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jueves, 25 de septiembre de 2025

El poder de las palabras

Las palabras tienen un poder de persuasión y un poder de disuasión. Y tanto la capacidad de persuadir como la de disuadir por medio de las palabras nacen en un argumento inteligente que se dirige a otra inteligencia. Su pretensión consiste en que el receptor lo descodifique o lo interprete; o lo asuma como consecuencia del poder que haya concedido al emisor. La persuasión y la disuasión se basan en frases y en razonamientos, apelan al intelecto y a la deducción personal. Plantean unos hechos de los que se derivan unas eventuales consecuencias negativas que el propio interlocutor rechazará, asumiendo así el criterio del emisor. O positivas, que el receptor deseará también, escribe Álex Grijelmo.
Para Grijelmo la seducción de la palabra parte de un intelecto, pero no se dirige a la zona racional de quien recibe el enunciado, sino a sus emociones. Y sitúa en una posición de ventaja al emisor, porque éste conoce el valor completo de los términos que utiliza, sabe de su perfume y de su historia, y, sobre todo, guarda en su mente los vocablos equivalentes que ha rechazado para dejar paso a las palabras de la seducción. No se basa tanto la seducción en los argumentos como en las propias palabras, una a una.La seducción de las palabras no necesita de la lógica, de la construcción de unos argumentos que se dirijan a los resortes de la razón, sino que busca lo expresivo, aquellas “expresiones” que se adornan con aromas distinguibles. Convence una demostración matemática pero seduce un perfume. No reside la seducción en las convenciones humanas, sino en la sorpresa que se opone a ellas. No apela a que un razonamiento se comprenda, sino a que se sienta. La seducción y la fascinación (la primera precede a la segunda), pueden servir tanto para fines positivos como negativos. Pero, en cualquier caso, se producen dulcemente, sin fuerza ni obligación, de modo que el receptor no advierta que está siendo convencido o manipulado, para que no oponga resistencia.

lunes, 20 de febrero de 2023

La verdad desnuda y pornográfica no permite ninguna seducción

En la pornografía todos los cuerpos se asemejan. También se descomponen en partes corporales iguales. Despojado de todo lenguaje, el cuerpo queda reducido a lo sexual, que no conoce ninguna diferencia aparte de la sexual. “El cuerpo pornográfico, escribe Byung-Chul Hanha, filósofo y profesor de la Universidad de Berlín, dejado de ser escenario, teatro suntuoso, la fabulosa superficie de inscripción de los sueños y las divinidades. No narra nada. No seduce. La pornografía lleva a cabo una eliminación de la narrativización y de la expresión lingüística, ya no solo del cuerpo, sino de la comunicación en general. En eso consiste su obscenidad. No es posible jugar con la carne desnuda. El juego necesita una apariencia, una falacia. La verdad desnuda y pornográfica no permite ningún juego, ninguna seducción. También la sexualidad, si se la toma como prestación, reprime toda modalidad lúdica. Se vuelve totalmente maquinal. El imperativo neoliberal de rendimiento, atractivo y buena condición física acaba reduciendo el cuerpo a un objeto funcional que hay que optimizar”.

domingo, 11 de diciembre de 2022

La fuerza de la publicidad está en la palabra

En esta época que adora a la tecnología, en los años del gran desarrollo catódico, electrónico y telemático, la fuerza de la publicidad no reside principalmente en las imágenes, en los diseños modernos o la rapidez de las comunicaciones. Sigue estando en las palabras, recipientes repletos de pensamientos y de ideas, seductoras por su poder venido de lejos.Al valor simbólico de las palabras se añade a los factores de seducción del lenguaje. Seducen las flores porque representan nuestro sentir cuando las regalamos, seducen los metales preciosos porque evocan la perennidad del sentimiento y seducen todos los demás símbolos porque proyectan en nuestra mente un sentido superior o una idea más elevada.

“La publicidad no vende productos, sino que compra clientes”, dice el aforismo del sector. ¿Y con qué les paga? Con una moneda falsa, que, sin embargo, guardarán en su cómoda más antigua porque se trata de una moneda reluciente, con la seducción de las palabras, escribe Álex Grijelmo.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Les daré por guía y árbitro la conciencia

John Milton escribe en El paraíso perdido: “ha hecho al hombre libre y capaz de resistir a las tentaciones de su enemigo; y anuncia su designio de perdonarle, atendiendo a que no se dejará llevar de su propia perversidad, como Satán, sino de la seducción de éste…..no perecerá enteramente el hombre; se salvará el que lo desee, mas no por su voluntad propia sino por mi gracia libremente concedida…..A sus ruegos, a su arrepentimiento y sumisión, cuando procedan de un ánimo sincero, ni mis oídos ni mis ojos permanecerán cerrados; les daré por guía y árbitro la conciencia; y si la escuchan y la emplean bien, cada vez alcanzarán más luz, y perseverando hasta el fin, tendrán segura su salvación. Pero nunca disfrutarán de mi inagotable indulgencia ni de mi gracia los que la olviden y menosprecien, sino que se aumentarán en el endurecido su dureza y en el ciego su ceguedad para que tropiecen y caigan en mayor abismo; y sólo a éstos excluiré de mi misericordia.”



jueves, 17 de marzo de 2022

Cuando pasamos de la palabra dicha a la escrita


Para el ensayista y filósofo Javier Gomá Lanzón, los elementos de la buena moralidad son el hechizo, el encantamiento, el carisma, la santa amenidad….Cuando pasamos de la palabra dicha a la escrita, nos introducimos en un mundo espiritual distinto; la arbitrariedad de los signos escritos (Saussure), la fijeza y la disponibilidad perpetua del texto, que puede dejarse y volverse a tomar cuantas veces uno quiera, favorecen el rigor, la lógica, el sistema, en detrimento de la seducción, la persuasión y la gracia que derrama la musa cuando se materializa comunalmente. Con el libro se pierde la comunidad entre el hablante y el oyente, creándose una mediación editorial entre ellos que los une tanto como los separa, y desde entonces escribir y leer se convierten en dos vicios solitarios.

miércoles, 25 de abril de 2018

Es necesario leer la historia con curiosidad y desconfianza.


La historia, que debería ser desapasionada, clarividente y justa, también tiene la tendencia a posteriori de dar a quien en la vida real ya recibió en abundancia; también ella se inclina, como la mayoría de la gente, del lado del éxito; también ella engrandece a posteriori a los grandes, a los vencedores, y empequeñece o silencia a los vencidos. Sobre los famosos acumula además la leyenda a su fama real, y cada uno de los personajes grandes aparece en la óptica de la historia casi siempre mayor de lo que fue en realidad, mientras que a los incontables pequeños se les quita lo que se les agrega a los grandes.

Por lo tanto, leyendo a Stefan Zweig, diría que es necesario no leer la historia de un modo crédulo, sino con curiosidad y desconfianza, porque la historia secunda la profunda inclinación de la humanidad a la leyenda, al mito, y, de forma consciente o inconsciente, exalta a unos pocos héroes hasta la exageración mientras que deja caer en la oscuridad a los héroes de lo cotidiano, a los personajes heroicos de segunda y tercera fila. Pero la leyenda, justamente por la seducción, por el brillo de lo completo y perfecto, es siempre el enemigo más peligroso de la verdad, y por eso es nuestro deber examinarla continuamente y acomodar el verdadero alcance a su medida histórica.

Nuestro deber, dice Zweig, será siempre no admirar el poder
en sí, sino sólo a las escasas personas que lo consiguieron de forma honrada y justa. De forma honrada y justa sólo lo consigue realmente el hombre espiritual, el científico, el músico, el poeta, porque lo que ellos dan no se lo han quitado a nadie. El dominio terreno, militar y político de un individuo surge sin excepción de la violencia, de la brutalidad; por lo cual en vez de admirar ciegamente a los vencedores hemos de formularnos siempre la pregunta: ¿por qué medios y a costa de quién triunfa alguien? Porque cuando en lo material, en lo político, surge el gran poder de un individuo, raras veces surge de la nada o de un bien sin dueño, sino que casi siempre es de otros, se les arrebata a los más débiles; casi siempre cada gran aureola tiene sospechosamente un brillo de color sangre.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Lo que acaba con la moral en las naciones, y junto con la moral con las propias naciones, no es la violencia, sino la seducción.

Chateaubriand 
Escuchando a Marta Rovira en la Sexta me acordaba de Chateaubriand cuando decía que lo que acaba con la moral en las naciones, y junto con la moral con las propias naciones, no es la violencia, sino la seducción; y por seducción entiendo lo que toda falsa doctrina tiene de halagüeño y de especioso. Los hombres toman a menudo el error por la verdad, porque cada facultad del corazón o del espíritu tiene su falsa imagen. La frialdad se asemeja a la virtud, el razonar a la razón, el vacío a la profundidad, y así sucesivamente.
Desnaturalizamos la política, nos extraviamos en culpables novedades mientras buscábamos la existencia social en la corrupción de nuestras costumbres.

El marketing de bienes se vuelve cada vez más un asunto individual.

En el progreso de la sociedad de consumo fue el paso de la satisfacción de las necesidades (es decir, de la producción que responde a la demanda existente) a la creación de necesidades (es decir, el ajuste de la demanda a la producción existente) mediante la tentación, la seducción y el incremento del deseo. Este cambio estratégico produjo un enorme aumento de las ventas, junto con un considerable aumento de los costes. Crear demanda (o sea, producir y mantener un deseo por obtener y poseer algo) cada vez resultaba más costoso. Y ese coste en principio no se puede reducir, cada nuevo producto lanzado al mercado requería un deseo que tenía que crearse prácticamente de la nada, porque el deseo siempre es específico y orientado, y por ello no es transferible. 

En la actualidad estamos avanzando hacia el tercer
Zygmunt Bauman.
segmento de la tríada hegeliana, opina el filósofo y sociólogo polaco  Zygmunt Bauman. Dada la propensión general y asentada de buscar satisfacción entre los bienes en venta y la disposición universal a identificar “nuevo” con “mejorado”, así como la sofisticación de la tecnología de almacenamiento de datos que permite a esta predisposición situarse donde se le pueda dar respuesta cuanto antes, puede producirse otro cambio fundamental, dirigir ofertas a personas o categorías de personas dispuestas a responder con entusiasmo a las mismas. La parte más costosa de esta estrategia de marketing, el surgimiento de los deseos, es eliminada entonces del presupuesto del marketing y trasladada a las espaldas de los consumidores potenciales. Como en la vigilancia, el marketing de bienes se vuelve cada vez más un asunto individual, y la servidumbre resultante del mismo se hace más y más voluntaria. 


Siempre que entro en Amazon, dice Bauman, recibo un saludo con una serie de títulos “seleccionados especialmente para usted, Zygmunt”. Siguiendo los datos de mi última compra de libros, existe una alta probabilidad de que me sienta tentado… ¡Y de hecho lo estoy! Por supuesto, gracias a mi diligente, aunque inocente, cooperación, los servidores de Amazon conocen ahora todas mis preferencias y aficiones mejor que yo mismo. Por eso ya no considero sus sugerencias como anuncios; las veo como una ayuda amable para facilitar mi progreso a través de la selva del mercado de libros. Y les estoy agradecido. Y con cada nueva compra, pago por actualizar mis preferencias en su base de datos e inevitablemente influyo en mis futuras compras.

viernes, 25 de agosto de 2017

Seducción.

La palabra seducción viene del latín seducere, que significa apartar. Hay gente a la que seducen para que abandone su fe, sus principios o sus lealtades. La apartan del estrecho y recto camino de la virtud. La virtud en última instancia significa ser sincero con uno mismo, con los propios sentimientos profundos. Se dice que un hombre seduce a una mujer cuando, sabiendo que ella está por principios en contra del sexo sin amor, la arrastra a una relación sexual diciéndole que la ama aunque no sea cierto. Obviamente, este hombre no necesita seducir a una mujer que simplemente busca un contacto sexual con o sin amor. La seducción se podría definir entonces como el uso de una afirmación o promesa falsa para conseguir que otra persona haga algo que de otro modo no haría. La promesa puede ser explícita o implícita. Los psicópatas estafadores suelen prometer abiertamente algo que no tienen la menor intención de cumplir, escribe Alexander Lowen.



Y añade Lowen que la seducción sólo se produce en aquellas relaciones donde existe un cierto grado de confianza. A los estafadores se les llama artistas del timo,
porque lo primero que hacen es ganarse la confianza de la víctima. Para llevar a alguien por el mal camino, primero hay que conseguir que se fíe. Por tanto, la seducción es siempre una traición. Y esta traición es más perniciosa en la relación entre padres e hijos, porque aquí la confianza es básica.