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jueves, 13 de marzo de 2025

Pensamos que practicamos el bien, cuando en realidad somos consumidores de bienes

Según el filósofo Jorge Freire, la caricatura que proclama nuestro tiempo nos hace pensar que practicamos el bien, cuando en realidad nos estamos convirtiendo en consumidores de bienes, y llama la atención en su libro La banalidad del bien de las incongruencias de quienes, en nombre de la filantropía y la salvación del planeta, nos endosan pesadas cargas mientras ellos continúan en un entorno de privilegios. Es un “altruismo utilitarista, cómodo, trendy” y auto indulgente. 
Una de las causas del destierro del humanismo, y de la suplantación del bien por el buenismo de rebaño, es la “tecnodicea”, el culto a la máquina, no ya la tecnología, sino que ahora al héroe, al hombre que descuella lo llamamos así, máquina.

lunes, 12 de junio de 2023

El sistema de castigo siberiano era tanto una cárcel sin paredes como un medio de destinar mano de obra

Siberia se utilizó como colonia penal desde 1648; con Pedro el Grande, también como destino para los prisioneros de guerra. En Rusia, cada vez fueron más los delitos penados con el destierro.Los jueces rusos condenaron a la deportación, en las últimas tres décadas del siglo XIX, a un promedio de entre 3.300 y 3.500 personas al año. En enero de 1898, la estadística oficial reconocía la presencia de 298.600 deportados en Siberia; si sumamos a los parientes directos, hablamos de una población de al menos 400.000 desterrados, lo que supone casi el 7% del total de la población siberiana.

 Barracón siberiano

A finales del siglo XIX la pena de muerte, en relación con la población total, se aplicaba con menos frecuencia en el imperio ruso que en Estados Unidos, donde se ejecutaba diez veces más, Prusia, Inglaterra y Francia. Por otro lado, la mortalidad entre los condenados era inferior a la de las colonias penales que la república francesa tenía en los trópicos. En el siglo XIX, el sistema de castigo siberiano cumplió una doble función, era tanto una cárcel sin paredes, con la que disciplinar a la oposición política y los grupos sociales marginales, como un medio de destinar mano de obra al gigantesco proyecto estatal de colonización y civilización.