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miércoles, 13 de agosto de 2025

Una de las peores masacres de cristianos

Fue en plena noche de este viernes 13 de junio, mientras dormían, cuando al menos 200 cristianos de Yelewata (Benue, Nigeria) fueron tiroteados, quemados vivos y acuchillados entre gritos de “Allahu Akbar” (Alá es el más grande). Así describe Ayuda a la Iglesia Necesitada la que considera “una de las peores masacres de cristianos” en Nigeria. Un país donde los católicos representan amplias mayorías en muchos lugares, lo que a su vez no impide que sean continuo blanco de ataques islamistas.El ataque fue premeditado. Las víctimas eran desplazados, muchos de ellos familias, que se encontraban en locales y edificios reconvertidos en alojamientos temporales en la plaza del mercado de Yelewata, diócesis de Makurdi. Fue allí donde los islamistas irrumpieron nuevamente, horas después de ver frustrado su intento de asalto a la iglesia de San José de Yelewata, donde la masacre habría sido peor, durmiendo allí hasta 700 desplazados.Fue tras este primer contacto con la policía cuando los atacantes se dirigieron a la plaza del mercado, donde usaron combustible para prender fuego a las puertas de los alojamientos de los desplazados, antes de abrir fuego en una zona donde descansaban medio millar de personas.
León XIV se refirió directamente en su rezo del Ángelus del domingo 15 de junio a la “terrible masacre” donde los desplazados acogidos en la misión católica “fueron asesinados con extrema crueldad”. Según un informe de la Fundación para la Justicia, el Desarrollo y la Paz de la diócesis, describió lo sucedido como “una monstruosidad que nadie debería contemplar. Algunos cadáveres estaban quemados, irreconocibles. Bebés, niños, madres y padres aniquilados”.
El 1 de junio de 2025, los fulani también orquestaron ataques mortales como los del 1 y el 2 de junio, cuando casi 40 cristianos fueron asesinados en una serie de ataques coordinados en todo el estado de Plateau. Días antes, entre el 24 y el 25 de mayo de 2025, al menos 50 civiles, en su mayoría cristianos, fueron brutalmente masacrados en Munga Lelau y Munga Dasso, dos aldeas agrícolas del condado de Karim-Lamido, en el estado de Taraba. Medios como Organiser describen el episodio como una muestra más de “un genocidio implacable” que se abría cobrado la vida de al menos 45.000 cristianos asesinados y millones habrían sido desplazados.Los líderes de la Iglesia local han solicitado ayuda internacional, afirmando que hay un plan yihadista en marcha para apoderarse de las tierras y llevar a cabo una limpieza étnica de la presencia cristiana en la región.

miércoles, 19 de febrero de 2020

El siglo XIX fue el siglo de la aristocracia



Durante el siglo XIX, la política era una actividad de caballeros, de aquellos situados en la cúspide de la sociedad, cuando no directamente nobles. Cuenta la historiadora Ainhoa Campos que “en Alemania, la antigua nobleza terrateniente prusiana dominaba el Ejército y la política. En Francia e Italia donde la nobleza terrateniente tenía menor peso político, era otro tipo de aristocracia la que copaba los asientos del Parlamento y las carteras ministeriales, pero aristocracia al fin y al cabo. En el resto de Europa, las aristocracias tenían en sus manos gran cantidad de las tierras de sus países. Setenta y tres familias eran propietarias de un quinto de Moravia; en Hungría, menos de cuatrocientas personas tenían en sus manos un 32% de las tierras del reino; en Rusia, los nobles poseían prácticamente la mitad de la tierra cultivable de la parte europea de su país. La nobleza tenía sobradas razones para sentirse segura. Los aristócratas dominaban los destinos de la nación por la mañana y se dedicaban al ocio por la tarde. Iban a sus carreras de caballos y a sus clubes masculinos a divertirse, como habían hecho siempre. Celebraban espléndidas cenas en sus mansiones, rodeados de sus iguales. Pero lo cierto es que ya había sonado su última hora”. El siglo XIX había sido su siglo.

lunes, 10 de febrero de 2020

En la economía feudal todo lo terreno era creación de Dios y solo El podía disponer de ello



La noción feudal de las relaciones de propiedad era totalmente diferente de la actual. En la economía feudal, escribe Jeremy Rifkin todo lo terreno era creación de Dios y solo él podía disponer de ello. A su vez, la creación de Dios se concebía como una jerarquía de responsabilidades establecida con rigidez que iba desde los seres más insignificantes hasta los ángeles del cielo. En esta escala espiritual cada ser debía servir a quienes tenía por encima y por debajo de acuerdo con unas obligaciones para garantizar el funcionamiento adecuado de la creación como un todo. En este marco teológico, la propiedad se concebía como una serie de tutelas o custodias bajo una administración piramidal que abarcaba desde el trono celestial hasta los campesinos que trabajaban las tierras comunales. La propiedad no era exclusiva de nadie y se repartía en esferas de responsabilidad de acuerdo con un código fijo de obligaciones. Según Richard Schlatter, historiador de Harvard, “no se podía decir que nadie poseyera tierras; todo el mundo, desde el rey hasta los arrendatarios, los subarrendatarios y los campesinos que las trabajaban, tenían cierto dominio sobre ellas, pero nadie las poseía por completo”. La economía feudal duró más de 700 años prácticamente sin cambios. Pero hacia el siglo XVI unas fuerzas económicas nuevas empezaron a socavar el orden feudal. Las tierras comunales se cercaron y se transformaron en una propiedad privada. Jeremy Rifkin dice que el movimiento de cercamiento o acotamiento, es considerado por muchos historiadores como “la revolución de los ricos contra los pobres”. 



Cuenta Jeremy Rifkin como una industria textil incipiente encareció el precio de la lana e hizo que fuera más rentable acotar las tierras comunales para dedicarlas a la cría de ganado lanar. Mientras la gente pasaba hambre, a las ovejas no les faltaba alimento para surtir de lana a las fábricas textiles que se iban extendiendo por el continente europeo. Tomás Moro captó el amargo espíritu de la época en Utopía, un ataque mordaz a la codicia de los terratenientes: “Vuestras ovejas, que tan mansas eran y que solían alimentarse con tan poco, han comenzado a mostrarse ahora, según se cuenta, de tal modo voraces e indómitas que se comen a los propios hombres y devastan y arrasan las casas, los campos y las aldeas”.

lunes, 22 de julio de 2019

La desamortización de Álvarez Mendizábal

La desamortización de Álvarez Mendizábal (1836-1837) afectó únicamente a los terrenos del clero regular, las órdenes religiosas, por lo que la Iglesia lo excomulgó, así como a los compradores de dichas tierras.

La desamortización fracasó en su intento de obtener una distribución más justa de la tierra y la mayoría de los bienes enajenados a la Iglesia pasaron a manos de grandes propietarios. La división de los lotes de tierra se encomendó a comisiones municipales y éstas, aliadas con los oligarcas adinerados, manipularon el sistema creando grandes lotes que fueron comprados por nobles terratenientes y burgueses ricos, con lo que no se creó la clase media que se pretendía.

En esta época se impulsaron cultivos que han pervivido hasta nuestros días, como el olivo en Andalucía o la naranja en Valencia. Empezó a elaborarse el cava en Cataluña a gran escala y la industria del azúcar basada en la remolacha se desarrolló en el Valle del Ebro y Andalucía. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

El cercamiento de las tierras dio lugar a la noción moderna de las relaciones de propiedad.


Entre 1760 y 1840 la Revolución Industrial empezó a extenderse por Europa. La nueva economía trajo consigo una población urbana que crecía sin parar y necesitaba más alimentos. Los altos precios hicieron que los terratenientes acotaran el resto de sus tierras poniendo fin de este modo a una larga transición que llevó a Europa de una economía rural basada en la subsistencia a una economía agrícola moderna regida por el mercado. Los grandes cercamientos y la nueva economía de mercado cambiaron la naturaleza de las relaciones de propiedad y de los derechos condicionales se pasó a la propiedad exclusiva. 

Manifiesta el profesor de la Universidad de Pensilvania Jeremy Rifkin que durante siglos, las personas habían pertenecido a la tierra; ahora, la tierra pasaba a pertenecer a las personas en forma de bienes raíces que eran negociables e intercambiables en el mercado abierto. La casa solariega pasó a ser un recurso comercial que se podía utilizar como fuente de capital y de crédito en la búsqueda de beneficios comerciales. El trabajo individual también se convirtió en una forma de propiedad personal que se podía comprar y vender libremente en los mercados de un mundo nuevo que se regía más por las relaciones contractuales que por las obligaciones comunales y la posición social. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

La extraña historia de una teoría científica.

Lyssenko
Un raro ejemplo de longevidad de una estafa científica fue, en la Unión Soviética, el de la teoría biológica de Lyssenko, que se impuso desde 1935 hasta 1964. Más exactamente, fue impuesta por un Estado totalitario a todo un país como doctrina oficial. El lyssenkismo no gozó jamás del menor crédito en los medios científicos internacionales. Lyssenko, que rechazaba la teoría cromosómica, negaba la existencia de los genes y condenaba la “desviación fascista y trotskista-bukharinista de la genético”, debió la hegemonía local de su biología delirante, menos a su habilidad como impostor que a la voluntad política de Stalin y de Jruschov. 



Fue un éxito excepcional de la mentira. Durante treinta años, una inmensa población, privada de toda información científica externa, fue obligada a vivir el sueño de un iluminado sostenido por un Estado totalitario. Los auténticos biólogos fueron perseguidos, encarcelados, deportados, fusilados; los manuales escolares, las enciclopedias, los cursos universitarios, expurgados de toda referencia a la ciencia verdadera, reputada “ciencia burguesa” y opuesta a la “ciencia proletaria”. El sublime desinterés de esta mentira
intelectual fue atestiguado, además, por los efectos desastrosos del lyssenkismo sobre la agricultura soviética. La “agrobiología” de Lyssenko, decretada agronomía de Estado, profesaba la inutilidad de los abonos, prohibía las hibridaciones, puesto que era notorio, según la doctrina, que una especie se transformaba por sí misma en otra, sin cruces; el centeno en trigo, la col en nabo, el pino en abeto, y recíprocamente. Se prescribía a los campesinos el “trigo hendido de los faraones”, lo que hizo bajar a la mitad los rendimientos, ya fuertemente disminuidos por la colectivización forzosa de las tierras, que lo había precedido. La tragicomedia lyssenkiana nos cuenta la extraña historia, difícil de creer en nuestro siglo, de una teoría científica impuesta a un país por un Estado totalitario.

viernes, 21 de julio de 2017

La temperatura fue más alta durante el periodo cálido medieval que la media del siglo XX.

Periodo cálido mediaval.
Durante los siglos IX y X el crecimiento de las temperaturas fue progresivo y persistente. Fagan no cree que el calor haya sido un episodio dañino, sino todo lo contrario: “En Europa, el clima relativamente estable del periodo cálido medieval fue una gran bendición para los pequeños granjeros y los campesinos”. Y reconoce que la temperatura fue entonces de medio a un grado más alta que la media del siglo XX. 


Otros investigadores apuntan que en Europa central fue 1,4 grados más alta; y recientemente un grupo de climatólogos gallegos han señalado una media de calentamiento de 1,5°, y hasta un periodo de unos 80 años en que pudo alcanzar valores de 3°. Este último dato obedece a una estimación puntual, y es de suponer que muchos puedan calificarla de improbable por excesiva; simplemente, el dato del registro está ahí. 

Ray G. Richards opina por su parte que el calentamiento fue
en líneas generales benéfico, y no estuvo plagado de catástrofes provocadas por el mal tiempo, como lo estaría siglos más tarde la llamada “Pequeña Edad del Hielo”. Algo por el estilo añade H. Lamb, a quien se atribuye la expresión “periodo cálido medieval”. Se sabe que en muchos valles de Europa donde el hecho es hoy casi imposible, se producían dos cosechas anuales, y se explotaban minas en el Hohe Tauern austriaco, que hasta hace poco estuvieron cubiertas por el hielo. (Por cierto, quizá convenga recordarlo: hace no muchos años, gracias al calentamiento actual, se encontró debajo de un glaciar en Austria una capilla del siglo XI; existen motivos bastante razonables para suponer que cuando se construyó esa edificación el clima tenía que ser similar o un poco más cálido que el de ahora.) 



Acot deduce del estudio de los restos vegetales que grandes extensiones de bosque llano y pantanoso de Europa Central fueron transformadas, con el cambio climático, en tierras de cultivo. Se vio así un paisaje distinto, alternaban, en manchones, el bosque abierto y los campos cultivados. Resultaba más fácil trazar caminos, mejoraron los intercambios, y tal vez como consecuencia de todo ello, apunta Acot, hubo un notable desarrollo demográfico, bien visible sobre todo desde el año 1000. Es una falsa tradición la idea de que el hombre  en la Edad Media no se molestaba mucho por su futuro y el de sus hijos, ya que el mundo tenía sus días contados; y es que según una profecía apocalíptica interpretada demasiado literalmente, Satanás permanecería encerrado “durante mil años”. Por consiguiente, el año 1000 sobrevendría el fin del mundo. Ese temor difícilmente puede haber ocurrido, desde el momento en que por el siglo IX la vigencia de la Era Cristiana apenas era conocida de la gente corriente, y lo normal era contar por los años del reinado de cada monarca. No es cierto que en el año 1000 hubiese un movimiento primero de pánico, luego de júbilo, al comprobarse que el mundo seguía alegremente su camino, al menos no constan testimonios de la época en tal sentido; pero sí está constatado el incremento demográfico, que se prolongaría hasta el siglo XIII, que parece indicar una era de prosperidad cuando menos en la abundancia de recursos para la vida. Según se estima, la población de Europa pasó, entre el año 1000, y 1347, de 35 a 80 millones de habitantes (William Jordan, 2001). Un incremento demográfico tan fuerte no es fácilmente imaginable en plena Edad Media, y hay que suponer que obedece o a un optimismo desbordado, o a unas condiciones muy favorables para la vida humana. No hay por entonces noticias de heladas en mayo (tan dañinas para la agricultura), de las cuales sí se hablaría frecuentemente en los siglos más fríos que siguieron.
 

El viñedo se cultivó en el Sur de Gran Bretaña, e incluso en el centro. S. Baliunas encuentra vestigios de viñedo, sorprendentemente, hasta en Escocia. Guillermo de Malmesbury alaba los viñedos de Gloucester, de uva dulce y vinos casi tan buenos como los franceses. También se afirma que el límite de las viñas en Alemania se corrió 500 kilómetros más al Norte; hay referencias, por ejemplo, de viñedos en Prusia Oriental y hasta en el Sur de Suecia. Por los restos de árboles se ha averiguado que determinadas especies arbóreas crecían en los Alpes en niveles donde hoy no existen. El Mediterráneo occidental era más lluvioso que ahora. Y el nivel del mar era en Holanda medio metro más alto que en la actualidad. He ahí un inconveniente del calor, mareas más crecidas, y rotura de diques. Fue el que los holandeses siguen llamando Grote Mandrenke, o Gran Inundación. Así llegó a formarse el Zuiderzee, hoy casi por completo rellenado otra vez con la aportación de tierras y la construcción de diques más altos.