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lunes, 16 de marzo de 2026

Nuestra última esperanza es la belleza

Cuando la verdad y la bondad han sido atacadas por todos los frentes, desde el cientificismo positivista hasta las últimas filosofías de moda, nuestra última esperanza es la belleza. La razón es muy simple, no podemos negar su efecto en nuestra alma, y la certeza de la propia experiencia es inmune a cualquier tratado y a cualquier método, por más que los racionalistas pretendan lo contrario. Kieslowski, saliendo de una reunión a las afueras de París cuando acababa de terminar de grabar Le double vie de Véronique, dijo que “Una chica de quince años se me acercó y dijo que había ido a ver mi película. Había ido una, dos, tres veces y sólo quería decirme una cosa… que se había dado cuenta de que existe el alma. Antes no lo sabía, pero ahora sabía que el alma existe”.
La esperanza, la profundísima esperanza que se aloja en la belleza de la nostalgia y en el arraigado amor de quienes rodean el púlpito de la vida es la única antorcha que a la secularizada alma occidental, que al flagelado espíritu adolorido, le queda por levantar frente al dolor y las miserias propias de la vida. Frente al dolor, música. Frente al vacío, la Palabra. Cuánta razón tenía Dostoyevski cuando dijo que la belleza salvaría al mundo. A la parisina, la belleza le recordó la inmortalidad del alma.


viernes, 2 de enero de 2026

Nostalgia

Nostalgia fue acuñada por primera vez como término (y utilizado como diagnóstico) por el médico suizo Johannes Hofer en 1688. Derivada del griego nostos (regreso a casa) y algos (dolor), esta misteriosa enfermedad era una especie de nostalgia patológica. En los pacientes provocaba alteraciones psicológicas como letargo, depresión y confusión.Pero también tenía síntomas físicos como palpitaciones del corazón, llagas y alteraciones del sueño.Desde que se identificó por primera vez en Suiza, se pensó que era una afección peculiarmente suiza.El país era tan hermoso, su aire tan refinado, que cualquiera que se marchara de él corría el riesgo de sufrir terribles consecuencias físicas.Se suponía que los estudiantes y los empleados domésticos eran particularmente vulnerables. Jóvenes que se habían visto obligados a abandonar sus hogares y luego podrían tener dificultades al regresar a ellos.La nostalgia azotó los Alpes, pero pronto se extendió por Europa: una pandemia emocional, con picos prominentes en otoño, cuando la caída de las hojas incitaba a los melancólicos a pensar en el paso del tiempo y en su propia mortalidad, escribe Agnes Arnold-Forster investigadora en la Universidad de Edimburgo. 
En el siglo XX la nostalgia cambió, dice Arnold-Forster. Se separó de la añoranza del hogar y se transformó, primero en un trastorno psicológico y luego en la emoción que conocemos hoy.La reputación de la nostalgia hoy en día, particularmente como influencia en la política, la cultura y la sociedad, no es tan melosa.En 2016, por ejemplo, se invocó la nostalgia como explicación de dos acontecimientos electorales importantes; el éxito presidencial de Donald Trump y la votación del Brexit. Pero cuando periodistas y analistas utilizaron la nostalgia para explicar estos momentos geopolíticos catastróficos, con demasiada frecuencia la utilizaron como una especie de diagnóstico, algo para explicar decisiones políticas aparentemente descarriadas o irracionales. Como lo expresó el historiador Robert Saunders, en referencia al Brexit, el debate caracterizó el voto por salir como “un trastorno psicológico. Una patología que hay que diagnosticar, más que un argumento con el que abordar”. Puede que la nostalgia ya no sea una enfermedad, pero no se le ha despojado de todas sus antiguas asociaciones. Para muchos, sigue siendo una explicación de lo que consideran opciones políticas menos progresistas y más irracionales que algunas personas toman.

miércoles, 19 de febrero de 2025

La víctima principal de las luchas confesionales fue ese cuerpo común de la cristiandad

Calvino
Hacia la década de 1550, muerto Martín Lutero, su religión, privada del intenso liderato personal de su fundador, entraba en una fase de letargo intelectual y político. En Alemania, la escena principal de la lucha confesional durante la primera mitad del siglo, la paz de Augsburgo había establecido un equilibrio, aunque inestable, entre los príncipes luteranos y los católicos romanos, privando con ello a los luteranos de estímulo para una ulterior militancia. Los calvinistas, sin embargo, fueron excluidos de los términos del acuerdo de Augsburgo, y dada la pasividad que dominó a la segunda generación de luteranos, fueron los calvinistas los que se convirtieron en los representantes más dinámicos de la religión reformada. En un momento en el que la iglesia romana estaba al fin comenzando a responder con cierto éxito al desafío de la herejía, el calvinismo disfrutaba de algunas ventajas evidentes sobre el luteranismo como credo militante. Sus doctrinas eran más definidas y estaban formuladas más agudamente; sus seguidores estaban mejor disciplinados; su sistema celular como organización eclesiástica hizo posible su propagación y crecimiento independiente, incluso allí donde las autoridades seculares se oponían a su establecimiento; y tenía en Ginebra un cuartel general desde donde el mismo Calvino pudo ordenar el campo de batalla, hasta su muerte en 1564. Después de muchos años de lucha, el envejecido Calvino se había convertido, a mediados de la década de 1550, en el dueño indiscutible de Ginebra. La oposición en el concejo de la ciudad había sido silenciada y sus enemigos habían huido. Ahora que estaba atrincherado en Ginebra, sin ninguna posibilidad de ser derrocado, Calvino pudo convertir la ciudad en la capital efectiva de su nueva religión, en una Roma protestante. Los calvinistas de Europa se habían acostumbrado desde hacía tiempo a acudir a Ginebra para pedir consejo e instrucciones, y habían ido allí a buscar refugio en tiempos de persecución. Después de una prolongada disputa, la mayor parte de los profesores de Lausana, incluyendo a Teodoro Beza, profesor de griego, fueron expulsados por el gobierno de Berna en 1558. Con la ayuda de estos, Calvino fundó una academia en Ginebra en 1559, y Beza se convirtió en su rector. La nueva institución tuvo un éxito inmediato.
Fue en Francia donde Ginebra se apuntó uno de sus más notables éxitos. Cada año era despachado para Francia un nuevo grupo de pastores ginebrinos. La mayor parte de ellos, nacidos en Francia, salidos de la clase media o de las clases aristocráticas, lograron conversos influyentes y fundaron nuevas iglesias, las cuales acudían a Ginebra para pedir guía y consejo.
La víctima principal de las luchas confesionales fue la comunidad internacional, ese cuerpo común de la cristiandad del que se seguía hablando hasta mucho después de que hubiese cesado de tener algún fundamento real. Las obediencias se polarizaban alrededor de Ginebra y de Roma, era natural que se aumentase la nostalgia por la antigua y unida cristiandad.
Los estudiantes, acostumbrados a viajar por el continente para seguir sus estudios en la universidad que habían escogido, comenzaron ahora a descubrir que esto no era tan fácil para ellos como lo había sido para sus padres. Los nobles calvinistas de los Países Bajos o de Hungría enviarían a sus hijos a la Academia de Ginebra, mientras que los católicos enviarían a los suyos a Padua o Lovaina. En 1559, Felipe II prohibió a los españoles estudiar en el extranjero, excepto en determinados colegios de Bolonia, Roma, Nápoles y Coimbra. En 1570, cartas reales dirigidas al Parlamento en Dole prohibían a los habitantes del Franco Condado “estudiar, enseñar, aprender o residir en otras universidades o escuelas privadas o públicas, que no sean las de este país o las de otros países, estados y reinos bajo nuestra obediencia, exceptuando siempre la ciudad y universidad de Roma”. Las prohibiciones gubernamentales eran con frecuencia eludidas e ignoradas, pero el hecho era que las ochenta universidades, aproximadamente, de la Europa de mediados del siglo XVI estaban siendo transformadas de instituciones internacionales en nacionales, y que la comunidad europea de estudiosos estaba siendo fragmentada por la nueva contienda confesional.
Referencia:La Europa dividida, 1559-1598 (J. H. Elliott)

sábado, 30 de diciembre de 2023

Nuestra suerte transcurre en ese alternarse de esperanzas y nostalgias

Existe una cierta uniformidad monótona en los destinos de los hombres. Nuestra existencia se desarrolla según leyes antiguas e inmutables, según una cadencia propia, uniforme y antigua. Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad. En cuanto vemos rotos nuestros sueños, nos consume la nostalgia por el tiempo en que bullían dentro de nosotros. Nuestra suerte transcurre en ese alternarse de esperanzas y nostalgias, escribe Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes.


sábado, 11 de marzo de 2023

Nostalgia

A veces la primera experiencia es objetivamente mejor, aunque no siempre. Pero objetivamente mejor o no, a posteriori siempre parece mejor. Es porque como humanos nos han hecho creer, y también nuestro cerebro, que el pasado es perfecto. ¿El culpable? Un persuasor psicológico sencillo y muy potente llamado nostalgia.


lunes, 27 de junio de 2022

El hombre, ya barco agrietado, se irá a pique


Pero un hombre puede ser un barco. Un hombre puede ser un barco con el casco de acero. Luego pasan los años y se forman grietas. Por ellas entra el agua de la nostalgia, contaminada de soledad, y el agua de la conciencia de haberse equivocado y la de no poder poner remedio al error, y esa agua que corroe tanto, la del arrepentimiento que se siente y no se dice por miedo, por vergüenza, por no quedar mal con los compañeros. Y así el hombre, ya barco agrietado, se irá a pique en cualquier momento. (Patria, Fernando Aramburu)

jueves, 25 de febrero de 2021

Nada existe en el alma humana que no pueda transmutarse en un sentimiento elevado


Nada existe en el alma humana, por ruin que sea, que no pueda transmutarse en un sentimiento elevado. En adelante podía volver la vista atrás no sin dolor, pero si sin remordimiento, sin avergonzarse de nada, con el ánimo sereno y hasta con una dulce nostalgia, escribe Maxence Van der Meersch.


miércoles, 1 de julio de 2020

Nostalgia



La palabra nostalgia viene de la palabra compuesta griega nosto, que significa ir a casa, y algos, que significa dolor. La acuñó en 1688 un físico suizo, Johannes Hofer, en alusión a una extraña enfermedad que afectaba a los suizos destinados en el extranjero (básicamente, añoranza), que el doctor Hofer pensaba que en última instancia podía llevar a deserciones generalizadas e incluso a la muerte. En la jerga moderna solemos referirnos a la nostalgia, según recoge el diccionario de la RAE, como “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”. En un estudio de 2006 realizado en la Universidad de Southampton (Reino Unido), el 79 por ciento de los 172 alumnos encuestados declaró tener pensamientos nostálgicos al menos una vez por semana, mientras que el 16 por ciento afirmó tenerlos a diario. Resulta que existe una razón para que los humanos seamos propensos a estos pensamientos, la nostalgia es buena para nosotros. Según Scientific American “en lugar de ser una pérdida de tiempo o un lujo dañino, deleitarse con los recuerdos levanta el ánimo, aumenta la autoestima y fortalece las relaciones. Resumiendo, la nostalgia es una fuente de bienestar psicológico”.


“A medida que el recuerdo se impone, lo desagradable desaparece y lo bueno perdura, quizás incluso se amplifica más allá de la realidad”. Hay estudios que indican que estamos tan decididos a recordar el pasado de modo favorable que a veces recordamos acontecimientos agradables que nunca ocurrieron, manifiesta Martin Lindstrom.

lunes, 7 de octubre de 2019

El pueblo francés es un pueblo de la inmanencia



Emil Cioran, filósofo rumano, cuenta que “en el siglo XVIII, Francia llevaba la batuta en Europa. Desde entonces, no ha ejercido ya otra cosa que su influencia. El simbolismo, el impresionismo, el liberalismo son sus últimos contactos vitales con el mundo, antes de hundirse en una ausencia fatal. El pueblo francés es un pueblo de la inmanencia, que creó el género inimitable de los detalles sutiles y reveladores de la existencia en el mundo, el ornamento. Nada hay más francés que un tapiz, un mueble, un encaje o, en el plano arquitectónico, una casa solariega o un palacete”.

“El miedo a perderse por cualquier exceso ha enquistado a los franceses en una rigidez afectiva. ¿Existe un pueblo menos sentimental? El corazón del francés sólo se enternece con los cumplidos bien formulados. Su vanidad es inmensa, hasta el punto de que lisonjearla puede volverlo incluso sentimental… En general, está capacitado para la intimidad, pero no para la soledad.Tal vez sea el único pueblo de Europa que no conoce la nostalgia, que es una forma de la falta de plenitud sentimental infinita. Además, carece de música folclórica también, que sólo se encuentra en el Sur (País Vasco, Provenza, por influencia española e italiana)”.
Batalla de Berezina
“En dos ocasiones alcanzó la grandeza; en la época de la construcción de las catedrales y en la de Napoleón, es decir, en dos momentos ajenos a su genio específico. Las catedrales y Napoleón, ¡nada hay menos francés imaginable! No obstante, el pueblo vibró, cargó con las losas en la Edad Media y cayó a los pies de las Pirámides o en el Berezina. Los franceses crearon el estilo gótico, de esencia germánica, y en el plano militar siguieron al último representante del Renacimiento italiano. Así, se superaron en dos ocasiones; superaron su consumada perfección mediante el contacto con dos inspiraciones de naturaleza extranjera. En la creación gótica salpicó la sangre de los francos, el elemento germánico; en las campañas napoleónicas, el genio mediterráneo de las expediciones. Fuera de esos momentos, Francia se ha contentado consigo misma; ni lenguas extranjeras ni importaciones de cultura ni curiosidades inspiradas por el mundo”.

miércoles, 10 de julio de 2019

La expoliación de la tierra es moralmente incorrecto



Pensadores desde los tiempos de Ezequiel e Isaías, han afirmado que la expoliación de la tierra no sólo es algo inconveniente, sino moralmente incorrecto. Dice Aldo Leopold que la ética de la tierra extiende las fronteras de la comunidad para incluir los suelos, las aguas, las plantas y los animales; dicho de un modo colectivo, la tierra.

Bosque de Fontainebleau

Una de las raíces de la moderna protección ecológica la encontramos sin duda en el sentimiento romántico de la naturaleza, frecuentemente ruralizante y anti industrial, preñado de aristocrática nostalgia hacia un mundo virgen, que es constatable entre las clases altas europeas y entre una parte de la sociedad norteamericana en la segunda mitad del siglo XIX. Resulta significativo que la primera reserva natural del mundo se cree en la Francia del Segundo Imperio en 1853-1861… precisamente por iniciativa de un grupo de pintores que conseguirá la protección de 624 hectáreas en el bosque de Fontainebleau.

martes, 11 de diciembre de 2018

Desfallecer de melancolía.

Sara Montiel.
Desfallecer de melancolía es propio de los asilos, reales o imaginarios. “Permanecer en la nostalgia envejece la mente”, decía la ya fallecida actriz Sara Montiel.

lunes, 29 de octubre de 2018

Nacionalistas empeñados en fabricar mitos antimodernos de la historia.


Svetlana Boym dice que el mundo moderno está aquejado de “una epidemia global de nostalgia, un anhelo afectivo de una comunidad dotada de una memoria colectiva, un ansia de continuidad en un mundo fragmentado”, y propone que veamos esa epidemia como “un mecanismo de defensa en una época de ritmos de vida acelerados y convulsiones históricas”. Dicho “mecanismo de defensa” consiste esencialmente en “la esperanza de reconstruir ese hogar ideal que subyace a la esencia misma de muchas y poderosas ideologías actuales, y que nos tienta a que
renunciemos al pensamiento crítico para entregarnos a la vinculación emocional”. Y la propia Boym advierte que “el peligro de la nostalgia radica en que tiende a confundir el hogar real y el imaginario”. Finalmente, esta profesora de Harvard nos ofrece una pista de dónde buscar para encontrar, con toda probabilidad, tales peligros. Concretamente, en cierta nostalgia “restauradora”, que es precisamente una característica de los “renaceres nacionales y nacionalistas en todo el mundo, empeñados en fabricar mitos antimodernos de la historia a través de la vuelta a los símbolos y la mitología nacionales y, a veces también, de la reutilización de teorías de la conspiración”.