Una peculiaridad de la condición humana, que siente horror a todo lo que le es impuesto. Por ello “así como hay personas que, por agradable que sea un medicamento, lo toman de mala gana, solo porque es medicamento, así hay almas que tienen horror a lo que se les manda por el hecho mismo de ser mandado”, escribe Francisco de Sales. “En este sentido, continúa, se cuenta que un hombre había vivido a gusto en la gran ciudad de París sin salir de ella durante ochenta años y en cuanto el rey le ordenó permanecer allí para siempre, salía a diario a disfrutar del campo, cosa que antes nunca había echado de menos”. Es cierto que este humor caprichoso se remonta a los comienzos de la humanidad. “Eva, de cien mil frutos deliciosos, escogió el que se le había prohibido, y seguro que, si se le hubiera permitido probarlo, no se lo habría comido”. Gusto por la independencia, ciertamente, pero también debilidad de nuestra naturaleza, que se asusta a veces de las exigencias de los mandamientos, dice el obispo de Ginebra.
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viernes, 1 de agosto de 2025
La condición humana siente horror a todo lo impuesto
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miércoles, 19 de marzo de 2025
Quizás por el miedo a la justicia divina, se eliminó hace tiempo la jura de los cargos públicos ante la Biblia
Desde pequeños, comenta Pilar Castañon, nos dicen que no hay que mentir, los mandamientos nos instan, como mandato, a no tomar el nombre de Dios en vano, y quizás por el miedo a la justicia divina, se eliminó hace tiempo la jura de los cargos públicos ante la Biblia, y ya solo se promete, y sin Biblia, porque prometer ¡da igual! Desde pequeños nos dicen que no hay que mentir, los mandamientos nos instan, como mandato, a no tomar el nombre de Dios en vano, y quizás por el miedo a la justicia divina, se eliminó hace tiempo la jura de los cargos públicos ante la Biblia, y ya solo se promete, y sin Biblia, porque prometer ¡da igual!
La verdad era el punto de partida y base de las reglas del juego para la confianza y las relaciones, la palabra dada de otras épocas, como se solía decir, “iba a misa”, y esta era suficiente. Pero lo que hacía a las personas respetables, ha desaparecido.Decía Juan Pablo II que, sin la verdad, la libertad degenera en subjetivismo y anarquía.La eliminación del binomio verdad y libertad anula la posibilidad de normas morales objetivas y universales, que son precisamente las que rigen la convivencia entre los ciudadanos. Siguiendo esta ruta, los referentes morales han desaparecido, y la ética ha quedado inmediatamente eliminada del servicio público.
La verdad era el punto de partida y base de las reglas del juego para la confianza y las relaciones, la palabra dada de otras épocas, como se solía decir, “iba a misa”, y esta era suficiente. Pero lo que hacía a las personas respetables, ha desaparecido.Decía Juan Pablo II que, sin la verdad, la libertad degenera en subjetivismo y anarquía.La eliminación del binomio verdad y libertad anula la posibilidad de normas morales objetivas y universales, que son precisamente las que rigen la convivencia entre los ciudadanos. Siguiendo esta ruta, los referentes morales han desaparecido, y la ética ha quedado inmediatamente eliminada del servicio público.
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lunes, 18 de enero de 2021
Los mandamientos son sendas abiertas para un camino de perfección
*Aquel que es la fuente de la felicidad del hombre, fiel a su amor por el hombre, le da su Ley para restablecer la armonía originaria con el Creador y todo lo creado, y aún más, para introducirlo en su amor.
El bien es obedecer a Dios, caminar humildemente con él practicando la justicia y amando la piedad. Ordenándolo a su fin con sabiduría y amor, mediante la ley inscrita en su corazón, la ley natural. Ésta no es más que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios dio esta luz y esta ley en la creación. Después lo hizo en la historia de Israel, particularmente con las diez palabras, o sea, con los mandamientos del Sinaí.Los mandamientos no deben ser entendidos como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor (cf. Col 3, 14). Así, el mandamiento "No matarás", se transforma en la llamada a un amor solícito que tutela e impulsa la vida del prójimo; el precepto que prohíbe el adulterio, se convierte en la invitación a una mirada pura, capaz de respetar el significado esponsal del cuerpo.
*Fuente: Veritatis Splendor de Juan Pablo II
jueves, 9 de abril de 2020
El sentido de los Mandamientos
*La Alianza que Dios había sellado con su Pueblo incluía unas prescripciones que no tenían el sentido original de imponerles cargas sino, muy al contrario, el de llevarles por caminos de libertad: “Hoy pongo ante ti la vida y el bien, o la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, entonces vivirás y te multiplicarás. El Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión” (Dt 30,15-18). La tierra prometida a los hebreos es una figura de la tierra interior en la que los hombres y mujeres de todos los tiempos podemos entrar, si vivimos en su auténtico sentido los mandamientos.
El mundo puede revelarse a veces contra los Mandamientos, como si fueran imposiciones trasnochadas, propias de un estadio infantil de la humanidad; pero no faltan ejemplos de cómo se desmoronan las sociedades y las personas cuando creen que pueden ignorarlos.
*La ternura de Dios
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jueves, 2 de agosto de 2018
No cabe llamar gobierno aquel cuya regla es la voluntad de un hombre.
Entre los prelados reformadores, que constituyeron en 1536 el Collegium de emendanda Ecclesia estaba el cardenal Gaspare Contarini que se esforzó, en vano, para establecer la unidad con los protestantes en la Dieta de Ratisbona, y que escribió: “La ley de Cristo es ley de libertad… No cabe llamar gobierno aquel cuya regla es la voluntad de un hombre dado por naturaleza al mal e impelido por innúmeras pasiones. ¡No! Toda soberanía es soberanía de la razón. Su objeto ha de ser conducir por el recto camino al recto fin, la felicidad a aquella que le están sometidos. La autoridad pontifical es, asimismo, autoridad de la razón. Un Papa debe saber que su autoridad se ejercita sobre hombres libres. Nunca debe mandar, prohibir o dispensar a su arbitrio; sino hacerlo según las reglas de la razón, de los divinos Mandamientos y del Amor: regla que todo lo conduce a Dios y al bien común”.
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sábado, 31 de diciembre de 2016
El bien y el mal.
Si Dios existe, él nos da las claves para percibir Su mano en el curso de los acontecimientos y con la ayuda de esas claves reconocemos el sentido divino de todo cuanto ocurre. Si no existe Dios, nuestro pensamiento sólo puede guiarse por criterios empíricos y los criterios empíricos no llevan a Dios.
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| Leszek Kolakowskihay |
En las cuestiones morales, dice Leszek Kolakowskihay , implícita una circularidad análoga. Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.El peligro de que Dios no exista es que la humanidad iría hacia la autodestrucción. Las normas dependerían de lo que interesa en cada momento. No hay criterios objetivos, claros y permanentes, como los Mandamientos, que estableciesen lo que es bueno y malo.Hoy mucha gente pretende que el bien y el mal son términos relativos.
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| comunidad |
Una cosa es verdadera,dice Leo J. Trese, mientras la mayoría de los hombres opine que es útil, mientras parezca que esa cosa "funciona". Una cosa o una acción es buena si contribuye al bienestar y a la dicha del hombre. Pero si la castidad, por ejemplo, parece que frena el avance de un mundo siempre en cambio, entonces, la castidad deja de ser buena. En resumen, que lo que puede llamarse bueno o verdadero es lo que aquí y ahora es útil para la comunidad, para el hombre como elemento constructivo de la sociedad, y es bueno o verdadero solamente mientras continúa siendo útil.
Si durante algún tiempo se ha creído que el alma humana y la personalidad entera podían vivir indiferentes al bien y al mal, hemos acabado convencidos de que semejante creencia era una ilusión. Gonzalo Torrente Ballester manifiesta en su libro “Compostela y su ángel”que desdeñamos, por envejecida e ingenua, la noción del pecado (el mal), pero recaímos en otra más ingenua, y a todos aquellos que sienten sobre sí los efectos del mal, los tenemos por enfermos. Lo están, sin duda, y en el marco de sus vidas, la vieja noción razonable de pecado mortal se ha cambiado por la muy moderna de complejo psicológico. Pero, con pecados o complejos, el hombre necesita libertarse del mal, y necesita libertarse precisamente por medio de la confesión, escribe Torrente Ballester.
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| Torrente Ballester. |
Ahora las gentes acuden a los médicos que pueden proporcionarles formas de confesión aparatosas, científicamente enmascaradas. El hombre medieval poseía sentido del ridículo. Hubiera reído ante la idea de que un médico le librase de los pecados. El hombre medieval necesitaba, para saberse limpio, de la penitencia y de la absolución ejercitada por quien tenía Poder para ello. Pero, al mismo tiempo, comprendía la magnitud del mal, establecía en ello jerarquías y había aprendido que ciertas ofensas cargaban excesivamente de dolores al Crucificado. Para ellas no bastaba con la normalidad sacramental, y, aunque a veces bastase, la conciencia del cristiano exigía mayores penitencias, grandes esfuerzos, para alcanzar el perdón, gracias especiales que en pocos lugares se discernían.
Pero el hombre medieval sabía mucho más. No se había roto todavía el sentido antiguo de la comunidad. “Creo en la comunión de los santos”, rezaban diariamente, y para ellos esto era mucho más que una fórmula vacía. Quería decir que no sólo la penitencia consigue el perdón de los pecados propios, sino también de los ajenos.
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| Compostela. |
Cuando la santa reina de Portugal, que en Compostela se llamó A Raíña, peregrinó en hábito mendigo, no lo hizo por sí, sino por alguien muy próximo, por el prójimo.
Finalmente, el hombre medieval sabía orar, sigue relatando Torrente Ballester, y sabía convertir en oración los actos de su vida: los grandes y los menudos. Vivía en Cristo Jesús. Todo cuanto hacía podía valer una oración, y jamás se le hubiera ocurrido pensar que una vida humana vulgar puede ser una forma despreciable de existencia, porque la sola virtud de la oración la exaltaba hacia las altas cimas del vivir.
De acuerdo con los criterios de Nietzsche no hay otra “rectitud” que la fuerza y la vitalidad. Puesto que él glorifica la inocencia del proceso natural, Unschuld des Werdens, y afirma la perfección del mundo tal como es, rechazando desdeñosamente la idea de lo que debe ser, podría parecer que los vencedores tienen razón por definición, y los cristianos son los vencedores.
Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.
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