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domingo, 12 de julio de 2026

Dios no envía a la gente al infierno

Mucha gente cree que es Dios quien nos envía al infierno. Sin embargo, eso no es cierto. Dios no envía a la gente al infierno; es la propia gente la que voluntariamente y seducida por el demonio decide ir allí. Cuando las personas eligen separarse de Dios, al rechazar su salvación eterna, se dirigen al infierno.Dios respeta el libre albedrío y nos permite siempre aceptarle o rechazarle. Dios nos permite tomar nuestras propias decisiones, incluso si éstas traen una separación de Él. Dios ha dado a todas las personas la libertad de elegir su destino en el más allá y espera que elijamos el cielo en lugar del infierno.Nadie puede ganar el cielo por sus fuerzas y nadie puede ser tan malo como para estar fuera del alcance de la gracia y de la misericordia de Dios. La fe y las obras serán muy importantes cuando uno se encuentre en el juicio final.
Las representaciones del infierno en la cultura popular a menudo lo muestran como un lugar bajo tierra lleno de fuego, donde la gente sufre físicamente. Sin embargo, la Biblia en realidad no dice dónde está ubicado el infierno y se centra más en el sufrimiento espiritual que en el sufrimiento físico.
Una  creencia común es que Satanás gobierna en el infierno. Sin embargo, la Biblia no apoya esta idea. Satanás no es el amo del infierno, sino un ser condenado que compartirá castigo con el resto de las personas que allí se encuentren.El infierno es un lugar de castigo para Satanás y sus seguidores, pero no su reino. La Biblia no dice que el diablo sea el gobernante del infierno. Simplemente dice que es "el príncipe de este mundo" (Juan 12:31) y "el dios de este siglo" (2 Corintios 4:4).Satanás no gobierna el infierno pero sufre allí junto con todos los seres que no aceptan el amor de Dios.

viernes, 3 de octubre de 2025

Se llama tolerante un individuo cuando soporta sin alterarse las opiniones contrarias a la suya

Escribe Jaime Balmes (1810-1848) que “se llama tolerante un individuo, cuando está habitualmente en tal disposición de ánimo, que soporta sin enojarse ni alterarse las opiniones contrarias a la suya. Esta tolerancia tendrá distintos nombres, según las diferentes materias sobre que verse. En materias religiosas, la tolerancia, así como la intolerancia, pueden encontrarse en quien tenga religión y en quien no la tenga; de suerte que ni una ni otra de estas dos últimas situaciones envuelve por necesidad el ser tolerante ni intolerante. Algunos se imaginan que la tolerancia es propia de los incrédulos y la intolerancia de los hombres religiosos; pero esto es un error. ¿Quién más tolerante que San Francisco de Sales? ¿y quién más intolerante que Voltaire? ….“Rousseau ha dicho que “es imposible vivir en paz con gentes a quienes se cree condenadas”; nosotros no creemos ni podemos creer condenado a nadie, mientras vive; pues que, por grande que sea su iniquidad, todavía son mayores la misericordia de Dios y el precio de la sangre de Jesucristo; y tan lejos estamos de pensar lo que dice el filósofo de Ginebra que “amar a esos tales sería aborrecer a Dios”, que antes bien dejaría de pertenecer a nuestra creencia quien sostuviese semejante doctrina”.
“La tolerancia en un hombre religioso, aquella tolerancia que no dimana de la flojedad en las creencias, y que se enlaza muy bien con un ardiente celo por la conservación y la propagación de la fe, nace de dos principios; la caridad y la humanidad. La caridad, que nos hace amar a todos los hombres, aun a nuestros mayores enemigos; que nos inspira la compasión de sus faltas y errores; que nos obliga a mirarlos como hermanos, y a emplear los medios que estén en nuestro alcance para sacarlos de su mal estado, sin que nos sea lícito considerarlos privados de esperanza de salvación, mientras viven sobre la tierra”..….“La humildad cristiana es la otra fuente de la tolerancia; la humildad, que nos inspira un profundo conocimiento de nuestra flaqueza, que nos hace mirar cuanto tenemos como venido de Dios, que no nos deja ver nuestras ventajas sobre nuestros prójimos, sino como mayores títulos de agradecimiento a la liberal mano de la Providencia; como ha dicho admirablemente Santa Teresa, agrada tanto a Dios, porque la humildad es la verdad, esa virtud nos hace indulgentes con todo el mundo, porque no nos deja olvidar un momento que nosotros, más tal vez que nadie, necesitamos también de indulgencia”.


domingo, 13 de julio de 2025

Existe un odio de los perversos

El cristianismo encarna el mal absoluto en el ángel de las tinieblas. El es quien se ocupa de atizar el mal en el mundo.Pero la habilidad más grande del diablo es hacerse olvidar. Halla en el corazón de los hombres una profunda complicidad. Es así como actúa. Cuando uno tiene miedo al diablo, éste no es peligroso, dice el Mefistófeles de Valery. Cuando Satán se presenta bajo rasgos amables, no se le reconoce. Su mayor destreza es “mostrar a los hombres , en un espejo, sus deseos más ocultos”.Todos los hombres han tenido “relaciones particulares con él”, declara el Fausto de Valery. El demonio no es necesario ahora, prosigue. Los hombres se pierden ellos mismos. La misma idea aparece en la entrevista de Ivan Karamazov con el demonio; Ivan jamas logra poner en claro si el diablo existe fuera de él, o el “diablo es él mismo”.De estar seguro que el diablo es “otro”, Iván se tranquilizaría un poco, podría atribuir en parte sus crímenes a la influencia de “otro”. Pero no consigue distinguir claramente el diablo de si mismo. Lo cual quiere decir que tal vez “el demonio es él, el hombre Iván”. Esta ambigüedad enloquece a Ivan. Es una intuición profunda de la malicia del pecado. Muestra que “el demonio es la imagen de lo que podemos ser nosotros”, de lo que somos a veces, “unos sublevados, absurdamente, contra la luz”. 
La historia de los Karamazov se centra en torno a esa espantosa solidaridad en el mal. Dostoyevsky nos introduce en el infierno, o sea en la “comunión de los santos” a la inversa, en la que los condenados, que sufren ya en la tierra, se aúnan oscuramente en el crimen. Smerdiakov se suicida cuando descubre que Ivan, enajenado ante la revelación de su crimen, no es el príncipe radiante al que todo está permitido, sino un pobre infeliz que tiembla cuando le muestran, en un cadáver, la realidad de lo que había deseado, la consecuencia lógica de sus teorías. Smerdiakov pierde el dios que constituía la única razón de su existencia, el príncipe de las tinieblas de alma glacial y ardiente, el ídolo hacia el cual levantaba los ojos ese ser rastrero.
Existe un odio de los perversos a los santos. Cuanto más se elevan los santos en la gracia divina, tanto más presa de los ataques diabólicos. En la historia del Cura de Ars se ve la historia de Cristo en constante lucha contra el demonio.El progreso de la santidad en el mundo debe ocasionar, de rechazo, un incremento momentáneo de los poderes del mal. “Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra”, dice Cristo. Cuanto más se acerque la Iglesia al final de los tiempos, esto es, cuanto más se aproxime al estado de gloria, tanto más arreciara la violencia de las luchas diabólicas.
Referencia: Sabiduría griega y paradoja cristiana de Charles Moeller

lunes, 12 de junio de 2023

El sistema de castigo siberiano era tanto una cárcel sin paredes como un medio de destinar mano de obra

Siberia se utilizó como colonia penal desde 1648; con Pedro el Grande, también como destino para los prisioneros de guerra. En Rusia, cada vez fueron más los delitos penados con el destierro.Los jueces rusos condenaron a la deportación, en las últimas tres décadas del siglo XIX, a un promedio de entre 3.300 y 3.500 personas al año. En enero de 1898, la estadística oficial reconocía la presencia de 298.600 deportados en Siberia; si sumamos a los parientes directos, hablamos de una población de al menos 400.000 desterrados, lo que supone casi el 7% del total de la población siberiana.

 Barracón siberiano

A finales del siglo XIX la pena de muerte, en relación con la población total, se aplicaba con menos frecuencia en el imperio ruso que en Estados Unidos, donde se ejecutaba diez veces más, Prusia, Inglaterra y Francia. Por otro lado, la mortalidad entre los condenados era inferior a la de las colonias penales que la república francesa tenía en los trópicos. En el siglo XIX, el sistema de castigo siberiano cumplió una doble función, era tanto una cárcel sin paredes, con la que disciplinar a la oposición política y los grupos sociales marginales, como un medio de destinar mano de obra al gigantesco proyecto estatal de colonización y civilización.

jueves, 2 de marzo de 2023

El juicio constante del hombre sobre Dios

La historia de la salvación es también la historia del juicio constante del hombre sobre Dios. No se trata sólo de interrogantes, de dudas, sino de un verdadero juicio.A eso se añade la intervención del espíritu maligno que, con perspicacia aún mayor, está dispuesto a juzgar no sólo al hombre, sino también la acción de Dios en la historia del hombre….. Hombre, tú que juzgas a Dios, que le ordenas que se justifique ante tu tribunal, piensa en ti mismo, mira si no eres tú el responsable de la muerte de este Condenado, si el juicio contra Dios no es en realidad un juicio contra ti mismo. Reflexiona y juzga si este juicio y su resultado,la Cruz y luego la Resurrección, no son para ti el único camino de salvación.

Pilato dice: “Yo no encuentro en él ninguna culpa” (Juan 18,38 y 19,6), y un momento después ordena: “Prendedlo vosotros y crucificadlo” (Juan 19,6). De este modo se lava las manos del asunto y hace recaer la responsabilidad sobre la violenta muchedumbre. Así pues, la condena de Dios por parte del hombre no se basa en la verdad, sino en la prepotencia, en una engañosa conjura. ¿No es exactamente ésta la verdad de la historia del hombre, la verdad de nuestro siglo? En nuestros días, semejante condena ha sido repetida en numerosos tribunales en el ámbito de regímenes de opresión totalitaria. Pero ¿no se repite igualmente en los parlamentos democráticos cuando, por ejemplo, mediante una ley emitida regularmente, se condena a muerte al hombre aún no nacido?

Cruzando El Umbral De La Esperanza  de Juan Pablo Ii 


jueves, 19 de enero de 2023

Cicerón ya alertaba


Cicerón

“Los pueblos que ya no tiene solución, que viven ya a la desesperada, suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales….” Hace dos mil años, Cicerón alertaba a sus contemporáneos; estamos sufriendo idéntica situación. 


miércoles, 16 de junio de 2021

La peor clase de odio


Contaba un sacerdote católico que la peor clase de odio es el odio a Dios, el deseo, ciertamente absurdo, de causarle daño, la disposición para frustrar su voluntad, el gozo diabólico en el pecado por ser un insulto a Dios. Los demonios y los condenados odian a Dios, pero, añadía el sacerdote, no es éste un pecado corriente entre los hombres, ya que es el peor de todos los pecados, aunque uno sospeche que ciertos ateos declarados más que no creer en Él lo que hacen es odiarle.


domingo, 22 de marzo de 2020

El infierno, un lugar de gran abandono y soledad


Lo que más caracteriza al infierno es un abandono, una soledad que no se pueden imaginar. Solemos pensar, y es cierto, que en el infierno están aquellas personas que han muerto en pecado mortal, dice Leo  Trese, pero sería más exacto decir que están quienes han rechazado el amor de Dios, pues el pecado mortal es precisamente eso. Irremediablemente apartados de Dios por tal rechazo, los pecadores no podrán gozar jamás de la presencia de Dios. 


Ahora bien, apartarse de Él es también separarse de todas las almas creadas por Él, por lo que el condenado se encuentra en una vasta y vacía soledad, tan absoluta, que la soledad de algunos en la tierra es sólo un juego de palabras. Aquí, todavía podemos acompañarnos a nosotros mismos. Buena prueba de ello es que, cuando nos relacionamos mucho con otras personas, anhelamos quedarnos solos para estar tranquilos y pensar en nosotros, entre otras cosas, porque todavía nos amamos. En el infierno, sin embargo, la ausencia de amor es total; no podemos amar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Aún peor, nos odiamos, nos detestamos. Hemos rechazado a Dios y, con Él, todo cuanto existe. Tal es el supremo horror del abandono y la soledad del infierno. Por si no bastara con habernos condenado a una existencia eterna en soledad, tenemos que coexistir con nosotros mismos, odiándonos con un odio salvaje y atroz. Para un alma en el infierno, la aniquilación total sería mil veces preferible. Si pudiera, se haría pedazos. Su eterno lamento, si se pudiese oír, sería algo así: “¡Odio a Dios! ¡Detesto a todo el mundo!... Pero eso no es nada en comparación con lo que me odio a mí mismo…”. El infierno es un lugar de gran abandono y soledad.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Todo lo que es completamente real es celestial



Cuenta Lewis que una vez que hayamos fallecido el bienaventurado dirá: Nunca hemos vivido en otro sitio distinto del cielo, y el condenado dirá: Hemos vivido siempre en el infierno. Y los dos dirán la verdad. Y añade que todo estado de la mente dejado a sí mismo, toda clausura de la criatura dentro de su propia mente es, a la larga, infierno. Pero el cielo no es un estado de la mente. El cielo es la realidad misma. Todo lo que es completamente real es celestial.

En última instancia, dice Lewis, no hay más que dos clases de personas, las que dicen a Dios «hágase Tu voluntad» y aquellas a las que Dios dice, a la postre, «hágase tu voluntad». Todos estos están en el infierno, lo eligen. Sin esta elección individual no podría haber infierno. Ningún alma que desee en serio y lealmente la alegría se verá privada de encontrarla. Los que buscan, encuentran. A los que llamen a la puerta, se les abrirá.

viernes, 22 de junio de 2018

Corrupción.


Hubo un momento en la historia de Costa Rica que había cuatro ex presidentes en la cárcel por corrupción. Alguien podría decir, ¿No es terrible que un país tenga cuatro ex presidentes encarcelados por corrupción?. Sí, es terrible, pero peor es tener cuatro que, habiendo sido corruptos, sigan libres, sin que se les haya condenado por corrupción.

sábado, 8 de julio de 2017

La Luz de las naciones.

En los cuatro cantos del Siervo de Yahvé, el profeta Isaías presenta a un “Siervo” misterioso que, según algunos exégetas, representa la nación de Israel; para otros estudiosos del judaísmo antiguo de tendencia ortodoxa, se trata claramente de una persona llamada y formada por Yahvé y colmada por su espíritu. Más adelante, el Siervo aparece como un “discípulo” al que Yahvé ha “abierto el oído” para que esté en condiciones de instruir a los hombres en la Tierra. Él cumple su misión sin esplendor exterior, con mansedumbre y aparente fracaso. Blanco de ultrajes y desprecios, los acepta pero no cede, porque Dios le sostiene. El cuarto canto contempla este sufrimiento del Siervo, inocente como Jacob, pero tratado
como un malhechor, golpeado por Dios mismo y condenado a una muerte ignominiosa. En realidad, se ha puesto él mismo en el lugar de los pecadores de los que llevaba la culpa, intercediendo por ellos, y Yahvé, por un efecto inaudito de Su poder, ha hecho de este sufrimiento expiatorio la salvación de todos. A continuación, el profeta predice una “posteridad” del Siervo, que representará un reencuentro en Israel; para todos, él será la Luz de las naciones.