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domingo, 12 de julio de 2026

Dios no envía a la gente al infierno

Mucha gente cree que es Dios quien nos envía al infierno. Sin embargo, eso no es cierto. Dios no envía a la gente al infierno; es la propia gente la que voluntariamente y seducida por el demonio decide ir allí. Cuando las personas eligen separarse de Dios, al rechazar su salvación eterna, se dirigen al infierno.Dios respeta el libre albedrío y nos permite siempre aceptarle o rechazarle. Dios nos permite tomar nuestras propias decisiones, incluso si éstas traen una separación de Él. Dios ha dado a todas las personas la libertad de elegir su destino en el más allá y espera que elijamos el cielo en lugar del infierno.Nadie puede ganar el cielo por sus fuerzas y nadie puede ser tan malo como para estar fuera del alcance de la gracia y de la misericordia de Dios. La fe y las obras serán muy importantes cuando uno se encuentre en el juicio final.
Las representaciones del infierno en la cultura popular a menudo lo muestran como un lugar bajo tierra lleno de fuego, donde la gente sufre físicamente. Sin embargo, la Biblia en realidad no dice dónde está ubicado el infierno y se centra más en el sufrimiento espiritual que en el sufrimiento físico.
Una  creencia común es que Satanás gobierna en el infierno. Sin embargo, la Biblia no apoya esta idea. Satanás no es el amo del infierno, sino un ser condenado que compartirá castigo con el resto de las personas que allí se encuentren.El infierno es un lugar de castigo para Satanás y sus seguidores, pero no su reino. La Biblia no dice que el diablo sea el gobernante del infierno. Simplemente dice que es "el príncipe de este mundo" (Juan 12:31) y "el dios de este siglo" (2 Corintios 4:4).Satanás no gobierna el infierno pero sufre allí junto con todos los seres que no aceptan el amor de Dios.

sábado, 14 de marzo de 2026

En el hombre la libertad es la facultad de la voluntad de conducirse rectamente por amor a la rectitud


La filósofa Victoria Camps cuenta que “la libertad no se define por el poder de pecar o no pecar. Su modelo es la libertad divina. En el hombre es la facultad de la voluntad de conducirse rectamente por amor a la rectitud. Esa razón de libertad define su naturaleza, que no puede perderse. Lo contrario sería una libertad sin la razón de ser libertad. El hombre libre pudo no haber pecado. Después del pecado no pierde el libre albedrío, pero es inoperante sin la gracia. La voluntad de rectitud y justicia, perdida, no se recupera a voluntad. La voluntad para la rectitud no se puede perder, es la esencia misma de la voluntad. Ningún impedimento exterior afecta a la naturaleza de la voluntad, que será siempre voluntad. Nada ni nadie, ni Dios mismo, puede hacer desaparecer el querer la verdad-rectitud-justicia, porque ello equivaldría a hacer que la voluntad no fuera voluntad. O querer Dios que la voluntad quiera otra cosa distinta de la que quiso que quisiera al hacerla voluntad (De li. arb., 8). Lo que la voluntad pierde lo hace voluntariamente, no a pesar suyo. Quien por librarse de morir miente, no miente por necesidad. El hombre torturado a la fuerza nunca podrá ser forzado a querer ser torturado.”
“La voluntad está sobre la tentación, aunque sea vencida por ésta. Cuando la voluntad quiere el pecado traiciona la rectitud, se aparta de la justicia y queda imposibilitada para recuperarla por sí misma. Así como ninguna voluntad.”

jueves, 12 de marzo de 2026

El libre albedrío

El libre albedrío es necesario para que una acción sea buena, pero también para que sea mala y, a fin de cuentas, para que cualquiera de las dos sea responsable. Benedicto XVI observa que Carlos Marx “ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado”. El libre albedrío produce progreso, pero el progreso, en palabras de Theodore Adomo solo “va de la honda a la superbomba”.
Muchas personas están que más felices de renunciar a la responsabilidad que conlleva la acción libre. “Nada es más insoportable para los hombres y la sociedad que la libertad”, afirmó un personaje de Dostoievski. El escritor hindú Sri Aurobindo dijo que “el mundo entero aspira a la libertad; sin embargo, cada criatura ama sus cadenas”. El filósofo Paul Claudel afirma que “ Dios mio, soy libre.Libérame de la libertad”.
Cuanto más auténticamente libre es el hombre, mayor es su certeza de Dios. Cuando soy auténticamente libre, tengo la certeza de que no soy libre por mi mismo…La libertad del hombre le abre, junto con la incertidumbre de su ser,  oportunidad de convertirse en lo que auténticamente puede ser, escribe Karl Jaspers.
El neurocientífico Vilayanur Ramachandran comenta que “es posible que nuestras mentes conscientes no tengan el libre albedrío, pero al parecer si lo tienen para elegir qué no”.


miércoles, 27 de agosto de 2025

Virtud y fama

Para Ramón Lull y para los maestros de la escuela de Salamanca el ser humano, dotado de razón y libre albedrío, tiene capacidad para conocer y merecer. Según Alberto Tenenti el ser humano está dotado de tres y no de dos dimensiones, ya que al cuerpo y al alma hemos de sumar el tiempo, que es un regalo de duración indefinida que hace Dios al hombre. Durante su existencia el hombre está en condiciones de desarrollar sus potencias sumisas, convirtiéndolas en virtudes. La virtud se practica con la vida; al termino de esta se convierte en fama. Es lo que Jorge Manrique o Cervantes con más empeño tratarán de defender.
Para España estos dos términos, virtud y fama, se llenan de sentido y eficacia. Lull sostiene sostiene que si la razón y la fe salen de las manos de Dios no puede haber entre ambas incompatibilidad, de modo que la meta de una y la otra persiguen es exactamente la misma, conquista de la Verdad, que es lo único que puede hacer libre.

miércoles, 30 de julio de 2025

Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de redes de información procesadas por mi cerebro

Mis decisiones, mi libre albedrío, es consecuencia de la gestión de complicadas redes de información que son o fueron procesadas por mi cerebro.Y esa información procesada depende de todas las experiencias que he tenido en la vida. Dependerá del lugar donde crecí, de lo que aprendí cuando era chico, de los países que visité, porque todas esas cosas van a moldear mis circuitos neuronales, manifiesta el neurocientífico Dean Vincent Buonomano.

viernes, 18 de julio de 2025

Todos cometemos errores

Todos cometemos errores. Es normal que luego suframos la consecuencia de esa acción. Lo importante es que siempre habrá distintas opciones en donde podremos poner en acción nuestro libre albedrío. Puedes sumergirte en el dolor de tus malas decisiones o aprender, levantarte y seguir adelante.


jueves, 28 de marzo de 2024

El hombre que sufre ya no es el hombre, sino el mismo Dios, Jesús.

¿Qué es, pues, el hombre para la antropología cristiana medieval? La criatura de Dios. La naturaleza, la historia, el destino del hombre se conocen en primer lugar por el libro del Génesis, el primero del Antiguo Testamento. El sexto día de la creación Dios hizo al hombre y le confirió explícitamente el dominio sobre la naturaleza, la flora y la fauna que le proporcionarían su alimento. El hombre medieval tiene la vocación de ser señor de una naturaleza desconsagrada, de la tierra y de los animales. Pero Adán, instigado por Eva, seducida a su vez por la serpiente, esto es, por el mal, cometió el pecado. Dos seres habitan ya en él, el que fue hecho a imagen y semejanza de Dios y el que, habiendo cometido el pecado original, fue expulsado del Paraíso Terrenal y condenado al sufrimiento (que se concreta en el trabajo manual para el hombre y en los dolores del parto para la mujer), a la vergüenza ( por el tabú de la desnudez de los órganos sexuales), y a la muerte.

En la Alta Edad Media, Job es sin duda el modelo bíblico en el que la imagen del hombre está mejor encamada. La fascinación del personaje del Antiguo Testamento fue tanto mayor por cuanto el comentario al Libro de Job, los Moralia in Job del papa Gregorio Magno (590-604), fue uno de los libros más leídos por los clérigos. Job es el hombre que debe aceptar la voluntad de Dios sin buscar otra justificación aparte del arbitrio divino. Es menos pecador que cualquier otro hombre, “era un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job, 1,1). Durante mucho tiempo, anonadado por las pruebas que le envía Dios, no comprende y constata que el hombre “consume sus días sin esperanza”, y que su vida es solo “viento”. Finalmente renuncia a cualquier reivindicación.“¿Cómo, pues, puede justificarse el hombre ante El? ¿Cómo puede ser puro el nacido de mujer? La luna misma no brilla, ni son bastante puras las estrellas a sus ojos. ¡Cuánto menos el hombre, un gusano; el hijo del hombre, un gusanillo!” (Job, 25, 4-6). La iconografía medieval, tan reveladora como formadora en el campo de lo imaginario, no conoce la historia de Job, en general, más que los episodios de su humillación ante Dios, y la imagen preferida es la de Job roído por las úlceras en su estercolero. La pintura medieval hace de Job ese desecho de hombre que es un leproso.

El hombre que sufre ya no es el hombre, sino el mismo Dios, Jesús. Y la imagen que sobresale en el siglo XV es la de Jesús con el manto de púrpura y la corona de espinas del escarnio, como Pilatos lo muestra a la multitud, diciendo, según el Evangelio de San Juan Ecce homo,“ahí tenéis al hombre”. Este hombre de un momento excepcional de la historia humana es ya la figura simbólica del hombre que sufre, del hombre humillado, pero divino. Y el gran misterio de la historia que durante todo el Medievo los teólogos se han esforzado en explicar es por qué Dios aceptó, decidió hacerse hombre y humillarse en Cristo. Aceptar o rechazar la gracia que lo salvaría, ceder o resistir al pecado que lo condenaría, eso es lo que concierne al hombre que obra según su libre albedrío.
Referencia: El hombre medieval  de Jacques Le Goff




jueves, 7 de marzo de 2024

Remordimiento y esperanza son palabras que distinguen el pasado del futuro

Nuestra propia experiencia subjetiva del pasado es completamente distinta de la del futuro. Recordamos el pasado y no recordamos el futuro. Nuestra conciencia de lo que puede ocurrir es de índole distinta de nuestra conciencia de lo que probablemente haya ocurrido. Desde un punto de vista psicológico, el pasado y el futuro son completamente distintos, con conceptos tales como memoria y aparente libre albedrío, en el sentido de que creemos poder hacer algo para influir sobre los acontecimientos futuros, mientras que nadie, o casi nadie, cree que pueda hacerse algo que afecte al pasado. Remordimiento y esperanza son palabras que distinguen perfectamente el pasado del futuro, escribe Richard Feynman, premio Nobel de Física.

lunes, 15 de enero de 2024

Un demonio se convierte en lo que es a través de un ejercicio de libertad

Rémi Brague, profesor emérito de Filosofía Medieval en la Sorbona de París y de Historia del Cristianismo Europeo en la Ludwig-Maximilians-Universität München, escribe que “según la teología los demonios son ángeles caídos. Los ángeles fueron creados por Dios como espíritus puros y sin cuerpo, pero tuvieron que decidir justo después de su creación si se mostrarían agradecidos hacia Dios o soñarían con la independencia de su Creador. Un demonio se convierte en lo que es, un ángel malo y caído, a través de un ejercicio de libertad, de la misma manera que los ángeles buenos se distinguen de los apóstatas solo por el hecho de que aceptan libremente el amor creador de Dios. Esto sucedió en una decisión libre que tuvo lugar en un instante, pero que los convirtió para siempre en lo que son. El diablo no se engendró a si mismo, en contra de la desfachatez que Satanás profiere en la obra de Milton. Como todo ángel es una criatura de Dios, pero se convierte en lo que es, en un  demonio, a través de un acto de libre albedrío, tal como los ángeles buenos eligen libremente obedecer a Dios”.

jueves, 4 de enero de 2024

La libertad puede vencer esa tendencia al mal

San Agustín distingue alma espiritual y cuerpo material (y mortal). El cuerpo no es, como en Platón, la cárcel del alma, pero esta ha sido afectada por una tendencia al mal a causa del pecado original. Esto significa que el cuerpo tiene más fuerza de obligar de lo que en principio debiera tener según los planes originales del Creador. No obstante, eso no significa que seamos esclavos de las pasiones y deseos del cuerpo. Para san Agustín la libertad puede vencer esa tendencia al mal que se deriva de esa extraordinaria tiranía del cuerpo (o esa debilidad del alma, como se quiera ver). Pero esa libertad subjetiva de cada cual (el libre albedrío) necesita de una ayuda, de una fuerza suplementaria que actúe en sentido contrario de esa fuerza de obligar del cuerpo, la gracia. Pero no se puede estar en gracia de Dios si desde el fondo último de la libertad de cada cual no proviene una intención clara, inequívoca y auténticamente esforzada por hacer lo correcto, por no dejarse vencer por las tentaciones. Lo bueno y lo malo son asuntos de la voluntad y no del conocimiento/ignorancia (frente al intelectualismo moral de Sócrates, Agustín considera que se puede hacer el mal completa y perfectamente a sabiendas). A diferencia de lo que pensaban los maniqueos, no existe un principio tiránico del mal. El mal es una privación, una ausencia, un defecto, un no-ser. Pero un no-ser del que se puede tener perfecta conciencia de su maldad. 

domingo, 22 de enero de 2023

Poder obrar mal es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad

Dios, al crear, ha dejado impresas en las cosas la huella de su creación, especialmente en el ser humano, hecho a su imagen y semejanza. En el hombre se manifiesta ese rastro divino en su deseo de Dios. Fiel a la tradición neoplatónica, san Agustín pondrá el fin del hombre en el retorno al Ser del que procede. La novedad de su planteamiento es que en ese retorno interviene la libertad. La libertad es el buen uso del libre albedrío. Poder obrar mal, piensa, es señal de que tenemos libre albedrío, pero poder no hacerlo es signo de libertad.

martes, 13 de diciembre de 2022

No sabemos como surge la mente

No sabemos cómo se transforman los fenómenos físicos en experiencias mentales (los sentimientos y las sensaciones, llamadas qualia por los filósofos, que aportan los elementos de la conciencia). Tampoco sabemos cómo, a partir de toda la diversidad de esas experiencias, surge la mente, esa realidad con propiedades unitarias como el libre albedrío y la conciencia de sí mismo que persisten a lo largo de la vida de un individuo.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Dios ve todo en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad

En el libro de Boecio De consolatione philosophiae, que Dante sin duda leyó o releyó, como leyó o releyó toda la literatura de la Edad Media. Boecio, llamado el último romano, el senador Boecio, imagina un espectador de una carrera de caballos. El espectador está en el hipódromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera es, previsiblemente, Dios. Dios ve toda la carrera, ve en un solo instante eterno, en su instantánea eternidad, la partida de los caballos, las vicisitudes, la llegada. Todo lo ve de un solo vistazo y de igual modo ve toda la historia universal. Así Boecio salva las dos nociones, la idea del libre albedrío y la idea de la Providencia. De igual modo que el espectador ve toda la carrera y no influye en ella (salvo que la ve sucesivamente), Dios ve toda la carrera, desde la cuna hasta la sepultura. No influye en lo que hacemos, nosotros obramos libremente, pero Dios ya sabe, Dios ya sabe en este momento, digamos, nuestro destino final. Dios ve así la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad. (Siete noches de Jorge Luis Borges)


miércoles, 10 de agosto de 2022

Lo que importa es la libertad


Para el filósofo francés Luc Ferry lo que es moral o inmoral tiene que ver con la libertad de elección, aquello a lo que los filósofos denominarán libre albedrío y no con los talentos naturales. Puede que esto parezca secundario o evidente. En su tiempo era algo literalmente inaudito, porque al abrirse paso esta idea, el mundo entero se tambaleó. El cristianismo nos sacó de un universo aristocrático y nos llevó hacia la meritocracia, es decir, hacia un mundo que valorará, en primer lugar y sobre todo, no las cualidades naturales de partida, sino los méritos que cada cual despliegue al hacer uso de ellos.

La dignidad es la misma en todos los seres humanos, sean cuales fueren las desigualdades de hecho, y que lo que importa es la libertad y no los talentos naturales. Existe una prueba indiscutible de que los talentos heredados de la naturaleza no son intrínsecamente virtuosos, que no hay nada de moral en ellos y es que todos, sin excepción, pueden utilizarse tanto para el bien como para el mal. La fuerza, la inteligencia, la memoria, etcétera, todos los dones que se obtienen en el momento del nacimiento son, ciertamente, cualidades, pero no en el plano moral, pues todos ellos pueden ponerse al servicio de lo mejor o de lo peor. Sólo se puede decir que es virtuoso el uso que se haga de ellos como, por otro lado, pone de manifiesto una de las parábolas más célebres de los evangelios, la parábola de los talentos. Puedes elegir hacer el uso que quieras de tus talentos naturales, bueno o malo. Pero es ese uso el que será moral o inmoral, no los talentos en sí.

viernes, 31 de diciembre de 2021

¿Por que el hombre es capaz de reinar sobre el mundo y ejercer esa soberanía?


El hombre es una imagen de Dios sobre la tierra. El verdadero problema filosófico es saber porque el hombre es capaz de reinar sobre el mundo y ejercer esa soberanía. Porque el hombre es libre, mientras que los demás seres no lo son. ¿Cuales son las raíces de esta libertad? Estas se encuentran en su inteligencia y su razón, que le permiten dirigirse y elegir, y por otra parte lo disponen a las influencias de las virtudes y gracias divinas. San Bernardo hace del libre albedrío la imagen por excelencia de Dios, pues siendo tal su naturaleza que no se le puede disminuir sin destruirlo, está en nosotros como una perfección inamisible, eterna en cierto modo, y semejante a la de Dios mismo.

lunes, 27 de diciembre de 2021

La voluntad siempre puede elegir

Todos los pensadores cristianos concuerdan que en declarar el libre albedrío es, después del pecado original, lo que era antes de cometerlo. San Bernardo insiste con fuerza sobre la “integridad” del querer en el estado de la naturaleza caída en desgracia, y Santo Tomás llama natural esa libertad que nada puede hacer perder al hombre. Solo puede desaparecer con la voluntad, es decir, con el hombre mismo. Puesto que la voluntad siempre puede elegir, puede elegir bien o mal, sin que la calidad buena o mala de su elección afecte en lo más mínimo la libertad de su acto. 
El hombre es libre porque puede equivocarse sobre la naturaleza de su fin o sobre la de los medios que la preparan. Sin los errores de su razón, siempre sabría lo que hay que hacer; sin los desmayos de su voluntad, escribe Etienne Gilson, jamás rehusaría hacerlo, y tanto esos errores como esos desmayos son índices de su libre albedrío.



domingo, 14 de julio de 2019

Los humanos tienen libre albedrío


Los liberales valoran tanto la libertad individual porque creen que los humanos tienen libre albedrío. Según el liberalismo, las decisiones de votantes y clientes no son deterministas ni aleatorias. La gente está, desde luego, influida por fuerzas externas y acontecimientos azarosos, pero al final del día cada uno puede agitar la varita mágica de la libertad y decidir las cosas por sí mismo. Esta es la razón por la que el liberalismo concede tanta importancia a votantes y clientes, y nos enseña a seguir los dictados de nuestro corazón y a hacer lo que hace que nos sintamos bien. Es nuestro libre albedrío lo que infunde sentido al universo, y, puesto que ningún desconocido puede saber cómo nos sentimos en verdad o predecir con seguridad nuestras decisiones, no debemos confiar en ningún Gran Hermano que se ocupe de nuestros intereses y deseos.

martes, 11 de junio de 2019

Las elecciones y los referéndums tratan de lo que sentimos


 El rey Juan Carlos, Felipe González y Margaret Thatcher 
Margaret Thatcher dijo que “no existe tal cosa como la sociedad. Existe un tapiz vivo de hombres y mujeres, y la calidad de nuestra vida depende de lo mucho que cada uno esté preparado para responsabilizarse de sí mismo”.

Las elecciones y los referéndums no tratan de lo que pensamos. Tratan de lo que sentimos. Y cuando la cosa va de sentimientos, Einstein no  es mejor que cualquier hijo de vecino. La democracia da por sentado que los sentimientos humanos reflejan un “libre albedrío” misterioso y profundo, que este “libre albedrío” es el origen último de la autoridad, y que mientras que algunas personas son más inteligentes que otras, todos los humanos son igualmente libres. Como Einstein, una sirvienta analfabeta también tiene libre albedrío, de modo que el día de las elecciones sus sentimientos (representados por su voto) cuentan tanto como los de cualquier otra persona.

Professor Yuval Noah Harari
Dice Yuval Noah Harari que esta confianza en el corazón puede ser el talón de Aquiles de la democracia liberal. Porque una vez que alguien (ya sea en Pekín o en San Francisco) disponga de la capacidad tecnológica de acceder al corazón humano y manipularlo, la política democrática se transformará en un espectáculo de títeres emocional.

domingo, 24 de febrero de 2019

Lo intrínsecamente imposible no es una cosa, sino una no entidad.

La omnipotencia divina significa un poder capaz de hacer todo lo intrínsecamente posible, no lo intrínsecamente imposible. Podemos atribuir milagros a Dios, pero no debemos imputarle desatinos. Eso no significa poner límites a Su poder. Para Dios, dice Lewis, son posibles todas las cosas, pues lo intrínsecamente imposible no es una cosa, sino una no entidad. Realizar dos alternativas que se excluyen mutuamente no es más posible para Dios que para la más débil de Sus criaturas. Y ello no porque su poder encuentre obstáculo alguno, sino porque un sinsentido no deja de ser sinsentido por ponerlo en relación con Dios.

Tal vez, continua Lewis, fuera posible imaginar un mundo en el que Dios corrigiera los continuos abusos cometidos por el libre albedrío de Sus criaturas, de suerte que la viga de madera se tornara suave hierba al emplearla como arma, o que el aire se negara a obedecer cuando intentáramos emitir ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos. En un mundo así sería imposible cometer acciones erróneas, pero eso supondría anular la libertad de la voluntad. Más aún, continua Lewis, si lleváramos el principio hasta sus últimas consecuencias, resultarían imposible los malos pensamientos, pues la masa cerebral utilizada para pensar
se negaría a cumplir su función cuando intentáramos concebirlos. La materia cercana a un hombre malvado estaría expuesta a sufrir alteraciones imprevisibles. Una de las convicciones más arraigadas de la fe cristiana es la creencia en el poder que Dios posee (ejercido en ocasiones) de modificar el comportamiento de la materia y realizar los llamados milagros. La genuina concepción de un mundo común y estable exige, no obstante, que las ocasiones señaladas sean extraordinariamente infrecuentes.

Si tratáramos de excluir el sufrimiento, o la posibilidad del sufrimiento que acarrea el orden natural y la existencia de voluntades libres, descubriríamos que para lograrlo sería preciso suprimir la vida misma.

domingo, 13 de enero de 2019

El pecado original no borrado por la regeneración bautismal no merece una condenación eterna.


Sin el bautismo se nos privaría, al final de la vida, de la “visión intuitiva” de Dios a la que estábamos invitados. Pero no apaga en el hombre común todo sentimiento bueno, todo conocimiento de Dios, todo uso correcto del libre albedrío, dice el profesor Jean Delumeau. El pecado original no borrado por la regeneración bautismal no merece una condenación eterna. Es en nosotros la menor de las faltas. De esta forma, los niños fallecidos sin bautismo, ciertamente privados de la presencia de Dios, pero ignorándolo, no acusan una carencia que, ante nuestros ojos solamente, constituye un grave perjuicio. “Ellos poseen, sin dolor, los bienes naturales”. Una cierta aminoración del pecado original lleva a Santo Tomás, de modo lógico, a una visión relativamente amplia sobre la salvación de los infieles, opinión también compartida por otros doctores escolásticos como San Alberto Magno y San Buenaventura.