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miércoles, 6 de mayo de 2026

Appen

Mucho antes de que Google Translate, Siri o ChatGPT fueran nombres conocidos por todos, Appen ya estaba ayudando a construir los sistemas que nos permiten hablar con nuestros ordenadores. Fundada en Sídney en 1996, Appen se convirtió en líder del mercado en la venta de datos que se utilizarían para ayudar a las computadoras a "aprender" un idioma mediante el reconocimiento de patrones en texto o voz.Cuando un usuario de iPhone le pide a Siri que configure un recordatorio, el proceso parece totalmente automatizado. En realidad, este diálogo solo es posible porque empresas como Appen han suministrado a Apple material producido tras incontables horas de trabajo manual realizado por trabajadores eventuales mal pagados. Los trabajadores de Appen, muchos de ellos radicados en países más pobres, ayudaron a la empresa a crear un extenso catálogo de conjuntos de datos de texto y voz. Estos se vendieron posteriormente a empresas que desarrollaban software capaz de procesar, traducir y transcribir el lenguaje humano. Estas tecnologías también han sido de gran interés para el gobierno estadounidense, que durante décadas ha invertido cientos de millones de dólares en programas de investigación lingüística. (De hecho, el asistente de voz Siri de Apple tiene su origen en un proyecto de investigación militar).
Appen es solo una de las muchas empresas que proporcionan datos de entrenamiento a las compañías tecnológicas más poderosas del mundo. Estos proveedores de datos, aunque poco conocidos fuera del sector, desempeñan un papel crucial en el auge de la IA. Dan empleo a millones de trabajadores independientes como Ismail, que saben poco sobre los sistemas que desarrollan y, a menudo, reciben una remuneración baja por su trabajo. La Asociación de Etiquetadores de Datos, fundada en Kenia el año pasado, afirma que estos trabajadores, a quienes denomina "los arquitectos invisibles que dan forma al futuro de la tecnología", también se enfrentan a contratos precarios, problemas de salud mental y oportunidades de crecimiento limitadas.

Referencia: The Bureau of Investigative Journalism. Reporteros: Niamh McIntyre, Edwin Okoth y Cam Wilson.

miércoles, 30 de julio de 2025

Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de redes de información procesadas por mi cerebro

Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de complicadas redes de información que son o fueron procesadas por mi cerebro.Y esa información procesada depende de todas las experiencias que he tenido en la vida. Dependerá del lugar donde crecí, de lo que aprendí cuando era chico, de los países que visité, porque todas esas cosas van a moldear mis circuitos neuronales, manifiesta el neurocientífico Dean Vincent Buonomano.

domingo, 15 de junio de 2025

Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado

“Gran parte del siglo XX fue desperdiciado en intentos fútiles de hacer que la planificación central sustituya a los precios del libre mercado. Sin embargo, hacia finales de siglo, país tras país, incluyendo países con gobiernos socialistas y comunistas, ya habían, en gran medida, dejado atrás dichos intentos. Cuando las decisiones económicas salen de las manos de los individuos que operan en un mercado y se ponen en las de expertos de comisiones planificadoras y otras por el estilo, esto suele verse como la transferencia de poder en la toma de decisiones de aquellos con menos conocimiento a aquéllos con más conocimiento, pero, en la mayoría de los casos, se trata en realidad de una transferencia de poder a expertos con menos conocimiento y mayor arrogancia. Los mediocres resultados de la planificación central, que provocó que muchas naciones los dejaran de lado hacia finales del siglo pasado, es algo fácil de entender si se tiene en cuenta la dificultad de procesar el tipo de conocimiento que la habría hecho efectiva”, manifiesta Thomas Sowell que es economista y miembro distinguido de la Hoover Institution de la Universidad Stanford. 

lunes, 22 de junio de 2020

Oír, interpretar y componer música es algo en lo que intervienen casi todas las áreas del cerebro



La música, escribe Daniel J. Levitin, se distribuye por todo el cerebro, en contra de la antigua idea de que el arte y la música se procesan en el hemisferio derecho, mientras que el lenguaje y las matemáticas se procesan en el izquierdo. "A través de estudios con individuos que padecen lesiones cerebrales, hemos visto pacientes que han perdido la capacidad de leer un periódico pero aún pueden leer música, o individuos que pueden tocar el piano pero carecen de la coordinación motriz precisa para abotonarse la chaqueta. Oír, interpretar y componer música es algo en lo que intervienen casi todas las áreas del cerebro que hemos identificado hasta ahora, y exige la participación de casi todo el subsistema neuronal".


martes, 24 de marzo de 2020

Existe un software que permite que las llamadas sean clasificadas y separadas para recibir un trato diferenciado


Existe un software para las empresas que necesitan procesar las llamadas entrantes. Este software permite que los que llaman sean clasificados y separados para recibir un trato diferenciado, de acuerdo con la posibilidad que presentan (o no) de mejorar los beneficios de la compañía. Los individuos que llaman y que parecen prometedores son puestos en espera pero atendidos casi inmediatamente por operadores seniors con poder para tomar decisiones en el acto. En el otro extremo, aquellos que no resultan prometedores esperará quizá para siempre, recibiendo mensajes repetitivos y aburridos intercalados entre músicas repetidas ad nauseam y con promesas grabadas de ser conectados con el primer operador disponible. Si el intruso sobrevive al trato y a la burla que esto implica, y se niega a colgar, él o ella será conectado con un operador de bajo rango sin poder alguno para resolver el problema que motivó la llamada, que suele ser una reclamación.

martes, 30 de octubre de 2018

Cada uno de nuestros movimientos como consumidores generan páginas de datos sobre nosotros.

Gracias a las empresas de extracción de datos cada vez que hacemos una búsqueda en Google, escribimos en el muro de un amigo en Facebook, pasamos nuestra tarjeta de crédito, descargamos una canción, consultamos una dirección en nuestro móvil o compramos en la tienda de comestibles de la esquina, un recopilador de datos invisible nos sigue los pasos, registra toda la información, la procesa y analiza, para luego venderla a minoristas y empresas de marketing. Es más, el sector de la extracción de datos está creciendo un 10 por ciento anual. Gracias a las tecnologías como el GPS integrado en los teléfonos inteligentes, los acuerdos de licencia que firmamos cada vez que descargamos programas en el ordenador, el spyware comercial que rastrea y registra todas las páginas web que visitamos, y algoritmos y modelos informáticos cada vez más sofisticados para analizar toda esa información, hoy en día todos y cada uno de nuestros movimientos como consumidores generan más páginas de datos que nunca.


Los códigos de barras de aspecto inocente de estos omnipresentes descuentos de Internet están codificados con un montón de información sobre nosotros, entre otras cosas la dirección IP del ordenador, todo lo que escribimos en el perfil y los posts de Facebook, la fecha y la hora en que obtuvimos y canjeamos el descuento, la tienda en la que lo usamos, si encontramos el vale en Internet e, incluso, los términos de búsqueda que usamos para localizarlo. Y por si esto fuera poco, cada vez más vendedores están cruzando esta información con otra que guardan en sus bases de datos, como la edad aproximada, el sexo, los
ingresos, el historial de compra, qué páginas web visitamos últimamente y nuestra ubicación en tiempo real, creando así un perfil tan complejo y detallado que impresionaría a un miembro de la CIA, dice Martin Lindstrom.

Un experto cree que vía el código de barras de un simple vale de móvil podrían transmitirse unos 15 datos, que van desde qué término de búsqueda escribió el usuario, a su dirección o dónde estaba cuando descargó el vale (gracias a que los teléfonos están equipados con GPS).

jueves, 25 de enero de 2018

Nuestro cerebro es capaz de aprender a extraer las reglas y estructuras de cualquier música cuando somos niños.


Daniel Joseph Levitin 
El psicólogo, neurocientifico, escritor, músico, y productor de discos Daniel Joseph Levitin en su libro “El cerebro musical” dice que si de pequeños somos capaces de aprender cualquier lengua con la que estemos en contacto, también nuestro cerebro es capaz de aprender a extraer las reglas y estructuras de cualquier música con la que entremos en contacto a una edad suficientemente temprana. Eso no significa que no podamos aprender otras lenguas o apreciar otras músicas más adelante, pero cuando nos las encontramos de pequeños, aprendemos a procesarlas de una forma natural porque el cerebro se conecta literalmente por sí solo a los sonidos de estas primeras experiencias.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Tiempo de reacción.

Cuenta Sebastian Junger que los tiempos de reacción han sido objeto de numerosos estudios en situaciones controladas y se ha demostrado que los hombres poseen un tiempo de reacción más rápido que las mujeres, y que los atletas reaccionan más deprisa que quienes no lo son.

Pruebas realizadas a jugadores de fútbol demuestran que el “punto de no retorno” para el chute de un penalti (cuando el jugador que va a golpear la pelota ya no puede cambiar de idea sobre la dirección en que mandará el balón) está cerca del cuarto de segundo. Dicho de otro modo, si el portero espera hasta que el pie del que chuta está a menos de un cuarto de segundo de la pelota y entonces se lanza en una dirección, el que lanza el penalti ya no dispone de tiempo suficiente para ajustar el golpe.




Los procesos neurológicos en una de las zonas más primitivas del cerebro, la amígdala cerebral, dice Junger, se producen a tantísima velocidad que podría decirse que compiten con las balas. La amígdala puede procesar una señal auditiva en quince milisegundos, el tiempo que tardaría una bala en recorrer unos nueve metros. La amígdala es rápida, pero muy limitada, solo puede provocar un reflejo y esperar a que el pensamiento consciente lo recoja. Es lo que se conoce como “reacción de alarma” e incluye movimientos de protección válidos para casi cualquier . Cuando sucede algo inesperado y que nos asusta, todo el mundo hace exactamente lo mismo, parpadear, agacharse, doblar los brazos y apretar los puños. La cara adopta también una expresión conocida como mueca de miedo. Las pupilas se dilatan, los ojos se abren exageradamente, la frente se levanta y la boca se echa para dentro y hacia abajo.