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domingo, 11 de enero de 2026

En las leyes de la naturaleza se revela una razón superior

El hombre es capaz de discernir en modo no utilitarista, por qué se da cuenta de que algunas cosas son acordes con su dignidad y otras no, por qué experimenta la culpa y la vergüenza cuando obra mal, y el gozo y la paz, en cambio, cuando se comporta con justicia; por qué es capaz de extasiarse ante la belleza de una puesta de sol, del cielo lleno de estrellas o de una excelsa obra de arte. Nada de eso se puede atribuir razonablemente a la obra ciega del cosmos, al producto impersonal de las interacciones materiales.
Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante”.

miércoles, 18 de junio de 2025

Todos los hombres son semejantes

“Los estoicos (aunque no Cicerón, al que a veces se cuenta entre ellos) sostuvieron, como Aristóteles, que la perfecta amistad es la comunidad de los que son semejantes, no de los disímiles, pero también insistieron, como Aristóteles les había enseñado, en que todos los hombres son similares en tanto que por naturaleza son racionales. De lo cual se desprende que la humanidad en su conjunto era una gran fraternidad vinculada por una racionalidad común, en principio benevolente y desinteresada….El cristianismo tenía también otro modo de considerar a todos los hombres semejantes y es que todos habitaban el reino común del espíritu. Creados por el Supremo Espíritu a su semejanza, los seres humanos pertenecían a la sociedad de Dios. Aristóteles había negado que el hombre pudiera entablar amistad con lo divino ya que en esencia eran demasiado disímiles, demasiado remotos. Pero a través de la mediación de Cristo, que fue a la vez hombre y Dios, el cristianismo vinculó a los dos en una única espiritualidad”, escribe el filósofo Irving Singer.
“Jesús es una especie de alter ego de todo ser humano, una deslumbrante epifanía que revela la imagen de Dios a cuya semejanza fue creada la humanidad. En el degradado estado de naturaleza, el hombre había perdido esta semejanza, pero la venida de Cristo le mostró cómo recuperarla mediante el amor.”
Escribe Singer que “la idea de Cristo introduce….una especie de igualdad sin la cual la filia religiosa sería imposible. El amor se convierte, así, en una confianza idealizada, una amistad benevolente con todos y todo lo que importa en el universo. Lo que puede que compartieran un puñado de griegos, podía ser ahora disfrutado por todo cristiano en compañía de una deidad infinita y eterna. Al magnificar al Señor, el fiel alcanzaba un estado del alma que lo magnificaba a él mismo”.

domingo, 1 de junio de 2025

¿Por qué creer que este mundo nuestro está bajo el control de una inteligencia moral?

¿Por qué creer que este mundo nuestro está bajo el control de una inteligencia moral? Porque si no fuera así, hace mucho que se hubiera hecho añicos. El Nuevo Testamento reconoce, una y otra vez, el poder del mal en nuestro mundo. Pero sabemos que Dios está con nosotros en nuestra lucha contra esos males, y que Cristo Jesús ya los ha vencido. Podemos, entonces, con esperanza, unirnos a la lucha por la paz, la seguridad y la justicia en nuestro mundo, porque Dios lucha con nosotros. La victoria final no está en nuestras manos, sino en las de Dios, y Él prevalecerá, escribe el reverendo Howard Mumma.
En París, el existencialista Albert Camus entabló amistad con el reverendo Howard Mumma. Camus añoraba una trascendencia que alejase al mundo sin sentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras.

jueves, 23 de enero de 2025

Retorno a la religión

La rebeldía del hombre moderno y su reivindicación de total autonomía frente a poderes mundanos y espirituales llevó a un nuevo orden político, social y cultural donde la religión no tenía cabida, salvo en la esfera privada y casi por condescendencia. No obstante, los intentos de desarraigar al hombre de sus creencias religiosas, de anular o apagar su sed de trascendencia, no han surtido efecto o, al menos, no en el grado esperado.Hoy en día cobra fuerza entre algunos pensadores y sociólogos la crítica al axioma del antagonismo entre modernidad y religiosidad. Es más, uno de los frutos maduros de la época actual es que el hombre vuelve a creer, y lo hace por decisión propia, no por imposición o por la presencia institucional de la religión en la vida política, social o cultural. Así lo ponen de manifiesto autores como Charles Taylor, Karen Armstrong, Peter Berger o Jürgen Habermas. Con distintos matices propios de sus diferentes puntos de partida (Taylor y Amstrong, inicialmente católicos; Berger, luterano; Habermas, inicialmente posestructuralista), estos pensadores coinciden en afirmar que, entre los cambios culturales que ha traído la posmodernidad, se encuentra el regreso a la creencia, fruto ahora de una decisión libre y reflexiva.La fe se vuelve valiosa porque inspira el actuar del hombre y le proporciona un sentido en medio de un mundo al que mira desencantado. A nivel político y social, la religión ofrece unos criterios de comportamiento éticos. Al fin, ese vivir «como si Dios no existiera» (Grocio), propio del secularismo más radical o ateo, parece dejar paso a unos nuevos aires en los que, dentro de la asfixia inmanentista, el hombre intenta conseguir unas bocanadas de oxígeno trascendente.El eclipse o muerte de Dios da paso nuevamente a la sed de Dios.
Como explica muy bien Ratzinger, el cristianismo es la síntesis entre fe y razón, y por ello mismo no puede tratarse como “una religión más”, sino la religio vera. Frente a las antiguas creencias mitológicas o naturales, el cristianismo significó un triunfo de la racionalidad de la religión, de la desmitologización, y con ella una victoria del conocimiento y de la verdad, que por su misma fuerza había de ser considerada universal. Fue precisamente esta síntesis entre razón y fe la que transformó el cristianismo en una religión global. Y no solo por su coherente racionalidad, sino también porque no se quedaba en una simple teoría ética, sino que conducía a una praxis moral. Ratzinger manifiesta que no existe certidumbre acerca de la verdad sobre Dios, sino solo opiniones. El pluralismo religioso que invocan los nuevos secularistas, basado en un falso ethos de la tolerancia, implica una verdad por consenso; o, mejor dicho, una imposibilidad de saber la verdad, ya que cada cual está capacitado o dispuesto para conocer solo una parte. La única vía de salida posible es recuperar la primacía de la razón, y su capacidad de alcanzar la verdad última y objetiva. Y junto con ella, la del amor como recuerda Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est. Defender la verdad y testimoniarla mediante la propia vida es expresión auténtica de la caridad, que todos los hombres perciben en su interior.Así, pues, y siguiendo de nuevo a Ratzinger, si en medio de esta crisis posmoderna se quiere recuperar el sentido del cristianismo como religio vera, se debe apostar tanto por la ortopraxia como por la ortodoxia. Bien (amor) y verdad (razón) coinciden como pilares fundamentales de las relaciones humanas: “La razón verdadera es el amor y el amor es la razón verdadera”.
Referencia: Alejandro Pardo

domingo, 29 de octubre de 2023

La suposición de que la fe sea la antítesis de la razón es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración

En la Edad Media, la cultura de la Europa occidental descansaba en el doble pilar de la razón y la religión. La fe era el elemento que informaba la conducta y la acción, mientras que la razón trataba de explicar los motivos que permitían asignar un sentido a la existencia de lo sobrenatural, siendo este un estado de cosas que impregnaba tanto las especulaciones de los eruditos y las políticas de las élites dominantes como el cotidiano desconcierto del pueblo llano frente al significado de la vida o los problemas derivados de la brega concreta con el mundo material, escribe Christopher Tyerman.
La suposición, dice Tyerman, de que la fe o la creencia sea la antítesis de la razón, y viceversa, es un embuste que alzó el vuelo durante la Ilustración y el proceso de demolición de la ciencia medieval (que dinamitó también, no lo olvidemos, la ciencia clásica). Sin embargo, en la era moderna no habría un solo presidente de Estados Unidos que pudiese aspirar a la Casa Blanca si se atreviera a expresar un escepticismo religioso de base racional similar al que mostró en su día el rey Amalarico de Jerusalén (que reinó entre los años 1163 y 1174), preocupado por la ausencia de toda prueba externa, no basada en las Escrituras, de la resurrección. Las dudas de Amalarico constituyen una indicación de que la fe medieval no era ni irreflexivamente pasiva ni hostil a la explicación racional. Del mismo modo, y a pesar de que sus premisas y su cosmovisión puedan diferir de los de otros filósofos posteriores, el método de Tomás de Aquino (fallecido en 1274) era tan racional como, por ejemplo, el de David Hume (fallecido en 1776), incluso al bregar con el problema de los milagros, como se ha argumentado recientemente.En la Edad Media no había nadie con dos dedos de frente que se imaginara que el mundo era plano; los intelectuales conocían con bastante precisión la circunferencia de la Tierra. Las interpretaciones literales de las Escrituras nunca monopolizaron la comprensión de la Biblia. El razonamiento lógico y empírico era un rasgo característico del mundo de la Edad Media central, tal como sucede en nuestros días. No se procedía de la misma manera ni se seguían procesos idénticos a los de ahora (un anacronismo que lastra buena parte de las ficciones y dramatizaciones históricas), pero no por ello deja de poderse reconocer que lo que se aplicaba era la racionalidad, en tanto que fórmula con la que intentar descubrir la verdad objetiva.

viernes, 5 de noviembre de 2021

La realización en la fantasía

En la vida del ser humano todo se encauza hacia la satisfacción, mediata o inmediata, de sus deseos. El ser humano es una máquina de desear, dice el neurólogo y psiquiatría Castilla del Pino. La racionalidad, el buen sentido, la prudencia de que nos habla Miguel de Cervantes consisten en saber muy precisamente qué se desea y qué estrategia hay que proyectar para el logro de lo deseado. En una transgresión clara del principio de realidad (Freud), hay quienes tratan de “realizar” su fantasía. ¿Por qué? “La respuesta genérica es la siguiente, si nada de lo que le es posible imaginar como proyecto puede hacerse en la realidad, por impotencia ante la misma, si ningún proyecto le resulta factible dadas sus disponibilidades, la frustración es insoportable. Sólo queda para entonces la “realización” en la fantasía”.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Un individuo es reconocido igual y universalmente por ser un ser humano


Hegel

El fin de la historia para Hegel reside no en la aparición de Napoleón en sí, sino en la aparición de la diada Napoleón-Hegel. Es decir, Hegel es el filósofo que comprende verdaderamente lo que significa Napoleón; no especula sobre reinos imaginarios sino que comprende la racionalidad que subyace bajo el curso aparentemente falto de sentido del mundo. Comprende que Napoleón no es solo un aventurero ambicioso más, sino que marcó el comienzo del Estado universal y homogéneo que haría realidad la posibilidad del reconocimiento universal. Al hacerlo, dice Francis Fukuyama, los seres humanos como tales toman conciencia de que son seres que buscan reconocimiento y se sienten satisfechos con el reconocimiento universal. Y así Napoleón se convierte en algo más que un aventurero por el hecho de haber sido interpretado por Hegel.


Un individuo es reconocido igual y universalmente por ser un ser humano, es decir, un ser libre no determinado por la naturaleza y, por tanto, capaz de hacer una elección moral. No puede haber ninguna otra solución formal al problema del reconocimiento, porque ninguna otra forma de reconocimiento se puede universalizar y, por ende, hacerse racional, escribe Fukuyama. Se podría decir que ser un médico o concertista de piano brillante y hasta un padre dedicado es una buena manera de vivir que merece reconocimiento; pero el reconocimiento de esas cualidades no se puede universalizar porque no todos los seres humanos son médicos, pianistas o padres excepcionales. Reconocer esas cualidades implica denigrar a aquellos que no las poseen. Todas las formas de megalothymia son hostiles, en última instancia, a la isothymia en la que se basa la democracia liberal. Nos vemos limitados, por tanto, a reconocer un tipo de mínimo común denominador moral, un ser libre que pueda negar la naturaleza. Añade Fukuyama que mediante este esquema hegeliano podemos distinguir entre un ser humano y una roca, un oso hambriento y un simio listo, pero no podemos distinguir entre el primer hombre que mata a su semejante en una batalla por puro prestigio y una Madre Teresa que sacrifica su merecida felicidad por seguir los mandatos de Dios.

sábado, 27 de junio de 2020

La cosmovisión bíblica contribuyó al desarrollo de la ciencia moderna


Alfred North Whitehead
La ciencia se desarrolló especialmente en el mundo occidental debido a sus antecedentes judeocristianos.El filósofo Alfred North Whitehead, que fue profesor en la Universidad de Cambridge y en la de Harvard, propone que las ideas de la ciencia moderna se desarrollaron como “derivados inconscientes de la teología medieval”. El concepto de un mundo ordenado, tal como se infiere del Dios único, racional y coherente de la Biblia (monoteísmo) constituyó la base de la creencia en el concepto de causa y efecto usado en la ciencia. Los muchos dioses impredecibles paganos de otras culturas eran caprichosos y, por ello, no encajaban con la coherencia que posibilita la ciencia. R. G. Collingwood, que fue profesor de filosofía metafísica de la cátedra Waynflete en la Universidad de Oxford, señala que la creencia de que Dios es todopoderoso facilitó el cambio en el punto de vista sobre la naturaleza, pasando de la imprecisión a la precisión, y la precisión encaja perfectamente en la exactitud obtenible en la ciencia. En Holanda, Reijer Hooylcaas, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Utrecht, también hace hincapié en que la cosmovisión bíblica contribuyó al desarrollo de la ciencia moderna. 

Stanley L. Jaki
Stanley L. Jaki, quien, con doctorados en Física y Teología, catedrático en la Universidad Seton Hall de Nueva Jersey, con gran perspicacia, Jaki señala que las culturas hindú, china, maya, egipcia, babilónica y griega habían dado todas, en distintos grados, sus primeros pasos en la ciencia, los cuales, sin embargo, acabaron de forma abortiva. Lo atribuye a falta de creencia en la racionalidad del universo, falta que era común a estas culturas. La tradición judeocristiana de la Biblia proporcionaba el tipo racional de Dios necesario para el establecimiento de la ciencia.

martes, 13 de noviembre de 2018

Las necesarias relaciones entre esfuerzo y recompensa.

Cuando el egoísmo antepone su interés a la labor realizada, está negando la realidad de las formas inacabadas. La realidad, para él, se reduce a lo que su deseo o capricho le permita obtener, aquí y ahora. No aspira a supeditar su yo a algún fin, sino al revés, a subordinar el fin a su persona. Con esta inversión de funciones es imposible abordar racionalmente nada, ya que sólo cuando el trabajo se define por la calidad de su ejecución es posible recompensarlo racionalmente. Sabemos cómo recompensar al carpintero por su obra de carpintería; lo que ciertamente no sabemos hacer es recompensar al egoísta que sólo produce sentencias sobre su propia y exaltada valía. Y nada más alejado de la racionalidad filosófica que el trabajo reconocido únicamente como el resultado de una enconada lucha de poder, escribe Weaver.



La primera traición a la sociedad por parte de la burguesía se produjo cuando ésta abrazó el capitalismo financiero, y ahora los trabajadores amenazan con traicionarla haciendo suyo un dogma que ve en el trabajo tan sólo provecho y beneficio, nunca deber y honor, dice Weaver. Asombrarse de que esto sea así parecerá lamentablemente poco realista a quienes no aceptan que el sentimiento que inspira la totalidad es el único método efectivo para juzgar los valores. Pero algún día podrá verse que el mayor daño infligido a nuestra época ha sido este rechazo de establecer las necesarias relaciones entre esfuerzo y recompensa.

jueves, 29 de marzo de 2018

En la duda sobre la existencia de Dios.


En la duda sobre la existencia de Dios, debemos tener presente que la ausencia de evidencia no es lo mismo que la evidencia de ausencia. Aunque puede que no veamos a Dios, hay muchas pruebas evidentes de que sí existe. No es preciso que lo veamos para creer en su realidad. Si hay un Dios, ¿por qué no se hace más visible? Ariel Roth dice que en el contexto de una lucha entre el bien y el mal, se aísla para proteger nuestra libertad de elección. En caso contrario, podría poner en peligro nuestra libertad y violar su justicia si dominase en exceso, manipulando así las decisiones. Si Dios tiene la necesidad de darnos la libertad de aceptarlo o rechazarlo, puede ser que se quite de en medio.

No debería echarse a Dios la culpa del mal moral, como la injusticia, cuando tenemos libertad de elección y nosotros mismos causamos el mal. No deberíamos condenar a Dios por nuestras elecciones indebidas, como tampoco echamos la culpa al arquitecto de una casa cuyos inquilinos le
Libre albedrío.
prenden fuego. Aquí es vital la cuestión del libre albedrío, igual que para la cuestión de la existencia de Dios mencionada más arriba. La auténtica libertad de elección requiere que se permita el mal moral, manifiesta Ariel Roth.

Un Dios creador podría realizar, de continuo, todo tipo de milagros para evitar el sufrimiento. Sin embargo, bien podría ocurrir que si Dios manipulase demasiado la naturaleza e introdujese demasiados milagros, no captaríamos las relaciones de causa y efecto. Las calamidades pueden servir para recordarnos que la racionalidad (es decir, la causa y el efecto) existe en el universo. Si el universo no estuviera básicamente ordenado, es dudoso que fuera posible un pensamiento lógico significativo.

sábado, 20 de enero de 2018

Comportarse cientificamente.

Santo Tomas Moro un hombre racional y honesto
El hombre, hoy, no es ni más ni menos racional ni honesto que en las épocas definidas como precientíficas. Incluso se puede afirmar que la incoherencia y la falta de honradez intelectual son tanto más alarmantes y graves en nuestros días precisamente porque tenemos ante nuestros ojos, en la ciencia, el modelo de lo que es un pensamiento riguroso. Pero el investigador científico no es, por naturaleza, más honrado que el hombre ignorante. Dice Jean-François Revel que comportarse científicamente, en otras palabras, unir racionalidad y honradez, es no pronunciarse sobre una cuestión más que después de haber tomado en consideración todas las informaciones de que se puede disponer, sin eliminar deliberadamente ninguna, sin deformar ni expurgar ninguna, y después de haber sacado lo mejor que se sepa y de buena fe las conclusiones que parezcan autorizar.

sábado, 6 de enero de 2018

La primera virtud del filósofo es admirarse.

García Morente
Dice García Morente que el que quiere ser filósofo necesitará puerilizarse, infantilizarse, hacerse como el niño pequeño. ¿En qué sentido conviene que el filósofo  se puerilice? En el sentido de que la disposición de ánimo para filosofar debe consistir esencialmente en percibir y sentir por dondequiera, en el mundo de la realidad sensible, como en el mundo de los objetos ideales, problemas, misterios; admirarse de todo, sentir lo profundamente arcano y misterioso de todo eso; plantarse ante el universo y el propio ser humano con un sentimiento de estupefacción, de admiración, de curiosidad insaciable, como el niño que no entiende nada y para quien todo es problema. Esa es la disposición primaria que debe llevar al estudio de la filosofía el principiante. 

Platón creía que la primera virtud del filósofo es admirarse. Admirarse, sentir esa divina inquietud, que hace que donde otros pasan tranquilos, sin vislumbrar siquiera que hay problema, el que tiene una disposición filosófica está siempre inquieto, intranquilo, percibiendo en la más mínima cosa problemas, arcanos, misterios, incógnitas, que los demás no ven. Aquel para quien todo resulta muy natural,
una dosis primera de infantilismo
para quien todo resulta muy fácil de entender, para quien todo resulta muy obvio, ése no podrá nunca ser filósofo. El filósofo necesita, pues, una dosis primera de infantilismo; una capacidad de admiración que el hombre ya hecho, que el hombre ya endurecido y encanecido, no suele tener. Por eso Platón prefería tratar con jóvenes, a tratar con viejos. 


Sócrates, el maestro de Platón, andaba entre la juventud de Atenas, entre los niños y las mujeres. Para Sócrates los grandes actores del drama filosófico son los jóvenes y las mujeres. Esa admiración es una fundamental disposición para la filosofía. Y resumiendo esta disposición, podremos definirla ahora, ya de un modo conceptual, como la capacidad de problematizarlo todo, de convertirlo todo en problema. Otra segunda disposición que conviene enormemente llevar al trabajo filosófico, es la que pudiéramos llamar el espíritu de rigor en el pensamiento, la exigencia de rigor, la exigencia de
Sócrates.
exactitud. En este sentido, también podría decirse que la edad mejor para comenzar a filosofar es la juventud. El joven no pasa por movimientos mal hechos en las cosas del espíritu. El joven tiene una exigencia de rigor, una exigencia de racionalidad, de intelectualidad, que el hombre ya viejo, con el escepticismo que la edad trae, no suele nunca poseer, termina diciendo Don Manuel.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Racionalidad.

Isaiah Berlin cuenta que racionalidad es conocer las cosas y a la gente tal como son, yo no debo utilizar piedras para hacer violines ni debo intentar que toquen la flauta los que han nacido para tocar el violín. Si el universo está regido por la razón, no habrá necesidad de coacción; una vida correctamente planeada para todos coincidirá con la libertad completa, la libertad de la autodirección racional, para todos. Esto será así solamente si este plan es el verdadero: la única norma que satisface las pretensiones de la razón. Sus leyes serán las que prescribe la razón; éstas sólo serán molestas para aquellos cuya razón está dormida, para aquellos que no entienden las verdaderas necesidades de sus propios yos verdaderos. En tanto que cada actor reconoce e interpreta el papel que le ha asignado la razón, la facultad que entiende su verdadera naturaleza y discierne sus verdaderos fines, no puede haber ningún conflicto.
Isaiah Berlin


Todas las soluciones verdaderas, dice Isaiah Berlin, a todos los auténticos problemas tienen que ser compatibles; más aún, tienen que encajar en una única totalidad, pues esto es lo que quiere decirse cuando se las denomina a todas racionales y se dice que el universo es armónico.

martes, 6 de junio de 2017

En el mundo pasan cosas que en la gran mayoría de casos no son contadas.


En el mundo pasan cosas que en la gran mayoría de casos no son contadas, o que son contadas escogiendo de forma cuidadosa lo que se deja saber a una opinión pública que si fuera consciente de lo que realmente sucede lo deploraría.

Noam Chomsky concibe al ser humano como un ser motivado por impulsos fundamentalmente buenos, que podrían conducir de forma natural a una organización más racional de la sociedad mundial, pero que, debido a la intervención de diversas fuerzas, son doblegados y se transforman en algo negativo, en la opresión de unos hombres por otros.


 Noam Chomsky
Unos pocos individuos muy poderosos económicamente llevan a una gran mayoría a desear ciertas cosas, que supuestamente les permitirán satisfacer ciertas necesidades. Esto, dice Chomsky, es irracional desde el punto de vista de la mayoría, una de tantas acciones irracionales de las que lleva a cabo la humanidad. Y sucede porque la racionalidad, casi siempre, debe conquistarse a través de un trabajo de documentación, de crítica, de independencia de juicio, y porque los canales de comunicación de la cultura dominante son de todo menos libres, y propagan ideas que en muchas ocasiones imposibilitan la difusión de un pensamiento racional sobre los asuntos mundiales.

jueves, 27 de octubre de 2016

Lo que parece incompatible puede ser compatible en la mente de Dios.

Dios no puede hacer lo que es lógicamente imposible, pero este hecho no pone límites a su omnipotencia. No puede hacer ni inventar absurdos; no puede hallar un número que exprese exactamente la raíz cuadrada de 2, porque eso es una imposibilidad entrañada por la propia naturaleza de los objetos matemáticos. No hubiera podido crear un mundo en el que el bien resultante de la libertad de elección de las personas estuviera unido a la incapacidad de éstas de hacer el mal, puesto que ese mundo es lógicamente tan imposible como un triángulo cuadrado.

Dios decretó sencillamente que dos afirmaciones contradictorias no podían ser ciertas las dos y que dos y dos eran cuatro y que la fornicación era mala. Pero podía haber decidido decretar otra cosa y si lo hubiese hecho, el principio de contradicción, las verdades matemáticas y las normas morales hubieran sido diferentes de lo que son. No podemos imaginarnos un mundo así, naturalmente, pero no podemos afirmar, por la sencilla razón de la pobreza de nuestras mentes, que eso hubiera sido imposible para Dios; no debemos medir el poder de Dios con los patrones de nuestra débil y finita inteligencia.

Leszek Kolakowski
Su bondad y su sabiduría no tienen por qué asemejarse a lo que nosotros consideramos bondad y sabiduría en nuestro mundo tal como El lo construyó. Lo que a nosotros nos parece incompatible puede ser compatible en Su mente; lo que nos parece malo a nosotros puede no tener un sentido reconocible de maldad para El. Estrictamente hablando, la existencia de Dios deja de tener significación en nuestra vida moral e intelectual; El decidió darnos esos decretos y no otros, pero son contingentes en términos de la sabiduría y bondad de Dios, escribe Leszek Kolakowski.

Lutero.
Dios es Aquél para Cuya voluntad no hay causa ni fundamento que pueda establecerse como su norma y su pauta; porque nada está a su altura ni por encima de ella, sino que ella misma es la norma de todas las cosas. Si existiera para ella norma o pauta o causa o fundamento, dejaría de ser la voluntad de Dios. Lo que Dios quiera no es bueno porque El tenga que quererlo o esté obligado a disponerlo así; por el contrario, lo que ocurre tiene que ser bueno porque El lo quiere así. Se establecen causas y fundamentos para la voluntad de la criatura, pero no para la voluntad del Creador, ¡a menos que se ponga a otro Creador por encima de El! , decía Martín Lutero

Leibniz
Al decir, por tanto, que las cosas no son buenas según ningún patrón de bondad, sino simplemente por la voluntad de Dios, me parece a mí que uno destruye, sin darse cuenta, todo el amor de Dios y toda su gloria; pues, ¿por qué hemos de alabarle por lo que ha hecho, si sería igualmente digno de alabanza si hubiese hecho lo contrario? ¿Qué quedará de su justicia y su sabiduría si sólo tiene un poder despótico cierto, si la voluntad arbitraria ocupa el lugar de la racionalidad y si, según la definición de los tiranos, la justicia consiste en lo que place al poderoso?, manifestaba  Leibniz.


Leszek Kolakowski opina que Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas. A diferencia de los humanos, Dios no se enfrenta nunca a posibilidades alternativas y decide luego libremente cuál de ellas debe escoger; Sus decisiones son aspectos necesarios de Su Ser y por lo tanto no podrían haber sido diferentes de lo que son; sin embargo, son decisiones libres en el sentido de que no Le obliga ningún poder superior ni ninguna norma de validez independiente de El. El es lo que El hace, decide, ordena.

Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas