Mostrando entradas con la etiqueta Crucificado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crucificado. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de mayo de 2026

¿No os admira que un crucificado sea la persona más amada del mundo?

En el cuerpo humano existen enfermedades que apenas se notan y que avanzan calladamente hasta que, muchas veces, ya no tienen remedio. Algo parecido puede suceder en el alma. La tibieza es una enfermedad silenciosa y paralizante cuyo avance imparable apenas se advierte. Afecta primero al entendimiento, lo oscurece; después a la voluntad, y la vuelve floja, débil, con poca capacidad para el esfuerzo, escribe Francisco Fernández-Carvajal.
Una joven judía llamada Etty Hillesum murió en el campo de concentración de Auschwitz en septiembre de 1942. Su diario fue publicado hace no muchos años.Esta mañana, cuenta, mientras paseaba en bicicleta por el Stadionkade, he disfrutado del amplio horizonte que se descubre desde los alrededores de la ciudad, mientras respiraba el aire fresco, que todavía no nos han racionado. Por todas partes se ven carteles en los que se prohíbe a los judíos transitar por los senderos que conducen al campo. Pero, por encima de ese poquito de carretera que nos permiten recorrer, se extiende el cielo entero. No pueden nada contra nosotros; absolutamente nada. Pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de algunos bienes materiales, pueden quitarnos la libertad exterior de movimientos…; pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas, la actitud de sentirnos perseguidos, humillados, oprimidos; la de dejarnos llevar por el rencor la de envalentonarnos para ocultar nuestro miedo. Tenemos todo el derecho de estar de vez en cuando tristes y abatidos, porque nos hacen sufrir es humano y comprensible. Y, sin embargo, la auténtica expoliación nos la infligimos nosotros. La vida me parece tan hermosa… y me siento libre. Dentro de mí el cielo se despliega tan grande como el firmamento. Creo en Dios y creo en el hombre, y me atrevo a decirlo sin falsa vergüenza… Soy una mujer feliz y ¡sí!, me vuelco en alabanzas a esta vida en el año del Señor 1942… ¿qué año es de la guerra?”
San Agustín, en el siglo IV, preguntaba, ¿no os admira que un crucificado sea la persona más amada del mundo?

domingo, 2 de junio de 2024

Había empleado su poder dejando que los demás decidieran todo a su antojo

¡Hijo de Dios! Eso si que no, pues de otro modo no lo habrían crucificado, a menos que él lo hubiese querido. Pero ¡Tal vez lo hubiese querido! Era extraño y espantoso que él hubiera querido sufrir. Si hubiese sido realmente el Hijo de Dios, nada le habría sido más fácil que evitar el suplicio. Mas el no quería evitarlo. Quería padecer y morir de la manera más atroz, no evitar eso. Y eso había sucedido, y había transformado en realidad su voluntad de ser liberado. Había hecho que lo soltaran a él, a Barrabas, en su lugar. Había ordenado: “Poned en libertad a Barrabas y crucificadme a mi”…..
Había empleado su poder de la manera más singular. Lo había empleado sin usarlo, dejando que los demás decidieran todo a su antojo, sin intervenir él en lo más mínimo y, no obstante, había conseguido que triunfara su voluntad, que era la de ser crucificado en lugar de Barrabás.
Barrabas de Pär Lagerkvist

viernes, 10 de septiembre de 2021

Tenía la verdad delante de las narices


Pilatos interroga a Jesús. Naturalmente, su idea del reino espiritual se le antoja más bien fantasiosa, pero perfectamente inofensiva. Por otra parte, el acusado no parece ni violento ni fanático; tiene prestancia, se expresa sobriamente. Pilatos está impresionado favorablemente por su serena dignidad; pronto le resulta evidente que Jesús es totalmente inocente de los crímenes que se le imputan. Pilatos lo repite varias veces: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. Pero los acusadores exigen su muerte, y el evangelista añade que al oír los gritos de la multitud “Pilatos se quedó más espantado que nunca”. 


Pilatos tiene miedo, no quiere cargar con un nuevo motín; sería el fin de su carrera. En el curso del interrogatorio, cuando Pilatos pregunta a Jesús por sus actividades, éste le responde: “Yo para esto he venido a este mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz”. A lo que Pilatos replica: “¿Y qué es la verdad?”. También él es un hombre educado, un romano cultivado; ha viajado, ha visto mundo, ha leído a los filósofos; a diferencia de ese hombre sencillo, de ese carpintero provinciano, sabe que hay muchos dioses y muchas creencias bajo el sol… Pero, ¡cuidado! Cada vez que la gente se pregunta “¿Qué es la verdad?”, normalmente es porque tiene la verdad delante de las narices, pero resultaría muy incómodo reconocerlo. Y también, en contra de su convencimiento íntimo, Pilatos cede a la voluntad de la muchedumbre y le entrega a Jesús para que sea crucificado. El problema para Pilatos no era determinar si Jesús era inocente o no. Esta cuestión era fácil de zanjar. No, el verdadero problema es que, a fin de cuentas, como todos nosotros, la mayor parte del tiempo, tenía la verdad delante de las narices, pero prefirió lavarse las manos. (La felicidad de los pececillos de Simon Leys)



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Seis iglesias gravemente atacadas desde que se iniciaron las manifestaciones en Chile



En medio de las manifestaciones que se desarrollaron en Santiago de Chile este 12 de noviembre, se registró un incendio provocado en la parroquia de la Vera Cruz. Los bomberos llegaron a la iglesia ubicada en el barrio Lastarria a eso de las 8:00 p.m. mientras el templo ardía desde su interior emanando humo hacia el techo. Al intentar ingresar por la puerta principal para apagar el fuego, no tuvieron éxito ya que estaba trabada por dentro. El templo ya había sido atacado en días anteriores con grafitis en su exterior. El templo incendiado se suma a otras cinco iglesias gravemente atacadas desde que se iniciaron las manifestaciones en Chile contra el Gobierno de Sebastián Piñera.


Esta parroquia conservaba en el presbiterio, detrás del altar, una de las dos reliquias en Chile que contiene pequeñas astillas del madero en el que fue crucificado Jesús. La reliquia fue retirada antes del ataque.

jueves, 20 de diciembre de 2018

La piedad católica de los siglos XIV y XV.

Beato Tomás de Kempis
El éxito del libro de devoción y ascética católico la Imitación de Cristo, escrito por Tomás de Kempis, demuestra que pervivía en Occidente un deseo por el ideal cristiano, hecho de pobreza, devoción y piedad personal. El historiador Émile-Guillaume Léonard cree que la reforma luterana surgió de la piedad católica de los siglos XIV y XV, pero también cree que es cierto todo cuanto se refiere a la reforma tridentina (es decir, la definida en el Concilio de Trento). De ahí vemos la necesidad de corregir las ideas, admitidas durante demasiado tiempo, de la decadencia de la Iglesia en los siglos XIV y XV, dice el historiador francés especialista en cristianismo Jean Delumeau. 

Delumeau escribe que en la Iglesia de Occidente existía un bloqueo en la cumbre que no se superará sino después del Concilio de Trento. Sin embargo, en la base, se reformaban muchas órdenes religiosas y surgían otras nuevas. Los capuchinos, las ursulinas, los teatinos y los jesuitas son anteriores al inicio del Concilio. Tras el descubrimiento de América se llevó a cabo en el Nuevo Continente un gran esfuerzo misionero. El apostolado de San Francisco Javier en la India y en el Japón se sitúa con anterioridad a la auténtica reorganización de la Iglesia romana. 

Concilio de Trento
Los historiadores polacos que han estudiado los siglos XIV y XV sostienen, de modo unánime, que se trata de una época de gran desarrollo de la Iglesia en su país, con acusada proliferación de las parroquias. Al mismo tiempo, más hacia el oeste, se ve, a nivel de la vida religiosa cotidiana, una multiplicación de los templos, las capillas, las imágenes, los retablos; como asimismo se desarrollan las cofradías y nacen las capillas de cantores, los belenes; como se manifiesta la popular devoción hacia el Niño Jesús, la Virgen, el Cristo crucificado.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Cristo en el arte mediaval.

Basílica Catedral de Saint-Denis
A partir del siglo XII, el Cristo Salvador abre más ampliamente sus brazos a la humanidad. Cristo se convierte en la puerta de acceso a la revelación y a la salvación. Suger, el constructor de Saint-Denis, dice que Cristo es la verdadera puerta: Christus janua vera. “¡Oh!, Vos que habéis dicho: “Yo soy la puerta, y quien entre por mí se salvará”, ruega a Cristo Guillermo de Saínt-Thierry, mostradnos con qué evidencia de qué mansión sois la puerta, en qué momento y a quiénes la abrís. La mansión de la que Vos sois la puerta es… el Cielo donde habita vuestro Padre”. De este modo el templo, símbolo de la mansión celeste, acceso al cielo, se abre de par en par. La puerta se apodera de la fachada, tímpanos románicos, pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, grandes pórticos góticos. Ese Cristo más cercano al hombre puede acercarse aún más tomando la forma de un niño. El éxito de Cristo-Niño, que se consolida en el siglo XII, es paralelo al de la Virgen-Madre, explica el historiador medievalista Jacques Le Goff.

Portico de la Gloria. Santiago de Compostela.
Cristo se convierte cada vez más en el Cristo sufriente, el Cristo de la Pasión. La crucifixión, dice Le Goff, conserva sin lugar a dudas los elementos simbólicos, pero éstos contribuyen de ordinario al nuevo significado de la devoción al Crucificado, como por ejemplo el vínculo entre Adán y la crucifixión, del que nos da testimonio la iconografía. Calavera de Adán representada al pie de la cruz, leyenda de la Santa Cruz hecha con la madera del árbol plantado en la tumba de Adán. Siguiendo la evolución de la devoción a la misma cruz se podría averiguar cómo de símbolo triunfal, aún tiene ese significado para los cruzados de finales del siglo XI, se convierte en símbolo de humildad y de sufrimiento. Simbolismo que, por otra parte, no se ve libre de rechazos, a veces en los medios populares, sobre todo entre los grupos heréticos que se niegan a venerar a un trozo de madera, insoportable e inconcebible humillación de todo un Dios. Por un curioso rodeo, Marco Polo encontrará esa misma hostilidad en el Gran Kan mongol quien, influenciado por el cristianismo nestoriano asiático, rechaza ante todo ese sacrilegio en el catolicismo occidental. “No
Jacques Le Goff 
admite en modo alguno que se lleve ante él la cruz, porque en ella sufrió y murió un hombre tan grande como Cristo”. Crimen literalmente de lesa majestad que el pueblo entiende con frecuencia como tal, amarrado a formas tradicionales de piedad, más lento en la adopción de mentalidades y de sensibilidades nuevas. Ya desde el siglo XIII aparece, junto a la veneración por las reliquias de la Pasión, el culto a los instrumentos de la misma Pasión. La realeza de Cristo será ante todo la de un Cristo coronado de espinas, precursora del tema del Ecce Homo que invade la espiritualidad y el arte del siglo XIV.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La herencia espiritual de Lutero.

En su reunión con los luteranos alemanes en Maguncia, el 17 de noviembre de 1980, Juan Pablo II les dijo: “Recuerdo en estos momentos la llegada de Lutero a Roma en los años 1510-1511 para visitar las tumbas de los príncipes de los apóstoles como peregrino, pero también como hombre que buscaba e inquiría. Hoy llego hasta vosotros para hallar la herencia espiritual de Lutero. Vengo como peregrino. Con este encuentro, dentro de un mundo que cambia, vengo a poner un signo de unión”.


El núcleo de la teología luterana que el futuro Reformador afirmaba con fuerza y claridad, en una carta de 1516: “Por lo tanto, mi querido hermano, aprende la lección de Cristo, y del Cristo crucificado. Aprende a cantarle y, desesperando de ti, a decirle: “Tú, Señor, eres mi justicia y yo soy tu pecado. Tú has tomado lo que es mío y me has dado lo tuyo. Tú has asumido lo que tú no eras y me has dado lo que yo no era”. Ten cuidado de no aspirar jamás a tal pureza que ya no puedas considerarte pecador, porque Cristo no vive más que entre los pecadores. Sólo en Él y en una absoluta desconfianza en ti mismo hallarás la paz”.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El bien y el mal.

Si Dios existe, él nos da las claves para percibir Su mano en el curso de los acontecimientos y con la ayuda de esas claves reconocemos el sentido divino de todo cuanto ocurre. Si no existe Dios, nuestro pensamiento sólo puede guiarse por criterios empíricos y los criterios empíricos no llevan a Dios.

Leszek Kolakowskihay
En las cuestiones morales, dice Leszek Kolakowskihay , implícita una circularidad análoga. Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.El peligro de que Dios no exista es que la humanidad iría hacia la autodestrucción. Las normas dependerían de lo que interesa en cada momento. No hay criterios objetivos, claros y permanentes, como los Mandamientos, que estableciesen lo que es bueno y malo.Hoy mucha gente pretende que el bien y el mal son términos relativos. 
comunidad
Una cosa es verdadera,dice Leo J. Trese, mientras la mayoría de los hombres opine que es útil, mientras parezca que esa cosa "funciona". Una cosa o una acción es buena si contribuye al bienestar y a la dicha del hombre. Pero si la castidad, por ejemplo, parece que frena el avance de un mundo siempre en cambio, entonces, la castidad deja de ser buena. En resumen, que lo que puede llamarse bueno o verdadero es lo que aquí y ahora es útil para la comunidad, para el hombre como elemento constructivo de la sociedad, y es bueno o verdadero solamente mientras continúa siendo útil.

Si durante algún tiempo se ha creído que el alma humana y la personalidad entera podían vivir indiferentes al bien y al mal, hemos acabado convencidos de que semejante creencia era una ilusión. Gonzalo Torrente Ballester manifiesta en su libro “Compostela y su ángel”que desdeñamos, por envejecida e ingenua, la noción del pecado (el mal), pero recaímos en otra más ingenua, y a todos aquellos que sienten sobre sí los efectos del mal, los tenemos por enfermos. Lo están, sin duda, y en el marco de sus vidas, la vieja noción razonable de pecado mortal se ha cambiado por la muy moderna de complejo psicológico. Pero, con pecados o complejos, el hombre necesita libertarse del mal, y necesita libertarse precisamente por medio de la confesión, escribe Torrente Ballester. 
Torrente Ballester. 
Ahora las gentes acuden a los médicos que pueden proporcionarles formas de confesión aparatosas, científicamente enmascaradas. El hombre medieval poseía sentido del ridículo. Hubiera reído ante la idea de que un médico le librase de los pecados. El hombre medieval necesitaba, para saberse limpio, de la penitencia y de la absolución ejercitada por quien tenía Poder para ello. Pero, al mismo tiempo, comprendía la magnitud del mal, establecía en ello jerarquías y había aprendido que ciertas ofensas cargaban excesivamente de dolores al Crucificado. Para ellas no bastaba con la normalidad sacramental, y, aunque a veces bastase, la conciencia del cristiano exigía mayores penitencias, grandes esfuerzos, para alcanzar el perdón, gracias especiales que en pocos lugares se discernían. 

Pero el hombre medieval sabía mucho más. No se había roto todavía el sentido antiguo de la comunidad. “Creo en la comunión de los santos”, rezaban diariamente, y para ellos esto era mucho más que una fórmula vacía. Quería decir que no sólo la penitencia consigue el perdón de los pecados propios, sino también de los ajenos. 
Compostela.

Cuando la santa reina de Portugal, que en Compostela se llamó A Raíña, peregrinó en hábito mendigo, no lo hizo por sí, sino por alguien muy próximo, por el prójimo. 

Finalmente, el hombre medieval sabía orar, sigue relatando Torrente Ballester, y sabía convertir en oración los actos de su vida: los grandes y los menudos. Vivía en Cristo Jesús. Todo cuanto hacía podía valer una oración, y jamás se le hubiera ocurrido pensar que una vida humana vulgar puede ser una forma despreciable de existencia, porque la sola virtud de la oración la exaltaba hacia las altas cimas del vivir. 
De acuerdo con los criterios de Nietzsche no hay otra “rectitud” que la fuerza y la vitalidad. Puesto que él glorifica la inocencia del proceso natural, Unschuld des Werdens, y afirma la perfección del mundo tal como es, rechazando desdeñosamente la idea de lo que debe ser, podría parecer que los vencedores tienen razón por definición, y los cristianos son los vencedores.

Si Dios nos da normas sobre el bien y el mal, podemos demostrar que los que rechazan a Dios hacen el mal; si no hay Dios, nosotros decidimos libremente cómo establecer esas normas y siempre podemos demostrar que es bueno todo cuanto hacemos.