Las sociedades desarrolladas han aprendido que el robo y la corrupción generan desconfianza y que los negocios se resienten; que la inseguridad de personas y bienes, al albur de maleantes, piratas o invasores, arruina el comercio y genera pobreza. De ahí que los individuos comprendieron que es preferible favorecer al honrado y perseguir al deshonesto, así como garantizar la seguridad de las personas y sus propiedades, habilitando los medios necesarios para ello. Esos valores crean la confianza necesaria entre las personas como para fomentar esa combinación de sana competencia y cooperación, necesaria para el avance de las sociedades.Las instituciones incentivaron las actitudes correctas y castigaron las incorrectas, lo que con el tiempo se tradujo en leyes y se convirtió en cultura y hábito en las sociedades sanas y estructuradas.
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martes, 1 de julio de 2025
Las sociedades desarrolladas han aprendido que el robo y la corrupción generan desconfianza
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martes, 22 de octubre de 2024
La lección que nos dejó la Revolución rusa
La creación del partido totalitario, esa encarnación anticipada de la utopía de la sociedad total con su hombre-comunidad u hombre-partido ya realizado. Este fue el aporte decisivo de Lenin tanto al marxismo revolucionario como a la génesis del totalitarismo. Con ello se pudo materializar el programa de Marx, es decir, aquella realización de la filosofía de que hablaba en sus obras juveniles o el intento de construir un mundo de acuerdo a la utopía de una sociedad donde el individuo se funde con el colectivo, donde nada lo separa del resto de la humanidad, donde, para decirlo con las palabras de La cuestión judía, desaparece “el dualismo entre vida individual y de la especie”, así como “la separación y el extrañamiento del hombre frente al hombre” pasando éste a ser, finalmente, “un ser a nivel de la especie”. Para realizar este hombre-especie hubo que destruir, por la fuerza, toda sociedad civil y toda individualidad independiente, todo vínculo o ámbito que separase al hombre del colectivo. Este sacrificio del individuo en aras de la colectividad fue un sacrificio realizado voluntariamente por el militante revolucionario del partido leninista, que pasaba así a convertirse en un hombre-partido, aquel que vive por y para el partido. Esa fue la célula básica y el prototipo de la futura sociedad total; un ser humano que se autosegrega mentalmente del mundo circundante para existir en y mediante el partido. Se crea así, con las palabras de Hannah Arendt, “un ser humano absolutamente aislado, aquel que, sin ningún otro vínculo social con la familia, los amigos, los compañeros e incluso conocidos, deriva su sentido de tener un lugar en el mundo solamente del hecho de pertenecer al movimiento, de su militancia en el partido”.Esto es lo mismo que uno de los leninistas más brillantes, el filósofo húngaro Georg Lukács, afirmó a su manera ya en 1922 al decir que “la absorción incondicional de la personalidad total de cada miembro en la práctica del movimiento, es el único camino viable hacia la realización de la libertad auténtica”. Estas son palabras dignas de ser pensadas un par de veces, la “libertad auténtica” es lisa y llanamente, tal como Marx lo había dicho en sus escritos de juventud, la negación del individuo como tal.
En Rusia, tal como en cada lugar donde ello se ha intentado, los hombres fueron totalizados contra su voluntad, arrasando a sangre y fuego toda existencia más allá del colectivo definido y controlado por el partido-Estado. Se creó aquello que Hannah Arendt define como la base misma del totalitarismo, una sociedad de individuos aislados y sin relaciones sociales normales, que se ven enfrentados a un poder que los envuelve y que les da la única vida social e identidad que se les permite tener. La creación de una sociedad así fue iniciada por Lenin y consolidada por Stalin a través del terror generalizado y la destrucción final de toda vida económica, social y cultural independiente del partido-Estado. Su arma más eficaz y su efecto más profundo fue la creación de una desconfianza generalizada, un miedo universal que hace que cada individuo vea en toda relación social fuera de la esfera del partido-Estado un peligro para la propia supervivencia. Las purgas convirtieron en regla la culpabilidad por el mero hecho de tener alguna relación con una persona a la que se le imputa un crimen. Llega así, dice Arendt, a hacerse “obvio que la prudencia más elemental exige que dentro de lo posible se eviten todos los contactos íntimos”. A partir de esto y “llevando este principio hasta sus extremos más asombrosos los gobernantes bolcheviques han logrado crear una sociedad atomizada e individualizada como nunca antes se había visto”.
No debemos olvidar que el ansia de superar las limitaciones y desgarramientos de nuestras vidas seguirá siempre presente. Es parte de nuestra condición humana, el complemento necesario de nuestra fragilidad y carencias. Necesitamos soñar con otro mundo y otro ser humano para poder ser y soportar lo que somos. Pero cuando el sueño nos desborda y creemos que el reino celestial puede ser realizado en este mundo, terminamos construyendo infiernos terrenales. Esa es, finalmente, la gran lección que nos dejó la Revolución rusa.
Referencia:Lenin y el totalitarismo de Mauricio Rojas
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martes, 27 de agosto de 2024
El hombre de a pie comprende que se le ha engañado y que se sigue intentando engañarlo
Escribe Richard M. Weaver que “el aislamiento promovido por la tecnología ha tenido como consecuencia que la labor de difundir el conocimiento sea hoy aún más difícil que en tiempos de Platón. Ante los sofistas y demagogos atenienses, el filósofo tuvo que luchar contra males parecidos, pero al menos no se ocultaban en estratégicas trincheras, y entonces no era más difícil para el sabio hacerse oír entre los poderosos. Nada más natural, en una época materialista como la nuestra, que la autoridad se encarne en quienes disponen del poder económico. Para ilustrarlo con un ejemplo concreto: ¿qué posibilidades tiene hoy el predicador de la esquina de competir con las perogrulladas de los oráculos radiofónicos, sin contar con medios económicos o apoyos institucionales? Los habitantes de la cueva nunca estuvieron tan firmemente atados como en nuestra época, que es capaz de emplear aun la libertad como hechizo paralizador. Afortunadamente, por otro lado se detecta algún que otro indicio esperanzador de inquietud entre nuestros coetáneos. Hemos podido observar que la gente ordinaria recibe con profunda desconfianza la propaganda que se le ha estado infligiendo desde la Primera Guerra Mundial. Sorprendentemente, estas reacciones no han desaparecido. Tan profundamente arraigado está ese recelo que, durante el reciente conflicto, los relatos más auténticos de violencias, documentadas y comprobadas de todas las maneras imaginables, han suscitado reacciones de franca incredulidad o, en el mejor de los casos, esos relatos han sido aceptados con toda clase de cautela y reservas. El hombre de a pie comprende que se le ha engañado y que se sigue intentando engañarlo. Pero como carece de herramientas de análisis, suele tomar por propaganda cualquier expresión coherente y articulada. También en tiempos de paz se ha mostrado claramente reacio a cualquier intento de manipulación o engaño. En este país hemos visto al pueblo elegir a la presidencia a políticos casi unánimemente repudiados por la prensa, y no son infrecuentes las manifestaciones de cauto desdén para con las palmarias mentiras de la publicidad.”
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viernes, 5 de enero de 2024
Mantenerse en el poder a toda costa, gozando de los indudables privilegios
No hay aliados para siempre, por mucho que algunas afinidades se muestren históricas. En todo caso, se establecen alianzas ocasionales, siempre, con ciertas reservas. Durante la II Guerra Mundial, Churchill y Stalin se vieron obligados a considerarse como aliados, aunque ellos, personalmente, se situaran en las antípodas ideológicas del otro. Escribe el profesor Amando de Miguel que no es malo que las relaciones entre las naciones, o mejor, entre los Estados, se basen en una calculada desconfianza. Es algo que resulta inevitable. Hay veces en que la confrontación inicial se transforma en una alianza un tanto forzada, pero, duradera, dice el profesor de Miguel. Estados Unidos venció a la Alemania nazi y al Japón imperial durante la II Guerra Mundial. La victoria contribuyó a la hegemonía de los Estados Unidos. Pues bien, después de la guerra, tanto Alemania como Japón, “democratizados” a la fuerza por los Estados Unidos, pasaron a ser sus más fieles aliados, fuera de las potencias anglófonas.
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| Amando de Miguel |
Mientras subsista la idea de la soberanía nacional, un Estado no puede confiar, plenamente, en otro; del mismo modo que se establece tal relación entre algunas personas. Sirve de poco que los respectivos gobiernos pertenezcan al mismo polo ideológico. La izquierda suele asegurar que se mueve por ideales, al tiempo que considera a la derecha atenta a los intereses económicos. Es una falsa apreciación, dice Amando de Miguel. Todos los movimientos políticos se mueven, en principio, por ideales. Ahora bien, una vez instalados en el poder, asoma la verdadera realidad de los intereses crematísticos. El principal es mantenerse en el poder a toda costa, gozando de los indudables privilegios que les corresponden. Es algo que no se puede evitar, pues el poder político consiste, esencialmente, en favorecer a unos u otros grupos. Naturalmente, es algo que no suele hacerse explícito, pero es real.
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viernes, 1 de diciembre de 2023
Las teorías de la conspiración
Una teoría de la conspiración es una suposición de que personas u organizaciones poderosas se comunican en secreto para lograr objetivos ilegales e ilegítimos engañando al público, dice Kai Funkschmidt. Las teorías de la conspiración surgen del recelo y la duda. Y a veces está justificada, incluso hacia los gobiernos democráticos. La desconfianza forma parte de la democracia. Por eso tenemos la separación de poderes y los tribunales de cuentas. ¿Quién inventa las teorías de la conspiración? La policía, por ejemplo, cuando está tras la pista de una red de pornografía infantil. Y los periodistas que descubrieron el escándalo Watergate en 1972. Por lo tanto, una teoría de la conspiración no siempre es completamente irracional. Puede ser una teoría como cualquier otra, a la espera de ser probada. Lo que comúnmente se llama “teoría de la conspiración” también se denomina “creencia conspirativa” o “fantasía conspirativa”. Esto se refiere a las creencias que se mantienen a pesar de que ya no están dentro del ámbito de lo plausible y racionalmente justificable.
La apertura al pensamiento conspirativo está relacionada con la confianza que tenemos en las personas. Sin embargo, dice Funkschmidt, las teorías de la conspiración son un síntoma mayor que la causa de la disminución de la confianza social. Por ello, cuando se extienden, son una señal de una grave crisis social. Al fin y al cabo, un alto nivel de confianza, junto con el nivel de educación, es la principal fuente de riqueza de nuestra sociedad.
Las teorías de la conspiración adquieren una función pararreligiosas de tranquilidad. El nombramiento de culpables (teoría del chivo expiatorio) promueve una visión ordenada del mundo, del bien y del mal, y un sentido de comunidad con personas afines del lado del “bien”. Internet no crea teorías conspirativas, pero ayuda a que se difundan. El que antes era ridiculizado en su pueblo por alguna idea conspiratoria encuentra ahora cientos de miles de personas afines en la red. Las élites y naciones enteras también pueden verse afectadas; los nazis creían realmente en la conspiración de la judería mundial, el régimen de la República Democrática Alemana veía al enemigo de clase acechando detrás de cada árbol. E incluso en los democráticos Estados Unidos, durante la época de McCarthy, nadie estaba a salvo de la caza de comunistas por parte de las autoridades.
viernes, 2 de abril de 2021
La confianza en Dios
Podría definirse un santo como aquella persona que tiene una desconfianza absoluta en su propia fortaleza, y la más completa confianza en Dios. Es esta confianza que tenemos en la bondad, en el poder y en la fidelidad de Dios la que endulza y hace soportable las dificultades de la vida.
miércoles, 24 de febrero de 2021
La población entre 18 y 29 años tiende a desconfiar más de las personas
La confianza social estaría perdiendo terreno entre las poblaciones jóvenes de Occidente, en general. Así lo refleja un estudio del centro de investigaciones Pew Research, a partir de los resultados de encuestas realizadas en 14 países el pasado verano. Entre los países donde se han entrevistado a personas, Dinamarca es el que registra una mayor cantidad de población (86%) que afirma que sí se puede confiar en la gente, en general. Le siguen Países Bajos (74%), Suecia y Canadá (71%), Australia (69%) y Reino Unido (64%). Por el contrario, Italia es el registra una mayor tasa de desconfianza (57%), seguido de Francia (47%), España (46%), Corea del Sur (42%) y Bélgica (41%).
Según la publicación de Pew Research, la población entre 18 y 29 años tiende a desconfiar más de las personas en general. En los países con mayores niveles de confianza social hay una diferencia notoria entre grupos generacionales. Así, mientras el 90% de los daneses mayores de 50 años creen poder confiar en el resto de la gente, en el caso de los jóvenes, la misma cifra baja hasta e 79%. Suecia es el país que presenta una mayor diferencia entre grupos de población por edades. Allí, el 77% de los mayores de 50 años confían en otras personas, mientras que en los jóvenes el porcentaje se reduce al 53%. Es decir, una diferencia de 24 puntos entre ambos sectores. Le sigue Australia, con una diferencia de 21 puntos entre sus jóvenes y sus mayores cuando se trata de confiar en otras personas. En Italia, solo el 36% de los jóvenes menores de 29 años creen poder confiar en el resto de personas, en general, mientras que en los mayores de 50 años la cifra se sitúa en el 46%. España registra una diferencia igual, de diez puntos, entre el nivel de confianza de sus jóvenes (43%) y el de sus mayores (53%).
viernes, 11 de septiembre de 2020
No es lo mismo Verdad y veracidad
Cuenta Angel Cabrero Ugarte (Segovia 1952), doctor en Derecho en la Universidad de Navarra que no es lo mismo Verdad y veracidad. Son dos conceptos distintos. La verdad es un concepto ontológico. Las cosas son como son. El mundo es como es y cuando decimos cómo es el mundo, sin inventar nada, estamos mostrando la verdad de las cosas. Pero en nuestra conversación habitual cuando hablamos de lo que es verdadero andamos más cerca de la veracidad. Somos veraces cuando queremos decir exactamente lo que es como es.
Tenemos la impresión de que los políticos mienten como bellacos. Esto es un problema gordo porque, aunque haya personas perfectamente de fiar, llega un momento que la desconfianza prevalece. La vida se complica mucho cuando predomina la duda.
La veracidad no está de moda. Esto enreda mucho la convivencia. Solo estás a gusto en un grupo de amigos en quienes confías plenamente. Cuando ni se te ocurre pensar en que estén mintiendo. Lo malo es cuando se miente en conversaciones esenciales. Cuando se procura engañar, para salir de un atolladero, en cuestiones profesionales o familiares de importancia. Lo malo es cuando tienes la convicción de que un político te engaña, si ves que mienten con toda tranquilidad. Y, lo que es peor, se llega a saber, con el tiempo, que aquello era falso y al escándalo del momento al saberlo, sigue un acostumbramiento, manifiesta Angel Cabrero.
“Por supuesto, dice Joseph Ratzinger, el camino alto y arduo que conduce a la verdad y al bien no es un camino cómodo. Es un desafío al hombre. Pero quedarse tranquilamente encerrados en sí mismos no libera, antes bien, actuando así nos malogramos y nos perdemos. Escalando las alturas del bien, el hombre descubre cada vez más la belleza que hay en la ardua fatiga de la verdad y descubre también que justo en ella está para él la redención”.
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miércoles, 25 de abril de 2018
Es necesario leer la historia con curiosidad y desconfianza.
La historia, que debería ser desapasionada, clarividente y justa, también tiene la tendencia a posteriori de dar a quien en la vida real ya recibió en abundancia; también ella se inclina, como la mayoría de la gente, del lado del éxito; también ella engrandece a posteriori a los grandes, a los vencedores, y empequeñece o silencia a los vencidos. Sobre los famosos acumula además la leyenda a su fama real, y cada uno de los personajes grandes aparece en la óptica de la historia casi siempre mayor de lo que fue en realidad, mientras que a los incontables pequeños se les quita lo que se les agrega a los grandes.
Por lo tanto, leyendo a Stefan Zweig, diría que es necesario no leer la historia de un modo crédulo, sino con curiosidad y desconfianza, porque la historia secunda la profunda inclinación de la humanidad a la leyenda, al mito, y, de forma consciente o inconsciente, exalta a unos pocos héroes hasta la exageración mientras que deja caer en la oscuridad a los héroes de lo cotidiano, a los personajes heroicos de segunda y tercera fila. Pero la leyenda, justamente por la seducción, por el brillo de lo completo y perfecto, es siempre el enemigo más peligroso de la verdad, y por eso es nuestro deber examinarla continuamente y acomodar el verdadero alcance a su medida histórica.
Nuestro deber, dice Zweig, será siempre no admirar el poder
en sí, sino sólo a las escasas personas que lo consiguieron de forma honrada y justa. De forma honrada y justa sólo lo consigue realmente el hombre espiritual, el científico, el músico, el poeta, porque lo que ellos dan no se lo han quitado a nadie. El dominio terreno, militar y político de un individuo surge sin excepción de la violencia, de la brutalidad; por lo cual en vez de admirar ciegamente a los vencedores hemos de formularnos siempre la pregunta: ¿por qué medios y a costa de quién triunfa alguien? Porque cuando en lo material, en lo político, surge el gran poder de un individuo, raras veces surge de la nada o de un bien sin dueño, sino que casi siempre es de otros, se les arrebata a los más débiles; casi siempre cada gran aureola tiene sospechosamente un brillo de color sangre.
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jueves, 7 de septiembre de 2017
La herencia espiritual de Lutero.
En su reunión con los luteranos alemanes en Maguncia, el 17 de noviembre de 1980, Juan Pablo II les dijo: “Recuerdo en estos momentos la llegada de Lutero a Roma en los años 1510-1511 para visitar las tumbas de los príncipes de los apóstoles como peregrino, pero también como hombre que buscaba e inquiría. Hoy llego hasta vosotros para hallar la herencia espiritual de Lutero. Vengo como peregrino. Con este encuentro, dentro de un mundo que cambia, vengo a poner un signo de unión”.
El núcleo de la teología luterana que el futuro Reformador afirmaba con fuerza y claridad, en una carta de 1516: “Por lo tanto, mi querido hermano, aprende la lección de Cristo, y del Cristo crucificado. Aprende a cantarle y, desesperando de ti, a decirle: “Tú, Señor, eres mi justicia y yo soy tu pecado. Tú has tomado lo que es mío y me has dado lo tuyo. Tú has asumido lo que tú no eras y me has dado lo que yo no era”. Ten cuidado de no aspirar jamás a tal pureza que ya no puedas considerarte pecador, porque Cristo no vive más que entre los pecadores. Sólo en Él y en una absoluta desconfianza en ti mismo hallarás la paz”.
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sábado, 27 de mayo de 2017
Amistad en política.
Viendo como tratan los partidos políticos a su propia gente, hay que convencerse que en política las amistades no son más que impresiones, se borran muy fácilmente.
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