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miércoles, 12 de mayo de 2021

Antisemitismo en la Alemania anterior a 1914


Mucho antes de que estallase la Primera Guerra Mundial, Alemania era la economía más rica y potente del Continente. Ocupaba el primer puesto mundial en las industrias más modernas, como la química, la farmacéutica y la eléctrica. En la agricultura el uso masivo de abonos artificiales y de maquinaria agrícola había multiplicado en 1914 la eficiencia de las grandes fincas del Norte y el Este. El nivel de vida había ido aumentando a saltos desde el cambio de siglo, e incluso desde antes. Los productos de las grandes empresas industriales alemanas como Krupps y Thyssen, Siemens y AEG, Hoechst y BASF, eran famosos en todo el mundo por su calidad. Eran muchos aquellos a los que la Alemania de antes de 1914, vista nostálgicamente desde la perspectiva del principio del periodo de entreguerras, les parecía que había sido un remanso de paz, prosperidad y armonía social. Pero por debajo de esa superficie próspera y segura había inquietud, inseguridad y dolorosas tensiones internas, escribe Richard J. Evans. A muchos, el intenso ritmo de cambio económico y social les parecía desconcertante y aterrador. Daba la impresión de que estaban desapareciendo los viejos valores y aumentaba el sentimiento de desorientación en algunos sectores de la sociedad. 

Bismarck

La sociedad alemana no se integró nacionalmente en 1871 en una condición completamente estable. Estaba dividida por conflictos internos que se agudizaron rápidamente y que se sumaron cada vez más a las tensiones del sistema político que había creado Bismarck. Estas tensiones hallaron desahogo en un nacionalismo cada vez más vociferante, mezclado con estridentes y alarmantes dosis de racismo y antisemitismo, que habrían de dejar una funesta herencia para el futuro.

Cuenta Richard Evans que para los desafectos y los fracasados, los que tenían la sensación de que el avance implacable de la industrialización les dejaba marginados y anhelaban una sociedad más simple, más ordenada, más segura y más jerárquica, como la que ellos imaginaban que había existido en el pasado no tan lejano, los judíos simbolizaban la modernidad cultural, financiera y social. Una depresión económica de dimensiones mundiales, desencadenada por el fracaso de las inversiones ferroviarias en Estados Unidos, provocó quiebras y cierres de empresas en Alemania. Resultaron especialmente perjudicados talleres y pequeños negocios. A los más gravemente afectados les resultó fácil creer de que la culpa la tenían los financieros judíos. A principios de la década de 1890 la amenaza de los antisemitas para la hegemonía electoral del Partido Conservador Alemán en los distritos rurales llegó a considerarse tan seria que el propio partido, alarmado por la política del gobierno, que parecía probable que fuese aún más perjudicial para los intereses de los agricultores, votó en 1893, en su conferencia de Tivoli, a favor de que se incluyese en el programa la exigencia de que se combatiese la “amplia, insistente y corruptora influencia judía sobre la vida de nuestro pueblo”.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Guerra preventiva.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos reelaboraron una doctrina, denominada guerra preventiva, y ha servido de sustento para invadir a Irak y mantener una tensa situación con Irán. Es necesario hacer una precisión conceptual; si bien la administración Bush se refiere a preemptive war, el contenido que se le asigna a esta expresión no es el mismo que la doctrina anglosajona le ha dado tradicionalmente. Para la doctrina anglosajona preemption consiste en golpear al enemigo mientras prepara el ataque (striking an enemy as it prepares an atack) diferente a prevention, que significa golpear al enemigo incluso en ausencia de evidencia específica de un ataque próximo (striking an enemy even in the absence of specific evidence of a coming attack).  

Sin embargo la doctrina Bush de la guerra preventiva, si tiene un trasfondo de contenido moral; se califica a Irak, Irán y Corea del Norte como países que pertenecen al “eje del mal”. Los Estados Unidos formulan así su estrategia de seguridad nacional con base en un sentimiento de superioridad moral que recuerda la doctrina tomista de la
Bush
guerra justa. De la misma manera que para Sto. Tomás la competencia para declarar la guerra recaía en el Príncipe, para la administración Bush, la utilización de la fuerza se llevará a cabo de manera unilateral si es necesario y sin el apoyo de la comunidad internacional. La doctrina tomista, exige una justa causa para declarar la guerra, entendiendo por ésta, una injuria o injusticia del adversario. Para la administración Bush, los atentados del 11 de septiembre constituyeron una auténtica ofensa contra el pueblo estadounidense que debe ser reivindicada.

Francisco de Vitoria.
Francisco de Vitoria legitima la guerra en cuanto medio coercitivo para eliminar del mundo la maldad y la injusticia. Siguiendo a San Agustín y a Santo Tomás, el teólogo español sostiene que es permitido a los cristianos el ejercicio de las armas. Para él, el Génesis y la historia del rey David enseñan que es lícito hacer la guerra contra el mal.


De todas formas siembre hay que recordar la famosa frase de Bismarck: “La guerra preventiva es como suicidarse por miedo a la muerte”.

sábado, 8 de julio de 2017

El mito Bismarck.

Bismarck
Después de que Bismarck se viese obligado a dimitir en 1890, surgió el mito (fomentado en gran parte por el descontento ex canciller y sus seguidores) del propio Bismarck como caudillo carismático que había cortado implacablemente los nudos gordianos de la política y resuelto por la fuerza los grandes problemas de la época. Lo que se mantuvo en la memoria del pueblo alemán fueron las guerras revolucionarias de Bismarck de la década de 1860, no los veinte años siguientes, en los que se esforzó por mantener la paz en Europa para dejar que pudiera asentarse el Reich alemán. Como confiaba a su diario durante una visita a la vieja residencia de Bismarck en Friedrichsruh el diplomático Ulrich von Hassell, un dirigente de la resistencia
Ulrich von Hassell
conservadora a Hitler en 1944: “Es lamentable lo falsa que resulta la imagen que hemos creado de él en el mundo, como el político militarista de la violencia, por una complacencia infantil en el hecho de que alguien consiguiese volver a situar a Alemania en una posición de influencia. En realidad, su gran mérito fue haber sabido hacer uso de una diplomacia y una moderación extremas. Comprendió como nadie qué era lo que había que hacer para ganarse la confianza del mundo, exactamente lo contrario de lo que vemos hoy”.

domingo, 23 de abril de 2017

Hitler se negó a asistir a una iglesia católica.

Iglesia de guarnición de Potsdam
Hitler quiso celebrar una ceremonia en la iglesia de la guarnición de Potsdam, sede simbólica de la monarquía prusiana, el 21 de marzo de 1933, aniversario del día en que se había reunido el Reichstag inaugural después de que Bismarck fundase el Segundo Reich. La compleja ceremonia la planeó hasta el último detalle Goebbels como una demostración propagandística de la unidad del viejo Reich con el nuevo. 

Allí estaba la Iglesia protestante, reafirmando implícitamente
su supremacía junto con la del Ejército y el trono. Allí estaba la restauración de la vieja Alemania, borrando de la historia la mancha del recuerdo de la República de Weimar. En otro rasgo simbólico más, Hitler se negó, por su parte, a asistir a un servicio religioso en la iglesia parroquial católica de Potsdam, debido a que los sacerdotes católicos, críticos con lo que consideraban actitudes impías de los nazis, habían prohibido la administración de los sacramentos a algunos personajes destacados del partido, manifiesta el historiador Richard Evans.

domingo, 23 de octubre de 2016

Bismarck y su “lucha por la cultura”


Retrato de Otto von Bismarck hacia 1847
En la década de 1870, en una reacción contra los intentos del Papa de reforzar su control de la comunidad católica mediante el Sílabo de errores (1864) y la Proclamación de la Infalibilidad Papal (1871), Bismarck inauguró lo que los liberales denominaron la “lucha por la cultura”, una serie de leyes y medidas políticas encaminadas a poner a la Iglesia católica bajo el control del Estado prusiano. El clero católico se negó a cooperar con leyes que le exigían formarse en las instituciones del Estado y someter los nombramientos eclesiásticos a su aprobación. Los que contravinieron las nuevas leyes no tardaron en ser perseguidos por la policía, detenidos y encarcelados. 
Soldado Prusiano, Húsar, Regimiento de húsares
A mediados de la década de 1870, había en Alemania 989 parroquias sin titular, 225 sacerdotes en la cárcel, se habían prohibido todas las órdenes religiosas católicas salvo las que participaban en tareas de enfermería, habían sido
obispo de Trier
destituidos de sus cargos dos arzobispos y tres obispos, y el obispo de Trier había muerto poco después de haber sido puesto en libertad tras nueve meses de prisión. Lo más inquietante fue el que ese ataque generalizado a las libertades ciudadanas de un 40 por 100 de la población del Reich contase con el aplauso de los liberales del país, que consideraban el catolicismo una amenaza tan grave para la civilización que justificaba medidas extremas como aquéllas. Aunque el enfrentamiento no durase mucho, dejó a la comunidad católica convertida en un acerbo enemigo del liberalismo y de la modernidad y decidida a demostrar su lealtad al Estado, sobre todo a través del llamado Partido del Centro, el partido político que había creado, en principio para defenderse de la persecución.
 el Kulturkampf ("la lucha por la cultura"), se definió como una lucha por la definición cultural del imperio alemán.
En Francia había un conflicto Iglesia-Estado que no se quedaba atrás en su ferocidad ideológica respecto a la “lucha por la cultura” alemana.


Reichstag sketch  1894
Bismarck asestó otro golpe a las libertades ciudadanas con la Ley Antisocialista, aprobada por el Reichstag tras dos intentos de asesinato del anciano káiser Guillermo I en 1877. En realidad, el movimiento socialista alemán no había tenido nada que ver con los presuntos asesinos y era una organización respetuosa de la ley, que depositaba su confianza en la ruta parlamentaria para llegar al poder. Pero los liberales cedieron una vez más y abandonaron sus principios ante lo que se les presentó como los intereses nacionales. Se prohibieron los actos socialistas, la prensa socialista y las revistas, y se ilegalizó el partido.

Bismarck inauguró lo que los liberales denominaron la “lucha por la cultura”, una serie de leyes y medidas políticas encaminadas a poner a la Iglesia católica bajo el control del Estado prusiano

Bismarck asestó otro golpe a las libertades ciudadanas con la Ley Antisocialista

El clero católico se negó a cooperar con leyes que le exigían formarse en las instituciones del Estado y someter los nombramientos eclesiásticos a su aprobación

viernes, 30 de septiembre de 2016

El Reich bismarckíano

Bismarck 
Bismarck es el responsable de definir la política como el arte de lo posible. Él insistió siempre en que su técnica era calcular la dirección que iban a seguir los acontecimientos y luego aprovecharse de ellos para sus propios fines.

Antes de que se iniciase el siglo, la Europa central llevaba más de un milenio fragmentada en Estados autónomos,escribe Richard Evans, algunos de ellos poderosos y bien organizados, como Sajonia y Baviera, otros, ciudades libres de tamaño pequeño o medio, o diminutos principados y señoríos que consistían en poco más que un castillo y una finca de tamaño modesto. Y todas esas entidades estaban agrupadas en el llamado Sacro Reich Romano de la Nación Alemana, fundado por Carlomagno en el 800 y disuelto por Napoleón en 1806. Ése fue el famoso “Reich de los mil años” que acabarían intentando emular los nazis. En la época en que se hundió bajo el peso de las invasiones napoleónicas, se hallaba en una condición calamitosa; las tentativas de establecer un grado significativo de autoridad central habían fracasado y Estados miembros poderosos y ambiciosos, como Austria y Prusia, habían tendido cada vez más a hacer sentir su peso en torno suyo como si el Reich no existiese.
Sedan, 1870

Según Richard Evans, la mayoría de los liberales prusianos, dándose cuenta de que la creación de un Estado nacional estaba justo a la vuelta de la esquina, perdonaron a Bismarck su política  de recaudar impuestos y financiar al Ejército sin aprobación del Parlamento. Le vitorearon cuando organizó otra guerra, contra los franceses, quienes temían acertadamente que la creación de una Alemania unida significase el fin del predominio del que habían gozado durante los quince años anteriores en la política de poder europea. Al aplastamiento de los ejércitos franceses en Sedán y en otros lugares siguió la proclamación de un nuevo Imperio alemán, en el Salón de los Espejos del antiguo palacio real francés de Versalles. Construido por Luis XIV, el Rey Sol, en la cúspide de su poder casi doscientos años antes, el palacio se convirtió entonces en un símbolo humillante de la derrota y la impotencia francesas. Fue éste un momento clave de la moderna historia alemana y en realidad europea.

Bismarck 
Karl Marx describió, sin exagerar demasiado, el Reich bismarckíano, en una frase enrevesada que captaba muchas de sus contradicciones internas, como un “despotismo construido burocráticamente, ataviado con formas parlamentarias, mezclado con un elemento de feudalismo pero influido ya, al mismo tiempo, por la burguesía”.

El militarismo del Estado y de la sociedad habría de tener una influencia notoria en el fracaso de la democracia alemana en la década de 1920 y en la llegada del Tercer Reich.