Mostrando entradas con la etiqueta Chateaubriand. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chateaubriand. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2024

El genio del cristianismo de Chateaubriand

Después de la muerte de su madre y de su hermana, Chateaubriand se reconcilia con la religión y, en 1802, vuelve a Francia, donde publica El genio del cristianismo. Este extenso ensayo apasionado, auténtico elogio de la fe cristiana, se aparta claramente del espíritu anticlerical de la Revolución francesa. Chateaubriand empieza a demostrar la existencia de Dios por la belleza del mundo y, con este objetivo, se entrega a una descripción a la vez poderosa y delicada de la naturaleza, impregnada de las emociones que suscita la contemplación. Esta obra marca la vuelta del sentimiento religioso a Francia, lo que en cierta medida autoriza la satisfacción de una necesidad de fe reprimida desde hace muchos años.


martes, 14 de junio de 2022

La poesía pide una sensibilización especial

Lope de Vega

El abate Bremond había intuido que no hace falta ser un santo, ni vivir un periodo de paz espiritual y pureza, o de congoja religiosa, de temor por el alma en pecado, o de exaltación devota, para escribir poesía mística, sollozar en endecasílabos ante Jesús Crucificado, o María… Algunos de los poemas religiosos más sinceros de Lope de Vega serían escritos cuando éste, clérigo y oficial de la Inquisición, vivía con una casada, y llevaba el fruto de los amores a bautizar en una carroza del duque de Sessa. La poesía pide una sensibilización especial, que no depende del vivir cotidiano. 

Chateaubriand

Chateaubriand con su enorme cabeza «évidemment faite pour un autre corps», y que acababa de escribir Atala, fue presentado a Paulina de Beaumont. Flechazo. Y los dos amantes se retiraron a Savigny-sur-Orge, donde Paulina había alquilado una casa. En casa de su querida, Chateaubriand repasaba una obra consagrada a la exaltación de la religión, a la santidad del matrimonio, a la virginidad y a la castidad. Chateaubriand había anunciado que estaba escribiendo un libro que se titularía Las bellezas de la religión cristiana. Paulina se sentaba en sus rodillas y el vizconde le leía. Paulina lloraba, y de la lectura pasaban a la cama. El libro fue publicado con el título El genio del cristianismo. Paulina estaba casada, Chateaubriand también. Puede ser que aquellos días de exaltación amorosa, carnal, fuesen necesarios para las páginas más ardientes de El genio del cristianismo.

sábado, 13 de abril de 2019

Congreso de Verona y la revolución española

Congreso de Verona
En el otoño de 1822 se reunió en la ciudad italiana de Verona el último de los congresos de la Santa Alianza. “A los príncipes de Europa les había dado por los congresos: se divertían en ellos y se repartían algunos países”, escribió Chateaubriand, a quien le encantaba decir algo ingenioso, fuese o no verdad. Porque lo que llevaba a los príncipes a reunirse era el miedo a la revolución y la esperanza de que, uniendo sus esfuerzos, podían detenerla. Los soberanos de las grandes potencias europeas, que desde el congreso de Viena se habían erigido en guardianes del orden internacional, sabían que era imposible retroceder a los buenos tiempos del pasado, pero querían evitar nuevos cambios y resolver los problemas con un mínimo de concesiones. Esto era lo que llevaba a Verona a un gran número de participantes.

Revolución 1820 de Cabezas de San Juan, Rafael del Riego se levanta en contra del gobierno

Cuenta el profesor Fontana que la revolución española de 1820, que pareció actuar como detonador de una serie de movimientos insurreccionales en otros países, les asustase, con la misma lógica que la hacía aparecer como una esperanza a los que deseaban un cambio social. En los dos años anteriores a la reunión de Verona, la revolución española de 1820 parecía haber dado nuevas dimensiones a la amenaza internacional que estos hombres temían. Mientras Riego, sublevado en Cabezas de San Juan, marchaba con sus hombres por los caminos de Andalucía, la noche del 13 de febrero de 1820 fue asesinado en París el duque de Berry, sobrino de Luis XVIII y tercero en el orden de sucesión a la corona.El miedo al contagio revolucionario español pareció justificarse muy pronto. En julio de 1820 se produjo una revolución en Nápoles. El 17 de octubre se amotinaba en San Petersburgo una compañía del regimiento de la guardia imperial. Hacia febrero y marzo de 1821 hubo insurrecciones de los griegos en los territorios europeos de Turquía y el mismo mes de marzo se produjo un levantamiento en Piamonte, que provocó la abdicación del rey Víctor Manuel,


El terror que sentían los gobernantes franceses por la revolución española, de modo que a fines de 1821, con el pretexto de la epidemia que se había declarado en Barcelona, establecieron un cordón sanitario militar en la frontera, que más adelante se transformó en cuerpo de observación, cuya finalidad real era evitar el contagio revolucionario.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Lo que acaba con la moral en las naciones, y junto con la moral con las propias naciones, no es la violencia, sino la seducción.

Chateaubriand 
Escuchando a Marta Rovira en la Sexta me acordaba de Chateaubriand cuando decía que lo que acaba con la moral en las naciones, y junto con la moral con las propias naciones, no es la violencia, sino la seducción; y por seducción entiendo lo que toda falsa doctrina tiene de halagüeño y de especioso. Los hombres toman a menudo el error por la verdad, porque cada facultad del corazón o del espíritu tiene su falsa imagen. La frialdad se asemeja a la virtud, el razonar a la razón, el vacío a la profundidad, y así sucesivamente.
Desnaturalizamos la política, nos extraviamos en culpables novedades mientras buscábamos la existencia social en la corrupción de nuestras costumbres.