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martes, 2 de diciembre de 2025

El juez es juez hasta que accede a la política


Algunos jueces han colgado temporalmente su toga para dedicarse a la política. Que un juez cuelgue la toga y ostente otro cargo público por vía política es razonable hasta cierto punto, que es precisamente su reincorporación a la judicatura, que debería prohibirse, y ello porque la política suele configurar peajes, favores y beneplácitos, con lo que una vez que se cuelga la toga para estos menesteres, debería perderse para siempre, al menos para volver a impartir justicia. El juez es juez hasta que accede a la política ya que en este ámbito  pierde  independencia,  y aunque pretenda volver a recuperarla con su reingreso, resulta utópico dado que el justiciable verá  un juez con logo, afirma Jaime Company.
La falta de independencia adquiere su máxima expresión cuando el debate jurídico deja de fundarse en Derecho, escribe Company, cuando se aparta la sana crítica y cuando se confluyen elementos subjetivos.Cuando la independencia se transforma en injerencia, la justicia deja de ser justicia y el Estado deja de ser democrático. La solución es dejar a un lado la apariencia y sentar las bases, con propuestas firmes, con denuncias públicas desde cualquier vertiente y con hechos ciertos, no es suficiente citar reiteradamente normas que no se cumplen.


miércoles, 14 de junio de 2023

Hogar

Escribe G. K. Chesterton en Lo que está mal en el mundo que para los moderadamente pobres, el hogar es el único lugar de libertad. No, es el único lugar de anarquía. Es el único sitio en la tierra en el que un hombre puede cambiar los planes de repente, hacer un experimento o permitirse un capricho. En cualquier otro lugar, debe aceptar las estrictas normas de la tienda, taberna, club o museo a los que entra. En su propia casa, puede comer en el suelo si quiere hacerlo…….Para un hombre corriente y trabajador, la casa no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventura. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglas y tareas establecidas. El hogar es el único lugar en el que puede poner la alfombra en el techo o las tejas en el suelo si quiere hacerlo. Cuando un hombre pasa cada noche dando tumbos de bar en bar y de sala de fiestas en sala de fiestas, decimos que está llevando una vida irregular. Pero no es así, está llevando una vida sumamente regular bajo las aburridas, y a menudo opresivas, leyes de esos lugares.
Como todo hombre normal desea tener una mujer, e hijos nacidos de una mujer, todo hombre normal desea una casa propia donde meterlos. No desea tener simplemente un techo sobre sí y una silla debajo; quiere un reino visible y objetivo; un fuego en el que pueda cocinar la comida que le gusta, una puerta que pueda abrir a los amigos. 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Cicerón creía en un Dios que explica el orden del universo


El eclecticismo de Cicerón está orientado por un gran sentido común que le convierte en referente obligado en muchos temas, sin ir más lejos en la distinción entre ley natural y ley civil. Su lenguaje nos resulta familiar. De hecho, él inventó muchos de los conceptos filosóficos que utilizamos normalmente, escribe Carlos Goñi, cuando habla de la ley natural como lex non scripta, ley no escrita, fundamentada en la naturaleza humana y, por consiguiente, fundamento de la ley civil o positiva. Entre la ley natural y la positiva, está el ius gentium, o conjunto de normas que se desprenden de la ley natural y que son admitidas por todos los pueblos. Cicerón también metió las narices en temas teológicos. Cree en la existencia de un Dios que explique el orden del universo. Así como Dios, que es Razón, rige el mundo, del mismo modo el hombre debe regirse por su razón, que es lo más divino que hay en él. Su razón lo llevará a adecuarse a la naturaleza, a vivir según la virtud, tanto individual como socialmente, y a alcanzar la felicidad.


domingo, 13 de diciembre de 2020

La ley natural es permanente



La ley natural es inmutable, permanente a través de la historia. Las normas que la expresan son siempre substancialmente válidas. Es la base necesaria para la edificación de las normas morales y la ley civil.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Las empresas del Reino Unido seguirán las reglas de la Unión Europea.




Anu Bradford profesora de derecho de la Universidad de Columbia cree que en la campaña del brexit se dio una falsa premisa. El engaño del soberanismo regulatorio no sigue la lógica de cómo operan los mercados internacionales en el siglo XXI. La UE supone prácticamente el 50% de las exportaciones de Reino Unido. Es decir, el destino de la gran mayoría de exportaciones. Empresas de aeroespaciales, automovilísticas, de industria química, farmacéuticas, servicios financieros etc. Aunque Reino Unido se vaya de la UE, estas empresas seguirán comerciando con la UE. No tienen elección. Aunque el gobierno británico les conceda unas reglas más laxas, ellos seguirán las reglas de la UE.


Imagínate, dice Anu Bradford, que eres una empresa de coches británica y te dan a elegir. Puedes seguir las normas británicas o las europeas, que son más estrictas y en algunos casos más costosas. Pero el mercado europeo es seis veces más grande que el británico. Desde un punto de vista comercial, no es viable que ignores las leyes europeas, por lo que continúas haciendo lo mismo. Y la pregunta que surge del efecto Bruselas es ¿y si establezco una segunda línea de producción para fabricar el mismo producto pero con distintas normas y regulaciones? No lo haces. No es una alternativa. Las economías de escala te conducen a la uniformidad.

martes, 7 de julio de 2020

La vendetta es la primera sanción establecida por el orden social


Hans Kelsen

Cuando los hombres viven en sociedad, la noción del bien y del mal nace en su espíritu. Así llegan a pensar que en tales circunstancias los miembros del grupo deben conducirse de una manera determinada, es decir, conforme a ciertas normas. Escribe el jurista y filósofo austriaco Hans Kelsen que“las primeras normas sociales han tenido verosímilmente por fin imponer restricciones al instinto sexual y a la violencia. El incesto y el homicidio en el interior del grupo son, sin duda, los crímenes más antiguos y la vendetta la primera sanción establecida por el orden social. Esta sanción está fundada sobre el principio social más primitivo, el de la retribución, que se manifiesta tanto en lo que respecta a la pena como a la recompensa. Se puede formular de la siguiente manera, “si un individuo actúa bien, debe ser recompensado, y si actúa mal, debe ser penado”. Entre la condición y la consecuencia, entre la acción buena o mala y la recompensa o la pena, no hay una relación de causa efecto, sino una imputación, ya que la recompensa o el castigo son imputados a la acción a la cual deben retribuir”.


domingo, 9 de febrero de 2020

Seremos dios



"Declaramos que Dios ha muerto y, de esta manera,nosotros mismos seremos dios. Por fin dejamos de ser propiedad de otro y nos convertimos en los únicos dueños de nosotros mismos y los propietarios del mundo. Por fin podemos hacer lo que nos apetezca. Nos desembarazamos de Dios; ya no hay normas por encima de nosotros, nosotros mismos somos la norma. La “viña” es nuestra. Empezamos a descubrir ahora las consecuencias que está teniendo todo esto para el hombre y para el mundo",escribe Benedicto XVI.

domingo, 21 de abril de 2019

El hogar


Para los moderadamente pobres, el hogar es el único lugar de libertad. No, es el único lugar de anarquía. Es el único sitio en la tierra en el que un hombre puede cambiar los planes de repente, hacer un experimento o permitirse un capricho. En cualquier otro lugar, debe aceptar las estrictas normas de la tienda, taberna, club o museo a los que entra. En su propia casa, puede comer en el suelo si quiere hacerlo, escribe Chesterton.

Para un hombre corriente y trabajador, la casa no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventura. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglas y tareas establecidas. El hogar es el único lugar en el que puede poner la alfombra en el techo o las tejas en el suelo si quiere hacerlo. Cuando un hombre pasa cada noche dando tumbos de bar en bar y de sala de fiestas en sala de fiestas, decimos que está llevando una vida irregular. Pero no es así, está llevando una vida sumamente regular bajo las aburridas, y a menudo opresivas, leyes de esos lugares, añade el escritor británico.


Y agrega el londinense que como todo hombre normal desea tener una mujer, e hijos nacidos de una mujer, todo hombre normal desea una casa propia donde meterlos. No desea tener simplemente un techo sobre sí y una silla debajo; quiere un reino visible y objetivo; un fuego en el que pueda cocinar la comida que le gusta, una puerta que pueda abrir a los amigos. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Para las feministas la libertad equivale a la desaparición de las costumbres sociales.

Las normas sociales contribuían activamente a perpetuar un patrón de conducta machista. Pero en lugar de sustituir estas normas por otras mejores, destinadas a colocar a hombres y mujeres en igualdad de condiciones, muchas de las primeras feministas cayeron en el mito de la contracultura. Daban por hecho que la existencia de las normas en sí era un síntoma de la sumisión femenina. Para que hombres y mujeres fueran iguales creyeron necesario abolir las normas, no reformarlas. El amor libre debía sustituir al matrimonio. El amor era como una hermosa flor que debía tener libertad para abrirse de manera natural, sin los límites artificiales de la convención social.
La revolución sexual destruyó todas las normas sociales que habían regido las relaciones entre ambos sexos, pero sin sustituirlas por otras nuevas. Lo que dejó fue un vacío absoluto. La consecuencia no fue la liberación, sino el infierno. La ausencia de normas establecidas implicaba que nadie sabía qué esperar de nadie. El tema de ser novios sonaba fatal y nadie se lo planteaba. No se podía preguntar a una chica si quería salir contigo. Podías hablar con ella en una fiesta, llevarla a algún sitio, tomar de todo juntos y al final coronarlo con una sesión de sexo. Lo de “salir” vino después y siempre salpicado de comentarios irónicos como para quitarle importancia.  Muchas feministas habían
descubierto, que el amor libre desembocaba en una explotación sexual femenina. En un principio dieron por hecho que al ser los hombres los opresores, todas las normas que gobernaban las relaciones entre ambos sexos iban necesariamente en beneficio de los hombres. El hecho de que muchas de estas normas existieran precisamente para defender a las mujeres de los hombres fue algo en lo que nadie pareció reparar.

La vieja costumbre de casarse “de penalty” obligaba al hombre a hacerse responsable de los hijos que hubiera tenido. La progresiva desaparición de esta costumbre ha sido uno de los factores que han contribuido a generalizar la feminización de la pobreza en el mundo occidental. De hecho, si pidiéramos a un grupo de hombres que nos contaran su idea de una noche ideal con una mujer, probablemente elegirían algo muy parecido a esas veladas de “amor libre” que nacieron con la revolución sexual. 

Pero todas estas posibilidades se ignoraron en parte debido a la teoría contracultural, que considera a las mujeres como una minoría oprimida y las normas sociales como el mecanismo de opresión. Una vez más, la cosa estaba clara. La única solución válida sería abolir todas las normas. En conclusión, la libertad femenina equivaldrá a la desaparición de las costumbres sociales. Al final, esta fórmula resulta ser un desastre. No sólo defiende una situación inalcanzable como la ideal para conseguir la liberación, sino que crea una tendencia a calificar de apaño o traición la aceptación de reformas que podrían haber mejorado sustancialmente la realidad femenina.


La revolución sexual destruyó todas las normas sociales que habían regido las relaciones entre ambos sexos, pero sin sustituirlas por otras nuevas.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El bien y el mal.

Si Dios existe, él nos da las claves para percibir Su mano en el curso de los acontecimientos y con la ayuda de esas claves reconocemos el sentido divino de todo cuanto ocurre. Si no existe Dios, nuestro pensamiento sólo puede guiarse por criterios empíricos y los criterios empíricos no llevan a Dios.

Leszek Kolakowskihay
En las cuestiones morales, dice Leszek Kolakowskihay , implícita una circularidad análoga. Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.El peligro de que Dios no exista es que la humanidad iría hacia la autodestrucción. Las normas dependerían de lo que interesa en cada momento. No hay criterios objetivos, claros y permanentes, como los Mandamientos, que estableciesen lo que es bueno y malo.Hoy mucha gente pretende que el bien y el mal son términos relativos. 
comunidad
Una cosa es verdadera,dice Leo J. Trese, mientras la mayoría de los hombres opine que es útil, mientras parezca que esa cosa "funciona". Una cosa o una acción es buena si contribuye al bienestar y a la dicha del hombre. Pero si la castidad, por ejemplo, parece que frena el avance de un mundo siempre en cambio, entonces, la castidad deja de ser buena. En resumen, que lo que puede llamarse bueno o verdadero es lo que aquí y ahora es útil para la comunidad, para el hombre como elemento constructivo de la sociedad, y es bueno o verdadero solamente mientras continúa siendo útil.

Si durante algún tiempo se ha creído que el alma humana y la personalidad entera podían vivir indiferentes al bien y al mal, hemos acabado convencidos de que semejante creencia era una ilusión. Gonzalo Torrente Ballester manifiesta en su libro “Compostela y su ángel”que desdeñamos, por envejecida e ingenua, la noción del pecado (el mal), pero recaímos en otra más ingenua, y a todos aquellos que sienten sobre sí los efectos del mal, los tenemos por enfermos. Lo están, sin duda, y en el marco de sus vidas, la vieja noción razonable de pecado mortal se ha cambiado por la muy moderna de complejo psicológico. Pero, con pecados o complejos, el hombre necesita libertarse del mal, y necesita libertarse precisamente por medio de la confesión, escribe Torrente Ballester. 
Torrente Ballester. 
Ahora las gentes acuden a los médicos que pueden proporcionarles formas de confesión aparatosas, científicamente enmascaradas. El hombre medieval poseía sentido del ridículo. Hubiera reído ante la idea de que un médico le librase de los pecados. El hombre medieval necesitaba, para saberse limpio, de la penitencia y de la absolución ejercitada por quien tenía Poder para ello. Pero, al mismo tiempo, comprendía la magnitud del mal, establecía en ello jerarquías y había aprendido que ciertas ofensas cargaban excesivamente de dolores al Crucificado. Para ellas no bastaba con la normalidad sacramental, y, aunque a veces bastase, la conciencia del cristiano exigía mayores penitencias, grandes esfuerzos, para alcanzar el perdón, gracias especiales que en pocos lugares se discernían. 

Pero el hombre medieval sabía mucho más. No se había roto todavía el sentido antiguo de la comunidad. “Creo en la comunión de los santos”, rezaban diariamente, y para ellos esto era mucho más que una fórmula vacía. Quería decir que no sólo la penitencia consigue el perdón de los pecados propios, sino también de los ajenos. 
Compostela.

Cuando la santa reina de Portugal, que en Compostela se llamó A Raíña, peregrinó en hábito mendigo, no lo hizo por sí, sino por alguien muy próximo, por el prójimo. 

Finalmente, el hombre medieval sabía orar, sigue relatando Torrente Ballester, y sabía convertir en oración los actos de su vida: los grandes y los menudos. Vivía en Cristo Jesús. Todo cuanto hacía podía valer una oración, y jamás se le hubiera ocurrido pensar que una vida humana vulgar puede ser una forma despreciable de existencia, porque la sola virtud de la oración la exaltaba hacia las altas cimas del vivir. 
De acuerdo con los criterios de Nietzsche no hay otra “rectitud” que la fuerza y la vitalidad. Puesto que él glorifica la inocencia del proceso natural, Unschuld des Werdens, y afirma la perfección del mundo tal como es, rechazando desdeñosamente la idea de lo que debe ser, podría parecer que los vencedores tienen razón por definición, y los cristianos son los vencedores.

Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.

La intención de una constitución es imponer normas y reglas a aquellos que gobiernan.

A simple vista, una constitución es un documento relativamente sencillo, con un propósito visiblemente claro y práctico. La mayoría de las palabras de casi todas las constituciones se dedican a describir cómo se establecerá y funcionará el sistema político; los procedimientos que hay que seguir para tomar decisiones; la distribución del poder entre los diferentes organismos del Estado; los límites a la autoridad de la que gozan los funcionarios del gobierno; los medios utilizados para seleccionar o elegir a esos cargos, etc. Sin embargo, también en una constitución hay algo más que no se ve, un significado oculto bajo la superficie del texto. Porque la intención de una constitución es imponer normas y reglas a aquellos que gobiernan, limitar el poder de los gobernantes y, al hacerlo, dárselo a los gobernados. Atar las manos de los que poseen la autoridad supone, necesariamente, aumentar la libertad de aquellos sobre los que se ejerce esa autoridad.


En nuestra Constitución se ha adoptado un sistema de control judicial  al que, en principio, cabría calificar como de jurisdicción concentrada, ya que se crea un tribunal especial para ejercitarlo(el Tribunal Constitucional). No obstante, esa afirmación habría que matizarla, pues lo que se trata de implantar es más bien una especie híbrida en la que se reúnen caracteres propios de cada uno de lo s dos modelos de control judicial existentes en Derecho comparado (el de jurisdicción concentrada y el de jurisdicción difusa) en cuanto que además del Tribunal Constitucional también desempeñarán el control, según el art. 53.2, los tribunales ordinarios.

La Constitución encomienda el ejercicio del control, como antes se ha dicho, al Tribunal Constitucional (art. 161) y también a los tribunales ordinarios (art. 53.2).

La mayoría de las palabras de casi todas las constituciones se dedican a describir cómo se establecerá y funcionará el sistema político; los procedimientos que hay que seguir para tomar decisiones; la distribución del poder entre los diferentes organismos del Estado; los límites a la autoridad de la que gozan los funcionarios del gobierno; los medios utilizados para seleccionar o elegir a esos cargos

jueves, 27 de octubre de 2016

Lo que parece incompatible puede ser compatible en la mente de Dios.

Dios no puede hacer lo que es lógicamente imposible, pero este hecho no pone límites a su omnipotencia. No puede hacer ni inventar absurdos; no puede hallar un número que exprese exactamente la raíz cuadrada de 2, porque eso es una imposibilidad entrañada por la propia naturaleza de los objetos matemáticos. No hubiera podido crear un mundo en el que el bien resultante de la libertad de elección de las personas estuviera unido a la incapacidad de éstas de hacer el mal, puesto que ese mundo es lógicamente tan imposible como un triángulo cuadrado.

Dios decretó sencillamente que dos afirmaciones contradictorias no podían ser ciertas las dos y que dos y dos eran cuatro y que la fornicación era mala. Pero podía haber decidido decretar otra cosa y si lo hubiese hecho, el principio de contradicción, las verdades matemáticas y las normas morales hubieran sido diferentes de lo que son. No podemos imaginarnos un mundo así, naturalmente, pero no podemos afirmar, por la sencilla razón de la pobreza de nuestras mentes, que eso hubiera sido imposible para Dios; no debemos medir el poder de Dios con los patrones de nuestra débil y finita inteligencia.

Leszek Kolakowski
Su bondad y su sabiduría no tienen por qué asemejarse a lo que nosotros consideramos bondad y sabiduría en nuestro mundo tal como El lo construyó. Lo que a nosotros nos parece incompatible puede ser compatible en Su mente; lo que nos parece malo a nosotros puede no tener un sentido reconocible de maldad para El. Estrictamente hablando, la existencia de Dios deja de tener significación en nuestra vida moral e intelectual; El decidió darnos esos decretos y no otros, pero son contingentes en términos de la sabiduría y bondad de Dios, escribe Leszek Kolakowski.

Lutero.
Dios es Aquél para Cuya voluntad no hay causa ni fundamento que pueda establecerse como su norma y su pauta; porque nada está a su altura ni por encima de ella, sino que ella misma es la norma de todas las cosas. Si existiera para ella norma o pauta o causa o fundamento, dejaría de ser la voluntad de Dios. Lo que Dios quiera no es bueno porque El tenga que quererlo o esté obligado a disponerlo así; por el contrario, lo que ocurre tiene que ser bueno porque El lo quiere así. Se establecen causas y fundamentos para la voluntad de la criatura, pero no para la voluntad del Creador, ¡a menos que se ponga a otro Creador por encima de El! , decía Martín Lutero

Leibniz
Al decir, por tanto, que las cosas no son buenas según ningún patrón de bondad, sino simplemente por la voluntad de Dios, me parece a mí que uno destruye, sin darse cuenta, todo el amor de Dios y toda su gloria; pues, ¿por qué hemos de alabarle por lo que ha hecho, si sería igualmente digno de alabanza si hubiese hecho lo contrario? ¿Qué quedará de su justicia y su sabiduría si sólo tiene un poder despótico cierto, si la voluntad arbitraria ocupa el lugar de la racionalidad y si, según la definición de los tiranos, la justicia consiste en lo que place al poderoso?, manifestaba  Leibniz.


Leszek Kolakowski opina que Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas. A diferencia de los humanos, Dios no se enfrenta nunca a posibilidades alternativas y decide luego libremente cuál de ellas debe escoger; Sus decisiones son aspectos necesarios de Su Ser y por lo tanto no podrían haber sido diferentes de lo que son; sin embargo, son decisiones libres en el sentido de que no Le obliga ningún poder superior ni ninguna norma de validez independiente de El. El es lo que El hace, decide, ordena.

Dios ni obedece normas que son válidas con independencia de su voluntad ni crea esas normas según Su capricho o como resultado de una deliberación sobre varias opciones; El es esas normas