de junio de 2024
Si la vida lograda y feliz de los ciudadanos fuese el fin de las instituciones políticas, surgirían posibilidades nefastas
Las acciones políticamente inmorales pueden proceder de la corrupción personal. Pero en otras muchas ocasiones son consecuencia de la incompetencia, de seguir una ideología falsa o de una doctrina económica equivocada, aun con la mejor intención.
Si la vida lograda y feliz de los ciudadanos fuese también el fin de las instituciones políticas, surgirían posibilidades nefastas. El Estado podría considerar obligatorio lo que entendiera como bueno; y si entre los ciudadanos hubiera distintas concepciones de lo bueno, el Estado podría determinar cuál de ellas es la obligatoria. La coacción política nunca debe invadir la conciencia. Solo debe ser prohibido por el Estado el comportamiento que incide negativamente de modo notable sobre el bien común. Pero el Estado ha de argumentar convincentemente que un determinado modo de obrar debe prohibirse. Un Estado “éticamente neutro” es imposible, como lo demuestra que los ordenamientos jurídicos de los estados civilizados prohiban el homicidio, el fraude, la discriminación por motivo de raza, sexo o religión, etc.
La política planifica y emplea la coacción. Su ámbito propio es la seguridad, el orden público, la administración de justicia, la defensa del territorio nacional, y la tutela de los derechos fundamentales de la persona. Estos elementos componen el bien común político. Los procesos sociales se caracterizan por ser espontáneos y anteriores al Estado. Piénsese en el lenguaje, en el intercambio de bienes y en cómo nació el dinero. Es muy importante conocer y respetar la diferencia entre procesos políticos y procesos sociales.
“Nos guste o no, en la vida de los hombres no hay por naturaleza ni seguridad completa ni igualdad absoluta. Cuando se quieren obtener obstinadamente, se acaba renunciando a la libertad y, si eso se lleva a cabo a nivel estatal, se recurrirá, de un modo u otro, a la violencia”.
Referencia: Ángel Rodríguez Luño: Introducción a la ética política.
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viernes, 29 de diciembre de 2023
Obrar con equidad y bondad para vivir en plenitud
En el Talmud, manifiesta el rabino Skorka, hay una afirmación que dice que en un futuro el hombre tendrá que dar explicaciones por todos los bellos frutos que vio y no probó. El ideal judío no es un mundo de sometimiento y de restricciones. Obrar con equidad y bondad, como dice el Deuteronomio, para vivir en plenitud aquí y allí.
sábado, 28 de octubre de 2023
El buen nombre es preferible a las grandes riquezas
“Al hombre se le debe el buen nombre, el respeto, la consideración, la fama que ha merecido. Cuanto más conocemos al hombre, tanto más se nos revela su personalidad, su carácter, su inteligencia y su corazón. Y tanto más nos damos cuenta del criterio con que debemos "medirlo", y qué quiere decir ser justos con él” manifiesta Juan Pablo II. Con frecuencia, el poco dominio de la lengua, “la ligereza en el obrar y en el decir", son manifestaciones de “atolondramiento y de frivolidad”, dice Escrivá de Balaguer. El buen nombre es preferible a las grandes riquezas (Prov 22, 1).
jueves, 24 de agosto de 2023
La vida está hecha de tiempo; y no saber disponer del tiempo es malgastar la vida
Escribe Henri-Frédéric Amiel, filósofo y escritor suizo, en su Diario intimo que “pensar que he gastado veinticuatro años, quizá los mejores de mi vida, y que no he vivido, resulta espantoso. Vivir es obrar. He sentido, he pensado, pero perezosamente, sin orden, sin voluntad. He acumulado poca experiencia, y no he utilizado ninguna. Se puede obrar sobre y para los otros, pero en primer lugar hay que hacerlo sobre y para uno mismo; yo no he obrado, pues no he querido con constancia, con perseverancia, con claridad. Vivir es ser útil. ¿A quién o para qué he sido yo útil? Vivir es reconocer el lugar de cada uno, fijarse un fin, trabajar en una tarea. Yo no hice nada de esto. Vivir es asociarse con la plenitud de sentimientos, de esfuerzos, de esperanzas, de trabajos de todo cuanto nos rodea. Vivir es hacer bien, vivir es amar y querer.Vivir es orar, amar y querer……La vida está hecha de tiempo; y no saber disponer del tiempo es malgastar la vida.
domingo, 22 de enero de 2023
Poder obrar mal es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad
Dios, al crear, ha dejado impresas en las cosas la huella de su creación, especialmente en el ser humano, hecho a su imagen y semejanza. En el hombre se manifiesta ese rastro divino en su deseo de Dios. Fiel a la tradición neoplatónica, san Agustín pondrá el fin del hombre en el retorno al Ser del que procede. La novedad de su planteamiento es que en ese retorno interviene la libertad. La libertad es el buen uso del libre albedrío. Poder obrar mal, piensa, es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad.
viernes, 23 de septiembre de 2022
Mi divisa ha de ser la línea recta
Henri-Frédéric Amiel fue un filósofo, moralista y escritor suizo. Autor de Diario íntimo en donde escribe que hay que tener menos temor a la opinión, y seremos más naturales. Pero este temor se deriva de la desconfianza en uno mismo, en el talento o en las maneras propias. Sólo se trata, pues, de ver claro, de estimar justamente a los otros y a uno mismo, de estimarse suficientemente para mantenerse en el lugar debido con firmeza. “Atrévete a ser tú mismo”. Convéncete de que vales como los otros, y si tienes una idea, una opinión, una resolución razonada, no las ocultes. Obra con franqueza, ve abiertamente a tu fin, sin misterio, con la cara alta. Te harán sitio, y tú te respetarás más. No tergiverses, no obres indirectamente nunca. “Ve derecho a tu enemigo, y derecho también hacia tu amigo”; sé franco y decidido.
Vamos a cumplir nuestro pequeño cometido, o nuestro cometido, cualquiera que sea, serás feliz, y lograrás la tranquilidad del espíritu, decía Henri-Frédéric Amiel. Repítete el principio de que Dios hará de mí lo que juzgue conveniente; mi deber consiste en desarrollarme todo cuanto mi posición me lo permita, sin compararme a los demás. Mi divisa ha de ser la línea recta. Caminar derecho, sin vergüenza, sin celos, sin misterios. Caminar derecho con perseverancia, sin cansarme, sin temor a servir a los otros, ni a ser descubierto por ellos, envidiado o burlado; seguir nuestro camino con firmeza, pero dulcemente….Los deberes engrandecen al hombre, y los deberes humildes, secretos, en mayor medida que los otros, son apreciados solamente por Dios.
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viernes, 12 de junio de 2020
Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre
Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya lo universal.
“Los hombres, dice Robert Spaemann, pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. Si tengo ganas de hacer algo cuyas consecuencias dañan a un tercero, entonces puedo plantearme esas consecuencias y preguntarme si es justo obrar así y si puedo responder de ese acto. Podemos ser independientes de nuestros momentáneos y objetivos intereses y tener presente la jerarquía objetiva de valores relevantes para nuestros actos. En la conciencia, lo universal, la jerarquía objetiva de los bienes y la exigencia de tenerlos en cuenta vale como nuestra propia voluntad. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al causar un daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo. Tengo, como se dice, una mala conciencia. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, lo absoluto, lo general, lo objetivo, hablamos de dignidad humana. Ahora bien, si resulta que, por la conciencia, el hombre se convierte en algo universal, en un todo de sentido, entonces resulta que también es válido decir que no hay bien, ni sentido, ni justificación para el hombre, si lo objetivamente bueno y recto no se le muestra como tal en la conciencia”.
“No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla. Un médico que no está al tanto de los avances de la medicina, actuará sin conciencia. Y lo mismo quien cierra ojos y oídos a las observaciones de otros que le hacen fijarse en aspectos de su proceder, que quizá él no ha notado. Es el individuo quien goza de responsabilidad; puede obedecer a una autoridad, y aun ser esto lo correcto y lo razonable; pero es él a la postre quien debe responder de su obediencia”.
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viernes, 28 de septiembre de 2018
Las circunstancias nunca determinan nuestro destino.
Dice Ortega, “el hombre no tiene naturaleza, tiene historia”, es decir, que a diferencia de los animales y de las cosas, que no pueden ser más que lo que son, nosotros tenemos la opción de construirnos constantemente, y en realidad esa tarea es la que define nuestra vocación como seres humanos. En esa tarea se va sintiendo uno cada vez más realizado y feliz.
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| Determinismo. |
Sartre puntualiza que “todo hombre que se inventa un determinismo es un hombre de mala fe”. Hay personas que se apuntan a un determinismo biológico cuando afirman: “Es que soy así y no puedo obrar de otra manera”. Otros se sienten determinados por el ambiente, echando las culpas de sus errores, fracasos y desgracias a la sociedad, que les ha hecho así. Por último, un tercer grupo de personas hablan de fatalismo.
Bernabé Tierno opina que las circunstancias favorables o desfavorables sin duda condicionan, pero nunca determinan
nuestro destino. Casi todo depende de nuestra capacidad de libre decisión, de nuestro carácter y de las actitudes conscientemente positivas. La noble e irrenunciable tarea de proyectar y de construir nuestra existencia como verdaderos arquitectos de nuestro destino, sin duda, está en nuestras manos.
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