Mostrando entradas con la etiqueta bosque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bosque. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de noviembre de 2023

Los ingenieros de montes fueron la vanguardia conservacionista de España

La burguesía que desbancó a los señores feudales y que en España comenzó a disfrutar de las propiedades señoriales con las desamortizaciones del siglo XIX, fue aún más brutal con los recursos naturales. Millones de hectáreas de bosques fueron roturados para su aprovechamiento agrícola. Los desmanes llegaron tan lejos que el Estado intentó salvar lo salvable creando el cuerpo de Ingenieros de Montes en 1854. En 1877 se promulga la Ley de Repoblación Forestal y se crea el Patrimonio Forestal del Estado. Unos seis millones de hectáreas de bosques y zonas de gran interés ecológico son rescatadas de la desamortización al ser incluidas en el Catálogo de Montes de Utilidad Pública. Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, los ingenieros de montes son la vanguardia conservacionista de España, luchando denodadamente por salvar y recuperar el patrimonio forestal y con ello la naturaleza española. Simultáneamente a los esfuerzos de los forestales por frenar los efectos de la ignorancia y el afán de lucro de sus contemporáneos, de nuevo los grandes terratenientes españoles, con sus inmensos cotos de caza, fueron, sin ser conscientes de ello, guardianes del patrimonio ecológico. En el resto del mundo occidental soplaban, sin embargo, vientos más duros para la naturaleza. La diferente estructura de la propiedad de los países de Europa occidental y del norte de América, así como el avance de la sociedad industrial en ambas zonas, favoreció cambios mucho más brutales que los que se estaban produciendo en España por aquellos tiempos, afirma Benigno Varillas, naturalista.

miércoles, 16 de agosto de 2023

La primera crisis de energía en Inglaterra

La tala de grandes extensiones de bosque en Gran Bretaña, con la finalidad de poder construir barcos para la Armada Real inglesa y suministrar materiales de construcción y combustible para garantizar el calor de una población creciente, dejó tras de sí una gran deforestación, que posteriormente propició una crisis de energía en toda Inglaterra. Esta situación fue la que obligó a buscar una nueva fuente de energía, el carbón. Más o menos por la misma época, un inglés llamado Thomas Savory inventó una bomba de vapor que permitía extraer los excesos de agua del fondo de las minas. La posibilidad conjunta de que el carbón y las máquinas pudiesen producir vapor marcó el inicio de la era económica moderna y se convirtió en la primera etapa del largo viaje de sustitución del trabajo humano por la fuerza de las máquinas. En la primera revolución industrial el vapor se empleó para abrir minas de metales, producir textiles y fabricar un amplio abanico de productos que, en épocas anteriores, habían sido fabricados a mano. Los buques de vapor sustituyeron a los viejos veleros y la locomotora de vapor ocupó el lugar de los vagones tirados por caballos; así se mejoró ampliamente el proceso de transporte y movimiento de materias primas y de productos terminados. El motor de vapor se convirtió en un nuevo tipo de esclavo laboral, una máquina cuya potencia física excedía con mucho la fuerza conjunta de animales y seres humanos. La segunda revolución industrial se produjo entre 1860 y la primera guerra mundial. El petróleo empezó a competir con el carbón mientras que la electricidad fue utilizada por primera vez, creando una nueva fuente de energía para hacer funcionar los motores, encender las luces de las ciudades y proporcionar comunicación instantánea entre las personas. 

miércoles, 10 de julio de 2019

La expoliación de la tierra es moralmente incorrecto



Pensadores desde los tiempos de Ezequiel e Isaías, han afirmado que la expoliación de la tierra no sólo es algo inconveniente, sino moralmente incorrecto. Dice Aldo Leopold que la ética de la tierra extiende las fronteras de la comunidad para incluir los suelos, las aguas, las plantas y los animales; dicho de un modo colectivo, la tierra.

Bosque de Fontainebleau

Una de las raíces de la moderna protección ecológica la encontramos sin duda en el sentimiento romántico de la naturaleza, frecuentemente ruralizante y anti industrial, preñado de aristocrática nostalgia hacia un mundo virgen, que es constatable entre las clases altas europeas y entre una parte de la sociedad norteamericana en la segunda mitad del siglo XIX. Resulta significativo que la primera reserva natural del mundo se cree en la Francia del Segundo Imperio en 1853-1861… precisamente por iniciativa de un grupo de pintores que conseguirá la protección de 624 hectáreas en el bosque de Fontainebleau.

martes, 7 de febrero de 2017

Zonas templadas, zonas tropicales.

Frio del invierno.
Los encargados de sanidad suelen decir que la mejor medida sanitaria del mundo son los fríos inviernos de las zonas templadas. El frío del invierno acaba con los parásitos y gérmenes, que en consecuencia tienen que volver a crecer en primavera. Por el contrario, en los trópicos los parásitos y gérmenes proliferan durante todo el año. Esto no quiere decir que las zonas templadas sean lugares totalmente saludables. Como sabrá cualquiera que conozca la historia de Europa, en el pasado sus habitantes morían de enfermedades infecciosas. En general, las enfermedades de las zonas templadas, y las que a lo largo de la historia han afectado a los europeos, solían ser de carácter epidémico y se propagaban debido al hacinamiento, como la viruela y el sarampión. Sin embargo, la mayoría de esas afecciones epidémicas propias de poblaciones densas solo se contraen
Jared Diamond
una vez en la vida, por lo común en la infancia. Si de niño tenemos la suerte de sobrevivir a la viruela y el sarampión, seremos inmunes a ellas durante toda la vida y no volveremos a contraerlas. Por el contrario, las enfermedades tropicales suelen ser recurrentes y no proporcionan inmunidad de por vida si se sobrevive a un episodio, de manera que pueden padecerse una y otra vez, dice el profesor Jared Diamond.

Trópicos.
Por otro lado, sigue contando Diamond, hay dos razones que  explican que en las zonas tropicales, en contra de lo que cabría esperar, las cosechas sean reducidas. Una es la escasa fertilidad y profundidad de los suelos. En Europa, Estados Unidos y otras regiones templadas, los agricultores están acostumbrados a suelos profundos y fértiles. Esto se debe en parte a que los glaciares recorrieron de norte a sur la mayoría del territorio estadounidense y europeo, para después retirarse de sur a norte, un mínimo de veintidós veces durante las glaciaciones de los últimos millones de años. Al avanzar y retroceder, los glaciares machacaban las rocas subyacentes y generaban suelos profundos con una renovada provisión de nutrientes. Por el contrario, las cálidas zonas tropicales nunca tuvieron glaciaciones, por lo que carecen de suelos jóvenes y profundos que se regeneren de manera constante.


El suelo con multitud de hojas muertas.
Cuando caminamos por un bosque templado, solemos ver en el suelo multitud de hojas muertas y ramas. Es decir, hay mucha materia orgánica caída, que al descomponerse poco a poco devuelve nutrientes a la tierra a lo largo de mucho tiempo. En cambio, en los trópicos las hojas y ramas caídas, así como otros restos de materia orgánica que se desprenden, no tardan en desmenuzarse a causa de las elevadas temperaturas. Debido al calor, microorganismos y animales diminutos descomponen las hojas caídas. Más tarde las intensas lluvias tropicales arrastran esos nutrientes a los ríos y después al océano. Estos son los dos motivos por los que los suelos tropicales suelen ser superficiales y estériles.