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martes, 10 de febrero de 2026

La humildad devuelve todo a su justa dimensión

“La humildad es la gran antagonista del más mortal de los vicios, es decir, la soberbia. Mientras el orgullo y la soberbia hinchan el corazón humano, haciéndonos aparentar más de lo que somos, la humildad devuelve todo a su justa dimensión, somos criaturas maravillosas pero limitadas, con virtudes y defectos. La Biblia nos recuerda desde el principio que somos polvo y al polvo volveremos (cfr. Gn 3,19); humilde, de hecho, viene de humus, tierra. Sin embargo, a menudo surgen en el corazón humano peligrosos delirios de omnipotencia.”, manifiesta el  papa Francisco.


martes, 23 de julio de 2024

El secreto masónico

Serge Abad Gallardo escribe en su libro Por qué dejé de ser masón que “el secreto masónico está ahí. Tienes en ti mismo la respuesta, tú eres la respuesta. El hombre debe ser su propio Dios para sí mismo. No necesita de nadie. Por su propia razón, por la experiencia simbólica, experimenta la divinidad de su ser. Estamos ante una vía embriagadora que puede producir la ilusión de la omnipotencia.”
Serge Abad Gallardo descubre cuando deja de ser masón que “ser salvado por Dios no es una alienación sino una revelación de nuestro ser más profundo. Es bonito que Cristo se revele a uno a través de un enfermo, de un agonizante. La verdadera dignidad humana, no la de ser autosuficiente, sino, bien al contrario, la de ser libre para aceptar la invitación y la amistad de Dios.”

viernes, 7 de abril de 2023

El escándalo de la Cruz

Si en la historia humana está presente el sufrimiento, se entiende entonces por qué Su omnipotencia se manifestó con la omnipotencia de la humillación mediante la Cruz. El escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento, que pertenece de modo tan integral a la historia del hombre.”Se humilló a sí mismo asumiendo la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (cfr. Filipenses 2,7-8). Todo está contenido en esto, todos los sufrimientos individuales y los sufrimientos colectivos, los causados por la fuerza de la naturaleza y los provocados por la libre voluntad humana, las guerras y los gulag y los holocaustos, el holocausto hebreo, pero también, por ejemplo, el holocausto de los esclavos negros de África.

Cruzando El Umbral De La Esperanza  de Juan Pablo Ii 


viernes, 21 de febrero de 2020

Las dos grandes anclas del ser humano son la verdad y la esperanza



Pablo Martinez Vila, conocido psiquiatra y Presidente de la Fundación RZ escribe que “las dos grandes anclas del ser humano son la verdad y la esperanza. Ambas van asociadas, son inseparables y constituyen la espina dorsal de la existencia humana. Estos dos referentes no varían con el tiempo, los necesitamos hoy igual que hace veinte siglos. Lo que varía es el trato, la actitud de los hombres hacia estas dos anclas. Ahí es donde radica el origen de la profunda crisis de valores actual. La sustitución de la Verdad por mi verdad ha roto una de las dos anclas arrastrando con su ruptura a la esperanza. El reconocido historiador francés Jacques Barzun ya advirtió que “el asalto postmoderno a la idea de la verdad podría levarnos a la liquidación de 500 años de civilización”.

“Si la verdad está dentro de mí, entonces la verdad soy yo. Observemos el sutil paralelo de esta idea con la afirmación de Jesús “Yo soy…la verdad y la vida” (Juan 14:6). Esta usurpación alimenta las fantasías de omnipotencia que el ser humano siempre ha tenido “seréis como dioses”, y es sumamente atractiva”, añade Martínez Vila. “Convertir la verdad en un asunto de opiniones personales lleva inexorablemente a la pérdida de esperanza y la desesperanza es el pórtico de la desesperación. Una sociedad sin esperanza es una sociedad triste, huérfana de futuro. Un futuro sin esperanza es una vida llena de vacío”. Surge entonces el espíritu del Eclesiastés, “vanidad de vanidades, todo es vanidad….y aborrecí, por tanto la vida”.

domingo, 24 de febrero de 2019

Lo intrínsecamente imposible no es una cosa, sino una no entidad.

La omnipotencia divina significa un poder capaz de hacer todo lo intrínsecamente posible, no lo intrínsecamente imposible. Podemos atribuir milagros a Dios, pero no debemos imputarle desatinos. Eso no significa poner límites a Su poder. Para Dios, dice Lewis, son posibles todas las cosas, pues lo intrínsecamente imposible no es una cosa, sino una no entidad. Realizar dos alternativas que se excluyen mutuamente no es más posible para Dios que para la más débil de Sus criaturas. Y ello no porque su poder encuentre obstáculo alguno, sino porque un sinsentido no deja de ser sinsentido por ponerlo en relación con Dios.

Tal vez, continua Lewis, fuera posible imaginar un mundo en el que Dios corrigiera los continuos abusos cometidos por el libre albedrío de Sus criaturas, de suerte que la viga de madera se tornara suave hierba al emplearla como arma, o que el aire se negara a obedecer cuando intentáramos emitir ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos. En un mundo así sería imposible cometer acciones erróneas, pero eso supondría anular la libertad de la voluntad. Más aún, continua Lewis, si lleváramos el principio hasta sus últimas consecuencias, resultarían imposible los malos pensamientos, pues la masa cerebral utilizada para pensar
se negaría a cumplir su función cuando intentáramos concebirlos. La materia cercana a un hombre malvado estaría expuesta a sufrir alteraciones imprevisibles. Una de las convicciones más arraigadas de la fe cristiana es la creencia en el poder que Dios posee (ejercido en ocasiones) de modificar el comportamiento de la materia y realizar los llamados milagros. La genuina concepción de un mundo común y estable exige, no obstante, que las ocasiones señaladas sean extraordinariamente infrecuentes.

Si tratáramos de excluir el sufrimiento, o la posibilidad del sufrimiento que acarrea el orden natural y la existencia de voluntades libres, descubriríamos que para lograrlo sería preciso suprimir la vida misma.

jueves, 27 de octubre de 2016

Lo que parece incompatible puede ser compatible en la mente de Dios.

Dios no puede hacer lo que es lógicamente imposible, pero este hecho no pone límites a su omnipotencia. No puede hacer ni inventar absurdos; no puede hallar un número que exprese exactamente la raíz cuadrada de 2, porque eso es una imposibilidad entrañada por la propia naturaleza de los objetos matemáticos. No hubiera podido crear un mundo en el que el bien resultante de la libertad de elección de las personas estuviera unido a la incapacidad de éstas de hacer el mal, puesto que ese mundo es lógicamente tan imposible como un triángulo cuadrado.

Dios decretó sencillamente que dos afirmaciones contradictorias no podían ser ciertas las dos y que dos y dos eran cuatro y que la fornicación era mala. Pero podía haber decidido decretar otra cosa y si lo hubiese hecho, el principio de contradicción, las verdades matemáticas y las normas morales hubieran sido diferentes de lo que son. No podemos imaginarnos un mundo así, naturalmente, pero no podemos afirmar, por la sencilla razón de la pobreza de nuestras mentes, que eso hubiera sido imposible para Dios; no debemos medir el poder de Dios con los patrones de nuestra débil y finita inteligencia.

Leszek Kolakowski
Su bondad y su sabiduría no tienen por qué asemejarse a lo que nosotros consideramos bondad y sabiduría en nuestro mundo tal como El lo construyó. Lo que a nosotros nos parece incompatible puede ser compatible en Su mente; lo que nos parece malo a nosotros puede no tener un sentido reconocible de maldad para El. Estrictamente hablando, la existencia de Dios deja de tener significación en nuestra vida moral e intelectual; El decidió darnos esos decretos y no otros, pero son contingentes en términos de la sabiduría y bondad de Dios, escribe Leszek Kolakowski.

Lutero.
Dios es Aquél para Cuya voluntad no hay causa ni fundamento que pueda establecerse como su norma y su pauta; porque nada está a su altura ni por encima de ella, sino que ella misma es la norma de todas las cosas. Si existiera para ella norma o pauta o causa o fundamento, dejaría de ser la voluntad de Dios. Lo que Dios quiera no es bueno porque El tenga que quererlo o esté obligado a disponerlo así; por el contrario, lo que ocurre tiene que ser bueno porque El lo quiere así. Se establecen causas y fundamentos para la voluntad de la criatura, pero no para la voluntad del Creador, ¡a menos que se ponga a otro Creador por encima de El! , decía Martín Lutero

Leibniz
Al decir, por tanto, que las cosas no son buenas según ningún patrón de bondad, sino simplemente por la voluntad de Dios, me parece a mí que uno destruye, sin darse cuenta, todo el amor de Dios y toda su gloria; pues, ¿por qué hemos de alabarle por lo que ha hecho, si sería igualmente digno de alabanza si hubiese hecho lo contrario? ¿Qué quedará de su justicia y su sabiduría si sólo tiene un poder despótico cierto, si la voluntad arbitraria ocupa el lugar de la racionalidad y si, según la definición de los tiranos, la justicia consiste en lo que place al poderoso?, manifestaba  Leibniz.


Leszek Kolakowski opina que Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas. A diferencia de los humanos, Dios no se enfrenta nunca a posibilidades alternativas y decide luego libremente cuál de ellas debe escoger; Sus decisiones son aspectos necesarios de Su Ser y por lo tanto no podrían haber sido diferentes de lo que son; sin embargo, son decisiones libres en el sentido de que no Le obliga ningún poder superior ni ninguna norma de validez independiente de El. El es lo que El hace, decide, ordena.

Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas