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lunes, 4 de mayo de 2026

El antiguo sueño de crear un hombre nuevo sigue vivo

En los albores del siglo XXI, el antiguo sueño de crear un “hombre nuevo” sigue vivo, metamorfoseándose en formas que nuestros antepasados apenas habrían imaginado. Este mito, que ha impulsado revoluciones y moldeado ideologías, ahora se infiltra en los rincones más insospechados de nuestra sociedad tecnológica. Los avances en biotecnología e inteligencia artificial prometen no solo curar enfermedades, sino “mejorar” la propia esencia del ser humano. Es el sueño del hombre nuevo, ahora vestido con bata de laboratorio.Pero el mito no se limita a los confines de la ciencia. En las aulas universitarias y en los debates sobre identidad de género, raza y nacionalidad, resuena la idea de que el ser humano es infinitamente maleable, capaz de “reinventarse” a voluntad. Es como si la sociedad entera se hubiera convertido en un inmenso experimento de ingeniería social, con cada individuo como su propio Dr. Frankenstein.
Hannah Arendt nos advirtió sobre los peligros de las ideologías que buscan crear un “hombre nuevo”, recordándonos los horrores del totalitarismo del siglo XX. Desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, la noción de un ser humano radicalmente transformado ha sido el horizonte utópico de numerosos movimientos políticos y sociales. El mito persiste, aunque en formas más sutiles. Hoy lo encontramos en el transhumanismo, que promete superar las limitaciones biológicas mediante la tecnología; en ciertas corrientes pedagógicas que aspiran a crear un nuevo tipo de ciudadano; o en movimientos sociales que buscan redefinir aspectos fundamentales de la identidad humana.La atracción de este mito es comprensible. Ofrece una solución sencilla en apariencia a los problemas de la sociedad del siglo XXI. Si pudiéramos cambiar la naturaleza humana, argumentan sus defensores, podríamos eliminar el conflicto, la injusticia y el sufrimiento. Es una promesa seductora, pero potencialmente peligrosa.Dicho peligro radica en que el mito del hombre nuevo a menudo implica una negación de la complejidad y la diversidad de la experiencia humana. Tiende a reducir al ser humano a una fórmula, a un modelo ideal al que todos deberían ajustarse. Esta visión puede llevar fácilmente al autoritarismo, justificando la supresión de la disidencia o la diversidad en nombre de un futuro utópico.Además, como señala Negro, este mito suele ir acompañado de un rechazo a la tradición y a la sabiduría acumulada a lo largo de generaciones.
El verdadero progreso humano no reside en la creación de un “hombre nuevo”, sino en una comprensión más profunda y compasiva del ser humano tal como es, con todas sus contradicciones y potencialidades. Solo desde esta base de realismo y empatía podremos construir sociedades más justas y humanas, sin sacrificar la libertad y la dignidad individual en el altar de una utopía inalcanzable.


Referencia: El Mito del Hombre Nuevo de Dalmacio Negro 


domingo, 1 de junio de 2025

Es inteligente el hombre industrioso, fértil en recursos, como llamó Homero a Odiseo

Si se dice que Aquiles es al mismo tiempo el más afortunado y el más desdichado de los hombres, tal proposición es absurda para la ciencia, pero la antinomia se deshace si se despliega en una relación de antes-después (afortunado en Esciros, desdichado en Troya)o si comprendemos, como da a entender su mito, que la negatividad de morir joven le proporciona  paradójicamente la gran gloria de ser el mejor de todos los griegos, escribe el filósofo Javier Gomá. 
Y añade Gomá que es inteligente el hombre industrioso, “fértil en recursos”, como llamó Homero a Odiseo. La inteligencia es la facultad de identificar los instrumentos más adecuados para conseguir un fin previamente dado y de usarlos con habilidad y eficacia.El científico y el empresario son dos de los paradigmas más acabados del hombre inteligente. El científico descubre leyes en la naturaleza que luego la tecnología aprovecha para su tarea de innovar; el empresario combina recursos materiales y fuerza del trabajo para suministrar productos al mercado; las innovaciones tecnológicas y las mercancías satisfacen los deseos humanos. Como el corazón no deja nunca de desear, los hombres inteligentes son los agentes principales del progreso de la civilización.

sábado, 8 de febrero de 2025

Lo sagrado es un dato, un límite sin el cual la sociedad estalla

En todas las civilizaciones antiguas la incómoda relación con “lo que no se puede hacer” delineó el criterio originario sobre el que construir todo el sistema cultural, civil y social de la convivencia humana. Las grandes narraciones trataron de explicar el desorden de esta situación construyendo mitos de gran agudeza, desde Prometeo hasta Adán y Eva. Desde hace unos siglos, las cosas han cambiado. No ha cambiado la condición, ha cambiado su narración. Dos penetrantes psicoanalistas y psicoterapeutas, Miguel Benasayag y Gérard Schmit, publicaron en 2003 un libro muy interesante sobre esta cuestión, La época de las pasiones tristes: “una sociedad que hace pensable todo lo posible está condenada a desaparecer”.

“Una sociedad que amplía constantemente , a ciegas, el campo de lo posible, se hunde inevitablemente en un mundo en el que ya nada es real, un mundo de virtualidad absoluta, es decir, de impotencia total. Los límites que toda sociedad se impone a sí misma, en forma de tabúes o mediante el recurso a lo sagrado, no son arbitrarios, aunque a menudo sean vividos como tales por el hombre de la era posmoderna, esto es, por el individuo consumidor convencido de que cuando quiere algo, sólo tiene que procurarse los medios para obtenerlo. Lo sagrado, que funda la sociedad desde el exterior y más allá del libre albedrío individual, aparece así al individuo de hoy como una tierra oscura que hay que conquistar”.Lo “sagrado” (cuyo “límite” representa la línea divisoria que fija y garantiza la alteridad) no es esencialmente una producción cultural, moral o religiosa, es un dato, un límite sin el cual la sociedad estalla (o implosiona en una miríada de reivindicaciones emotivo/sensoriales).

Las “pasiones tristes” que caracterizan la cultura postmoderna surgen no tanto de la conciencia del límite como del intento de eliminarlo antes de intentar su “correcta” superación (cuando ésta sea posible), o antes de encontrar su función en la definición de la propia identidad. “La experiencia de la no-omnipotencia constituye para cada uno de nosotros (y en particular para los niños y adolescentes) una experiencia de limitación positiva y fundamental. El desarrollo del ser humano no debe pensarse como una abolición de los límites naturales o culturales, sino, por el contrario, como una larga y profunda búsqueda de lo que esos límites hacen posible. La clonación, la elección del sexo del niño y las mil y una proclamas de la tecnología que preconizan un mundo sin fronteras y sin prohibiciones alimentan un imaginario que los jóvenes de hoy en día ya no consideran una promesa, sino un derecho”. La abolición del límite es la abolición del vínculo, que es la abolición de la persona.

Referencia: Pier Paolo Bellini en el número de julio de 2023 de Tempi.

domingo, 27 de octubre de 2024

Mitos y falsificaciones históricas implantados a través del terror impuesto por el terrorismo perpetrado por ETA

Sabino Arana
Hoy día ningún nacionalista se reconoce en el machismo de los hermanos Arana, sin embargo no tienen inconveniente en reconocerles que fueran ellos quienes “descubrieron” que Euskadi era una nación y que el pueblo vasco tenía el derecho a romper España.
El nacionalismo se viene apropiando de buena parte de los lugares comunes del navarrismo antaño predominante; una corriente político-cultural que nació en contraposición del nacionalismo en los años 20 del pasado siglo. Mitos y falsificaciones históricas, conforman el relato del panvasquismo,implantados a través del terror impuesto por el terrorismo perpetrado por ETA.

lunes, 11 de marzo de 2024

El nacionalismo vasco fue una consecuencia de la disolución del imperio

Nunca se perdió una patria gallega, catalana o vasca, sino un imperio (el español) del que habían sido fieles soportes los gallegos, catalanes, asturianos, aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños y, no faltaba más, los vascos. Nada tiene de extraño, en tal sentido, que fuera precisamente la crisis de la última década del XIX, con la guerra de Cuba y Filipinas, el contexto en el que emergieron los nacionalismos periféricos, estrictamente contemporáneos de los regeneracionismos y del nacionalismo español de la generación del 98. Porque el nacionalismo vasco no fue en su origen (o lo fue solamente en sus aspectos más superficiales) una reacción a la industrialización del país y a la consiguiente crisis de la sociedad tradicional, como se ha dicho repetidamente, sino una consecuencia directa de la disolución del imperio. En ese contexto (el de los años inmediatamente anteriores y posteriores al Desastre) comienza la elaboración delirante del mito nacionalista de una primitiva patria vasca que habría perecido bajo la opresión de la España Imperial. Sabino Arana Goiri, antiguo tradicionalista que guardaba el rencor de una derrota bélica y de una ruina familiar derivada de aquella, fue el primer vasco en soñar el sueño melancólico de la resurrección de Euskadi (fue, de hecho, el inventor de Euskadi y de su muerte) y acaso también el primero en intuir confusamente que sólo habiendo perdido una patria que nunca existió le sería posible curarse de sus humillaciones reales. Perder para ganar, estrategia revanchista de los que han sido heridos no en la patria, sino en el patrimonio, escribe Jon Juaristi Linacero, catedrático de Filología Española en la Universidad del País Vasco; asimismo, ha impartido docencia en la Universidad de Nueva York, la Universidad de Valencia y la Universidad de Alcalá. 

domingo, 3 de marzo de 2024

El poder, en todos los tiempos y consciente de ello, ha utilizado la historia para justificarse

Cuenta el profesor José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza, que la Historia (con mayúscula, como disciplina) es un arma ideológica formidable. Pero también una disciplina propicia para la interpretación, la manipulación y la tergiversación. Y el poder, en todos los tiempos y consciente de ello, la ha utilizado para justificarse. De ahí que quien lo ejerce, en cualquier época, se sirve de la Historia para defender sus posiciones del presente. Cuando los hechos del pasado no concuerdan con las ideas del ahora, el poder los manipula, los tergiversa o, simplemente, los cambia. Y si no puede aportar datos contundentes, entonces inventa mitos y leyendas, consciente de que son mucho más atractivos para el imaginario colectivo que la historia (con minúscula, como hechos del pasado).
Proyectar ideas actuales sobre el pasado para legitimar una determinada posición política o ideológica ha sido norma frecuente.

jueves, 22 de febrero de 2024

Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz, pero no explica nada

A pesar de la brutalidad de la era nazi, es preciso subrayar que la historia moral produce casi siempre una mala historia o, al menos, una historia incompleta. La maldad es un concepto filosófico, más que histórico. Identificar a Hitler con el mal puede muy bien ser veraz y al mismo tiempo moralmente satisfactorio, pero no explica nada, escribe I. Kershaw. En el estudio del nazismo debemos tener muy presente el consejo del historiador Martin Broszat cuando advertía de que no debemos estudiar siempre la historia “hacia atrás”. Hitler no llevaba escrito en la frente que iba a asesinar a millones de personas y que llevaría a Alemania a una catastrófica derrota militar y a un trauma moral sin precedentes. Es necesario retrotraerse al momento en que todo sucedió y estudiar así la historia“hacia delante”.Paradójicamente, a pesar de la enorme producción bibliográfica que ha producido el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, en realidad las fuentes primarias sobre el período son muy fragmentarias. Una gran parte de las mismas se perdieron en los bombardeos masivos de las ciudades alemanas durante el conflicto y otra parte fue deliberadamente destruida por los nazis ante el avance de las tropas aliadas.

Escribe el historiador italiano Alvaro Lozano Cutanda que el Tercer Reich fue la consecuencia de lo que sucedió cuando sectores de las élites alemanas y las masas de gente corriente decidieron renunciar en Alemania a sus facultades críticas individuales a favor de una política basada en la fe, la esperanza, el odio y una autoestima sentimental colectiva de su raza y nación. Fue, sin duda, el colapso moral y progresivo de una sociedad industrial avanzada, muchos de cuyos ciudadanos cesaron de pensar por sí mismos a favor de lo que George Orwell describió como el ritmo de tam-tam de un tribalismo de nuestro tiempo. Es la historia de cómo un pueblo civilizado y culto arremetió contra la caridad, la razón y el escepticismo depositando su fe absoluta en Hitler. El nombre de Hitler representa siempre justificadamente el del instigador del hundimiento más profundo de la civilización en los tiempos modernos. Sin embargo, el mito de una nación raptada de gente corriente llevada por el mal camino por un demagogo que secuestró unas instituciones políticas razonables no resulta verosímil. La historia del nazismo es, además, un terrible recordatorio de que las amenazas a la democracia no provienen tanto de la inestabilidad política como de aquellos que la manipulan.

viernes, 14 de abril de 2023

¿Breogán,caudillo celta y héroe de la nación gallega?

….a nosa voz pregoa a redenzón da boa nazón de Breogán. Así termina el himno gallego, poesía de Eduardo Pondal que rezuma celtismo decimonónico. ¿Quién es ese Breogán, supuesto caudillo celta y héroe epónimo nada menos que de la nación gallega? Es puro mito, tomado sin mayor empacho de una leyenda irlandesa del Lebor Gabála Érenn del siglo XI.



sábado, 10 de septiembre de 2022

Sin proximidad, uno es incapaz de conmoverse, y sin distancia es imposible maravillarse


Peter Brook, director de escena, dijo que “lo que intento hacer en mi trabajo es aunar la cercanía de lo cotidiano con la distancia del mito. Porque, sin proximidad, uno es incapaz de conmoverse, y sin distancia es imposible maravillarse”.

martes, 23 de noviembre de 2021

El mito de la izquierda y la derecha

Siempre estamos con el mito de la izquierda y la derecha. Si sólo ofrecemos al problema dos respuestas y ambas equivocadas, no estamos planteando bien el problema. Un problema al que se ofrecen dos soluciones equivocadas es un problema para el que, en la práctica, no me han ofrecido solución. La opción frente al color negro no es solamente el blanco. Existen infinitos matices. Vivir en democracia implica reconocer que la pluralidad de pensamientos, opiniones y convicciones es enriquecedora, y que por lo tanto no se puede tener una visión dicotómica de izquierda contra derecha. Implica admitir que la propia visión del mundo nunca podrá ser definitiva ni segura. Implica confrontar mi visión con otras visiones, y saber que la propia experiencia o una mudanza de las circunstancias podrían obligarme a cambiarla o a enriquecerla. Implica ser consciente de que cualquiera puede decir blanco hoy, y negro mañana, y gris pasado mañana, porque todo fluye y nada es inamovible. Implica creer que la verdad nunca puede ni debe ser impuesta, que nunca puede ser la que yo propongo, o la que mi partido propone, sino la que resulta del debate, del conflicto y, sobre todo, del bien común.

sábado, 30 de octubre de 2021

El mito de Castilla

Castilla

“Los estudios sobre Edad Media en España tuvieron como modelo las escuelas alemanas surgidas con el movimiento del Romanticismo, lo mismo que las de otros países europeos. Tales escuelas alemanas estuvieron en íntima relación con la aparición de Alemania como nación moderna en el siglo pasado. Pero en su conjunto partieron de la idea de que Prusia había sido la creadora de la nueva nación. Esta simple idea la adoptaron inmediatamente todos los historiadores europeos. Y para los franceses su patria se habría formado gracias a la isla de Francia (París). Los italianos relacionarían el origen de su nación con el Piamonte. Y así los demás países. En España la generación de historiadores del 98, lo mismo que los literatos, tuvieron que buscar el correspondiente paralelismo nacionalista. Y así desarrollaron el “mito de Castilla”. Es sencillamente una regla de tres: “Prusia es a Alemania como Castilla es a España.” Así aparece una España cidiana, monárquica, nobiliaria, clerical y que desdeña a la burguesía, porque según el adagio medieval “las cabras paren cabritos, pero el dinero no pare dinero”. Y así frente a la “otra España”. Y, naturalmente, el Cantar de Mío Cid tenía obligación de ser un poema castellano. Tanto más cuanto que iba a servir para crear una serie de nuevos mitos, como el de la historicidad de la épica castellana. La épica europea estaría informada por la fantasía; la castellana, por la más pura Historia”, narra Antonio Ubieto Arteta, Catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Valencia.



sábado, 13 de junio de 2020

La humanidad es una ficción


John Gray

John Gray califica de mito el concepto de “progreso” en su libro El silencio de los animales. Concretamente, ha escrito que para aquellos que viven dentro de un mito, este parece un hecho obvio. El progreso humano es un hecho obvio. Si uno lo acepta, se hace con un lugar en la gran marcha de la humanidad. Pero la humanidad, por supuesto, no marcha hacia ninguna parte. La humanidad es una ficción compuesta a partir de miles de millones de individuos para los cuales la vida es singular y definitiva. Aun así, el mito del progreso es extremadamente potente. Cuando pierde su poder, los que han vivido de acuerdo con él pasan a ser como esos condenados a perpetuidad que, liberados después de muchos años, no saben qué hacer con su libertad. Cuando se les arrebata la fe en el futuro, se les quita también la imagen que tenían de sí mismos.

sábado, 3 de agosto de 2019

Mito

Homero.
En el mundo griego, Homero usó el término mythos con el valor de palabra o discurso (acción de recitar), acepción que se mantuvo en el griego clásico. Sin embargo, cuenta la profesora González Serrano, que posteriormente, este vocablo adquirió el sentido de “palabra no verdadera”, por oposición a otro vocablo, el logos, también utilizado como palabra, pero referida a una narración racional y digna de crédito. Así, el mito y el logos fueron conceptos que se opusieron el uno al otro, aunque, al final, se descubriese que en cada mito se encuentra el logos, entendido éste como el contenido profundo que subyace bajo lo que se expresa a través de un relato fabuloso.
Perseo liberando a Andrómeda
Cada mito no es sólo una narración fantástica en la que todo es posible; esa es la parte más sugestiva, la que más atrae. Lo más importante es el mensaje que en él se encuentra implícito, ya que se corresponde con la idiosincrasia de una colectividad, pueblo o cultura.


martes, 30 de julio de 2019

Es un mito que el terrorismo nunca tiene éxito

En los años 30 comenzarán a surgir organizaciones terroristas como el Irgún 
El terror, como estrategia, raras veces tiene éxito, salvo en un aspecto, genera represión por parte del estado o la potencia ocupante. Ese es un objetivo esperado y anhelado por los terroristas, que tratan de contrarrestar la enorme ventaja militar del estado obligándole a reaccionar de forma desmesurada, lo cual genera apoyo popular para su propia causa. Combatir el terror es una empresa costosa y difícil. A menudo las grandes potencias se han visto humilladas por grupos pequeños y extremadamente motivados que están dispuestos a matar y a morir, como descubrió Francia en Argelia y el Reino Unido en Palestina, reseña el escritor estadounidense Lawrence Wright.


Es un mito que el terrorismo nunca tiene éxito, aunque la profesora Cronin manifiesta que solo alrededor del cinco por ciento de los grupos que estudió lograban sus objetivos. La mayoría de ellos eran movimientos asociados a las denominadas guerras de liberación contra potencias coloniales, como en Irlanda, Chipre, Vietnam y Argelia. El prototipo de la organización terrorista de éxito es el Irgún, el grupo judío liderado por Menájem Beguín en el Mandato Británico de Palestina.


sábado, 23 de febrero de 2019

Sentido de la Historia

En todas las culturas primitivas el mito explica el origen de la sociedad mediante luchas entre los dioses. En Egipto el destino de Osiris, muerto por su hermano Seth y después resucitado por los cuidados de su hermana-esposa Isis, parece presentarnos ya la vieja leyenda de la lucha de la luz contra las tinieblas. Lo divino acaba penetrándolo todo y en la fuerza mágica del faraón reside la esencia de su poder y también la promesa de felicidad para sus súbditos. Los caldeos explicaban más radicalmente las diferencias entre los dioses y los hombres, aquéllos eran inmortales y a éstos era necesario morir. En ambos casos, Egipto y
Babilonia, la historia carece de sentido. La gran novedad en Israel consiste en que, al afirmarse la fe en un Dios único, explica el profesor Luis Suarez, la lucha mítica entre los dioses se ve sustituida por la lucha del hombre con la palabra de Dios. Y esta lucha, rebeldía y sometimiento, constituye el drama de la historia, la cual tiene un sentido, pues empieza en la caída del hombre y conduce a su salvación. Historia por esencia única, ya que sus fines trascienden fuera de ella misma.

lunes, 29 de octubre de 2018

Nacionalistas empeñados en fabricar mitos antimodernos de la historia.


Svetlana Boym dice que el mundo moderno está aquejado de “una epidemia global de nostalgia, un anhelo afectivo de una comunidad dotada de una memoria colectiva, un ansia de continuidad en un mundo fragmentado”, y propone que veamos esa epidemia como “un mecanismo de defensa en una época de ritmos de vida acelerados y convulsiones históricas”. Dicho “mecanismo de defensa” consiste esencialmente en “la esperanza de reconstruir ese hogar ideal que subyace a la esencia misma de muchas y poderosas ideologías actuales, y que nos tienta a que
renunciemos al pensamiento crítico para entregarnos a la vinculación emocional”. Y la propia Boym advierte que “el peligro de la nostalgia radica en que tiende a confundir el hogar real y el imaginario”. Finalmente, esta profesora de Harvard nos ofrece una pista de dónde buscar para encontrar, con toda probabilidad, tales peligros. Concretamente, en cierta nostalgia “restauradora”, que es precisamente una característica de los “renaceres nacionales y nacionalistas en todo el mundo, empeñados en fabricar mitos antimodernos de la historia a través de la vuelta a los símbolos y la mitología nacionales y, a veces también, de la reutilización de teorías de la conspiración”.

miércoles, 25 de abril de 2018

Es necesario leer la historia con curiosidad y desconfianza.


La historia, que debería ser desapasionada, clarividente y justa, también tiene la tendencia a posteriori de dar a quien en la vida real ya recibió en abundancia; también ella se inclina, como la mayoría de la gente, del lado del éxito; también ella engrandece a posteriori a los grandes, a los vencedores, y empequeñece o silencia a los vencidos. Sobre los famosos acumula además la leyenda a su fama real, y cada uno de los personajes grandes aparece en la óptica de la historia casi siempre mayor de lo que fue en realidad, mientras que a los incontables pequeños se les quita lo que se les agrega a los grandes.

Por lo tanto, leyendo a Stefan Zweig, diría que es necesario no leer la historia de un modo crédulo, sino con curiosidad y desconfianza, porque la historia secunda la profunda inclinación de la humanidad a la leyenda, al mito, y, de forma consciente o inconsciente, exalta a unos pocos héroes hasta la exageración mientras que deja caer en la oscuridad a los héroes de lo cotidiano, a los personajes heroicos de segunda y tercera fila. Pero la leyenda, justamente por la seducción, por el brillo de lo completo y perfecto, es siempre el enemigo más peligroso de la verdad, y por eso es nuestro deber examinarla continuamente y acomodar el verdadero alcance a su medida histórica.

Nuestro deber, dice Zweig, será siempre no admirar el poder
en sí, sino sólo a las escasas personas que lo consiguieron de forma honrada y justa. De forma honrada y justa sólo lo consigue realmente el hombre espiritual, el científico, el músico, el poeta, porque lo que ellos dan no se lo han quitado a nadie. El dominio terreno, militar y político de un individuo surge sin excepción de la violencia, de la brutalidad; por lo cual en vez de admirar ciegamente a los vencedores hemos de formularnos siempre la pregunta: ¿por qué medios y a costa de quién triunfa alguien? Porque cuando en lo material, en lo político, surge el gran poder de un individuo, raras veces surge de la nada o de un bien sin dueño, sino que casi siempre es de otros, se les arrebata a los más débiles; casi siempre cada gran aureola tiene sospechosamente un brillo de color sangre.

lunes, 26 de marzo de 2018

El mito del mejor de los mundos posibles ha resultado ser eso, un mito.

La ciencia y la técnica sin Dios transforman la Tierra en un espantoso caos y, al mismo tiempo, en una espantosa cárcel, cuya salida no se ve, escribe el filósofo Giovanni Reale. 

Dice el filósofo y sociólogo de origen sefardí Edgar Morin, que la voluntad de instaurar la salvación de la Tierra no sólo no ha salvado la Tierra, sino que ha instalado en ella un infierno. El mito de la salvación terrenal siempre ha resultado ser un engaño. Deseábamos ciertamente un mundo mejor, pero hemos obtenido el peor. El mito del mejor de los mundos posibles ha resultado ser eso, un mito, y la razón que lo perseguía ha acabado extremándose en su ansia de dominio, convirtiéndose en disparatada, destructiva y no constructiva.

sábado, 8 de julio de 2017

El mito Bismarck.

Bismarck
Después de que Bismarck se viese obligado a dimitir en 1890, surgió el mito (fomentado en gran parte por el descontento ex canciller y sus seguidores) del propio Bismarck como caudillo carismático que había cortado implacablemente los nudos gordianos de la política y resuelto por la fuerza los grandes problemas de la época. Lo que se mantuvo en la memoria del pueblo alemán fueron las guerras revolucionarias de Bismarck de la década de 1860, no los veinte años siguientes, en los que se esforzó por mantener la paz en Europa para dejar que pudiera asentarse el Reich alemán. Como confiaba a su diario durante una visita a la vieja residencia de Bismarck en Friedrichsruh el diplomático Ulrich von Hassell, un dirigente de la resistencia
Ulrich von Hassell
conservadora a Hitler en 1944: “Es lamentable lo falsa que resulta la imagen que hemos creado de él en el mundo, como el político militarista de la violencia, por una complacencia infantil en el hecho de que alguien consiguiese volver a situar a Alemania en una posición de influencia. En realidad, su gran mérito fue haber sabido hacer uso de una diplomacia y una moderación extremas. Comprendió como nadie qué era lo que había que hacer para ganarse la confianza del mundo, exactamente lo contrario de lo que vemos hoy”.

lunes, 26 de junio de 2017

La raza humana es incapaz de vivir sin un pathos.

La raza humana es incapaz, desde un punto de vista social, de vivir sin un pathos, si le arrebatan el sentimiento de la nación y la raza, necesita el pathos de la clase social o cualquier otro. No puede vivir sin él, dice el profesor Sándor Márai. 

Lenin no creía en la conciencia de clase del proletariado, sabía que el proletario no tenía conciencia de clase, y que por lo tanto era necesario suplantar la ausencia del mito de clase del proletariado por el mito del Partido. Sin embargo, el Partido no era un escuadrón de
Lenin se dirige al proletariado, mayo 1920,
proletarios con conciencia de clase, sino más bien un conglomerado de gente plebeya, de personas que propugnaban el final de una burguesía que había estado manteniendo en su poder los bienes y los medios de producción (y eso era verdad); pero acallaban el nuevo papel que habría de tener esa burguesía constructora de ciudades, de cultura, de todo un continente llamado Europa, el papel de elevar a la masa informe a su propia altura. 


Lenin no creía en la conciencia de clase del proletariado, sabía que el proletario no tenía conciencia de clase