Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de complicadas redes de información que son o fueron procesadas por mi cerebro.Y esa información procesada depende de todas las experiencias que he tenido en la vida. Dependerá del lugar donde crecí, de lo que aprendí cuando era chico, de los países que visité, porque todas esas cosas van a moldear mis circuitos neuronales, manifiesta el neurocientífico Dean Vincent Buonomano.
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miércoles, 30 de julio de 2025
Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de redes de información procesadas por mi cerebro
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viernes, 24 de diciembre de 2021
La noción que Felipe II era un rey enclaustrado es pura leyenda
| Felipe II |
Felipe II fue, después de su padre, el emperador, el monarca más viajero de la historia de España. Fernando e Isabel habían recorrido extensamente los reinos españoles. Fernando conocía también el Mediterráneo e Italia. Pero Felipe los superaba a ambos en la suma total de sus viajes por la Península y Europa occidental. Ningún soberano de la época viajó más que él. En comparación, los monarcas coetáneos más prominentes, como Isabel de Inglaterra y Enrique IV de Francia, nos parecen verdaderamente sedentarios. No existe ningún dirigente español de los tiempos modernos (salvo el emperador Carlos V) que tuviera mayores conocimientos directos sobre la geografía, la topografía, la meteorología y el entorno humano del norte de Italia, Europa central, Renania, los Países Bajos e Inglaterra; todos ellos territorios clave del panorama político europeo. Cuando pedía a artistas como Wijngaerde que dibujaran paisajes urbanos, solían ser ciudades que conocía personalmente y que había visitado por lo menos una vez. ¿Qué otro soberano europeo podía, al igual que él, ofrecer un juicio informado sobre las vistas de Londres, Amsterdam o Milán? De todas las grandes naciones, la única que no recorrió fue Francia, aunque efectuó breves visitas a su costa mediterránea. Había conversado cara a cara, y en sus propios países y su propio entorno, con los príncipes protestantes que apoyaban la reforma alemana, con los líderes de la nobleza neerlandesa y con la princesa Isabel de Inglaterra. Pocos jefes de Estado han tenido el privilegio de conocer de cerca, e incluso íntimamente, a aquellos que en un momento dado habían de convertirse en sus más feroces enemigos. Felipe los conocía a todos. La noción de un rey deseoso de encerrarse en España es pura leyenda.
| Felipe II |
Las múltiples imágenes del rey, omnipresente en todos los torneos de caza en la Selva Negra o en los bosques de Baviera, en los bailes de Binche, Milán y Barcelona, en las justas del gran patio del palacio de Westminster o del castillo de Mariemont, a bordo de embarcaciones por los ríos Rin y Danubio, en las comidas campestres de Hampton Court o de los lagos de Valencia, se contradicen con la idea ampliamente aceptada de un monarca que deseaba huir del mundo para enterrarse en el Escorial, sumergirse en su trabajo y negarse a sí mismo los placeres mundanos. La noción de un rey sombrío y melancólico contrasta tan abiertamente con los documentos disponibles que cabe desconfiar de los autores que no solo evitan citar dichos documentos, sino que, además, hacen aserciones carentes de fundamento.Siempre estaba activo. Al igual que a sus antepasados los Reyes Católicos, le gustaba viajar.La imagen de un rey enclaustrado es simplemente una leyenda.
domingo, 31 de octubre de 2021
Los cristianos siempre ayudaron a los pobres con indiferencia de su filiación religiosa
San Cipriano (falleció en el año 304) llamaba a los seguidores de Cristo a alimentar a los enfermos y dar sepultura a los fallecidos. Debemos recordar que la época de las persecuciones intermitentes contra los cristianos aún no había concluido, de ahí que la petición que el gran obispo hacía a los cristianos era la de ayudar a quienes en algún momento los habían perseguido. San Cipriano insistía que “si sólo hacemos el bien a quienes nos lo hacen a nosotros, ¿podemos considerarnos mejores que los infieles y publicanos? Si somos hijos de Dios, cuyo sol ilumina el bien y el mal, y envía la lluvia sobre los justos y los injustos, hemos de demostrarlo con nuestros actos, bendiciendo a quienes nos maldicen y haciendo el bien a quienes nos persiguen”. En el caso de Alejandría, que también padeció la plaga del siglo III, el obispo cristiano Dionisio relata que los paganos “arrinconaban a los que caían enfermos y se alejaban incluso de sus amigos más queridos, arrojaban en los caminos a los moribundos y allí los dejaban, tratándolos con profundo desprecio cuando morían y sin darles sepultura”. También describe que muchos cristianos “no se abandonaban los unos a los otros, sino que permanecían unidos y visitaban a los enfermos, sin pensar en el peligro que corrían, para ocuparse de ellos asiduamente… atrayendo sobre sí la enfermedad de sus vecinos y dispuestos a aceptar la carga de los sufrimientos de quienes los rodeaban”. San Efrén, un eremita de Edessa, es recordado por su heroísmo cuando el hambre y la peste asolaron la infortunada ciudad. No sólo coordinó la colecta y la distribución de limosnas sino que creó hospitales, atendió a los enfermos y se ocupó de los muertos. Cuando una nueva hambruna cayó sobre Armenia durante el reinado de Maximiano, los cristianos ayudaron a los pobres con indiferencia de su filiación religiosa.
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