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viernes, 25 de julio de 2025

La colección de libros de FelipeII

Felipe de la Torre, cuya Institución de un Rey Christiano fue publicada en Amberes en 1556, con una dedicatoria a Felipe, recalcaba en su tercer capítulo “quanto necessidad tienen los Reyes de leer libros, y de hombres que les avisen la verdad”. Felipe II leía, aunque no disponía de mucho tiempo libre para hacerlo.Felipe siempre tuvo presente, como podemos ver a raíz de una carta dirigida a su embajador en Francia, Francés de Álava, que aparece más adelante, que los libros están hechos para leer.Gracias a su extensa red de diplomáticos, el rey tenía acceso a todos los rincones de Europa en su rastreo de libros excepcionales.
Zayas, secretario de Felipe II, completó la carta real con una nota recordando al embajador que “Su Magestad quiere formar la librería famosa de libros de mano y otros raros y gastar en ello 50.000 ducados y que se busque quanto bueno huviere en la Christiandad”. A partir de 1560, Felipe agregó a los libros que ya había recopilado en sus palacios obras de cada una de las ramas conocidas de las artes. También empezó a seleccionar los volúmenes que irían dirigidos al Escorial, cuya pieza central iba a ser la biblioteca, a la cual se había destinado un ala específica del edificio.Los agentes de Felipe escudriñaron cada rincón de Europa occidental en busca de ediciones raras.Dentro de España, el proyecto de coleccionar publicaciones incluía un plan para salvar de la ruina libros raros que pudieran encontrarse en remotas parroquias del campo.
La costumbre, establecida en el Escorial, de contar con un almacén secreto para los libros prohibidos se extendió más tarde a la mayoría de las bibliotecas europeas.
Felipe confió a Arias Montano la sección de libros árabes. El Escorial terminó contando con una de las mejores colecciones occidentales de obras escritas en esta lengua, que estaba desapareciendo en España. Entre un segmento de la población musulmana, era ya una lengua más hablada que escrita.En 1573 convocó al médico y estudioso de origen musulmán Alonso del Castillo para que le ayudase a catalogar la colección de libros del Escorial y elaborase medicamentos de origen árabe.
Tal y como la concibió Felipe II, la biblioteca estaba destinada a los lectores. Su propósito no era el de constituir un almacén. Para su uso privado en sus aposentos del Escorial, Felipe II contaba con una colección más modesta que totalizaba unas cuarenta obras. La mitad de estos libros habían sido impresos en el extranjero, principalmente en Amberes y París; el rey (a pesar de la errónea creencia de lo contrario) nunca restringió la importación de los libros extranjeros.

Referencia: El enigma del Escorial (Henry Kamen)

miércoles, 19 de febrero de 2025

La víctima principal de las luchas confesionales fue ese cuerpo común de la cristiandad

Calvino
Hacia la década de 1550, muerto Martín Lutero, su religión, privada del intenso liderato personal de su fundador, entraba en una fase de letargo intelectual y político. En Alemania, la escena principal de la lucha confesional durante la primera mitad del siglo, la paz de Augsburgo había establecido un equilibrio, aunque inestable, entre los príncipes luteranos y los católicos romanos, privando con ello a los luteranos de estímulo para una ulterior militancia. Los calvinistas, sin embargo, fueron excluidos de los términos del acuerdo de Augsburgo, y dada la pasividad que dominó a la segunda generación de luteranos, fueron los calvinistas los que se convirtieron en los representantes más dinámicos de la religión reformada. En un momento en el que la iglesia romana estaba al fin comenzando a responder con cierto éxito al desafío de la herejía, el calvinismo disfrutaba de algunas ventajas evidentes sobre el luteranismo como credo militante. Sus doctrinas eran más definidas y estaban formuladas más agudamente; sus seguidores estaban mejor disciplinados; su sistema celular como organización eclesiástica hizo posible su propagación y crecimiento independiente, incluso allí donde las autoridades seculares se oponían a su establecimiento; y tenía en Ginebra un cuartel general desde donde el mismo Calvino pudo ordenar el campo de batalla, hasta su muerte en 1564. Después de muchos años de lucha, el envejecido Calvino se había convertido, a mediados de la década de 1550, en el dueño indiscutible de Ginebra. La oposición en el concejo de la ciudad había sido silenciada y sus enemigos habían huido. Ahora que estaba atrincherado en Ginebra, sin ninguna posibilidad de ser derrocado, Calvino pudo convertir la ciudad en la capital efectiva de su nueva religión, en una Roma protestante. Los calvinistas de Europa se habían acostumbrado desde hacía tiempo a acudir a Ginebra para pedir consejo e instrucciones, y habían ido allí a buscar refugio en tiempos de persecución. Después de una prolongada disputa, la mayor parte de los profesores de Lausana, incluyendo a Teodoro Beza, profesor de griego, fueron expulsados por el gobierno de Berna en 1558. Con la ayuda de estos, Calvino fundó una academia en Ginebra en 1559, y Beza se convirtió en su rector. La nueva institución tuvo un éxito inmediato.
Fue en Francia donde Ginebra se apuntó uno de sus más notables éxitos. Cada año era despachado para Francia un nuevo grupo de pastores ginebrinos. La mayor parte de ellos, nacidos en Francia, salidos de la clase media o de las clases aristocráticas, lograron conversos influyentes y fundaron nuevas iglesias, las cuales acudían a Ginebra para pedir guía y consejo.
La víctima principal de las luchas confesionales fue la comunidad internacional, ese cuerpo común de la cristiandad del que se seguía hablando hasta mucho después de que hubiese cesado de tener algún fundamento real. Las obediencias se polarizaban alrededor de Ginebra y de Roma, era natural que se aumentase la nostalgia por la antigua y unida cristiandad.
Los estudiantes, acostumbrados a viajar por el continente para seguir sus estudios en la universidad que habían escogido, comenzaron ahora a descubrir que esto no era tan fácil para ellos como lo había sido para sus padres. Los nobles calvinistas de los Países Bajos o de Hungría enviarían a sus hijos a la Academia de Ginebra, mientras que los católicos enviarían a los suyos a Padua o Lovaina. En 1559, Felipe II prohibió a los españoles estudiar en el extranjero, excepto en determinados colegios de Bolonia, Roma, Nápoles y Coimbra. En 1570, cartas reales dirigidas al Parlamento en Dole prohibían a los habitantes del Franco Condado “estudiar, enseñar, aprender o residir en otras universidades o escuelas privadas o públicas, que no sean las de este país o las de otros países, estados y reinos bajo nuestra obediencia, exceptuando siempre la ciudad y universidad de Roma”. Las prohibiciones gubernamentales eran con frecuencia eludidas e ignoradas, pero el hecho era que las ochenta universidades, aproximadamente, de la Europa de mediados del siglo XVI estaban siendo transformadas de instituciones internacionales en nacionales, y que la comunidad europea de estudiosos estaba siendo fragmentada por la nueva contienda confesional.
Referencia:La Europa dividida, 1559-1598 (J. H. Elliott)

domingo, 14 de enero de 2024

El Escorial y la batalla de San Quintín

En su Carta de Fundación del Escorial, emitida el 22 de abril de 1567, cuatro años después de haberse iniciado su construcción, el rey Felipe II declaró que dicho edificio estaría dedicado a san Lorenzo, en cuya festividad, el 10 de agosto de 1557, sus fuerzas habían obtenido una famosa victoria. Por esta razón, la iglesia del Escorial fue consagrada a san Lorenzo, y la primera reliquia importante depositada en su altar fue una pierna del santo.Es digno de atención (teniendo en cuenta que la gesta le fue atribuida en repetidas ocasiones a España) es el escaso número de tropas y oficiales españoles involucrados en la batalla. En realidad, la campaña fue un acontecimiento memorable porque Felipe, que participó en ella durante las etapas finales, fue el último rey de España que intervino personalmente en una acción militar. Estos hechos confieren una significación única a dicha acción, a sus consecuencias y al papel que desempeñó en la historia posterior de la monarquía. Sabemos muy poco acerca de esta famosa batalla, que repetidas veces ha sido declarada como una de las victorias militares más destacadas de España, pero que curiosamente ni un solo historiador español ha estudiado. Aparte de la descripción ofrecida en la biografía de Felipe II, escrita por Cabrera de Córdoba en 1609 aproximadamente una década después del fallecimiento del rey, y que no se publicó como una obra completa hasta el siglo XIX, dicha batalla ha sido relegada al olvido como acontecimiento histórico y solo se ha invocado con propósitos ideológicos.

Rendición del ejército francés en San Quintín, por Luca Giordiano.

El martes 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, el condestable, con un contingente de infantería y caballería de aproximadamente veintidós mil hombres, avanzó hacia las posiciones de Saboya frente a San Quintín. En una acción breve pero sangrienta, el Ejército de Flandes, bajo el mando de Saboya y Egmont, infligió una derrota aplastante a las fuerzas del condestable. Un contemporáneo estimaba la cifra de muertos del ejército francés en 5.200, y posiblemente en 7.000 la de prisioneros. Aparentemente, en el ejército de Saboya solo quinientos hombres habían perdido la vida. La inusual cantidad de franceses muertos fue atestiguada por el médico Ambroise Paré, enviado al lugar por el propio rey de Francia para que atendiese a los heridos. El rey, acompañado por las tropas inglesas, tres mil belgas y quinientos españoles, llegó al campamento el día 13, pero sin mostrar indicios de sentirse defraudado. Se le había entregado en mano una de las victorias militares más brillantes de su tiempo. En el campo de batalla, frente a San Quintín, “acompañado por los príncipes y comandantes de su ejército ataviados con sus galas militares” y flanqueado por los estandartes franceses capturados, procedió despacio entre dos largas filas de distinguidos prisioneros y mostró su respeto a cada uno de ellos. Una leyenda creada mucho tiempo después por escritores españoles proclamaba como propia dicha victoria. Nada más lejos de la realidad. Esta batalla no se entabló en nombre de España, que no se encontraba en guerra con Francia. Se entabló en nombre del soberano de los Países Bajos. El control de la campaña no se depositó en manos de España ni de su Consejo de Guerra, sino del Consejo de los Países Bajos, que, según demuestran los documentos, tomó las decisiones. El rey consultó con oficiales de Bruselas y siguió sus directrices; el Consejo de Guerra de España no intervino. Es más, el presupuesto para la campaña lo controló Bruselas, en vez de España.
Gracias a las victorias de San Quintín y Gravelinas se puso freno al poderío francés en Europa occidental.El único artista de renombre que realizó un cuadro inspirado en la contienda fue Tiziano, uno de los pintores oficiales de Felipe II, que se lo encargó para conmemorar la ocasión. A petición del soberano, pintó (1559) un retrato estilizado de san Lorenzo, al que más tarde se adjudicó un lugar prominente en el altar de la basílica del Escorial.
Referencia: El enigma del Escorial  de Henry Kamen


domingo, 5 de marzo de 2023

La presencia de un inmenso poder espiritual en el Monasterio del Escorial

Las sobrecogedoras y austeras formas del monasterio del Escorial no dejan lugar a dudas acerca de la presencia de un inmenso poder espiritual. Un agnóstico tiene la opción de descartar la idea, pero el sentimiento persiste obsesivamente. El problema siempre ha sido cómo identificar este poder. ¿Representa el espíritu tradicional del catolicismo? ¿Es un reflejo de las obsesiones del rey? Una de las ideas que prevalecen acerca del edificio es que personifica la religión de España. Su perfil, sólido y desafiante, se percibe como un reflejo de la ortodoxia religiosa de España, su firme confianza en Dios, la Iglesia y la Inquisición. Para muchos, el edificio manifiesta, asimismo, una nueva tendencia, el dinamismo de la Contrarreforma. Desde cualquier perspectiva se percibe como una fortaleza rocosa de la fe y la certidumbre, “un bastión visible contra el surgimiento de la herejía”. En el siglo XVII, Baltasar Gracián, en El Criticón, lo vio como “un triunfo de la piedad católica”. Estos puntos de vista se consideran, dentro de su contexto, lógicos. Sin lugar a dudas, el aliento primero del edificio es de carácter religioso. El corazón de la estructura es la basílica, y el componente humano primordial reside en el monasterio. La religión fue la inspiración y la fuerza motriz…..Los extranjeros que visitaron España durante el siglo posterior a Felipe II elogiaban el extraordinario edificio que el rey había construido en las montañas de Guadarrama. Uno de los primeros comentarios procedió del inglés John Eliot, quien declaró en 1593 que el era “el palacio más magnífico de toda Europa, y es el edificio más bello que jamás he visto en la vida, el más grande, majestuoso e imponente que un hombre pueda imaginar; un lugar enriquecido por grandes jardines, parterres y huertos, y donde crecen los frutos más exóticos a la orilla de un placentero río. Cien veces más formidable que cualquiera de Italia.” Otro visitante se refería al edificio en 1623 “tan trascendentalmente lleno de admiración que hay que temer que aquellos que gozan de sus placeres no salgan en busca de ningún otro paraíso”. Se trataba de citas imparciales y transmitían algunos de los deleites que el edificio podía evocar en esos días.

Durante los primeros años del siglo XIX, los monjes de San Lorenzo sufrieron graves tribulaciones, incluida la pérdida de muchos tesoros a manos de las tropas francesas invasoras. La más importante dificultad que tuvieron que afrontar tuvo lugar en el verano de 1835, cuando se propagó por toda España una ola de violencia anticlerical que les obligó a exiliarse. Antes de finalizado el año 1837 todos los monjes Jerónimos habían desalojado el monasterio. El gran edificio quedó vacío. Cuando por fin, mucho más tarde, regresaron los monjes al Escorial, estos pertenecían a la Orden de San Agustín. Cien años después se repitió el mismo patrón. Durante la Segunda República, tras el acceso al poder en 1936 del profundamente anticlerical Frente Popular, el Gobierno contempló impasible la quema de los monasterios y el asesinato de monjes. Cuando el ejército rebelde del general Franco se acercaba a la ciudad de Madrid en noviembre de 1936, las autoridades gubernamentales ordenaron que todas las personas detenidas fuesen aniquiladas. Según palabras de la historiadora Francés Lannon, el 7 de noviembre, los prisioneros “fueron deliberadamente asesinados en Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz, en el este de la ciudad, y sus cadáveres depositados en fosas comunes. Desde entonces y hasta el 4 de diciembre, este ultraje se repitió varias veces, y por lo menos murieron 2.000 personas, incluidos 68 monjes de la Orden de San Agustín, procedentes de la comunidad de El Escorial”.Como consecuencia, el régimen de Franco sintió el deber de otorgar favores especiales a la comunidad monástica, la cual floreció durante el siglo XX. Estos dos años clave, 1836 y 1936, jalonan los triunfos y tragedias del palacio-monasterio de Felipe II, y el destino que sufrió repetidamente a manos de su propio pueblo en España.

domingo, 12 de junio de 2022

Felipe II se consideraba menos que el más humilde sacerdote

Cuenta el historiador e hispanista Henry Kamen que, en la época de Felipe II, en Francia e Inglaterra se celebraban ceremonias que identificaban al soberano con Dios y con la religión; se bendecía al rey con aceites sagrados, una corona sagrada ceñía su cabeza, se le tomaba un juramento sagrado. Por tanto, se convertía en una persona sagrada, y hasta podía alegar poderes sacerdotales.Era,en palabras de Shakespeare, “el delegado elegido de Dios”. En España, por el contrario, no se celebraba ninguna ceremonia de coronación, y por tanto no podían converger ambas funciones, la de sacerdote y la de rey. La imagen del rey de rodillas, en obvio reconocimiento del papel sagrado del sacerdote, de pie ante él, fue un símbolo fundamental en el Escorial. El grupo escultórico de Leoni situado frente al altar mayor, en el que Carlos V y Felipe II, junto con sus esposas, se arrodillan en acto de veneración, viene a confirmarlo. Todas las figuras arrodilladas, incluidas la del emperador y la del rey, miran hacia el tabernáculo del altar. En todas estas esculturas y pinturas, el rey es representado de rodillas frente al sacerdote. Ni en sus fantasías más desquiciadas, y ni siquiera metafóricamente, al rey se le hubiese ocurrido la idea de encarnarse en una figura sacerdotal o confundir su propio papel con el de un ministro de Dios.

Felipe II como católico se consideraba menos que el más humilde sacerdote, el rey nunca sintió que en asuntos de religión tuviera una relación especial con Dios, y nada de lo que escribió sugiere que así lo creyera. Por otra parte, en los asuntos políticos, pensaba que era su obligación y su responsabilidad rogar a Dios para que le ayudara en los momentos críticos. Cualquier cristiano creyente en su situación hubiese asumido una posición semejante.

martes, 1 de marzo de 2022

Ceuta


*El nombre de Ceuta viene del latín, y en particular de la expresión Septem frates, o “los siete hermanos” que es como los romanos denominaban a las siete elevaciones naturales entre las que se asienta. Ceuta, donde según la leyenda estuvo, en tiempos de Ulises, la gruta donde moraba la ninfa Calipso.

Ceuta

La presencia de los cristianos peninsulares en la ciudad, que se remonta a principios del siglo XV con su conquista por los portugueses. Su posición geográfica la convirtió en vigía del estrecho y cabeza de puente de las potencias peninsulares para su control y la expansión a costa de las potencias norteafricanas. Ya la destinaron a esa misión, tras el hundimiento de Roma y tras su breve pertenencia al Imperio Bizantino (en tiempos del conde Belisario) los reyes visigodos, quienes no anduvieron sin embargo demasiado atinados a la hora de designar al lugarteniente en la plaza. Me refiero al conde don Julián.A inicios del siglo XV, cuando, aprovechando el declive y fragmentación del imperio de los benimerines, se produjo, por iniciativa de la entonces pujante potencia oceánica que representaba el reino de Portugal, su conquista para la Cristiandad y su pérdida para el Islam al que había pertenecido por espacio de más de siete siglos. La conquista, promovida y dirigida personalmente por el rey Juan I, no dejó de tener sus vicisitudes. Para llevarla a cabo se movilizó una imponente escuadra de 240 navíos, que partió del Tajo el 25 de julio de 1415. Portuguesa se mantiene Ceuta durante los dos siglos siguientes. El sultán de Fez reconoce mediante tratado la soberanía portuguesa sobre la plaza y en 1580, con la unión de las coronas de Portugal y España en la persona de Felipe II, se incorpora al Imperio de los Austrias. En 1640, la ciudad decide no seguir al reino de Portugal en su secesión de la corona que ostenta Felipe IV, y así es como Ceuta pasa a pertenecer propiamente al reino de España.  Con el tratado de Wad-Ras, suscrito en Tetuán el 26 de abril de 1860, España obtenía el reconocimiento a perpetuidad de los nuevos límites para Ceuta y Melilla (merced al antes aludido criterio del alcance de una bala de cañón), la garantía del sultán de que sus tropas vigilarían los campos fronterizos con las plazas españolas, para que las tribus limítrofes no los hostigaran.


*Siete ciudades en África (Lorenzo Silva)


miércoles, 5 de enero de 2022

Cataluña durante siglos fue el territorio más rico de España

Una guía turística actual (en inglés) ofrece a los lectores el siguiente resumen estrafalario de la historia de Cataluña: “A lo largo de todo el siglo XVI, Cataluña siguió sufriendo bajo el poder de la Inquisición y, privada de oportunidades comerciales con América, se convirtió en una región empobrecida. Las guerras de los Habsburgo acabaron con la vida de miles de soldados catalanes, el bandolerismo aumentó en la región a medida que la situación económica empeoraba y se produjo un estallido migratorio. En la Guerra de Sucesión española, Cataluña se alineó con el bando austríaco en un intento de reconquistar sus antiguos fueros y con la esperanza de que la victoria le proporcionara alguna posibilidad de entablar relaciones comerciales con América. Tras el 11 de septiembre de 1714, Cataluña quedó aplastada”. (De The Rough Guide to Barcelona, 2013). Naturalmente nada de lo que manifiesta el panfleto anterior coincide con la realidad. "Cataluña no quedó aplastada ni reducida a la nada tras aquel 11 de septiembre de 1714, fecha de la rendición de Barcelona durante la Guerra de Sucesión tras varios meses de asedio. Cataluña siguió siendo una región importante, próspera y floreciente, el territorio más rico de España", cuenta el historiador Henry Kamen.
Cataluña era una entidad distinta de Castilla, pero compartía completamente la vida peninsular, aunque hubiera aduanas comerciales y puestos fronterizos entre las dos comunidades hasta el siglo XVIII. Según un viajero italiano en 1526, Barcelona era “la ciudad más hermosa de España y de Francia”. La misma opinión tenía el médico suizo Thomas Platter, que en 1599 pensaba que Barcelona era “una de las ciudades más ricas y más hermosas de España e incluso de toda la Cristiandad”. No es sorprendente, pues, que Barcelona fuera la ciudad española más querida por Felipe II, que hizo varias visitas largas a la ciudad. El escritor Diego de Valera, en una obra dedicada a la reina Isabel en 1481, escribió que “Nuestro Señor vos ha dado la monarchia de todas las Españas”, con lo cual también se refería a Cataluña.



viernes, 24 de diciembre de 2021

La noción que Felipe II era un rey enclaustrado es pura leyenda

Felipe II

Felipe II fue, después de su padre, el emperador, el monarca más viajero de la historia de España. Fernando e Isabel habían recorrido extensamente los reinos españoles. Fernando conocía también el Mediterráneo e Italia. Pero Felipe los superaba a ambos en la suma total de sus viajes por la Península y Europa occidental. Ningún soberano de la época viajó más que él. En comparación, los monarcas coetáneos más prominentes, como Isabel de Inglaterra y Enrique IV de Francia, nos parecen verdaderamente sedentarios. No existe ningún dirigente español de los tiempos modernos (salvo el emperador Carlos V) que tuviera mayores conocimientos directos sobre la geografía, la topografía, la meteorología y el entorno humano del norte de Italia, Europa central, Renania, los Países Bajos e Inglaterra; todos ellos territorios clave del panorama político europeo. Cuando pedía a artistas como Wijngaerde que dibujaran paisajes urbanos, solían ser ciudades que conocía personalmente y que había visitado por lo menos una vez. ¿Qué otro soberano europeo podía, al igual que él, ofrecer un juicio informado sobre las vistas de Londres, Amsterdam o Milán? De todas las grandes naciones, la única que no recorrió fue Francia, aunque efectuó breves visitas a su costa mediterránea. Había conversado cara a cara, y en sus propios países y su propio entorno, con los príncipes protestantes que apoyaban la reforma alemana, con los líderes de la nobleza neerlandesa y con la princesa Isabel de Inglaterra. Pocos jefes de Estado han tenido el privilegio de conocer de cerca, e incluso íntimamente, a aquellos que en un momento dado habían de convertirse en sus más feroces enemigos. Felipe los conocía a todos. La noción de un rey deseoso de encerrarse en España es pura leyenda.

Felipe II 

Las múltiples imágenes del rey, omnipresente en todos los torneos de caza en la Selva Negra o en los bosques de Baviera, en los bailes de Binche, Milán y Barcelona, en las justas del gran patio del palacio de Westminster o del castillo de Mariemont, a bordo de embarcaciones por los ríos Rin y Danubio, en las comidas campestres de Hampton Court o de los lagos de Valencia, se contradicen con la idea ampliamente aceptada de un monarca que deseaba huir del mundo para enterrarse en el Escorial, sumergirse en su trabajo y negarse a sí mismo los placeres mundanos. La noción de un rey sombrío y melancólico contrasta tan abiertamente con los documentos disponibles que cabe desconfiar de los autores que no solo evitan citar dichos documentos, sino que, además, hacen aserciones carentes de fundamento.Siempre estaba activo. Al igual que a sus antepasados los Reyes Católicos, le gustaba viajar.La imagen de un rey enclaustrado es simplemente una leyenda.


jueves, 19 de agosto de 2021

Felipe II tuvo un conocimiento mucho más completo que su padre del conjunto de sus dominios


Bustos superpuestos de Carlos V y el príncipe Felipe, a la derecha, barbados y con armadura. Carlos V, laureado y con pelo corto, lleva banda y el Toisón; el príncipe Felipe, descubierto y con pelo corto (Museo del Prado).

El rey español Felipe II no se parecía demasiado a su padre, escribe el historiador Antonio Domínguez Ortiz; era mucho más culto, no sólo amante de las artes, sino entendido en artes, coleccionista de libros y manuscritos, consciente de la importancia de los centros educativos, frío e impasible en apariencia, pero roído interiormente por profundos sentimientos de amor y odio, poco amigo del trato directo con las personas, lo que perjudicaba su conocimiento exacto de los hechos, porque nunca pueden los papeles sustituir el contacto, la presencia física; renunciar a la vida itinerante de su padre quizá era necesario, pero encerrarse en Madrid y El Escorial fue un error y él lo sabía, puesto que al ocurrir la unión con Portugal se demoró allí largo tiempo; si hubiera hecho lo mismo con Flandes quizás se hubiera evitado el trágico curso de los acontecimientos.Un punto en que se aprecia con claridad la diferencia con su padre es que mientras Carlos V al final de su vida estaba harto de los negocios públicos, don Felipe, aquejado de no menores dolencias y agobiado por dificultades y reveses políticos, conservó el ansia de mando hasta el último momento y trabajó en su silla de inválido hasta que lo trasladaron al lecho de muerte. Tuvo un conocimiento mucho más completo que su padre del conjunto de sus dominios, comprendió el valor de las Indias, se dio cuenta de que sin finanzas adecuadas no era posible una política exterior enérgica, y aunque tuviera que recurrir a arbitrios momentáneos, trató de ampliar las bases de la Real Hacienda con recursos permanentes, Su dedicación a la política exterior no le impidió estar muy atento a la interior, por lo menos en el caso de España; multiplicó las encuestas, descripciones, trabajos cartográficos, tanto por curiosidad desinteresada como por el convencimiento de que un conocimiento exacto de los recursos es premisa indispensable de una administración eficiente, y ésa fue una de las razones para que la España del XVI llegara a tener la más avanzada administración de Europa.Producto de ese interés por los problemas de orden interno es la masa enorme de material legislativo que tiene como cúspide la Recopilación de leyes destos reinos editada en 1569. Como gobernante Felipe II tenía otra gran ventaja sobre su padre, había sido instruido en los secretos del Poder y lo había ejercido desde los dieciséis años; una instrucción teórico-práctica que asimiló inmediatamente.

jueves, 23 de julio de 2020

Felipe II, tal vez el rey más procatalanista


Felipe II

Felipe II, tal vez el rey más procatalanista. Tras la muerte de su madre, cuenta el historiador Henry Kamen, fue criado y educado en el seno de una familia catalana, los Requesens. Entendía el catalán hablado (el único rey que lo ha hecho), y siempre disfrutaba de sus visitas a Barcelona. Desde la década de 1560 se tomó como un asunto personal la reforma de la vida religiosa en la región. El gran año de la reforma fue 1567, cuando el rey despachó órdenes para la reforma obligatoria en todas las casas religiosas de Cataluña, incluidos los famosos monasterios de Ripoll, San Cugat y Poblet. La reforma tardó mucho más en implantarse de lo que jamás pudo imaginar el monarca, y en el caso de los cambios más importantes solo tuvieron lugar alrededor de 1590. En algunos casos, como en Ripoll, los monjes se negaron a aplicar las reformas y tuvieron que ser expulsados y reemplazados por nuevos clérigos procedentes de Castilla. Esto generó una situación delicada que irritó profundamente a las autoridades catalanas, y demostró que los catalanes podían ser muy pertinaces. Pero tenían mucho que agradecerle al rey. Felipe II fue el patrón más generoso e importante de la abadía de Montserrat, el principal símbolo religioso de Cataluña. En los días en que se encontraba dirigiendo las obras de El Escorial, en Castilla, dedicó mucho tiempo y dinero a la reconstrucción de la abadía de Montserrat entre 1560 y 1592, y visitó el emplazamiento en 1564 para ver cómo avanzaban las obras. Para asegurarse de que el altar de la nueva iglesia era como debía ser, ordenó a un artista que hiciera bocetos de distintos altares, que al final se construyeron en Valladolid y en su momento fueron transportados desde Castilla a Cataluña en 65 carros. Así pues, los castellanos desempeñaron un papel clave en la construcción de los símbolos religiosos de los catalanes, hasta el extremo de que la devoción de Nuestra Señora de Montserrat podía encontrarse por todas partes en Castilla, donde muchos altares y capillas están dedicados a la Virgen.

lunes, 23 de marzo de 2020

¿Quien gana las guerras?


Ganar grandes guerras requiere siempre una organización superior, y ello, a su vez, requiere personas capaces de dirigir tales organizaciones, no con estrechez de miras, sino de la manera más competente y de un modo que permita a los extraños aportar nuevas ideas en la búsqueda de la victoria. Nada de esto pueden hacerlo los jefes por sí solos, por muy grande que sea su genio y por enorme que sea su energía. Tiene que haber un sistema de apoyo, una cultura del estímulo, bucles de retroalimentación eficientes, capacidad de aprender de los reveses, capacidad de conseguir que se hagan las cosas. Y todo eso debe hacerse de un modo que sea mejor que el del enemigo. De ese modo es como se ganan las guerras, cuenta el historiador Paul Kennedy.

Paul Kennedy
Así pues, el joven e inquisitivo trabajador alemán del poema de Brecht tenía razón al formular perplejo sus preguntas. ¿Quién hizo realmente que las cosas funcionaran para Alejandro, Julio César, Felipe II y Federico el Grande? ¿Acaso no fueron los mandos intermedios y los solucionadores de problemas? Sin el personal intermedio y los sistemas que estos gestionaron, no se habría alcanzado la victoria. 

jueves, 22 de agosto de 2019

El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio


El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio, puesto que Felipe II ya tenía muchos. No desempeñó ningún papel en sus planes vitales hasta más de una década después de iniciado su reinado, El resto de sus residencias,, le eran muy queridas y pasó tanto o más tiempo en ellas como en el Escorial. Sería un error imaginar que el Escorial constituía la encarnación de sus aspiraciones.


Una lectura de la Carta de Fundación de 1567 permite clarificar las motivaciones de Felipe II respecto del Escorial. Si la leemos asumiendo que el rey, siempre muy ordenado en sus pensamientos, actuó paso a paso, resulta evidente que los éxitos militares ocuparon un lugar secundario entre aquellas. El motivo principal, al cual el rey otorga preeminencia, era la necesidad de garantizar a su padre un lugar de reposo digno de él. Este era el propósito para la construcción del monasterio. El papel de los frailes era el de rogar permanentemente por el reposo del alma del emperador y, además, por la de otros miembros de la familia real. La intención principal era, por tanto el deseo de crear un mausoleo familiar, una extensión del concepto de panteón. Todo lo demás era secundario. Si existía un sentimiento verdaderamente intenso en el alma de Felipe II, era su devoción por el recuerdo de su madre y de su padre.Es muy probable que a partir del mismo instante en que murió su padre, en 1558, Felipe decidiera resolver la cuestión acerca del lugar de reposo final del emperador.


lunes, 29 de julio de 2019

Las primeras relaciones topográficas de los pueblos de España

FelipeII
En una emisora radiofónica, a altas horas de la madrugada, alguien  enfrente del micrófono aseguraba que las primeras relaciones topográficas hechas en la Península fueron durante el siglo XVIII o XIX. La afirmación es incierta ya que las primeras relaciones topográficas de los pueblos de España fue un encargo de Felipe II para hacer el primer gran inventario de España. Se trataba de saber cuántos pueblos había, cómo se organizaban sus habitantes, cuáles eran sus límites territoriales, si había uno, dos o siete curas, cuántos vecinos habitaban, qué oficios tenían,etc. Felipe II envió a una serie de gentes a hacer encuestas por todo el país para tener una idea certera de lo que era su reino; funcionarios que llevaban un cuestionario con cincuenta y tantas preguntas que iban rellenando después de entrevistar a las autoridades del pueblo.

jueves, 18 de julio de 2019

Hablando del Escorial

Henry Kamen.
En el siglo XIX, el historiador Modesto Lafuente tuvo ocasión de denunciar el aislamiento en que vivía España del movimiento intelectual europeo desde Felipe II. Esta idea se forjó hace un siglo y medio por mediación de un grupo de historiadores liberales españoles, y gracias a posteriores ideologías políticas ha perdurado de forma inmerecida todo este tiempo. A fin de rescatar al Escorial de esta extravagante fantasía, dice el historiador británico  Henry Kamen, vale la pena repetir lo que debería ser obvio para aquellos que conocen el pasado de España. A los españoles, centro de un imperio intercontinental, nunca se les separó del mundo exterior. En una era en la que España era la principal potencia, miles de españoles, de todos los rangos y condiciones, incluidos el clero, la nobleza, los estudiantes, los soldados y los aventureros, abandonaron la Península y deambularon por otras partes del continente o bien emigraron a América. De la misma forma, visitantes extranjeros llegaron a España y, algunos, hasta se las ingeniaron para alcanzar la sierra de Guadarrama y echarle un vistazo a la espectacular ciudadela del rey, erigida en las laderas de las frondosas montañas. 

Biblioteca del Escorial
“Nada puede compararse al Escorial, escribía Alejandro Dumas (padre) en 1846, ni Windsor en Inglaterra, ni Peterhof en Rusia, ni Versalles en Francia. Tiene su propia identidad, creada por un hombre que doblegó su época a su voluntad, un ensueño hecho de piedra, concebido durante las noches insomnes de un rey en cuyos reinos nunca se ponía el sol”. Es fácil entender por qué la primera impresión de un observador había de ser la de encontrarse ante una evidencia de poderío. La extensa área de piedra transmite de manera inequívoca solidez y autoridad. A Dumas nunca le cupo la menor duda que “una vez en la vida llega un hombre, típico de su tiempo, el reflejo de toda una época, y deja tras de sí un monumento para dar a conocer su espíritu a todas las generaciones futuras”.


lunes, 4 de marzo de 2019

La respuesta de Felipe II al problema de la persecución religiosa.

Maria I de Inglaterra y Felipe II
A finales de 1554, algunos tribunales episcopales ingleses, la reforma de Eduardo VI había revertido y todos los obispos eran, una vez más, católicos, iniciaron procedimientos contra ciertas personas acusadas de herejía. El 1 de febrero de 1555 murió en la hoguera la primera víctima de esta persecución. Muchos observadores europeos en Londres, convencidos por propia experiencia de que la hoguera no era la solución, se manifestaban horrorizados. El rey Felipe II, que en ese momento residía en la corte de Inglaterra, sin embargo, carecía de poder para intervenir. Decidió enfocar el problema de otra forma. El siguiente domingo, 10 de febrero, su confesor, fray Alfonso de Castro, pronunció un sermón en presencia de la corte real en el que “vehementemente protestó contra los obispos por llevar hombres a la hoguera, y manifestó simplemente que ninguna Escritura hablaba de quemar por el bien de la conciencia; sino que por el contrario dichos hombres deberían vivir y ser convertidos”. Las ejecuciones se detuvieron, posiblemente a raíz de la prédica. La respuesta directa de Felipe al problema de la persecución religiosa fue evidentemente moderada, manifiesta el historiador británico Henry Kamen. 

martes, 26 de febrero de 2019

Conde de Barcelona

Monasterio de Poblet
Cuenta la historia que en 1585 Felipe II se encontraba en Cataluña y quiso visitar el monasterio de Poblet. Precedido de un correo real se dirigió al lugar donde se encuentra el cenobio cisterciense, cerca de la población de Montblanc en lo que hoy es provincia de Tarragona. El correo llamó a la puerta y abrió la mirilla el hermano portero para preguntar quién llamaba. El correo le anunció que llegaba el rey de España. Aquí no conocemos a ese señor rey, dijo el portero. El correo fue a comunicárselo al monarca y éste le dijo: Volved al monasterio y decid a los monjes que quien llega es el Conde de Barcelona. Para el conde sí se abrieron las puertas del monasterio.