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domingo, 11 de enero de 2026

En las leyes de la naturaleza se revela una razón superior

El hombre es capaz de discernir en modo no utilitarista, por qué se da cuenta de que algunas cosas son acordes con su dignidad y otras no, por qué experimenta la culpa y la vergüenza cuando obra mal, y el gozo y la paz, en cambio, cuando se comporta con justicia; por qué es capaz de extasiarse ante la belleza de una puesta de sol, del cielo lleno de estrellas o de una excelsa obra de arte. Nada de eso se puede atribuir razonablemente a la obra ciega del cosmos, al producto impersonal de las interacciones materiales.
Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante”.

viernes, 29 de agosto de 2025

Las balas duelen

Las balas duelen, los cadáveres apestan, los hombres expuestos al fuego enemigo suelen estar tan asustados que se mojan los pantalones.
La gente olvida que un soldado destacado en el frente o en los alrededores suele estar demasiado hambriento, o asustado, o helado, o, por encima de todo, demasiado cansado para preocuparse por las causas políticas de la guerra. Pero las leyes de la naturaleza son tan implacables para los ejércitos rojos como para los blancos. Un piojo es un piojo y una bomba es una bomba, por muy justa que sea la causa por la que se combate, escribe George Orwell (Recuerdos de la guerra de España).

viernes, 18 de agosto de 2023

Las leyes de la naturaleza no se pueden transgredir

Cuenta Stephen Hawking que “el universo es una máquina gobernada por principios o leyes, unas leyes que pueden ser entendidas por la mente humana. Creo que el descubrimiento de esas leyes ha sido el mayor logro de la humanidad, porque son esas leyes de la naturaleza, como ahora las llamamos, las que nos dirán si hace falta realmente un dios para explicar el universo. Las leyes de la naturaleza son una descripción de cómo las cosas funcionan realmente en el pasado, el presente y el futuro. En el tenis, la pelota siempre va exactamente donde las leyes dicen que irá. Y hay muchas otras leyes en juego, que gobiernan todo lo que pasa, desde cómo se produce la energía del lanzamiento en los músculos de los jugadores hasta la velocidad con que la hierba crece bajo sus pies. Pero lo que realmente importa es que esas leyes físicas, además de ser inmutables, son universales. Se aplican no solo al vuelo de una pelota, sino al movimiento de un planeta y de todo lo demás en el universo. A diferencia de las leyes promulgadas por los humanos, las leyes de la naturaleza no se pueden transgredir, por eso son tan poderosas”.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Tiempo.


Una idea que aflora en las obras de Aristóteles y de los primeros filósofos de la naturaleza islámicos, antes de ser recogida de manera memorable por san Agustín y Filón de Alejandría, es que el tiempo es algo que nace con el universo. Antes de que el universo fuera, no había tiempo, no había ningún concepto del antes. Semejante artificio permitió a los escolásticos medievales soslayar difíciles adivinanzas sobre lo que tuvo lugar antes de la creación del mundo y lo que la deidad estaba haciendo en ese período. 

En esencia, dice John Barrow, el tiempo se ve como un fenómeno derivado, ligado inextricablemente a los contenidos del universo. El comienzo del tiempo es el instante en el que las constantes y las leyes de la naturaleza han de aparecer, ya formadas y dispuestas a actuar. San Agustín escribe en La ciudad de Dios: Así pues, el mundo fue hecho con toda seguridad, no en el tiempo, sino simultáneamente con el tiempo. Pues lo que es hecho en el tiempo es hecho tanto después como antes de algún tiempo, después de lo que es pasado y antes de lo que es futuro. Pero no había nada que pudiera ser pasado en aquel entonces, pues no había criatura alguna cuyos movimientos pudieran servir para medir su duración. Así pues, el mundo se hizo simultáneamente con el tiempo.