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jueves, 16 de noviembre de 2023

Los ingenieros de montes fueron la vanguardia conservacionista de España

La burguesía que desbancó a los señores feudales y que en España comenzó a disfrutar de las propiedades señoriales con las desamortizaciones del siglo XIX, fue aún más brutal con los recursos naturales. Millones de hectáreas de bosques fueron roturados para su aprovechamiento agrícola. Los desmanes llegaron tan lejos que el Estado intentó salvar lo salvable creando el cuerpo de Ingenieros de Montes en 1854. En 1877 se promulga la Ley de Repoblación Forestal y se crea el Patrimonio Forestal del Estado. Unos seis millones de hectáreas de bosques y zonas de gran interés ecológico son rescatadas de la desamortización al ser incluidas en el Catálogo de Montes de Utilidad Pública. Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, los ingenieros de montes son la vanguardia conservacionista de España, luchando denodadamente por salvar y recuperar el patrimonio forestal y con ello la naturaleza española. Simultáneamente a los esfuerzos de los forestales por frenar los efectos de la ignorancia y el afán de lucro de sus contemporáneos, de nuevo los grandes terratenientes españoles, con sus inmensos cotos de caza, fueron, sin ser conscientes de ello, guardianes del patrimonio ecológico. En el resto del mundo occidental soplaban, sin embargo, vientos más duros para la naturaleza. La diferente estructura de la propiedad de los países de Europa occidental y del norte de América, así como el avance de la sociedad industrial en ambas zonas, favoreció cambios mucho más brutales que los que se estaban produciendo en España por aquellos tiempos, afirma Benigno Varillas, naturalista.

viernes, 20 de enero de 2023

Consecuencia de las desamortizaciones

Pascual Madoz. Ministro de Hacienda en 1855

Las desamortizaciones tenían precedentes, pero el grueso de las operaciones se efectuaron en el reinado de Isabel II, concentrándose en dos grandes bloques, escribe el historiador Antonio Domínguez Ortiz. “La desamortización eclesiástica de Mendizábal y la civil de Madoz, y si la primera se ha hecho más famosa por su carga ideológica y por los destrozos enormes que acarreó a nuestro patrimonio artístico y documental, la segunda tuvo mayores y más nefastas consecuencias para la población rural; la venta de los bienes de propios y baldíos, unida a la generalización de los cerramientos de fincas, la prohibición de antiquísimos usos de aprovechamiento colectivo (espigueo, rastrojera), la decadencia de la enfiteusis y otras formas jurídicas en beneficio de un concepto muy cerrado de la propiedad individual agravaron la situación del campesinado modesto hasta límites extremos, con la agravante de que aquellos centros benéficos (hospitales, asilos), que tradicionalmente acogían a los desheredados, también sufrían las consecuencias de las desamortizaciones, y la Iglesia ya no estaba en condiciones de prodigar limosnas. En las propias ciudades, especuladores y burgueses se beneficiaron del régimen liberal, mientras el nivel de vida de los desheredados se mantenía muy bajo, e incluso descendía, si ello era posible. La mendicidad, el bandolerismo y el contrabando con múltiples repercusiones, incluso artísticas y literarias, proliferaron, sobre todo en el sur. La España romántica no se concibe sin la estampa del bandolero que con su trabuco despoja a los viajeros. El contrabando tomó una extensión increíble, sobre todo en dos ramos, el tabaco y los textiles; era un negocio en el que participaban personajes de todo rango, y que tomó visos políticos porque los fabricantes catalanes se quejaban de la competencia de los tejidos ingleses y reclamaban no sólo la represión del contrabando, sino la defensa legal por medio de leyes proteccionistas; fue uno de los motivos de su oposición a Espartero, anglófilo impenitente”.
“Tradicionalmente la ciudad, si por una parte esquilmaba al campo, por otra ayudaba en períodos de crisis con sus limosnas y asilos a los que acudían a ella. Este equilibrio se quebró al empobrecerse tanto la Iglesia como los ayuntamientos con las desamortizaciones”.

lunes, 22 de julio de 2019

La desamortización de Álvarez Mendizábal

La desamortización de Álvarez Mendizábal (1836-1837) afectó únicamente a los terrenos del clero regular, las órdenes religiosas, por lo que la Iglesia lo excomulgó, así como a los compradores de dichas tierras.

La desamortización fracasó en su intento de obtener una distribución más justa de la tierra y la mayoría de los bienes enajenados a la Iglesia pasaron a manos de grandes propietarios. La división de los lotes de tierra se encomendó a comisiones municipales y éstas, aliadas con los oligarcas adinerados, manipularon el sistema creando grandes lotes que fueron comprados por nobles terratenientes y burgueses ricos, con lo que no se creó la clase media que se pretendía.

En esta época se impulsaron cultivos que han pervivido hasta nuestros días, como el olivo en Andalucía o la naranja en Valencia. Empezó a elaborarse el cava en Cataluña a gran escala y la industria del azúcar basada en la remolacha se desarrolló en el Valle del Ebro y Andalucía.